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8 ago 2011

'Capitán América: El Primer Vengador'

(Captain America: The First Avenger. Joe Johnston. Estados Unidos. 124 minutos) Desde que Steven Spielberg estrenara en junio de 1975 su esencial Tiburón, generando así la sana tradición del blockbuster como contrapunto perfecto al calor infernal y apoyo a la relajación de las vacaciones estivales, el verano se ha convertido en la época favorita de quienes buscan en el cine, por encima de todo, dos elementos que no siempre son fáciles de encontrar y que de un tiempo a esta parte han sido sustituidos por otros más (presuntamente) intelectuales y (ridículamente) trascendentes como la profundidad psicológica o la tragedia. Estos dos elementos que los fans de las superproducciones esperamos ver en cualquiera de ellas no son otros que el entretenimiento y la emoción. Conceptos básicos que se tienden a menospreciar y que, sin embargo, constituyen la base primigenia sobre la que se sustenta eso que llaman cine. Capitán América: El Primer Vengador va sobrada de lo primero y tiene la dosis justa de lo segundo, por lo cual sólo cabe celebrarla como uno de esos títulos que llegan para hacernos la vida un poco más feliz, regalándonos dos horas de evasión y espectacularidad como en los dos años anteriores hicieron las infravaloradas G.I. Joe (G.I. Joe: The Rise of Cobra. Stephen Sommers, 2009) y El Equipo-A (The A-Team. Joe Carnahan, 2010). 

LO MEJOR: Su sentido del espectáculo y de la diversión.
LO PEOR: Su condición de película-tráiler.
Puede que Capitán América esté algo por debajo de esos dos títulos por culpa de algunos ramalazos de solemnidad que se infiltran en ella, aunque sea muy ocasionalmente, en forma de arengas militaristas y patrióticas que podrían poner nerviosos a los que caigan en el error de tomárselas demasiado en serio. Pero eso es algo, la seriedad, que no abunda en la película de Joe Johnston, para consuelo de todos nosotros y desgracia de los que piensan que todas las adaptaciones de superhéroes tienen que parecerse a las de Christopher Nolan. Por fortuna, Johnston es consciente de lo que tiene entre sus manos: un juguete caro y ruidoso, cargado de fuegos artificiales y con un mecanismo tan simple como efectivo. Es una pena, no obstante, que tenga que cargar con su condición de película-enlace y preludio de lo que será el próximo verano la mayor reunión cinematográfica de superhéroes jamás filmada, Los Vengadores (The Avengers. Joss Whedon, 2012). Esto obliga a dejar el final en puntos suspensivos y a plantear toda la cinta como si se tratara de un prólogo de dos horas para una historia de la que todavía no podemos ver el final. Pero, al mismo tiempo, ese detalle potencia la sensación de ligereza de la película y no impide que nos lo pasemos considerablemente bien con esta trama de freaks hipervitaminizados, lásers anacrónicos de origen divino, nazis ocultistas con demasiada pasión por lo suyo y alguna que otra chorrada bien entendida. Lo peor/mejor es que la escena post-créditos finales y el teaser que aparece después nos hace pensar que Capitán América: El Primer Vengador es simplemente un pequeño aperitivo de lo que será Los Vengadores, pero ojalá todos los pecados fueran como ese.  

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