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29 nov 2005

'Castle Freak'

(Castle Freak. Stuart Gordon. Estados Unidos / Italia. 1995. 90 minutos) Cada vez comprendo menos a los distribuidores españoles. A finales de los 90 podíamos encontrar infinidad de películas de la Full Moon en vhs, pero jamás en mis continuas visitas a los videoclubes o los grandes almacenes pude encontrar una copia original de esta cinta. Por no hablar de su situación en la actualidad: editada en DVD en no pocos lugares de Europa y Sudamérica, pero imposible de conseguir en España en ese formato (al menos que yo sepa). Suerte que un servidor se encontró con ella una madrugada en ese canal digital del que muchos sueltan pestes, pero que tantas alegrías nos ha dado a los cinéfagos: Showtime Extreme.

Había leído maravillas sobre esta película mucho tiempo antes de verla, pero casi se me escapa en su pase televisivo por culpa de su absurdo título en español, que nos intenta vender una especie de comedia terrorífica, cuando en realidad es una de las mejores películas de terror de serie B que se hicieron en los 90.

Rodada en Italia por el genial Stuart Gordon y con parte del reparto de su Re-Animator: Jeffrey Combs y Barbara Crampton, Castle Freak supuso uno de los últimos coletazos del terror de estilo ochentero, previo a la llegada de Scream y sus derivados, que convirtieron el horror puro en una sucesión de thrillers situados en ambientes más o menos sofisticados y protagonizados por adolescentes que hablaban como guionistas.

En ese sentido, Castle Freak es una película al viejo estilo, a lo old school. El prólogo es genial: en un viejo y enorme castillo, una anciana con aspecto de bruja corta dos rodajas de embutido y una rebanada de pan. Lo pone en un plato y comienza a caminar por los largos y lúgubres pasillos del castillo, acompañada por su gato. Después de un rato, llegan a una especie de mazmorra y la vieja coloca el plato en el suelo. El gato empieza a lamer la carne. La anciana saca unas llaves y abre una puerta. Escuchamos gemidos dentro de la celda, pero no vemos de quién provienen. La bruja coge un látigo de acero con clavos y comienza a golpear con saña al habitante, mientras éste grita descorazonadamente. Después de unos cuantos golpes, cuando la vieja está fatigada y el herido llorando, la anciana recoge el plato baboseado por el gato y se lo da al encerrado para comer. Con la respiración entrecortada y con el látigo en la mano, la vieja sube hasta su habitación y muere de un infarto. Títulos de crédito. Una familia norteamericana llega al castillo. Eran los únicos herederos de la vieja. Pero no han heredado sólo el castillo... sino también lo que hay dentro.

Las películas producidas por la inefable Full Moon me suelen parecer bastante aburridas, pero gracias al buen hacer de Gordon, Castle Freak se convierte en una auténtica maravilla para los tiempos que corren dentro del cine de terror. Además, posee un estilo europeo y barroco poco usual hoy en día. De hecho, tuve que esperar a ver ver los títulos de crédito para asegurarme de que está filmada en 1995, ya que parece de al menos diez años antes. Y, en este caso, esa afirmación es todo un elogio.

Elementos sacados del mejor Argento (esa muchacha ciega acosada en la habitación por un monstruo), mucha sangre y bastante sexo para una visión actualizada de la clásica leyenda del fantasma del castillo, con sábana, cadena y todo. Joyas escondidas como ésta le reconcilian a uno con el cine de género, tan repetitivo y derivativo en ocasiones.


Publicado originalmente en Natural High. Notas desde el futuro: A día de hoy, sigo sin estar seguro de si la película está disponible o no en DVD en España, aunque no sería de extrañar que alguna distribuidora pequeña como Eurocine la editara. Si alguien sabe algo, por favor, que me lo diga. En cuanto a mi opinión sobre la película, decir que no ha cambiado en absoluto y que la sigo considerando una pieza importante del cine de terror de los 90. Lo que sí ha cambiado es mi consideración hacia la Full Moon, mucho más positiva ahora que hace cinco años. 

27 nov 2005

'Boys don't cry'

(Boys don't cry. Kimberly Peirce. Estados Unidos. 1999. 118 minutos) En un sábado noche de frío y dolor de cabeza, nada mejor que un maratón de cine. La pasada noche, en Antena 3, se pudieron ver de una tacada tres películas interesantes: la divertidísima y alocada Spy Kids de Robert Rodriguez, la socarrona Equipo Mortal de Kirk Wong, y la que nos ocupa, Boys don't cry.

