En el más reciente número de Crónicas de un Pueblo doy cuenta de lo que ha sido para mí la saga Harry Potter. Verán que no soy precisamente muy fan... Pero por amor hace uno lo que sea.
Hace casi un año tenía claras dos cosas en mi vida: seguiría siendo soltero por los siglos de los siglos y jamás, JAMÁS, volvería a ver una película basada en las novelas de J.K. Rowling sobre el famoso niño mago de gafas redondas. Y entonces me eché una novia fan de Harry Potter. ¡Dos meses y un día antes de que se estrenara en cines ‘Las reliquias de la muerte. Parte 1’! Así que, imagínense, la pobre estaba ya esperando con ganas ese acontecimiento, deseando ver la primera entrega de lo que se prometía un final épico. Y yo, que no había leído ninguno de esos libros y que sólo había visto la primera parte de la saga, tuve que hacer lo que todo buen novio haría en esa situación: ver todas las películas de la serie con ella para que, llegado el momento, pudiéramos ir juntos al cine y disfrutar (es un decir) los dos últimos títulos en compañía. Y no porque ella me obligara, ojo, porque no fue así, sino porque me parecía bien intentar compartir su entusiasmo y aniquilar con ello otro de mis prejuicios. Cabe decir en defensa de Bea que ella es sobre todo fan de los libros, pero no tanto de las cintas a las que han dado pie esas novelas. Sobre todo porque, como buena pedagoga, reconoce el mérito que tiene el trabajo de Rowling: ha conseguido que millones de niños se vuelvan a acercar a la lectura por voluntad propia, sin que les obligaran los profesores o sus padres, gastándose sus pequeños ahorros en el capítulo que les faltaba y haciendo cola para conseguir el siguiente. Puedo entender por qué Harry Potter gusta a los niños y a los no tan niños. Pero es que, y odio admitirlo, a mí esta saga me ha cogido ya un poco viejuno. De pequeño yo también babeaba con ‘Los Goonies’ o ‘El secreto de la pirámide’. Y ahora vuelvo a hacerlo porque su visionado supone una experiencia nostálgica y sentimental. Pero el fenómeno Harry Potter me resbalaba bastante. Y a pesar de eso, y teniendo en cuenta que el amor conlleva sacrificios (díganselo si no a Bea, que se está viendo conmigo la filmografía de Van Damme casi al completo), y también asumiendo que hay cosas peores (podría haberme emparejado con una fan de Sarah Jessica Parker o de Sandra Bullock, por ejemplo), me entregué a tope con la causa, poniéndome al día con la saga y pagando mis entradas correspondientes para ver las dos partes de ‘Las reliquias de la muerte’.
¿Ha cambiado mi opinión sobre Harry Potter desde entonces? Más bien no. De ocho películas sólo me han gustado realmente dos (‘El prisionero de Azkaban’ y ‘La orden del Fénix’), pero es que lo de la última parte no tiene perdón, arruinando todas las posibilidades (y había muchas) de concluir con una cinta apoteósica al haber realizado una que se queda a medias de todo. Se salvan de la quema un par de secuencias (la fuga con el dragón y el flashback donde descubrimos la historia de Severus Snape), pero el resto carece de intensidad. Aunque lo peor, lo más insultante e irónico del asunto, es que una saga sobre magos carezca precisamente de… magia. Pero de eso tú no tienes la culpa, Bea.
1 comentario:
Curiosamente estoy volviendo a ver LOST con Bea, que ella no la había visto aún, y a medida que avanza me voy dando cuenta de que sí que hay muchos elementos que avanzan el final de la serie. La primera vez que la vi me gustó, de todos modos, y fui de los pocos que defendieron el final, que me pareció coherente y ahora que estoy revisando la serie me lo parece más todavía. Pero bueno, gracias por no spoilear. No vayamos a joderle la serie a la pobre...
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