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Mostrando entradas con la etiqueta Sitges 2010. Mostrar todas las entradas
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24 sept 2011

'Rubber'

(Rubber. Quentin Dupieux. Francia / Angola. 2010. 78 minutos) Como espectador, hay ocasiones en las que es difícil decidir si uno está ante una tomadura de pelo o ante una obra conceptualmente tan rica que queda fuera del alcance de nuestras entendederas. Rubber, tercer largometraje de Quentin Dupieux (conocido en el mundo de la música como Mr. Oizo), camina sobre la delgada línea que separa la chorrada supina de la genialidad, dejando un poco a elección de cada uno hacia qué lado acabaría cayendo finalmente. El que aquí suscribe, lamentablemente, opta más por la primera opción, la de considerar Rubber como una película ingeniosa cuya fuerza se va diluyendo progresivamente hasta caer en la repetición y la inopia. Y eso a pesar de que, de entrada, la premisa es tan rematadamente loca y gratuita que no podemos hacer otra cosa que caer rendidos ante ella: narra las andanzas de un neumático asesino que pone en jaque a un pueblo perdido en el desierto. Muy consciente del esfuerzo que podría suponer para los espectadores asimilar esa propuesta, Dupieux abre su película con una declaración de intenciones: un personaje suelta un discurso sobre la gratuidad de algunos conceptos utilizados anteriormente en largometrajes de éxito, planteando que no había ninguna razón por la cual E.T. fuera marrón o por la que nunca viéramos a los protagonistas de La matanza de Texas ir al baño. Expuesta esa teoría, no debería haber ningún problema para asumir que un neumático pueda adquirir vida y convertirse en un psicópata. Pero eso sólo es verdad a medias.

LO MEJOR: La osadía del punto de partida argumental.
LO PEOR: Que esa valentía sea sólo aparente.
Con ese monólogo inicial se podría decir que queda justificado todo lo que viene después, eso es cierto, pero al mismo tiempo se nos desvela uno de los mayores problemas de la película: no es tan valiente como aparenta ser. Dupieux se muestra cobarde a la hora de afrontar el concepto inicial de su cinta y necesita constantemente pedir disculpas por lo que está mostrando en pantalla. De ahí que presente una doble lectura narrativa, al situar en la trama a un grupo de espectadores que están viendo, in situ, las progresiones de la rueda maligna, y que llegado un punto de la historia terminan interactuando con la misma, convirtiéndose todo en una especie de representación teatral filmada, en una performance mortal que unos espectadores divisan con prismáticos hasta que la sangre les salpica y acaban muriendo. En otro plano narrativo estarían los otros espectadores, nosotros, pero Dupieux traslada constantemente las dudas que nos pudieran surgir al otro público, al que, dentro de la película, observa la historia fantástica. Dicho de un modo más fácil, el director pone en boca del público ficticio las posibles injerencias del público real, del tipo "¿Los neumáticos no flotan en el agua?" o "¿Cómo es posible que... loquesea?", anticipándose por tanto a nuestras previsibles reacciones negativas ante la falta de credibilidad de la trama y demostrando con ello una falta de respeto hacia la inteligencia de su público, hacia su capacidad de abstracción y asimilación de la fantasía, tan poco plausible como su continua necesidad de exculpación, como si se pasara ochenta minutos pidiendo disculpas por atreverse a saltarse las normas. Eso, unido a la sensación de estar ante un concepto alargado más de la cuenta, imposibilita un disfrute mayor de la película, quedándose relegada a la consideración de experimento curioso pero fallido, provisto de imágenes potentes pero lastrado por su falta de entrega total a la locura que se le presuponía.

23 ago 2011

'Stake Land'

(Stake Land. Jim Mickle. Estados Unidos. 2010. 98 minutos) En una conferencia conjunta con James Wan y Brad Anderson a la que tuve el placer de asistir en el pasado Festival de Sitges, el director Jim Mickle hablaba sobre cómo en los últimos años la figura del vampiro se había devaluado y cómo había perdido su carácter terrorífico, pasando a ser el sueño amoroso (e incluso erótico...) de millones de quinceañeras y no tan quinceañeras por culpa de un tal Edward Cullen. El factor miedo había quedado excluido de la ecuación y eso era algo que disgustaba a los fans del terror. En lugar de limitarse a soltar exabruptos, Mickle decidió pasar a la acción y realizar una película que devolviera a los chupasangres el honor perdido. Ambientada en unos Estados Unidos desolados por la epidemia vampírica, la cinta narra la historia de un joven huérfano y un veterano cazador de no-muertos que atraviesan el país en busca de un lugar que no esté infectado para, quizá, poder vivir en paz. Pero en su camino se darán cuenta de que los monstruos no son sólo aquellos que lucen colmillos, sino también algunos que portan crucifijos y que, en nombre de la supuesta justicia divina, resultan tan peligrosos, o quizás más, que los primos lejanos de Drácula. 

LO MEJOR: Los vampiros utilizados como arma arrojadiza.
LO PEOR: La manida estructura de road-movie.
No se puede discutir a Mickle su buena voluntad y su buen hacer detrás de las cámaras: secuencias como el prólogo o el asalto al pueblo de refugiados sirven para demostrar su pericia técnica y narrativa, construyendo set-pieces de notabilísima solvencia que lucen tan bien como lo podrían hacer las de algunas producciones mucho más caras. Se agradece también que no trufe la historia con guiños posmodernos y que no abuse de los monstruos para generar tensión, haciendo hincapié en la peligrosidad de los fanatismos especialmente en tiempos de crisis. Y resulta agradable volver a ver una película de vampiros tan sucia y violenta como (las superiores) Los viajeros de la noche (Near Dark. Kathryn Bigelow, 1987) y Vampiros (Vampires. John Carpenter, 1998).  Sin embargo, hay algo que aleja a Stake Land de lo memorable para situarla en el terreno de lo correcto, sin más. Y es que todo resulta demasiado familiar, no hay ningún elemento que destaque por su originalidad ni que se aparte demasiado de lo trillado, siendo bastante tópico el recurso del viaje hacia el norte en busca de un lugar mejor, especialmente cuando tenemos tan recientes todavía películas como La carretera (The road. John Hillcoat, 2009) o Soy leyenda (I am legend. Francis Lawrence, 2007). Pero no me malinterpreten: Stake Land merece su atención, es una buena película de vampiros, por muy familiar que resulte. 

