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7 abr 2012

Especial 'REC' Cap. 6: 'REC 3: Génesis', boda de sangre.

(REC 3: Génesis. Paco Plaza. España. 2012. 80 minutos) 

En 2010, un año después de REC 2, apareció una noticia que fue recibida con entusiasmo y escepticismo a partes iguales, dependiendo de a qué sector del público se consultara: la saga continuaría con dos títulos más, de los cuales uno explicaría los orígenes de la infección, en forma de precuela, y el otro narraría lo sucedido después del final de la segunda parte. Y habría una novedad importante, ya que cada director se ocuparía de una de las películas en solitario. Así, Paco Plaza se encargaría de REC 3: Génesis, mientras que Jaume Balagueró haría lo mismo con REC 4: Apocalipsis.

En una breve charla que compartí con Paco Plaza y Leticia Dolera en el Festival de Sitges de 2010, a los que abordé, amparándome en mi bendita acreditación de prensa, antes del estreno del mágico corto dirigido por Dolera, Lo siento, te quiero (2009), Plaza me comentó que estaban trabajando en la preproducción y que intentarían tener lista REC 3 para Octubre de 2011, de cara a estrenarla en el mismo Sitges. Finalmente no fue posible, así que trazó un plan alternativo: REC 3: Génesis se convertiría en un cortometraje que explicaría los orígenes de la niña Medeiros y que, a modo de adelanto, estrenaría en el festival de 2011, unos meses antes de que llegara REC 3, el largometraje, a los multicines. El plan tampoco cuajo, aunque la historia de la niña Medeiros terminaría formando parte de la colección de historias inéditas que serían después publicadas en formato cómic, como veremos en el último capítulo de este monográfico.

Finalmente, REC 3: Génesis ha llegado a las carteleras el 30 de Marzo de 2012, entre el jolgorio de los que la esperábamos con ansias, sabiendo perfectamente a qué nos ateníamos, y la frustración de los que, tras sentirse engañados por la segunda parte, rezaban por un regreso a los postulados de la primera entrega.




Para empezar, sorprende que no nos encontremos ante una precuela de la saga, tal y como los medios se habían empeñado en señalar. REC 3 transcurre paralelamente a los acontecimientos acaecidos en las dos anteriores películas, a los que se hace mención insertando imágenes del edificio acordonado que aparecen en un informativo de televisión. El escenario es un enlace matrimonial, el de Clara (Leticia Dolera) y Koldo (Diego Martín), enamorados hasta las trancas y dispuestos a unirse en matrimonio hasta que la muerte los separe. El Génesis del título, entonces, no hace mención al origen de la condición demoníaca de la niña Madeiros, el cual queda explicado en el cómic, sino que es una referencia bíblica enunciada por el cura que oficia la boda, comparando lo que sucede a su alrededor con el nacimiento de una nueva era dominada por  los ángeles caídos sobre la faz de la Tierra. Durante estos primeros minutos Paco Plaza hace suya la saga, retorciendo las posibilidades del formato y llevándolas al paroxismo, comenzando la película con el menú de un DVD que presenta un montaje fotográfico de la feliz pareja al son del Gavilán o paloma de Pablo Abraira. Ya en la boda, nos encontramos con el feliz hallazgo del mano a mano audiovisual que se marcan el joven Adrián (Àlex Monner) y el muy carismático Atún (Borja Glez. Santaolalla, acreditado como Sr. B), este último un obseso de la imagen que pretende hacer cine con material de bodas, bautizos y comuniones. Allí está también el tío Víctor (Emilio Mencheta), quien llega a la celebración con una mordedura de perro en la mano. Detalle importante para los que no hayan leído el cómic: el cánido que le hace la herida no es otro que Max, la mascota de Jennifer, de la que anteriormente, en la primera parte, se había dicho que se encontraba en una clínica veterinaria. De esa clínica es de donde viene Víctor y es quien porta el virus demoníaco, siendo responsable de la ola de sangre y crímenes que azota el banquete.

