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8 dic 2010

¡Coconut!

Los muchachos merecen que se escriba sobre ellos. Y que se escriba bien. Aquí va mi parte, directamente desde las páginas de Crónicas de un pueblo.


Cuando LA HORA CHANANTE pasó a Televisión Española y se convirtió en MUCHACHADA NUI, fueron muchos los fans que se quedaron por el camino. “Antes molaban más”, “Se han vendido”, “Ya no tienen gracia” eran frases que se repetían entre los que se reían a carcajadas con El Gañán pero no terminaban de simpatizar con Marcial Ruiz Escribano (“¡paa serviros!”), aunque básicamente fueran el mismo personaje. Todavía no he sondeado internet en busca de opiniones al respecto de la nueva aventura televisiva de Joaquín Reyes, Ernesto Sevilla, Raúl Cimas, Julián López y Carlos Areces (estos tres últimos cada vez mejores actores), pero intuyo que no deben ser demasiado positivas…
MUSEO COCONUT, el programa con el que han pasado a Neox, se trata de algo aparentemente distinto a lo que habían realizado anteriormente: una sitcom (comedia de situación) con estructura episódica que huye de los sketches auto-conclusivos para desarrollar tramas de treinta minutos con personajes fijos y un único escenario (el Museo Coconut del título). Esto sin duda habrá descolocado a los seguidores más intransigentes de la muchachada, por no hablar de los casuales que sólo veían en YouTube a Enjuto Mojamuto o, tiempo atrás, a Vicentín. Sin embargo, el sentido del humor de los de Albacete sigue intacto y continúan utilizando los mismos recursos para hacernos reír (a veces de manera forzada, como es la inclusión con calzador de una serie de animación dentro de la propia serie, titulada, atiendan, ‘Maricón y Tontico’), como esa fijación por el patetismo exacerbado, las reiteraciones tontunas y el absurdo. Muchos lo llaman post-comedia, anti-sitcom y cosas así, pero sus propios responsables afirman que lo que hacen no son más que chorradas en las que algunos críticos quieren ver más intencionalidad rupturista de la que Reyes, Cimas y compañía afirman querer implantar a su obra. Y en esto, que también tiene algo de falsa modestia y de pose desmitificadora, reside buena parte de su genialidad.
Aunque, por mucho que se empeñen ellos mismos, y a pesar de que quizá no sea esa filigrana narrativa de estructuras sesudas y resortes humorísticos estudiados hasta la nausea que algunos proclaman, MUSEO COCONUT es otra muestra más de la amplia cultura que poseen sus responsables y, barriendo para casa (porque al fin y al cabo esto es una sección sobre cine), de su afición a los guiños cinematográficos no siempre fáciles de reconocer para todo el público. Y es que, en el episodio cuatro, resulta relativamente sencillo por cualquiera entender la coña a costa de E.T. - EL EXTRATERRESTRE (E.T. The Extraterrestial. Steven Spielberg, 1982), pero no tanto el homenaje a los momentos más terroríficos de LA INVASIÓN DE LOS ULTRACUERPOS (Invasion of the body snatchers. Philip Kaufman, 1978).
Ernesto Sevilla, director de la serie, afirmaba en la rueda de prensa de presentación que seguramente sea la única temporada que les dejen rodar, consciente quizá de la incomprensión a la que estaba condenada. Y seguramente tenga razón, lo cual no hace más que reforzar el valor de rara avis dentro de la producción de ficción nacional y su futuro estatus de serie de culto. No esperen a que llegue ese momento y disfrútenla ya.

Crónicas de un Pueblo: Sitges 2010

Si se preguntan cómo es posible que este año consiguiera una acreditación de prensa para el Festival de Sitges, la respuesta es fácil: llevo años escribiendo una columna sobre cine en un periódico que cada vez cuenta con mayor tirada y con un ingente número de lectores y suscriptores. Gracias a Crónicas de un pueblo conseguí mi pase y este ha sido el resumen que publiqué allí el mes pasado. Poco a poco seguiré con las reseñas individuales, pero dejo aquí esta impresión general del festival. Con foto de regalo.