6 jul 2011

'Encontré al diablo'

(I saw the devil / Akmareul boatda. Kim Jee-woon. Corea del Sur. 2010. 137 min.) De no haber sido porque quedó a la sombra de A serbian film (Srpski film. Srdjan Spasojevic, 2010), Encontré al diablo podría haber sido la película más polémica de la pasada edición del Festival de Sitges. Presentada poco antes en el Festival de Cine de San Sebastián, donde ya causó cierto revuelo entre el público, la película de Kim Jee-Won también presenta un amplio catálogo de atrocidades capaces de herir susceptibilidades pero, a diferencia de la cinta que hemos citado antes, no sobrepasa los límites de lo moralmente tolerable (incluso cuando se trata de una obra de ficción) y, sobre todo, ofrece dosis de buen cine, que es algo de lo que no se puede vanagloriar el muy mediocre film de Spasojevic. La película de Kim Jee-won narra el enfrentamiento entre el psicópata Kyung-chul (Choi Min-sik) y el agente secreto Kim Soo-hyeon (Lee Byung-hun), después de que el primero haya raptado y asesinado a la prometida del segundo. Dispuesto a que el asesino sienta tanto dolor como él, Soo-hyeon urde su venganza de una manera poco habitual: en lugar de dejarse llevar por la ira y dar muerte a su enemigo a la primera oportunidad, decide dejarle vivo y hacerle la vida imposible, persiguiéndole, acosándole y torturándole hasta que llegue el momento en el que crea que el psicópata ha sufrido todo lo humanamente posible. 

LO MEJOR: La naturalidad con la que se integran elementos
de distintos géneros sin que chirríen.
LO PEOR: Ciertos bajones de interés producidos sobre todo
por su duración desmesurada.
En Sitges 2010 pudimos ver otra película que se aproximaba a la venganza desde un punto de vista poco común, Les 7 jours du talion (Daniel Grou, 2010). Pero Encontré al diablo triunfa allí donde aquella producción canadiense fracasaba: la cinta de Grou se convertía, a medida que avanzaba, en una insoportable película marcada a fuego por el aburrimiento, la falta de intensidad, la carencia de progresión dramática y un nulo sentido lúdico, lo cual no dejaba de ser un importante lastre a pesar de ser algo deliberado; por el contrario,  el título que nos ocupa sabe conjugar esa voluntad de heterodoxia con la vocación de super-thriller, demostrando que la profundidad psicológica de los personajes, la intensidad dramática y la violencia más incómoda no tienen por qué estar reñidas con el espectáculo, la diversión y el sentido del humor (negro, negrísimo). Kim Jee-won se las apaña para mezclar elementos de terror, policíacos, cómicos y de acción a lo largo de dos horas y cuarto de película, provocando una extenuación en el espectador que se puede comparar a la que sienten los personajes, enzarzados en un duelo que se prolonga en exceso y que ocupa la mayor parte del metraje, repartiéndose el protagonismo entre el monstruo y un héroe que se acaba convirtiendo en alguien tan despiadado como la persona a quien persigue, si bien las motivaciones de uno y otro no pueden ser más distintas. La película reflexiona también sobre las consecuencias de la revancha en quienes rodean al vengador, así como en las secuelas psíquicas que éste sufre al comprender la futilidad de la represalia, sin olvidar una crítica nada velada al patetismo con el que las fuerzas del orden deben enfrentarse en ocasiones a los criminales, bien por falta de medios, bien por inutilidad o por la inoperancia de un sistema que les oprime. Y todo eso, atiendan bien, sin olvidar el gore, las risas, las hostias y los martillazos. Una delicia

3 abr 2011

El regreso de La Censura


No hace falta ser analista político ni miembro del PP para darse cuenta de que las cosas no funcionan bien actualmente en nuestro país. Tampoco hay que ser un lince para detectar la opresión a la que estamos expuestos por culpa, entre otras cosas, de la execrable corrección política que nos rodea. La mezcla de esos elementos está generando monstruos absurdos, situaciones inverosímiles que parecen de otro tiempo, como ésta sobre la que escribí para el último número de Crónicas de un Pueblo que pueden leer a continuación. Seguramente no aporte nada nuevo a lo ya dicho antes en otros sitios, pero quiero dejar constancia en mi blog de mi apoyo a Ángel Sala y de mi rechazo total hacia la censura. 