En este punto la película se transforma, coincidiendo con el inicio del gore y los sustos. Hasta este instante, Plaza ha respetado el formato del found-footage, utilizándolo con mucho sentido del humor y reincidiendo, como ya hiciera en REC 2 con Suspiros de España y en Cuento de Navidad con Yes sir, I can boogie, en la utilización de una banda sonora totalmente desfasada e inesperada (añadan a Pablo Abraira el Eloise de Tino Casal y el Chup Chup de Australian Blonde, entre otros) que se transforma en icónica en el momento en el que la mezcla con el horror, y ha dotado a la película de un halo costumbrista que aporta una fescura incuestionable a la saga. Pero, en una decisión que para muchos ha supuesto traicionar el espíritu REC, decide romper con esa limitación y transformar la película en un espectáculo filmado en pantalla panorámica, cargado de travellings y con una fotografía recargada que nos lleva por momentos al mejor cine de terror italiano (aunque también al peor, hasta tal punto que a veces podríamos pensar que estamos ante una película de Bruno Mattei hecha con buen gusto estético, dicho esto como elogio y no como insulto). Para el director supone una liberación y para nosotros también, al menos para los que hemos entendido en qué se sustenta la evolución de la serie: machacar las expectativas del público y ofrecerle una película distinta a cada nueva entrega. Algo que, tristemente, no encaja demasiado bien en las mentes cuadriculadas de los que se sienten más cómodos cuando les dan una y otra vez lo mismo, y que sin duda ha repercutido negativamente en las opiniones que se están vertiendo sobre la película en internet. Sobre la imbecilidad de los adolescentes que tachan la película de cutre durante la primera media hora, mejor no profundizo.




En realidad, REC 3: Génesis, en contra de lo que pudiera parecer si tenemos en cuenta que estamos hablando del tercer capítulo de una serie de éxito, no es un film destinado a gustar a la mayoría. En ese sentido, se puede decir que está condenado a la incomprensión de la crítica tradicional y del público estándar. Y es que los espectadores que de verdad disfrutarán de la película son aquellos que se han curtido en los cines de barrio, los que no se perdían Noche de lobos y aullaban de emoción cada vez que localizaban alguna joya semidesconocida en su videoclub, está hecha para los que se han quemado los ojos viendo Demons, El ejército de las tinieblas, Braindead y Mortal Zombie. O, como mínimo, para los que no entren en la sala cargados de prejuicios, los que están dispuestos a subirse al tren de la bruja y dejarse arrastrar hacia el pasaje del terror, los que saben reírse con el gran guiñol y no pretenden encontrar en la película más de lo que la película pretende ofrecer, que no es otra cosa que un plausible divertimento multireferencial con los ojos puestos en la mejor Serie B. Sólo un pequeño reparo: la incómoda sensación de que aniquilan demasiado pronto a algunos de los mejores personajes secundarios, mientras que dan más tiempo de pantalla a otros menos interesantes. Pero sólo puedo sentir amor hacia una película que muestra lo mejor de Paco Plaza y que convierte en una figura mítica a la encantadora Leticia Dolera, arrebatadora en  todo momento y transformada ya en icono para los amantes de las reinas del grito con acento español.





6 abr 2012

Especial 'REC' Cap. 5: 'REC 2', terror y acción en primera persona.

(REC 2. Jaume Balagueró, Paco Plaza. España. 2009. 85 minutos) 

Quince minutos después de que Ángela Vidal desaparezca entre las sombras del ático, arrastrada por las manos huesudas de la niña Medeiros, un oficial médico y un grupo de GEOS irrumpen en el edificio para evaluar la situación y acabar con la amenaza. Armados con escopetas, fusiles automáticos y cámaras alojadas en sus cascos, los GEOS no tardarán en encontrarse con los infectados... o con algo peor.