Superando el número de asistentes del año anterior, pero teniendo que capear el temporal de críticas vertidas sobre algunas de sus películas proyectadas, el Festival de Sitges 2010 ha cerrado sus puertas provocando la sensación de ser un monstruo multicéfalo que pretende extender sus tentáculos hacia objetivos demasiado amplios, lo cual favorece la heterogeneidad pero también el desconcierto. Sin embargo, a lo largo de sus numerosas secciones sí se puede apreciar una voluntad por tocar de manera consciente varios temas que dieran cohesión al aparente caos. El campo de la realidad virtual ha sido uno de los motivos recurrentes de esta edición, con títulos que se han ocupado de plasmar los peligros de estos mundos paralelos (en ocasiones más físicos que virtuales): 8TH WONDERLAND (Nicolas Alberny, Jean Mach), DE MAYOR QUIERO SER SOLDADO (Christian Molina), LIFE 2.0 (Jason Spingarn-Koff), R U THERE (David Berbeek) y CHATROOM (Hideo Nakata) reflexionaban sobre mundos paralelos que transcurrían en la imaginación de sus protagonistas o en la memoria de sus ordenadores. En otro gran leit-motiv del Festival se puede apreciar ese cierto grado de incoherencia o voluntad de agradar a todo el mundo que acaba siendo perjudicial: al mismo tiempo que se invitó a una de las estrellas secundarias de la saga CREPÚSCULO (el guaperas Kellan Lutz), se pudo observar un claro posicionamiento en contra de la moda de los vampiros de nueva hornada con títulos que pretendían devolver a este monstruo su carácter terrorífico. De este modo, STAKE LAND (Jim Mickle), PROWL (Patrick Syversen) o la mediocre WE ARE THE NIGHT (Dennis Gansel) intentaron conseguir que la figura del vampiro volviera a resultar atemorizante, mientras que SUCK (Rob Stefaniuk) prefirió tomárselo a guasa. Se pudo ver también la versión norteamericana de DÉJAME ENTRAR (Matt Reeves), menos evocadora que la versión original sueca, menos truculenta que el libro, pero también más comercial en el buen sentido de la palabra.
Las Artes Marciales también tuvieron su cupo de protagonismo con una serie de largometrajes de calidad variable: Donnie Yen conquistó con IP MAN 2 (Wilson Yip) y, sobre todo, con la estupenda 14 BLADES (Daniel Lee), llena de acción, humor y emoción, pero aburrió con la decepcionante LEGEND OF THE FIST: THE RETURN OF CHEN ZHEN (Andrew Lau), de la cual sólo se pueden rescatar los soberbios 10 minutos iniciales y parte del clímax final; Tony Jaa tampoco convenció con ONG BAK 3 (Tony Jaa & Panna Rittikrai); no dejó muy buen sabor de boca el regreso del gran Tsui Hark con DETECTIVE DEE AND THE MYSTERY OF PHANTOM FLAME, a pesar de algunos momentos aislados de brillantez; la verdadera joya de este género fue la lúcida GALLANTS (Derek Kwok & Clement Cheng), en la que un grupo de actores veteranos de Hong Kong homenajean al cine de artes marciales de los años 70 con muy buen gusto y mejor sentido del humor. La acción, aunque con un cariz muy distinto, también estaba presente en otra de las mejores películas del festival, SNABBA CASH – EASY MONEY (Daniel Espinosa), cinta sueca que ha arrasado en la taquilla de su país y que se convertirá pronto en trilogía y en objeto de remake por parte de Hollywood.
Sitges 2010 fue también el escenario escogido para el regreso agridulce de algunos nombres fundamentales del cine de las últimas décadas: John Carpenter agotó las localidades para THE WARD (yo no pude llegar a verla), pero la sensación general que dejó fue la de cierta indiferencia e incluso la indignación en algunos fans de larga trayectoria; OUTRAGE supuso el retorno de Takeshi Kitano al cine de yakuzas y, aunque por momentos resulta divertida y contiene algunas escenas de violencia marca de la casa, la verdad es que no resulta un título especialmente brillante ni destacable en la filmografía del japonés; A WOMAN, A GUN AND A NOODLE SHOP, el remake hongkonés de SANGRE FÁCIL preparado por el chino Zhang Yimou tampoco convenció como se esperaba. Entre la savia relativamente nueva, James Wan dividió al público de INSIDIOUS entre los que la consideraban una tomadura de pelo y los que, como yo, la interpretaron como un homenaje acertado y valiente al cine de casas encantadas; por su parte, Brad Anderson sufrió el ataque de incomprensión de buena parte del público que no vio en THE VANISHING ON 7TH STREET el angustiante, terrorífico y elegante ejercicio de suspense que es en realidad.
El título más polémico del año fue, no obstante, A SERBIAN FILM (Srdjan Spasojevic), de la cual puedo confirmar que contiene una de las secuencias más aberrantes y enfermizas que he visto jamás (y que es mejor no describir aquí), y que a pesar de su tosquedad cinematográfica (el exceso de postproducción intenta despistar al espectador para que no se percate de que, en realidad, no le están contando casi nada) y de resultar ligeramente aburrida, posee el valor de las obras que pretenden plasmar el horror de manera valiente, incómoda y frontal.
Las mejores, para quien esto firma, fueron RARE EXPORTS: A CHRISTMAS TALE (Jalmari Helander) y SUPER (James Gunn). La primera, que ganó justamente el premio a la Mejor Película, es un bello cuento terrorífico que plantea una situación cautivadora desde su origen: el hallazgo de la que podría ser la tumba del verdadero Papá Noel, el cual tiene muy poco que ver con lo que significa hoy en día para los niños de medio mundo. La segunda se trata de una visión nada complaciente del mundo de la vigilancia ciudadana, con humor negro y una violencia lúdica al mismo tiempo que bastante bestia, narrada desde el punto de vista de un tipo mediocre que cree recibir un mensaje de Dios en el que le pide convertirse en superhéroe. Mención especial también para RED HILL (Patrick Hughes), un western contemporáneo rodado en Australia dotado de un ritmo y un sentido del suspense encomiables.