Buscador

21 abr 2012

Fanter Film Festival 2012

Hablar de consolidación de un festival de cine cuando sólo se encuentra en su segundo año de existencia es, cuando menos, algo arriesgado. Sin embargo, en el caso del Fanter Film Festival, celebrado en Cáceres del 13 al 15 de Abril, sí que se puede hablar de un salto de gigante con respecto a su primera edición, tanto en lo relativo a las mejoras técnicas como a la afluencia de público. 

Me quejaba, con respecto a lo experimentado el año pasado (en un post que pueden leer aquí), de la precariedad audiovisual con la que habían sido proyectadas las películas que formaban parte de la programación del primer Fanter. Esta segunda edición ha traído consigo un cambio de sala (el Centro Cultural Capitol) que ha posibilitado la exhibición digital de las cintas seleccionadas, con una calidad de imagen y sonido que nada tienen que ver con la que tuvimos que padecer la vez anterior. El aforo también se ha visto incrementado notablemente hasta las más de cuatrocientas butacas, algo que en determinados momentos no pudo dar abasto con las colas que se formaron en la calle para conseguir alguno de los asientos. Recordemos que todas las cintas han sido proyectadas de manera gratuita y que, además, se regalaba agua y palomitas a los asistentes. Por si eso fuera poco, en cada pase el público recibía un número con su entrada que luego serviría para un sorteo de premios el último día del festival. No es de extrañar que la respuesta de los habitantes de la ciudad y de alrededores (como nosotros, que nos desplazamos desde Badajoz) fuera tan positiva, hasta tal punto que se repartieron más de tres mil entradas durante los tres días... una cifra que casi triplica la del año pasado. No faltaron tampoco los concursos de cortos profesionales, cortos amateurs y relatos, promovidos desde la página web que organiza el festival, Abandomoviez. Lo que sigue es una crónica de las películas que se pudieron disfrutar durante este terrorífico fin de semana: 

Viernes 13

Aunque el hecho de comenzar en un viernes 13 habría sido un buen motivo para rescatar alguno de los clásicos protagonizados por el personaje de Jason Voorhees, no se puede decir que arrancar con Alta tensión (Haute tension. Alexandre Aja, 2003) sea una mala manera de comenzar la fiesta. Y menos cuando delante de la película se proyecta un cortometraje tan intenso, violento y divertido como Leyenda (Pau Teixidor, 2011). El trabajo de Teixidor se alzó con el primer premio al mejor corto profesional, y no es para menos. Este terrorífico acercamiento a los cuentos infantiles destila un sentido del humor, una calidad técnica y una capacidad para dejar con la boca abierta al público realmente impresionantes, por lo cual su premio fue más que merecido. En cuanto a la película de Alexandre Aja, poco queda por decir de lo que se ha convertido ya en un clásico moderno, una de las cintas que dieron impulso al impactante nuevo cine de terror francés y un festival para los amantes del gore. Los artesanales efectos especiales de Giannetto de Rossi dan lustre a un largometraje que se ve también reforzado por su falta de concesiones a la hora de deshacerse de los personajes. Sólo se le puede reprochar algo: un giro final que sorprende al instante pero que deja en evidencia varios agujeros de guión si nos detenemos a analizar la película con calma. 


