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28 nov 2007

Pegado a mis retinas: el combate final de 'Érase una vez en China'

Da igual que el protagonista tuviera que ser doblado en algunos planos debido a una lesión en la rodilla, lo mismo da que la plagiaran en El Mosquetero, es indiferente que la hayan debido ver ya quince veces como mínimo... esta monumental pelea entre Jet Li y Yee Kwan Yan al final de la gloriosa Érase una vez en China sigue siendo uno de los más bellos momentos del cine de artes marciales de todos los tiempos. Una celebración del wirework y de la épica marcial que inició una saga irregular pero harto interesante y que contenía, ya sólo en esta primera entrega, un puñado de secuencias magistrales de las que hacen que nos suden las manos y se nos muevan los pies buscando un punto de impacto en la pata de la silla o mesa más cercana.

El formato del vídeo no es el correcto, pero aún así me sirve para inaugurar (con guiño al Sr. Ruso incluido en el título) una sección en la que tendrán cabida todos esos instantes de placer estético o placer a secas que por algún motivo han formado parte de mi educación audiovisual, independientemente de su género o procedencia. ¿Qué mejor manera de empezarla que con chinos dándose hostias?


25 nov 2007

Agridulce: de parones, disgustos y alegrías.

Algunos de ustedes seguramente se estarán preguntando a qué vino mudarme de blog y que ahora no esté posteando nada. Pues bien, la respuesta es bien sencilla: no he podido acceder a blogger desde mi ordenador en toda esta semana. Sí que podía hacerlo desde la academia en la que estoy haciendo un curso, pero allí no tenía tiempo para escribir ningún post y de ahí mi silencio prolongado. Investigando en varios foros he descubierto que esta imposibilidad de acceder a blogger se ha repetido en varios puntos de España y que la solución estaba en cambios de las DNS de nuestros servidores y cosas así. Tras probar algunos trucos infructuosamente, hoy intento acceder a blogger y ¡sorpresa!, por fin estoy dentro pero aún sin poder ver el blog normalmente en ningún explorador. Es decir, ahora puedo entrar desde mi cuenta de google y escribir nuevos artículos, pero no puedo verlos publicados ni contestar a vuestros comentarios (que por suerte sí que puedo leer, pero sólo gracias a que también me llegan por correo electrónico). Al menos es un avance y por fin puedo volver a sacar material.

Todo esto ha sucedido en una de las semanas más convulsas a nivel bloguero que recuerdo, marcada por un hecho agradable que llevaré grabado a fuego hasta los restos y que sin embargo, ha acabado convirtiéndose en un pequeño conflicto que se ha saldado de manera poco amistosa. Me explico: cualquiera que me haya leído en anteriores bitácoras y que esté atento a mis palabras sabrá de mi admiración por ese ente multimedia de tentáculos amplísimos que es John Tones. En un gesto que me pilló por sorpresa decidió dedicarme unas líneas en su Focoblog y dar un empujón a este sitio recién abierto que, por diversos motivos, aún no he podido aprovechar. Su post De otro mundo supuso para mí, por qué negarlo, una alegría importante al venir de manos de alguien a quien he leído tanto ya sea en papel o delante del ordenador (mención especial también a mi hermanastro Mike Donovan por regarlme unas bellas palabras), pero al mismo tiempo ha significado una división más pronunciada de lo que jamás deseé de mis ex-compañeros de Tierra de Cinéfagos. ¿El motivo? Ni más ni menos que Tones calificara dicho blog de apestoso y yo no le llevara la contraria. Me reprochan que no saliera en su defensa pero, realmente, nunca pensé que la necesitaran. ¿Defenderles de una opinión personal? Podría haberlo hecho si hubiera interpretado que ellos, a quienes consideraba (y a pesar de todo aún considero) amigos, estaban siendo insultados como personas y sin motivos. Pero no, no he creído que ese fuera el caso y preferí mantenerme al margen sin darle mayor trascendencia al asunto que el hecho de que a Tones el blog en el que he pasado tanto tiempo le parezca una mierda. Perfecto. Es un blog público en el que hay espacio para las críticas, así que deberíamos ser conscientes de que nuestro trabajo también puede (y debe) ser criticado en cualquier momento y desde cualquier posición. De todos modos, en mi marcha no escondí que ese blog había dejado de motivarme, por lo que comparto ciertas opiniones que se vertieron en su contra en el Focoblog, y les aconsejaría a los que aún batallan por él que se replantearan su metodología de trabajo de cara a ser tomados algo más en serio. Están en su derecho de pasarse este consejo por la sobaquera, pero que quede escrito. Podría haber dado mi brazo a torcer y reprocharle a Tones que opinara negativa y contundentemente sobre Tierra de Cinéfagos, pero está en su pleno derecho de hacerlo y soy de los que sabe encarar cualquier crítica e intenta sacar algo provechoso de ellas, no encabronarse y armar la marimorena porque un amigo no salga a defenderte. Nadie debería reprochar a nadie que no se haya metido en una pelea que no ha empezado, y aunque bien es cierto que podría haberme involucrado para intentar apaciguar los ánimos, cuando me percaté de la polémica, consideré que ya era demasiado tarde para reabrir el debate y opté por dejarlo pasar. Al parecer he obrado tan mal que cualquier enlace hacia mi trabajo externo a Tierra y la última cabecera que realicé para el mismo blog han desaparecido súbitamente de allí, por lo que interpreto que el nivel de simpatía hacia mi persona por su parte no debe andar en su mejor momento. Pero otra cosa no puedo hacer y está claro que no voy a seguir discutiendo esto como si estuviera en el colegio. Si alguien no quiere ser mi amigo no tengo nada que hacer en el asunto, por mucho que me apene. Espero que les vaya bien, sinceramente, que una cosa es no pensar como ellos y otra muy distinta pensar en su contra. La diferencia debería ser obvia.

Así que mal rollo, muy mal rollo. Suerte que la persona que más energía me ha dado en los últimos meses haya reaparecido en mi vida y me haya aportado un chute de vitalidad que puede aniquilar cualquier pensamiento negativo que pase por mi mente. Ella me convierte de repente en optimista. Ella sabe hacer magia, aunque se tape la cara. Brindo por ella. Brindo por ti, mi fan número uno.