Hace meses ya les hablé en estas páginas sobre lo que había sucedido en España con el estreno de SAW VI: el Ministerio de Cultura había catalogado la película como pornográfica porque, según entendía el comité de clasificación, hacía apología de la violencia. Eso hacía inviable su estreno en salas de cine convencionales, reduciendo su campo de distribución a los cines X. Finalmente, tras varios meses y algunos recortes, la película pudo ser estrenada en todas las multisalas... igual que las cinco anteriores.
Pero este no es el único motivo que nos hace pensar que, en un país supuestamente democrático donde existe el derecho a la libertad de expresión y que es gobernado por un partido aparentemente progresista, la censura ha regresado camuflada de corrección política, lo cual la hace más peligrosa todavía, porque el mal cuando viene camuflado siempre puede hacer más daño. Resulta que la Fiscalía de Barcelona ha presentado una denuncia contra Ángel Sala, director del Festival de Cine de Sitges, acusándole de exhibición de pornografía infantil. Todo viene porque en la última edición del Festival se proyectó la película A SERBIAN FILM, del director serbio Srdjan Spasojevic. Según el Código Penal, y como recoge el artículo 189.7, se puede castigar con penas de tres meses a un año de cárcel o multar a quien "produjere, vendiere, distribuyere, exhibiere o facilitare por cualquier medio material pornográfico en el que no habiendo sido utilizados directamente menores o incapaces, se emplee su voz o imagen alterada o modificada". En la cinta de Spasojevic, que me parece una película mediocre, aburrida y cutre, y que, según el director, pretende ser una alegoría sobre los estragos de la guerra producidos en el pueblo serbio, se pueden ver lindezas como un bebé recién nacido siendo violado. Estamos de acuerdo en que moralmente es una idea nauseabunda, pero no podemos equivocarnos: es una obra de ficción, para esa escena se utilizan efectos especiales (el bebé es, obviamente, un muñeco) y no es material pornográfico, ya que la intención de la película en ningún caso es buscar la excitación del espectador. Otra cosa es que algún enfermo pedófilo se sienta excitado ante tal escena, pero de eso no tienen la culpa ni Spasojevic ni, sobre todo, Ángel Sala, que es a quien finalmente se está acusando de un supuesto delito que, con la ley en la mano, no existe, ya que como hemos dicho A SERBIAN FILM no es una película pornográfica y en ella las escenas de sexo están simuladas. Pero se ve que la Asociación de Defensa al Menor y CONCAPA (Confederación Católica de Asociaciones de Padres de Alumnos y Padres de Familia), que son quienes están detrás de la denuncia, no saben diferenciar una cosa de la otra, mientras siguen adorando un libro que también utilizaba las masacres infantiles de manera ejemplarizante (y creo que no hace falta decir su título). Si de algo es culpable Sala es de dejar que se proyecte una mala película, pero eso no es delito, al menos que yo sepa…
Pueden seguir haciendo fuerza en cualquiera de estos dos enlaces:
https://www.facebook.com/pages/En-contra-de-la-denuncia-al-director-del-Festival-de-Sitges/159274260792524?sk=wall
http://www.ipetitions.com/petition/contralacensurasitges/

24 ene 2011

'Carne de neón'

(Carne de neón. Paco Cabezas. España / Argentina / Suecia. 2010. 113 minutos) En 2005, Paco Cabezas estrenaba su segundo trabajo cinco años después del mediometraje Invasión Travesti (que pueden ver en YouTube pulsando aquí). Con el título de Carne de neón y un reparto encabezado por Óscar Jaenada y Victoria Abril, Cabezas ponía de manifiesto en quince minutos su evidente cinefagia y su habilidad para el guión ágil, humorístico y con tendencia al deus ex machina para resolver los conflictos. En el cortometraje (que pueden ver aquí) se hacían evidentes también los referentes de Cabezas: venía a ser a la tradición quinqui y picaresca española lo mismo que Guy Ritchie a la delincuencia de baja estofa inglesa, es decir, recogía la temática del cine de gangsters de Quentin Tarantino y lo llevaba al terreno que conocía, al de los matones y camellos de medio pelo de los barrios marginales sevillanos o, por extensión, de cualquier parte de nuestro país, un microuniverso de traficantes, putas, travestis y policías corruptos en el que los buenos son los malos y viceversa, donde emerge la figura del superviviente callejero como héroe de buen corazón a pesar de haber crecido en un entorno violento y peligroso. Tras debutar en el largometraje con la estimable Aparecidos, Cabezas ha convertido aquel corto en una película de casi dos horas que viene a expandir ese microcosmos de manera inteligente, añadiendo personajes, hilando subtramas y aumentando la acción para contar esencialmente lo mismo: los problemas de un joven que ha crecido en la calle para abrir un puticlub donde pueda trabajar su madre al salir de la cárcel. 

LO MEJOR: El impecable trabajo de los secundarios.
LO PEOR: Que a veces Cabezas se toma la película 
demasiado en serio. 
Óscar Jaenada ha sido reemplazado por Mario Casas (quien, para variar, esta vez resulta hasta simpático, no como en esa soberana memez que se mueve entre la carcajada involuntaria y la náusea que es Tres metros sobre el cielo) y a Victoria Abril la sustituye Ángela Molina (mejorando en todos los sentidos la artificial interpretación de Abril en el corto). Pero es con los secundarios con quienes Cabezas ha acertado de lleno, retomando algunos que ya aparecían en el corto (Vicente Romero, Macarena Gómez y Dámaso Conde, los tres impecables) y añadiendo otros que están igual de bien (Darío Grandinetti, Antonio de la Torre, Blanca Suárez, Luciano Cáceres), demostrando una habilidad sobresaliente para dirigir a sus actores y crear personajes que parten del tópico pero se acaban convirtiendo en seres enternecedores que, en ocasiones, exudan una verdad pocas veces visible en nuestro cine. Es en ellos donde reside la gran virtud de la película, por lo demás poseedora de un ritmo ajustado y una elegante puesta en escena que huye de la sordidez a pesar de moverse en ambientes tan poco recomendables. Su único problema importante, más allá de una falta de originalidad que tampoco sería justo exigirle, es que, como ya ocurría en Aparecidos, hay momentos en los que Cabezas se toma demasiado en serio a sí mismo y utiliza el marco de un género de pura evasión (allí el terror sobrenatural, aquí el thriller de acción) para introducir temas de mayor calado social. Si en Aparecidos metía con calzador una denuncia hacia la dictadura militar Argentina que se acababa adueñando del último tercio de la película, en Carne de neón desliza una evidente denuncia sobre la corrupción policial, la trata de blancas o los problemas de la inmigración desde el punto de vista de quien debe arriesgarlo todo para buscar una nueva y mejor vida. Si bien esos elementos añaden algo de fuste a la película y proporcionan una coartada a los espectadores que necesiten algo de sustancia en medio de la diversión, también suponen una pequeña traba para los que busquen esencialmente cine de evasión y no tengan el cuerpo para didactismos. Afortunadamente, Cabezas es carne de videoclub y, a pesar de esos ocasionales apuntes de vocación de trascendencia, el balance final es positivo, pesando siempre más el jolgorio que el mensaje. Para eso ya tenemos a Ferdando León de Aranoa (y sus tostones). 