Como sus propios autores reconocen y como ya he señalado en anteriores capítulos de este especial, REC surgió como un divertimento que afrontaron como un proyecto fácil y económico, una manera de pasarlo bien antes de embarcarse en empresas más complejas desde perspectivas logísticas y argumentales. Sin embargo, el estruendoso éxito que cosechó (el equivalente a unos 30 millones de euros sumando la taquilla mundial, frente a 1.5 de presupuesto), las favorables reacciones de parte de la crítica y, sobre todo, la insistencia de un público que pedía más, motivaron que Jaume Balagueró y Paco Plaza se vieran obligados a plantearse cómo podrían continuar la historia y cómo volver a sorprender a una audiencia que ya no acudiría virgen a las salas. Envalentonados por el triunfo, Plaza y Balagueró tuvieron la alocada idea de rodar cada uno una película distinta, en el mismo escenario pero dirigiendo cada uno a un equipo diferente, para luego proyectar cada cinta en salas de cine contiguas. Evidentemente, Julio Fernández, desde Filmax, les tuvo que parar los pies, ya que lo consideraba un proyecto inviable. Los directores querían seguir adelante con la serie, pero no sabían cómo. La respuesta la hallaron en una célebre secuela que tomaron como ejemplo: Aliens, el regreso (Aliens. James Cameron, 1986).  Si la versión de Ridley Scott era REC, esta segunda parte iba a poder compararse con el ejercicio que realizó Cameron con Aliens. Es decir, si antes nos entregaron una angustiante obra de terror puro y minimalista, ahora tocaba el turno de hacer algo más espectacular, donde primara la acción por encima del suspense y que, además, contribuyese a crear toda una mitología en torno a la serie. También, como gran novedad, cabe destacar la introducción de un sentido del humor que, sin llegar a la parodia, dotaba a la cinta de un tono menos asfixiante y más ligero que la anterior, algo que no fue muy bien recibido por algunos espectadores, a los que quizá cogió demasiado desprevenidos dicho cambio.  Retomando la historia justo donde acababa la anterior película, los cineastas apostaron fuerte y, a pesar de seguir utilizando recursos del mockumentary o el found-footage como rasgo distintivo, optaron por dejar de disimular: si en REC prescindían de los títulos de crédito hasta el final, para potenciar la sensación de que estábamos ante un reportaje sin editar, aquí no dudan a la hora de presentar el invento como una película, con sus créditos iniciales y hasta con la utilización de música extradiegética. Esto, que de entrada podría parecer una traición al espíritu de la primera parte, no hace más que acrecentar el carácter festivo y desprejuiciado del conjunto, concebido como si fuera un circo de tres pistas en el que impera el más difícil todavía.

Como he dicho antes, la historia nos sitúa quince minutos después del final de la primera parte, en el mismo escenario, pero con distintos protagonistas. Como novedad, no sólo argumental, sino también narrativa (puesto que a mitad de metraje la película retrocede para mostrarnos otro punto de vista), la acción se divide en dos frentes. Por un lado está el equipo armado, aliado con un tal Dr. Owen (Jonathan Mellor) que tiene mucho que esconder y que posee las respuestas sobre el origen del brote infeccioso. La película no tarda en desvelar que los zombis o infectados de REC no eran tales, sino que en realidad eran... poseídos. Con este descubrimiento la cinta adquiere un cariz distinto a la anterior, llevando el terror a un nuevo nivel gracias a este componente religioso que se encontraba casi completamente ausente hasta ahora, salvo por lo insinuado en el clímax final de la primera parte. Los poseídos acechan en cada rincón, pero el objetivo de Owen no es utilizar a los GEOS para destruirlos, sino para que le ayuden a llegar al ático y encontrar una muestra de sangre de la niña Medeiros. Allí fue la última vez que vimos a Ángela Vidal (Manuela Velasco).  La volveremos a ver en esta segunda parte, aunque en circunstancias distintas que sirven para crear más suspense: ¿Cómo sobrevivió? ¿Qué pasó con la niña Medeiros? ¿Cómo ha salido del ático? Por otra parte, existe una línea argumental paralela en la que tres adolescentes y un personaje del que ya habíamos oído hablar (el padre de Jennifer, que fue a buscar medicinas, ¿recuerdan?) se adentran en el edificio y se ven inmersos en mitad del caos. Ambas tramas terminan confluyendo en una media hora final que se entrega totalmente al fantástico y se aparta del pretendido realismo de REC, optando por una resolución sorprendente que no puede dejar indiferente a nadie.



Balagueró y Plaza, conscientes de que no iban a poder inocular el miedo entre el público de la misma manera en la que lo habían hecho previamente, buscaron el triunfo de REC 2 por otros caminos: una generosa dosis de acción balística (con planos que recrean el lenguaje visual de los shooters en primera persona), mayores dosis de sustos y gore (los monstruos no tardan en aparecer y, por si fuera poco, ahora sabemos que no hay ningún virus detrás de la catástrofe, sino algo mucho peor y de origen diabólico), la inclusión de humor negro y la conversión definitiva de Manuela Velasco en icono del cine de terror español, en una Ripley con sorpresa y con una cámara de vídeo como arma.  El resultado final de REC 2 es muy distinto y, al mismo tiempo, tan positivo como el de la primera parte, ya que se aleja de lo previsible y, aunque se repita forzosamente en algunos aspectos (las limitaciones de espacio y de la técnica narrativa empleada, que constituyen su mayor defecto y dejan en evidencia que la saga necesitaba un cambio de aires y, sobre todo, abandonar la narrativa del metraje encontrado), consigue erigirse como una secuela inteligente, furiosa y con personalidad propia. Motivos suficientes para seguir pidiendo más, aunque esta vez el éxito fuera menor, seguramente porque a muchos espectadores les costó entrar en el juego propuesto: el de aniquilar sus expectativas para ofrecerles algo diferente y, hasta cierto punto, rupturista.