Como las dos primeras ya las había visto en un par de ocasiones, me centré sobretodo en Boys don't cry, una de esas cintas que tenia ganas de ver desde hace tiempo pero que nunca había caído en mis manos.

Para empezar, destacar que en un principio no tenía intención de quedarme a verla, pero tras ver sus primeros minutos quedé enganchado a su historia y ya no pude dormir hasta conocer el final. A pesar de tener que soportar intermedios con spots de politonos para móviles de la maldita rana loca y fotos eróticas de Sonia Monroy, las más de dos horas que pasé delante de la tele aguantando la jaqueca merecieron bien la pena.

Boys don't cry narra la historia real de Teena Brandon, joven de Nebraska que se sentía un hombre y que, bajo la identidad de Brandon Teena, intentó vivir como tal hasta que su futuro se vio truncado con apenas 21 años.

Hilary Swank interpreta a esta alma torturada con total convicción, en uno de esos escasos papeles que están justamente premiados (ganó su primer Oscar a la Mejor Actriz con este filme) y que logran, por sí solos, captar la atención del espectador y centrar todo un largometraje de 2 horas en torno suyo.

Ésta es una película difícil de resumir, ya que en realidad no cuenta con una trama convencional o un argumento que se desarrolle con las leyes estrictas de la narrativa cinematográfica. Es decir, Boys don't cry no es de ese tipo de cine que se desarrolla a través de acciones, de desafíos que requieren que los personajes se muevan de un lado para otro para evitar que algo suceda. Ésta es una de esas películas en las que te puedes permitir el lujo de "conocer" a unos personajes, sus vidas, sus emociones, y acompañarlos en su día a día, ver cómo se relacionan con los demás, qué piensan, qué sienten...

Así, Boys don't cry no es una cinta hecha para provocar entusiasmos a través de estímulos audiovisuales: todos los elementos que habitualmente se usan para enfatizar la narración (música, fotografía, montaje, efectos sonoros, etc.) quedan aquí relegados a un plano casi invisible, en el sentido de que no entorpecen a la historia ni intentan destacar por encima de la misma, sino que contribuyen a contarla sin que casi nos demos cuenta, haciendo que todo parezca natural y verídico (aquí la excepción serían algunos insertos de imágenes aceleradas que no aportan demasiado, pero que se perdonan dentro del conjunto).

Tampoco es una película agradable, una feel-good-movie basada en un caso real y edulcorada de esas que tanto gustan a Hollywood. Lo personajes, como sucedió en la vida real, lo pasan mal. Y la directora no se corta demasiado a la hora de mostrárnoslo: hay violencia física, pero también (y sobre todo) violencia emocional, de esa que a nosotros, como espectadores, nos hace sentir incómodos ante la imposibilidad de poder darle consuelo y ayuda a unos personajes a los que acabamos cogiendo cariño.

Pero dejemos de hablar de lo que no es Boys don't cry y centrémonos en lo que es verdaderamente: una conmovedora historia de amor entre dos personas encerradas que quieren escapar de su realidad. Si Teena quiere ser Brandon para sentirse a gusto con su verdadera personalidad, Lana (papel interpretado por una de las musas del cine indie norteamericano, Chloë Sevigny) desea huir de un entorno hostil y asfixiante. Ambas desean emprender un viaje hacia un lugar lejano que significa la libertad, donde no importa tu pasado y en el que la sexualidad de cada uno no es más que una X en la casilla de un cuestionario. Lamentablemente, parece que ese lugar no existe...

Por último, un apunte personal: cuando, hace años, veía con desgana El nuevo Karate Kid, interpretado por Hilary Swank (y el recientemente fallecido Pat Morita), jamás se me ocurriría pensar que esa joven actriz tendría diez años después dos Oscar en su estantería.


Publicado originalmente en Natural High. Notas desde el futuro: Este es un ejemplo de cómo llenaba de paja mis posts con datos intrascendentes que pretendían servir de contexto pero no hacían más que rellenar líneas.  Parece que esto le gustaba a los lectores, a tenor de los comentarios que me dejaban y del número de visitas que tenía en aquel blog. Pero ahora mismo me parece un modo aburrido e inútil de comenzar una crítica, habiendo aprendido a diferenciar las reviews de las crónicas.