Con la segunda sesión se reincidía en la interesante tendencia de agrupar cortometrajes y películas siguiendo una inteligente asociación temática o estética, algo que sería la tónica a seguir durante casi todos los pases. Así, después del gore desbocado le tocaba el turno al terror subjetivo. El ganador del segundo premio al mejor cortometraje profesional sirvió de aperitivo: El escondite (Andrés Curbelo Bacino, Pablo FC Gómez, 2011) muestra a dos niños jugando, con la peculiaridad de que la hermana mayor obliga al pequeño a colocarse un casco con una cámara para grabarlo todo. Si ya la premisa es gratuita, después viene lo peor: una sucesión de planos mareantes en los que la cámara nos muestra los distintos rincones de la casa hasta que, al fin, el niño sube al desván y aparece un monstruo escondido dentro del armario. Este último minuto es lo que separa la apariencia del cortometraje del ámbito de lo amateur de lo profesional, ya que está muy bien logrado mediante infografía. Por lo demás, es bastante tedioso y, en mi opinión, indigno del segundo premio. Algo así sucede con Troll hunter (Trolljegeren. Andre Ovredal, 2010), película de impresionantes efectos especiales que funciona a las mil maravillas cuando estos entran en juego, mostrando a realistas trolls que interactúan en perfecta armonía con su entorno, pero que no sabe desarrollar una historia ni enganchar al espectador cuando los monstruos desaparecen de la pantalla. No en vano, las opiniones que se escuchaban en las colas del día siguiente mostraban cierto descontento con la cinta. Ignoro cuál fue la reacción durante el pase: como ya había visto la película y no era especialmente de mi agrado, aproveché para dar buena cuenta de un bocadillo de patatera y relajarme junto a mi pareja en una tetería. No me odien, soy humano.


Volviendo al festival, hay que destacar otra tendencia, aunque esta no tan afortunada como la anterior: la de seleccionar cortos que, irónicamente, resultaban demasiado largos. Es lo que ocurre con Jugando con la muerte (Paul Urkijo Alijo, 2010), una pieza que se acerca peligrosamente a los veinte minutos de duración y que es una buena muestra del mal que afecta a algunos cortometrajistas: esa vocación frustrada de filmar un largometraje y que desemboca en cortos alargados que vienen a ser un quiero y no puedo a muchos niveles. También se le va la mano con la duración a Encontré al diablo (I saw the devil / Akmareul boatda. Kim-Jee Woon, 2010), aunque en este caso se podría decir que ese es prácticamente su único defecto, ya que aparte del metraje un tanto desorbitado (cercano a las dos horas y veinte minutos) no hay nada que objetar a esta inquietante cinta coreana que cuenta con una historia potente, unas interpretaciones de lujo y una energía narrativa que impide la aparición del aburrimiento o el cansancio en el espectador. Sus escenas de humor negro y bestia y su utilización del gore son únicamente alicientes extras para un drama de venganzas desolador e implacable que funcionaría bien incluso sin esos momentos explosivos. Fue una manera inmejorable de terminar el primer día del Fanter 2012.

Sábado 14

Ahora toca un pequeño tirón de orejas a la organización del festival: cinco películas son demasiadas para verlas seguidas, especialmente si cuatro de ellas van precedidas de otros tantos cortometrajes y estos no son especialmente breves. Tampoco ayuda el hecho de que la última de ellas diera comienzo pasadas las dos de la madrugada, así que se hizo imprescindible seleccionar y descartar algunas de ellas. Esto explica que me perdiera la proyección del corto La última víctima (Ángel Gómez Hernández, 2011), segundo trabajo del hijo del interesante escritor Ángel Gómez Rivero, aquí también co-guionista. Su premisa anunciaba una prometedora muestra de cine de terror y acción supervivencialista, algo a priori bastante apetecible. No tan llamativa parecía Pánico (Hush. Mark Tonderai, 2009), a pesar de que las críticas que había leído eran bastante halagüeñas. Sin embargo, algo me hacía sospechar que esta cinta de suspense británica era una buena opción para descartar en una agenda apretada... y, habiendo visto después la película en casa, he de decir que no me equivocaba: Pánico pretende ser un ejercicio de tensión sostenida en el que un personaje sufre lo impensable para encontrar a su novia desparecida en una gasolinera, pero la trama no está desarrollada lo suficientemente bien como para que sintamos un mínimo de implicación con el personaje, presentando secundarios de los que no sabemos nada y que desaparecen de la historia sin ninguna repercusión y culminando con un final chapucero y risible que me obliga a pensar en cómo es posible que a alguien le pueda gustar algo así, sobre todo teniendo en cuenta precedentes ilustres (y no tan ilustres) que con estos mismos mimbres (la mezcla de road-movie con terror y suspense) habían logrado mucho más. 