5 abr 2012

Especial 'REC' Cap. 4: 'REC', la esencia del miedo.

(REC. Jaume Balagueró, Paco Plaza. España. 2007. 75 minutos) 

Siguiendo este especial sobre la saga REC, nos detenemos, por fin, a desgranar qué supuso la primera película y por qué consiguió convertirse en un fenómeno sin precedentes.

Algo sorprendente es cómo se origina el proyecto: Según cuentan Paco Plaza y Jaume Balagueró, todo empezó mientras tomaban un refresco en una terraza y en al televisión emitían Aquí hay tomate, concretamente unas imágenes de Raquel Mosquera que ellos tildaron de "demoledoras". Esto coincidió con una conversación en torno a cómo crear una película de terror fresca, diferente y que supusiera un reto para el público, algo que nunca hubieran experimentado. Entonces saltó la chispa: la obsesión de los canales de televisión y los espectadores por la telerrealidad, el morbo y la agresividad audiovisual serían el vehículo perfecto para guiar al público por un túnel del terror en mitad de una sala de cine.




La película nos presenta a Ángela Vidal (Manuela Velasco), reportera del programa de televisión Mientras usted duerme, trabajando para mostrar a los espectadores cómo es el turno de noche en un parque de bomberos. Cuando suena la alarma y se desplaza junto a ellos para cubrir la emergencia, poco puede sospechar que se va a encontrar aislada en un bloque de pisos donde se ha desatado un virus que convierte a los infectados en imparables devoradores de carne humana. Sorteando el miedo y demostrando una profesionalidad inquebrantable, Ángela pide a su cámara que no deje de grabar, que no pierda detalle de lo que está ocurriendo, porque la gente tiene que saber qué está pasando allí dentro.

Miedo, angustia y pánico son tres elementos que definen al mejor cine de terror y que estaban presentes en casi la totalidad del escueto metraje de esta primera entrega de REC. Uno se podría preguntar si realmente era para tanto, si el éxito que consiguió la película estaba justificado y si los premios que le llovieron en diversos festivales tenían razón de ser. Vista la película cinco años después de su estreno, la respuesta es que sí, rotundamente sí. Para empezar porque es su intención de hacer pasar un mal rato al espectador está plenamente logrado, con todo lo que eso lleva de triunfal y, paradójicamente, de poco habitual  en un gran porcentaje del cine de terror actual (y siempre asumiendo que hay otra vertiente del género que no se puede valorar según el mayor o menor grado de miedo que provoque... como sucederá, de hecho, en parte de REC 2 y en la práctica totalidad de REC 3). Como el tiempo se ha encargado de demostrar, uno sufre más angustia cuando está contemplando algo que le podría pasar a él mismo que con historias de fantasmas, por muy adornadas que éstas estén y por mucha pátina de realismo que se le quiera dar. En REC no hace falta añadir artificiosamente esa capa porque ya viene impresa en su misma concepción, en su estructura no ya de documental, como se suele decir, sino de los propios brutos de cámara de lo que después podría ser un reportaje editado. Como ocurría en esas dos obras fundamentales, pese a quien pese, del engaño terrorífico que fueron Holocausto Caníbal (Cannibal holocaust. Ruggero Deodato, 1980) y El proyecto de la Bruja de Blair (The Blair witch project. Daniel Myrick, Eduardo Sánchez, 1999), lo que vemos en esta película es, exclusivamente, lo que ven sus protagonistas. La diferencia es que, en la cinta que nos ocupa, esa intención de verismo está depurada hasta el extremo, de tal modo que su filmación se limita a una sola cámara y principalmente a planos secuencia en los que no hay demasiado lugar para los encuadres elaborados ni para los adornos extradiegéticos (apenas algún efecto sonoro soterrado que sirve para incrementar la tensión en momentos muy determinados).