10 ene 2011

'El último exorcismo'

(The last exorcism. Daniel Stamm. Estados Unidos / Francia. 2010. 87 minutos) Proyectada en el pasado Festival de Sitges, donde fue bien recibida por el público y la crítica (incluyendo el premio al Mejor Actor para Patrick Fabian), El último exorcismo podría ser uno de los últimos ejemplos decentes de un subgénero, el del horror subjetivo o hiper-realista, que se está agotando a sí mismo pero que, paradójicamente, se ha erigido como el único método con el que el cine de terror puede resultar realmente eficaz hoy en día como generador de pesadillas. Sin embargo, sería injusto condenar la película de Daniel Stamm a la hoguera sólo por adscribirse a una moda, confiemos, pasajera y circunstancial (el abaratamiento de costes que supone rodar con estilo de falso documental no es algo que se escape ni a los creadores independientes ni a los grandes estudios, especialmente en épocas de crisis). Aunque empecemos a estar cansados del timo que supone hacer pasar una ficción fantástica por un documento real, no se le puede negar a El último exorcismo una serie de valores que la convierten en un producto algo más disfrutable que otras de su tipo.

LO MEJOR: El distanciamiento hacia los tópicos.
LO PEOR: Que finalmente se rinde a ellos.
Para empezar, es una película que parte del descreimiento y que cuestiona los mismos recursos que el cine de exorcismos utiliza para asustarnos: el reverendo Cotton Marcus es un farsante que ha dejado de creer en Dios pero que sigue utilizando la religión para sanar mentes que la necesitan, alguien que pretende filmar una película sobre la naturaleza psicológica y no sobrenatural de las posesiones diabólicas y que, para hacer más creíbles sus performances, no duda en utilizar trucos y efectos especiales que muestra al público de su película de manera explícita y con intención desmitificadora. Así, en contra de lo que parece al ver el tráiler, no estamos ante una cinta convencional sobre exorcismos, sino ante una que se permite reírse del subgénero durante la mayor parte de su metraje. Lamentablemente, y ahí está lo malo del asunto, no es capaz de llevar ese tono hasta sus últimas consecuencias y finalmente, mediante una serie de giros de guión que tiran por el suelo parte de los logros que se habían conseguido anteriormente, la película se entrega a las convenciones y se convierte simple y llanamente en otra más de terror, lo cual no es algo totalmente execrable pero sí algo decepcionante en comparación con las expectativas que genera su primera mitad. A pesar de este escollo, El último exorcismo es un film aceptable donde destaca sobre todo la buena mano de Daniel Stamm para manejar la tensión constante y de sus actores, absolutamente creíbles en sus recreaciones. 

8 dic 2010

Crónicas de un Pueblo: Sitges 2010

Si se preguntan cómo es posible que este año consiguiera una acreditación de prensa para el Festival de Sitges, la respuesta es fácil: llevo años escribiendo una columna sobre cine en un periódico que cada vez cuenta con mayor tirada y con un ingente número de lectores y suscriptores. Gracias a Crónicas de un pueblo conseguí mi pase y este ha sido el resumen que publiqué allí el mes pasado. Poco a poco seguiré con las reseñas individuales, pero dejo aquí esta impresión general del festival. Con foto de regalo.