La tarde comenzó entonces para quien suscribe con lo que podríamos denominar "la sesión cerda" del Fanter, a tenor de cómo brilló la escatología tanto en el corto como en la película que se proyectaron a partir de las 19:30h. La cuerda (Pablo Sola, 2011) es un trabajo que pone en un serio aprieto a los espectadores de estómagos más sensibles: su argumento gira en torno a Javier, un joven que parece sufrir el Síndrome de Diógenes y que un día descubre una cuerda que sale de su taza del water. Intrigado por su procedencia, el protagonista comienza a tirar de la cuerda esperando encontrar el final de la misma y saciar su curiosidad. Con una utilización constante de conceptos grotescos y vomitivos, además de una sinopsis que se queda en la simple idea pero que no puede ir mucho más allá, el cortometraje encuentra su valía en su lograda estética retro y su soterrado sentido del humor, aunque es algo incómodo para la mayoría de los espectadores. Asimismo lo fue Storm warning (Jamie Blanks, 2007), película que exhibe también una buena ración de imágenes e ideas de mal gusto pero que, sorprendentemente, consigue romper la mala imagen que se labra durante sus primeros minutos para convertirse en una Serie B de terror de la vieja escuela totalmente disfrutable, con ecos del primer Tobe Hooper y claros apuntes sexploitation. Lo mejor de todo está en esa familia de psicópatas plagada de perversiones y en la poco sutil utilización del cuerpo de Nadia Farès como reclamo para el público masculino. 


Y de la sesión cerda pasamos a la sesión adolescente, ya que los siguientes títulos exhibidos venían cargados de acné y energía juvenil. Cargols! (Geoffrey Cowper, 2011), aunque por momentos parezca un anuncio de Estrella Damm, demuestra un amor total por las monster-movies y por el cine teenager de los años ochenta, mostrando en lujoso formato panorámico cómo se enfrentan unos jóvenes al ataque de unos caracoles gigantescos. Y, en medio de todo ello, una inocente historia de amor. El público rió a carcajadas y aplaudió la propuesta, como también hizo con la que considero la mejor película del festival, Attack the block (Joe Cornish, 2011). No tengo mucho que añadir a lo que ya escribí sobre ella en el momento de su estreno, salvo remarcar el placer que supuso verla de nuevo en una sala abarrotada, rodeado de unos espectadores totalmente entregados y participativos. Ya van tres visionados y cada vez me parece una cinta más redonda e imperecedera, por lo cual no me tiembla el pulso a la hora de calificarla de obra maestra del cine fantástico reciente. 


Antes de que flaquearan las fuerzas, todavía quedaba fuelle para una sesión más, aunque el resultado de la misma no fuera especialmente memorable. Todos los hombres se llaman Robert (Tous les hommes s'appellent Robert. Marc-Henri Boulier, 2010) tiene la ventaja de ser un cortometraje conciso, de duración ajustada, y que no pretende estirar un argumento que es en realidad un simple chiste, una idea loca que puede arrancar risas de nerviosismo y de sorpresa al mismo tiempo. Es algo intencionado. Sin embargo, no se puede decir lo mismo de Bajo cero (Frozen. Adam Green, 2010), una película que pretende angustiar al espectador con una situación límite y que, involuntariamente, provoca algunas carcajadas ante lo inverosímil de algunos de los actos de sus protagonistas y, especialmente, de sus lamentables interpretaciones. Que una película tenga que sustentarse sobre los hombros de tres actores durante ochenta minutos y que dos de esos actores sean penosos no es, desde luego, una buena manera de alcanzar los objetivos marcados. Pese a todo, hay que reconocer que como sencillo entretenimiento la película cumple su cometido, siempre que no pretendamos hallar en ella más de lo que hay. 


Hablando en plata, hay que decir que a estas alturas de la noche ya nos dolía el culo de estar sentados en la Sala Capitol, así que optamos por irnos a descansar y dejar pasar la oportunidad de ver A l'interieur (Alexandre Bustillo, Julien Maury, 2007) en pantalla grande. Aunque no me arrepienta de ello, habría sido interesante comprobar cómo reaccionaban algunos espectadores ante la película más bestia, contundente y atrevida del Fanter, una de las cumbres de la nueva ola de terror francés que, partiendo de un argumento mínimo, construye un agobiante relato de horror malsano prolijo en imágenes turbadoras y dignas de la peor pesadilla. Muy lejos del gore festivo de otras propuestas, A l'interieur es uno de esos trabajos de los que cuesta reponerse, de los que provocan una sensación de malestar que puede durar horas. Hay que aplaudir a la organización del Fanter por atreverse a exhibir un título que no ha contado con distribución en nuestro país, ni siquiera en circuitos domésticos. 

Domingo 15

El último día del festival acogió, siguiendo la tradición, un pase cinematográfico destinado a los más pequeños y, al mismo tiempo, a los amantes de la animación japonesa. También a los que se habían acostado temprano la noche anterior, caso que no fue el nuestro. Arrietty y el mundo de los diminutos (Karigurashi no Arietti. Hiromasa Yonebayashi, 2010) es la adaptación que el Studio Ghibli ha hecho del libro The Borrowers de Mary Norton, con una estética plenamente deudora del trabajo de Hayao Miyazaki (productor y guionista del invento) pero carente de la intensidad dramática, de la épica y de la carga emotiva de los trabajos del maestro japonés. Así, la cinta funciona a medio gas y está por debajo de los títulos más famosos de Ghibli, aunque no sea tampoco desdeñable en absoluto. 


La última película proyectada en el Fanter 2 fue algo radicalmente distinto: Carne cruda (Tirso Calero, 2011) es una comedia salpicada de sexo y vísceras destinada a un público adulto y predispuesto al cachondeo. Lo previsible es justo eso, que apele a nuestros bajos instintos de manera poco elegante, que acuda al chiste y que sea estéticamente pobre (la falta de dinero obliga... aunque hay que decir que la puesta en escena de Tirso Calero tampoco ayuda demasiado en algunos momentos, especialmente en el apagado clímax final). La sorpresa está en una interpretación bastante notable de Canco Rodríguez, en las apariciones estelares de Nacho Vigalondo o el amigo Diego Arjona y, sobre todo, en un poso amargo que está a punto de convertir la película en una tragedia sobre las adicciones y cierto tipo de vampirismo. No sé si se debió al hecho de que después de la película se procediera a la entrega de premios, pero la cuestión es que Carne cruda contó con una sala llena hasta la bandera y que el propio Tirso Calero, que acudió a Cáceres a presentar la cinta, pudo comprobar de primera mano cómo el público se lo pasaba bien con su propuesta, riendo y aplaudiendo en los momentos en los que la película se lo merecía. Y es que, si bien es cierto que la cinta no puede escapar de cierta cutrez y de avanzar a trompicones, consigue alejarse de la caspa consciente e infantil que me temía, por lo que puedo decir que, hasta cierto punto, me sorprendió gratamente. 

Tras la película dio comienzo la entrega de premios. Primero se anunciaron los ganadores del concurso de relatos: Secretos de Jose A. García y Legión de Gema del Prado. Servidor no tuvo suerte, aunque puedo sentirme satisfecho de que los dos trabajos que envié quedaran entre los finalistas. 