Superando el número de asistentes del año anterior, pero teniendo que capear el temporal de críticas vertidas sobre algunas de sus películas proyectadas, el Festival de Sitges 2010 ha cerrado sus puertas provocando la sensación de ser un monstruo multicéfalo que pretende extender sus tentáculos hacia objetivos demasiado amplios, lo cual favorece la heterogeneidad pero también el desconcierto. Sin embargo, a lo largo de sus numerosas secciones sí se puede apreciar una voluntad por tocar de manera consciente varios temas que dieran cohesión al aparente caos. El campo de la realidad virtual ha sido uno de los motivos recurrentes de esta edición, con títulos que se han ocupado de plasmar los peligros de estos mundos paralelos (en ocasiones más físicos que virtuales): 8TH WONDERLAND (Nicolas Alberny, Jean Mach), DE MAYOR QUIERO SER SOLDADO (Christian Molina), LIFE 2.0 (Jason Spingarn-Koff), R U THERE (David Berbeek) y CHATROOM (Hideo Nakata) reflexionaban sobre mundos paralelos que transcurrían en la imaginación de sus protagonistas o en la memoria de sus ordenadores. En otro gran leit-motiv del Festival se puede apreciar ese cierto grado de incoherencia o voluntad de agradar a todo el mundo que acaba siendo perjudicial: al mismo tiempo que se invitó a una de las estrellas secundarias de la saga CREPÚSCULO (el guaperas Kellan Lutz), se pudo observar un claro posicionamiento en contra de la moda de los vampiros de nueva hornada con títulos que pretendían devolver a este monstruo su carácter terrorífico. De este modo, STAKE LAND (Jim Mickle), PROWL (Patrick Syversen) o la mediocre WE ARE THE NIGHT (Dennis Gansel) intentaron conseguir que la figura del vampiro volviera a resultar atemorizante, mientras que SUCK (Rob Stefaniuk) prefirió tomárselo a guasa. Se pudo ver también la versión norteamericana de DÉJAME ENTRAR (Matt Reeves), menos evocadora que la versión original sueca, menos truculenta que el libro, pero también más comercial en el buen sentido de la palabra.
Las Artes Marciales también tuvieron su cupo de protagonismo con una serie de largometrajes de calidad variable: Donnie Yen conquistó con IP MAN 2 (Wilson Yip) y, sobre todo, con la estupenda 14 BLADES (Daniel Lee), llena de acción, humor y emoción, pero aburrió con la decepcionante LEGEND OF THE FIST: THE RETURN OF CHEN ZHEN (Andrew Lau), de la cual sólo se pueden rescatar los soberbios 10 minutos iniciales y parte del clímax final; Tony Jaa tampoco convenció con ONG BAK 3 (Tony Jaa & Panna Rittikrai); no dejó muy buen sabor de boca el regreso del gran Tsui Hark con DETECTIVE DEE AND THE MYSTERY OF PHANTOM FLAME, a pesar de algunos momentos aislados de brillantez; la verdadera joya de este género fue la lúcida GALLANTS (Derek Kwok & Clement Cheng), en la que un grupo de actores veteranos de Hong Kong homenajean al cine de artes marciales de los años 70 con muy buen gusto y mejor sentido del humor. La acción, aunque con un cariz muy distinto, también estaba presente en otra de las mejores películas del festival, SNABBA CASH – EASY MONEY (Daniel Espinosa), cinta sueca que ha arrasado en la taquilla de su país y que se convertirá pronto en trilogía y en objeto de remake por parte de Hollywood.
Sitges 2010 fue también el escenario escogido para el regreso agridulce de algunos nombres fundamentales del cine de las últimas décadas: John Carpenter agotó las localidades para THE WARD (yo no pude llegar a verla), pero la sensación general que dejó fue la de cierta indiferencia e incluso la indignación en algunos fans de larga trayectoria; OUTRAGE supuso el retorno de Takeshi Kitano al cine de yakuzas y, aunque por momentos resulta divertida y contiene algunas escenas de violencia marca de la casa, la verdad es que no resulta un título especialmente brillante ni destacable en la filmografía del japonés; A WOMAN, A GUN AND A NOODLE SHOP, el remake hongkonés de SANGRE FÁCIL preparado por el chino Zhang Yimou tampoco convenció como se esperaba. Entre la savia relativamente nueva, James Wan dividió al público de INSIDIOUS entre los que la consideraban una tomadura de pelo y los que, como yo, la interpretaron como un homenaje acertado y valiente al cine de casas encantadas; por su parte, Brad Anderson sufrió el ataque de incomprensión de buena parte del público que no vio en THE VANISHING ON 7TH STREET el angustiante, terrorífico y elegante ejercicio de suspense que es en realidad.
El título más polémico del año fue, no obstante, A SERBIAN FILM (Srdjan Spasojevic), de la cual puedo confirmar que contiene una de las secuencias más aberrantes y enfermizas que he visto jamás (y que es mejor no describir aquí), y que a pesar de su tosquedad cinematográfica (el exceso de postproducción intenta despistar al espectador para que no se percate de que, en realidad, no le están contando casi nada) y de resultar ligeramente aburrida, posee el valor de las obras que pretenden plasmar el horror de manera valiente, incómoda y frontal.
Las mejores, para quien esto firma, fueron RARE EXPORTS: A CHRISTMAS TALE (Jalmari Helander) y SUPER (James Gunn). La primera, que ganó justamente el premio a la Mejor Película, es un bello cuento terrorífico que plantea una situación cautivadora desde su origen: el hallazgo de la que podría ser la tumba del verdadero Papá Noel, el cual tiene muy poco que ver con lo que significa hoy en día para los niños de medio mundo. La segunda se trata de una visión nada complaciente del mundo de la vigilancia ciudadana, con humor negro y una violencia lúdica al mismo tiempo que bastante bestia, narrada desde el punto de vista de un tipo mediocre que cree recibir un mensaje de Dios en el que le pide convertirse en superhéroe. Mención especial también para RED HILL (Patrick Hughes), un western contemporáneo rodado en Australia dotado de un ritmo y un sentido del suspense encomiables.

28 nov 2010

Especial Sitges 2010: 'Black Lightning'

(Chernaya Molniya. Dmitriy Kiselev, Aleksandr Voytinskiy. Rusia. 2009. 102 minutos) Estrenada recientemente en DVD en nuestro país tras su fugaz paso por el festival de Sitges (donde fue proyectada en una sesión especial infantil), Black Lightning supone un intento de la cinematografía rusa por generar una franquicia y competir con las adaptaciones de cómics filmadas en Hollywood. Pero en lugar de intentar hacer algo original han tirado por el camino fácil: básicamente, el argumento de esta película es el mismo del primer Spider-Man de Sam Raimi, que a su vez evocaba al Superman de Richard Donner. La única diferencia es que aquí el chaval protagonista no viene de un planeta lejano ni adquiere poderes al ser picado por una araña; en su lugar, el joven recibe como regalo un coche destartalado (sí, como en Herbie o como en Transformers) que en realidad tiene la capacidad de volar y esconde dentro un generador de energía codiciado por los malos de la película. La sensación de incredulidad que genera la cinta es constante, no tanto por el hecho de que un coche vuele como por la forma de actuar de algunos personajes (las mujeres, por cierto, son retratadas como seres interesados y superficiales que sólo se fijan en el dinero, los lujos o el poder para sentirse atraída por los hombres). Así que Black Lightning no es original, vale, pero ¿es divertida? Tampoco. Cabía esperar un entretenimiento mayor a tenor del trailer, pero todo lo bueno estaba ahí. Para colmo, los efectos visuales demuestran no ser tan creíbles viendo la película completa y las escenas de acción son limitadas y repetitivas. Ni siquiera el duelo final entre el Volga del protagonista y el Mercedes tuneado como el DeLorean de Regreso al futuro consigue arrancar un mínimo de entusiasmo. No pierdan el tiempo.