Después llegó el turno de los ganadores del concurso de cortos amateurs. En la página web del festival pueden ver los trabajos que entraban en competición. A falta de verlos todos, me voy a limitar a comentar únicamente los que se llevaron premio. El segundo puesto fue para Ciodor (Alberto Campón, 2012). Me cuesta expresarme al respecto sin resultar desagradable, pero... a ver cómo lo digo... el corto me parece un desastre. No voy a poner en duda la buena intención de sus responsables (incluso conozco en persona a uno de ellos), ni sus ganas de plasmar sus ideas en imágenes ni de trabajar en el audiovisual, pero es que el corto resulta soporífero y, lo peor de todo, risible. Especialmente porque se toma demasiado en serio a sí mismo (se abre con una cita de Aleister Crowley, nada menos) y no cuenta ni con medios materiales, ni artísticos ni narrativos para plasmar con un mínimo de credibilidad aquello que quiere transmitir (un acercamiento a la maldad a través de un pacto con el diablo... o algo así). Que en un momento de (teórica) máxima tensión el director opte por utilizar salsa de tomate como sangre dice mucho de la torpeza de la propuesta: en una obra de carácter paródico o humorístico esto quedaría como un chiste más; en un corto pretencioso como Ciodor sólo es una muestra más de dejadez. Que el público estallara en carcajadas durante esa escena no es buena señal, creedme. Sólo el hecho de estar rodado en la Cáceres nocturna le aporta algo de interés.

El primer premio fue para No es país para zombies (Andoni Garrido, 2011), mejor que el anterior, más consciente de sus limitaciones y más divertido, pero tampoco perfecto. Siendo justo, tan imperfecto como es casi cualquier trabajo amateur, donde las ganas de aprender, de divertirse y de jugar a ser directores de cine tienen más protagonismo que las habilidades detrás (y delante) de la cámara. Como debe ser, por otro lado. Aunque es cierto que a No es país para zombies le pesan demasiado sus estigmas de producto de alumnos de Comunicación Audiovisual (y sé de lo que hablo porque soy uno de ellos). Así, el corto peca de exceso de duración (otra vez el síndrome de "quiero hacer una película pero no me llega la pasta para rodar noventa minutos"), pero sobre todo de algo peor, teniendo en cuenta que se está llevando un premio en un festival de cine fantástico y de terror: da la sensación de que a sus autores el género no les importa demasiado y dejan bien claro que sus referentes no son Fulci o Romero, sino los hermanos Coen, Tarantino y, oh, dios, Stanley Kubrick. Aún así, hay que destacar que No es país para zombies tiene gracia y que sus responsables saben cómo manejar los resortes cómicos con bastante pericia. 

Tras esto se entregaron los premios a los mejores cortometrajes profesionales (de los que ya he hablado anteriormente) y algunos afortunados asistentes se llevaron a casa películas, camisetas y hasta una tablet, gracias a que la suerte estuvo de su lado durante el sorteo final. 

Yo volví a casa con las manos vacías, pero con la sensación de haber pasado tres días en mi salsa, haciendo lo que me gusta, que es ver películas con las que disfrutar y de las que luego hablar aquí. 

Una vez más, mi enhorabuena al equipo de Abandomoviez por el éxito que han obtenido con esta segunda edición de su Fanter y, en especial, mostrar mi agradecimiento a dos personas: a Pablo Carrero, director del festival, por su amabilidad y simpatía; y a ti, Bea, por invitarme, acompañarme y disfrutar conmigo de estas locuras. Contigo todo es mejor. Palabra. 

8 abr 2012

Especial 'REC' Cap. 7 y final: El virus se propaga.

A lo largo de esta semana he intentado trazar, mediante un artículo por día, una panorámica más o menos completa y sintetizada sobre lo que ha sido hasta el momento la saga REC. Pero este repaso resultaría insuficiente si no hiciera mención a esos productos satélite que se han generado alrededor de la franquicia cinematográfica, uno de ellos incluso bastante interesante. Aquí van unos breves apuntes sobre el cómic, el videojuego y los remakes norteamericanos.

REC: HISTORIAS INÉDITAS.

Algo muy usual entre las sagas de cine de otros países, especialmente Estados Unidos, es crear en los fans la necesidad de poseer otros productos relacionados con las películas y que apelan, normalmente, a sus ansias completistas o simplemente a la indecisión de los consumidores casuales. Es de lo más común que el último blockbuster hollywoodiense venga acompañado de su correspondiente adaptación al cómic, su videojuego de turno y su gama de figuras coleccionables. De momento (y que yo sepa), a nadie se le ha ocurrido la idea de lanzar al mercado muñecas articuladas de Ángela Vidal con su cámara, Clara con su motosierra y su vestido de novia o, incluso, una reproducción fidedigna de la horripilante niña Medeiros (martillo incluido). Pero sí que a EDT (antigua Glénat) le ha parecido pertinente lanzar en los kioscos y librerías un tomo de 96 páginas que recopila cinco historias inéditas del universo REC. La edición es digna de elogio: en lugar de haber encargado la típica versión reducida de cualquiera de las tres partes de la saga, o incluso de las tres, EDT ha optado por recuperar varias líneas argumentales que Paco Plaza y Jaume Balagueró idearon pero que no pudieron incluir, por distintos motivos, en ninguna de las películas. Guionizando esas ideas se encuentra Hernán Migoya, mientras que a los lápices tenemos a una amplia variedad de artistas que han dado su personal visión de personajes que ya conocíamos y de otros que suponen una novedad. Las historias, presentadas por la propia niña Medeiros como si fuera el Tío Creepy, son las siguientes:

Encerrados (ilustrado por Andrea Jen): Quizá algunos de ustedes echó en falta alguna explicación sobre lo que les ocurrió a los adolescentes que aparecían en REC 2. Sabíamos que uno de ellos fue poseído, pero... ¿qué ocurrió con su hermana y con el amigo de ambos? Este primer episodio da respuesta a esa incógnita de un modo que jamás esperaríamos haber visto en la película, planteando una situación en la que la joven superviviente decide que, si va a morir, no quiere hacerlo siendo virgen. Con ilustraciones al más puro estilo manga, la historia nos muestra un festival de gore y humor marrano, con sexo adolescente, insinuaciones homosexuales y un ritmo trepidante que obliga a pasar velozmente de una viñeta a otra, hasta llegar a una conclusión tan macabra como coherente. 

Tristana (Feliciano G. Zecchin): Ya vimos, en el artículo dedicado a REC 3: Génesis, que la idea inicial de Paco Plaza era poder filmar un cortometraje que explicara los orígenes de Tristana Medeiros, la que luego provocaría pesadillas a los espectadores de la saga que nos ocupa. Este corto iba a ser filmado en un blanco y negro expresionista y sería mudo en casi su totalidad. Todas esas ideas han sido respetadas por Migoya y el ilustrador Feliciano G. Zecchin, dando como resultado una historieta que casi no cuenta con ningún diálogo y que explica cómo acabó convirtiéndose la niña Tristana en una poseída. La acción nos sitúa en un monasterio de Portugal, donde la niña trabajaba para unos monjes. La belleza de la joven no pasaba inadvertida a los habitantes del monasterio, quienes finalmente la violaron y la condenaron a que el Mal entrara en su interior. 

Zoombi (Álvaro Ruilova): Este es el capítulo más loco del conjunto, ambientando la acción en un zoológico de Barcelona al que ha llegado uno de los poseídos, propagando el virus demoníaco entre los animales. Unos vigilantes de seguridad tratan de sobrevivir, con infructuosos resultados. No sabemos muy bien cómo encaja esta historia dentro del universo REC, ya que presenta algunos anacronismos: en teoría, la acción transcurre paralela a los acontecimientos descritos en las películas, pero vemos cómo los protagonistas ven en televisión una actuación del Ballet Zoom de Giorgio Aresu, famoso en la década de 1970 entre los televidentes españoles. El estilo de las ilustraciones se contagia también del marcado por esa época. Por otra parte, utiliza un icono tan importante para Barcelona como Copito de Nieve, al que presentan criogenizado (recordemos que el gorila murió en 2003). Quizá se trate de alguna idea desechada para continuar y expandir la saga fuera del edificio del Ensanche barcelonés, aunque viendo su final puede que incluso se trate de un prólogo para la futura REC 4: Apocalipsis... 