LO MEJOR: Algún efecto especial.
LO PEOR: Es una copia hecha sin gracia.

27 nov 2010

Especial Sitges 2010: 'Isolation'

(Isolation. Stephen Kay. Estados Unidos. 2011. 89 minutos) No, no es un despiste. Ni he viajado al futuro. El motivo por el que he puesto que Isolation es de 2011 es porque, en realidad, la película no está finalizada ni tiene fecha de estreno . Lo que vimos en Sitges fue un montaje no definitivo de la nueva cinta de terror del firmante de aquel truño que fue Boogeyman, como los propios productores nos advirtieron antes de comenzar la sesión. Lo curioso es que, a pesar de ser una versión provisional, Isolation resulta bastante más estimulante que aquella bobada amparada por Sam Raimi. Filmada con un presupuesto que se intuye paupérrimo, el guión de Chris Billett se las ingenia para reducir al máximo escenarios y personajes y ajustarlos a esa economía de medios tan evidente. La historia de una joven (Eva Amurri, con un parecido notable con su madre, Susan Sarandon) que se despierta en una cochambrosa habitación de hospital sin que recuerde cómo ha ido a parar allí, su relación con los dos médicos que se encargan de su estado de salud (no para bien, se entiende) y la aparición de algunos personajes de apoyo (el padre de la protagonista, interpretado por el siempre eficaz Gregg Henry), son recursos suficientes para que mantengamos el interés durante el transcurso de la película. No hay escenas de gran impacto, apenas hay gore y las sorpresas son algo predecibles, pero Isolation funciona medianamente bien como thriller médico en un nivel en el que se podría equiparar, eso sí, con uno de esos telefilms de sobremesa por los que a veces todos nos hemos dejado arrastrar. 

LO MEJOR: El trabajo de los actores, que deben soportar todo el peso de
la película.
LO PEOR: En ocasiones parece un telefilm de sobremesa del montón.

Especial Sitges 2010: 'Detective Dee and the Mystery of Phantom Flame'

(Di Renjie. Tsui Hark. China / Hong Kong. 2010. 122 minutos) Después de la caótica Siete espadas (Qi jian, 2005) y de varios experimentos que no llegaron a nuestro país, Tsui Hark vuelve al género con el que nos dio tantas alegrías a principios de los noventa: el swordsplay desbocado, ese cine de héroes, espadas, escenas de lucha acrobáticas y ocasionales momentos fantásticos que revitalizó la industria del cine de Hong Kong en aquella época, después del empacho de heroic bloodshed que se vivió en años previos. Pero los tiempos han cambiado y no precisamente para bien: como ya ocurría en Zu Warriors (Shu shan zheng zhuan, 2001), el virtuosismo escénico de Tsui Hark está muy por encima de su capacidad para narrar una historia de manera coherente o que resulte fácil de seguir con interés, y si esto le sentaba de maravilla a aquellas joyas que fueron Double Team (1997) y En el ojo del huracán (Knock Off, 1998), donde la locura visual formaba parte del contexto en el que se movían los personajes, no se puede decir lo mismo de Detective Dee, donde se acusa un exceso de personajes y acciones secundarias que pueden marear al espectador expulsándole de la película. Aún así, sólo nos cabe celebrar esta vuelta de Tsui Hark al puro espectáculo (a pesar del exceso de infografía regulera) y soñar con todo lo que podría hacer si volviera a encontrar un guión digerible con el que trabajar. 

LO MEJOR: El virtuosismo de Tsui Hark para la acción sigue intacto.
LO PEOR: Abusa de los efectos digitales y de la acumulación de personajes.

Especial Sitges 2010: 'Déjame entrar'

(Let me in. Matt Reeves. Estados Unidos / Reino Unido. 2010. 116 minutos) No deja de resultar algo decepcionante que el regreso de Hammer Films haya servido para amparar este innecesario remake de la película homónima de 2008 dirigida en Suecia por Tomas Alfredson. También cuesta encajar que el siguiente paso de Matt Reeves como director, tras la vibrante Monstruoso, haya sido el de encargarse de este proyecto. Y es que no hay demasiados motivos para volver a adaptar la novela de John Ajvide Lindqvist más allá de la imposibilidad del público estadounidense para ver películas en versión original. Se entiende así fácilmente la estrategia: resulta cómodo volver a filmar una película europea casi plano por plano pero cambiando el idioma por el inglés y, a ser posible, cambiando el contexto en el que acontece la historia (aquí, la era Reagan) para hacerla más digerible para el espectador norteamericano (y, por extensión, el mundial). Y, aunque este remake no deje de resultar aceptable y hayamos ganado en ritmo y en medios, hemos perdido información sobre ciertos detalles escabrosos (especialmente en lo concerniente al sexo de la niña), en sugerencia (por culpa de unos efectos digitales mediocres y demasiado exhibicionistas) e incluso en espectacularidad (la secuencia final en la piscina está mucho peor resuelta que en la versión de Alfredson). Déjame entrar, remake, es lo que pueden esperar: una película de terror efectista, entretenida y fácilmente digerible para cualquier espectador de multisalas, aunque mucho menos sugerente que la que ya pasó por Sitges en 2008. 

LO MEJOR: La escena del accidente de tráfico, casi su única novedad.
LO PEOR: Que no hacía falta hacerla.

Especial Sitges 2010: 'Monsters'

(Monsters. Gareth Edwards. Reino Unido. 2010. 93 minutos) Durante la presentación de la película y en presencia de Joe Dante, Gareth Edwards tuvo los cojonacos de decir que su Monsters era un homenaje al cine de ciencia ficción de Serie B y que se sentía muy honrado de tener a Dante como espectador de su trabajo. Me gusta imaginarme al responsable de Gremlins (Gremlins, 1984) y Aullidos (The Howling, 1981) abandonando la sala indignado o buscando a Edwards por los pasillos del Hotel Meliá para escupirle en la cara. Si se puede decir algo bueno de Monsters es que rompe con esas expectativas. Lo malo es que lo hace para mal. El director no entendió que la ciencia-ficción norteamericana de los años cincuenta a la que dice homenajear no se limitaba a plantear evidentes metáforas políticas (con el miedo al comunismo como estandarte), sino que además abundaba en la diversión y en el humor (a veces involuntario, vale). Monsters resulta ser una película política camuflada muy torpemente como ciencia-ficción, en la que los monstruos del título apenas hacen acto de presencia y podrían ser sustituidos por inmigrantes ilegales (coloquen aquí su nacionalidad preferida) sin que cambiase prácticamente nada en la historia. La peripecia del fotógrafo y la niña pija enamorándose mientras escapan de una zona sitiada donde los extraterrestres campan a sus anchas (aunque... no se vean) está totalmente carente de tensión, puesto que no hay una amenaza real que pueda inquietar al espectador, y cuando llegan las secuencias con bichos resultan ser de una pochez insultante. Monsters es una estafa, una película que obtendrá buena reputación por los motivos equivocados y que parece una consecuencia de lo peor de Distrito 9 (District 9. Neill Blomkamp, 2009): esa voluntad por querer hablar de temas más importantes que una simple invasión extraterrestre, por querer ser ciencia-ficción con mensaje. La diferencia es que en la cinta de Blomkamp había acción, bichos y hasta un robot. Y aquí no hay nada. 

LO MEJOR: Que a la hora y media se acaba.
LO PEOR: Que nos tomen el pelo.

Especial Sitges 2010: 'Atrocious'

(Atrocious. Fernando Barreda Luna. México / España. 2010. 82 minutos) Era inevitable que la moda del terror subjetivo implantada con [Rec] (Jaume Balaguero & Paco Plaza, 2007) o Monstruoso (Cloverfield. Matt Reeves, 2008) acabara generando daños colaterales, si bien es cierto que incluso algunos de sus títulos abanderados ya son bastante aborrecibles, tal es el caso del díptico (y futura trilogía, si nada lo impide) Paranormal Activity. Si ya cuesta algo de trabajo disfrutar hoy con El proyecto de la Bruja de Blair (The Blair Witch Project. Daniel Myrick & Eduardo Sanchez, 1999), que al fin y al cabo tiene el valor de lo fundacional, más difícil aún resulta tomarse en serio esta Atrocious que, haciendo honor a su título, resultó ser una de las películas más feas y risibles del festival. Aunque cuenta con un final aceptable que sí logra generar algunos instantes de genuina inquietud, la cinta cuenta con cualidades como unas interpretaciones horribles, unos personajes simplemente gilipollas y odiosos, una mala justificación de la grabación continua y una capacidad irritante para llenar minutos y minutos de la nadería más absoluta. Que la historia tenga lugar en Sitges está muy bien como chiste, pero Atrocious es lo más inútil desde el papel higiénico con dibujitos. 

LO MEJOR: El montaje final.
LO PEOR: Todo lo demás.

Especial Sitges 2010: 'Red Hill'

(Red Hill. Patrick Hughes. Australia. 2010. 97 minutos) De entre los títulos contemplados en Sitges 2010 que pasarán a engrosar mi filmoteca, Red Hill ocupa un lugar preferente. Aparecido de la nada, con apenas un prometedor trailer como anticipo, la opera prima de Patrick Hughes se convirtió en uno de los platos más jugosos que pude disfrutar en el apretado menú del festival. Se trata de un Western contemporáneo con un guión efectivo que sabe utilizar los lugares comunes del género y llevarlos a un nuevo terreno, en el cual progresivamente la luminosidad y la placidez de los primeros minutos va desembocando en un torrente de suspense, acción y tensión asfixiante del que resulta imposible escapar. Con la presencia de Ryan Kwanten como guía (cuyo parecido con un joven Patrick Swayze, por cierto, llega a resultar inquietante por momentos) y el apoyo de unos secundarios sin mácula, Hughes nos introduce en una historia de iniciación y venganza apoyándose en un espectacular formato panorámico que justifica, y mucho, su visionado en pantalla grande. Consigue, además, que no perdamos el interés en ningún momento de la película, gracias a su buena dosificación de la acción, a su capacidad para crear atmósferas cercanas al cine de terror y a un villano implacable pero, en el fondo, mucho más humano de lo que aparenta. Habrá que seguir de cerca los futuros proyectos de Patrick Hughes, mientras lamentamos que nadie se digne a distribuir Red Hill en cines españoles. Aunque, siendo egoísta, eso hace que recuerde el pase en El Retiro a primera hora de la mañana del 15 de Octubre de 2010 como algo aún más especial. Muéranse de envidia. 

LO MEJOR: Su atmósfera de pesadilla.
LO PEOR: Que no todo el mundo pueda verla en pantalla grande.

25 nov 2010

Especial Sitges 2010: 'Snabba Cash (Easy Money)'

(Snabba cash. Daniel Espinosa. Suecia. 2010. 124 minutos) A pesar de su exceso de duración y de lo discutible que podría resultar su inclusión en un festival de cine principalmente fantástico, Snabba Cash permanecerá en el recuerdo como uno de los largometrajes más disfrutables que se pudieron ver en Sitges 2010. No es fácil resultar innovador en el género en el que se mueve la película, menos aún con una premisa tan sobada (el joven sin recursos que, mediante un arrojo encomiable y una falta de escrúpulos importante, pretende alcanzar la gloria económica y social por el camino de la delincuencia), pero el guión de Maria Karlsson basado en la novela de Jens Lapidus encuentra un refuerzo perfecto en las imágenes de manos del director Daniel Espinosa y un reparto que, especialmente en los casos de Matias Padin y Dragomir Mrsic, consigue dotar de credibilidad total a unos personajes que ya se intuyen bien definidos y poliédricos sobre el papel. No esperen un carrusel de acción, aunque la que hay es suficiente y el ritmo no decae prácticamente nunca, gracias a lo dicho anteriormente y a la capacidad de la cinta para situar al espectador ante dilemas morales de difícil solución: ¿con quién sentirse identificado en una historia en la que cualquiera de sus protagonistas sería capaz de matar a un amigo para lograr salir adelante? Si tienen la oportunidad, reserven dos horas de su tiempo en Snabba Cash y no esperen a que llegue el remake norteamericano (protagonizado, según dicen, por Zac Efron...). 