El experimento (Salvador Sanz): otro cabo suelto en la serie es el que concierne al padre Albelda. ¿Quién fue? ¿Cómo era la relación con sus vecinos? Esta historia da respuestas a esas incógnitas, presentándonos el momento en el que Albelda recibe el telegrama de Roma indicándole que tiene que acabar con la niña Medeiros, a la cual tiene encerrada en una habitación del ático plagada de cruces. Vemos así el enfrentamiento que se produce entre ambos, con resultados ya conocidos para los espectadores fieles a la serie. Con un estilo sobrio y austero, cuenta con uno de los dibujos más irregulares de todo el libro (genial para los fondos y los objetos, regular para los personajes), aunque lo compensa con una pulcritud ciertamente elegante que equilibra un poco la locura expuesta en el resto de historias breves. 

El desconocido (Joan Marín): no hace falta ser Sherlock Holmes para deducir que la mordedura que lleva el personaje del tío Víctor al comienzo de REC 3: Génesis y que, a la postre, desata la tragedia, se la ha hecho Max, el perro de Jennifer del que oímos hablar en la primera parte de REC. Pero, por si acaso, aquí está la explicación de cómo el bueno (y calzonazos) de Víctor se acaba convirtiendo en el responsable de llevar el virus a la boda de Clara y Koldo, explicando además un efecto secundario del que no se ha hablado hasta ahora y que no guarda mucha lógica con lo que conocíamos: cómo la infección va convirtiendo al sufridor en alguien más atrevido, con mayor determinación y confianza en sí mismo, hasta que finalmente (tras varias horas) se convierte en un zombi / infectado / poseído más. Así, como relato independiente puede estar bien, pero resulta incongruente con todo lo demás, pese a que consiga enlazar las historias paralelas que protagonizaron Manuela Velasco y Leticia Dolera, cada una por su lado. 

REC: THE VIDEOGAME.

Dentro del merchandising de la película, y aprovechando que ahora REC 3: Génesis se encuentra en las carteleras, Filmax se ha aliado con los estudios independientes Tonika Games y Cupra Studios para lanzar al mercado un videojuego que permite al usuario vivir, en primera persona, los enfrentamientos contra las hordas del mal. La idea es que el videojuego tenga un episodio que respete el argumento de cada una de las películas de la saga. Así, en cada parte que sea lanzada el jugador tendrá la oportunidad de manejar primero el personaje de Ángela Vidal, después ponerse en la piel de un GEO y, por último (hasta que llegue REC 4: Apocalipsis), convertirse en Clara y coger una motosierra para liarla parda. Como no podría ser de otro modo, sobre todo teniendo en cuenta que las películas ya bebían de este género, el juego es un FPS (First Person Shooter). Todo pinta muy bien, ¿verdad? Pero la realidad es que el videojuego sólo está disponible para iPhone, iPad y móviles con sistema operativo Android. Se supone que también saldrá una versión para PC aunque, visto lo visto, o sufre una reconversión brutal o con este apartado técnico no va a vender ni tres copias antes de que comience a ser despellejado por los usuarios. Les dejo con un vídeo:




EL REMAKE Y SU SECUELA.

Una práctica habitual en Hollywood es la de comprar películas foráneas con importante potencial comercial para hacer nuevas versiones adaptadas a su idioma y a sus gustos. Recordemos que allí no se estrenan cintas dobladas, sino que los títulos que les llegan del extranjero son difundidos con su idioma original y con subtítulos en inglés. Se ve que allí la V.O.S.E. gusta tanto (o más bien tan poco) como aquí, así que a las productoras les sale más rentable producir nuevos títulos pagando los derechos de los originales que intentando que estos tengan una carrera comercial exitosa en las salas (salvo alguna excepción). Así, en 2008 llegó a las pantallas de todo el mundo Quarantine (John Erick Dowdle), calco casi literal de la cinta de Balagueró y Plaza que apenas presentaba alguna novedad y, cuando lo hacía, normalmente no era para bien. Para empezar, tenemos potenciado el peor defecto de la película original. Si allí nos quejábamos de que algunas caras de los actores nos resultaban familiares, dando al traste con la vocación de credibilidad total de la película, en la versión americana esto se agrava al contar con rostros más o menos populares como los de Jennifer Carpenter (El exorcismo de Emily Rose, Dexter), Jay Hernandez (Hostel, World Trade Center), Rade Šerbedžija (Eyes wide shut, Misión imposible 2) o Jonathon Schaech (The Wonders, Los malditos). Incluso se atreve a mostrar el rostro del cámara (interpretado por Steve Harris) a los pocos segundos de comenzar, rompiendo la ilusión de que nuestros ojos son los que "filman" la película, y poniendo un rostro ajeno a esa mirada. Un fallo garrafal desde un punto de vista semántico que arruina también buena parte del efecto verista de la original. También es bastante más pacata, ya que no se atreven a meterse con la Iglesia, siendo todo el resultado de los experimentos de una secta. Y la niña Medeiros ya no existe, aunque el monstruo interpretado por Doug Jones viene a ser lo mismo pero sin tetas colganderas, acreditado como Infected thin man. Un horror, en definitiva, absolutamente inservible y que sólo aporta un detalle original: la utilización de la cámara como arma contra los infectados. 

La secuela llegaría en 2011 bajo el título de Quarantine 2: Terminal (John Pogue), con resultados también desastrosos y directamente al mercado del DVD. De nuevo tenemos al pobre perro Max como foco de la infección, ya que contagia el virus a su dueño, quien se encuentra fuera del edificio ejercitando su trabajo de co-piloto de aviones. Durante un vuelo rutinario todo se complica cuando el desgraciado propaga la infección dentro del avión y todos los pasajeros, tras un aterrizaje de emergencia, quedan confinados en la terminal. Lo único destacable de esta secuela del remake es que tiene personalidad propia, ya que no se trata de una copia directa de ninguna otra cinta de la saga y, por si eso fuera poco, se adelanta a REC 3: Génesis a la hora de romper con el estilo de found-footage de los títulos previos. Sin embargo, poco más se puede decir de esta película en el aspecto positivo. Todo lo demás es una repetición del esquema de personajes antagonistas encerrados en un espacio reducido y con la amenaza del contagio progresivo y virulento como leit motiv. Rodada sin gracia alguna, sin ningún sentido estético y plagada de interpretaciones deficientes, Quarantine 2: Terminal no es más que un triste direct-to-video para aprovechar el tirón de la anterior y contentar a los fans menos exigentes. 

CODA.

Para no terminar este monográfico con algo tan triste, me despediré con la ilusión depositada en la futura REC 4: Apocalipsis, dirigida por Jaume Balagueró en solitario y que dará fin a la serie. Quizá, llegado el momento, este especial resucitará y, con un poco de suerte, podremos hablar de nuevos detalles que hayan enriquecido la saga, de nuevos aspectos de la epidemia que no conocíamos. Porque, si algo hemos aprendido de estas películas es que cada una muestra algo nuevo que contribuye a prolongar y a ampliar la mitología en torno a ellas; y que, para colmo, cada nueva entrega supone un cambio tonal e incluso narrativo con respecto a las anteriores, lo cual hace que desee todavía con más fuerza comprobar hacia dónde lleva Balagueró su película y qué nos podremos encontrar en ella. 

Hasta entonces, gracias por haber seguido conmigo hasta el final de este monográfico. Ustedes son quienes dan sentido a este esfuerzo.