LO MEJOR: La eficiencia del guión y de los actores.
LO PEOR: Le sobran algunos minutos.

23 nov 2010

Especial Sitges 2010: 'Les nuits rouges du bourreau de jade'

(Les nuits rouges du bourreau de jade. Julien Carbon, Laurent Courtiaud. Hong Kong, Francia. 2010. 97 minutos) Sobre el papel, Red Nights (abreviaremos utilizando su título en inglés) se presentaba como una de las películas más apetecibles de Sitges 2010: el debut en la dirección de los guionistas de Running out of time (Johnnie To, 1999), Black Mask 2 (Tsui Hark, 2002) o El secreto del talismán (Peter Pau, 2002), vendido como un homenaje al Giallo italiano y a la Categoría III de Hong Kong (ahí está Carrie Ng para dar fuerza a esa idea), prometía ser uno de los platos fuertes del certamen en términos de diversión y homenajes cinéfagos. Sin embargo, el resultado no podría ser más desalentador. Después de un prólogo estupendo que nos predispone a disfrutar a lo loco, Red Nights entra en un estadio de pedantería y aburrimiento del que sólo podemos escapar en momentos aislados (la secuencia con el rifle de francotirador) y en el, este sí, apreciable clímax final. No basta con plagiar uno de los momentos más dolorosos de Rojo Oscuro (Dario Argento, 1975) o jugar con la paleta cromática para evocar al cine de terror italiano, del mismo modo que tener a Carrie Ng en el reparto protagonizando algunas escenas de sadismo, amén de un par de tiroteos, no es suficiente para llevarnos al cine comercial más extremo que se filmaba en Hong Kong durante la década de 1990. Sus puntuales momentos de lucidez no resultan suficientes para salvar de la quema este título fallido que sólo podría perdurar por la fuerza de algunas de sus imágenes. 

LO MEJOR: Su estética.
LO PEOR: Su languidez y su pedantería.

22 nov 2010

Especial Sitges 2010: 'A Serbian Film'

(Srpski film. Srdjan Spasojevic. Serbia. 2010. 104 minutos) Si quieren ver a cinco gilipollas hablando sobre algo de lo que no tienen ni idea, pinchen AQUÍ. Si, después de ver el vídeo, están de acuerdo con Concha García Campoy y adláteres, deberían dejar de leer. Es más, les invitaría a no volver a visitar este blog y, si me conocen en persona, a retirarme la palabra. Si son de los que, por contrario, consideran que A serbian film es una obra maestra o una película de amplias lecturas sociopolíticas... tampoco encontrarán en mis palabras respaldo o comprensión. La cinta más polémica del Festival de Sitges 2010 posee ideas moralmente despreciables y enfermizas, con algunas de las secuencias más aberrantes que he podido ver jamás (como la violación de un bebé recién nacido), pero que en ningún caso deberían servir para confundir la velocidad con el tocino: A serbian film no es más que una película que hace de la provocación su razón de ser, un thriller con un arranque interesante que va perdiendo fuerza a medida que avanza y que acaba convirtiéndose en el prometido festival gore que, para colmo, tarda en llegar. Tan fútil me parece penalizar un producto de ficción que, además, va de frente y no oculta en ningún momento su voluntad por mostrar frontalmente la violencia y la inmundicia humana, como pretender defenderla como obra artística con trasfondo y generosos valores cinematográficos que, quizá debido a mi miopía, no pude apreciar correctamente. Polémica de chichinabo. Película de chichinabo. 

LO MEJOR: Los primeros minutos son prometedores.
LO PEOR: La absurda polémica que ha generado una película tan mediocre.

Especial Sitges 2010: 'Outrage'

(Autoreiji. Takeshi Kitano. Japón. 2010. 109 minutos) Quizá consciente de que ya había dicho todo lo que tenía que decir, Takeshi Kitano se embarcó en una serie de empresas que llevaron su cine al terreno de la autoparodia, la deconstrucción de su figura pública y la aniquilación de los tópicos que rodeaban su aura de autor de trascendental poética audiovisual. Tras Takeshi's (2005), Glory to the filmmaker! (2007) y Achilles and the tortoise (2008), el japonés ha vuelto a un terreno que no pisaba desde la ya lejana Brother (2000): el thriller ambientado en el mundo de la Yakuza. Y lo ha hecho con la tranquilidad del que sabe que no tiene ya nada que demostrar y que puede permitirse el lujo de trabajar para divertirse. La sensación que provoca Outrage es que ha sido realizada con el piloto automático, sin poner especial interés en resultar innovador o especialmente creativo. Una buena prueba de ello es la dejadez con la que están trazados unos personajes de los que no sabemos prácticamente nada  y que, para colmo, deambulan por una trama escasamente interesante de la que es fácil desconectar. Pero dicen que quien tuvo retuvo, y Takeshi Kitano lo demuestra otorgando a su película un ritmo aceptable (dentro de la acostumbrada lentitud de su cine), golpes de humor resultones y escenas de violencia marca de la casa que satisfarán a los fans menos exigentes, aunque quizá sepa a poco a los que esperen otro Hana-Bi (1997) u otro Sonatine (1993). 

LO MEJOR: Kitano da lo que se espera de él.
LO PEOR: Que no pasa de ahí.