Así que, a un nivel puramente visual, nos creemos la historia porque tiene apariencia de grabación real, y porque no exagera los elementos fantásticos de su leve trama hasta un clímax final (deudor de la imaginería de Chris Cunningham) en el que estamos ya entregados a cualquier cosa que nos quieran mostrar. En su día se dijo que REC era una experiencia hueca, un simple experimento formal, acusándola de falta de profundidad argumental. Sandeces. Es cierto que el mayor interés de la película reside en su forma y que su contenido no es más que una repetición de esquemas de probada eficacia, pero... ¿y qué? Como ejercicio de estilo sigue resultando gratificante y poderosamente eficaz, especialmente si la comparamos con la cantidad de películas que se han estrenado después amparándose en el found-footage... Los problemas de la cinta, de cualquier modo, no residen en esa falta de enjundia dramática, sino en algunos cabos sueltos de guión que al fin y al cabo casi benefician a la sensación global de caos y, sobre todo, en la elección errónea de algunos actores que resultan cuanto menos familiares y que malogran en parte la pretendida naturaleza verista de la propuesta, ya sea porque sus rostros nos suenan (ahí está por ejemplo Carlos Lasarte, cuyo papel en Los sin nombre es difícil de olvidar) o porque acusan demasiado su condición de intérpretes sobreactuando en determinados pasajes. Nada que ver con el gran trabajo de Manuela Velasco, acierto brutal de casting que sabe resultar creíble tanto en los momentos rutinarios como en las situaciones límite, aprovechando de manera muy inteligente su experiencia como presentadora televisiva, aunque a veces bordee ligeramente la exageración.



De cualquier manera, Paco Plaza y Jaume Balagueró tuvieron la habilidad para rellenar esos huecos que quedaron vaciós en el guión de REC gracias al modo en el que continuaron la saga con REC 2, dando respuestas a algunas de las incógnitas que, premeditadamente o no, dejaron sin solución en esta primera parte.




19 mar 2012

'Paranormal Activity 3'

(Paranormal Activity 3. Henry Joost, Ariel Schulman. Estados Unidos. 2011. 83 minutos) En el libro no escrito sobre las reglas de las secuelas se dice que, cuando no se puede ir hacia adelante, hay que volver la vista hacia atrás, hacia los orígenes, para conocer cómo empezó todo. Eso es ni más ni menos lo que pretende la tercera parte de una saga que ya se agotaba a sí misma en el primer capítulo (prueben a revisarla y ya me dirán, ya...) y que, inexplicablemente (porque las películas no son nada del otro mundo y porque en ellas apenas sucede nada más que un par de sustos cada muchos minutos), se ha convertido en el máximo referente del público actual en cuanto a horror se refiere, logrando unos montantes en taquilla que para sí quisieran cintas mucho más elaboradas, costosas e incluso, por qué no decirlo (como diría el amigo Iker Jiménez), más terroríficas. En este caso, mediante el hallazgo de una caja llena de viejas cintas de vídeo, la acción nos lleva hasta 1988, momento en el que las pequeñas Kristi y Katie tuvieron sus primeras experiencias con lo paranormal y que fueron registradas exhaustivamente por el novio de su madre, quien afortunadamente (o no) se dedicaba a la grabación y edición de bodas, bautizos y comuniones.

LO MEJOR: Las panorámicas de la cámara-ventilador.
LO PEOR: Las limitaciones del formato, que cada vez se
hacen más evidentes.
Nada nuevo bajo el sol, entonces, ya que si la fórmula funcionó correctamente en dos ocasiones, no había ningún motivo para arriesgarse y ofrecer algo nuevo que pudiera dejar a los fans descontentos, ya que al fin y al cabo para ellos es para quien se ha llevado a cabo esta tercera parte. Paranormal Activity 3 es una película hecha en los despachos de los ejecutivos, sin mayores aspiraciones que las de hacer pasar por caja a los mismos que se asustaron con los dos capítulos previos y, de paso, evaluar si estos se han cansado de la fórmula o si siguen respondiendo igual de bien, de cara a una posible cuarta parte que actualmente ya se encuentra en preproducción y que, curiosamente, vendrá firmada también por Henry Joost y Ariel Schulman (quienes sorprendieran con el documental Catfish hace un par de años). Para ser justos, y después de dejar bien claro que a servidor esta saga le parece más bien inútil salvo por logros muy aislados, hay que reconocer que esta tercera parte consigue al menos aportar una ligera dosis de originalidad al introducir el tema de la brujería y una novedad narrativa: la cámara colocada sobre un ventilador que gira sobre sí misma y consigue crear los momentos más inquietantes de toda la película mediante sus panorámicas horizontales de ida y vuelta. Por lo demás, sólo para fans y para los que se asustan fácilmente y disfrutan con ello.

21 feb 2012

'The Collector'

(The Collector. Marcus Dunstan. Estados Unidos. 2009. 90 minutos) Habiéndose curtido como guionista en las sagas Saw y Feast, era inevitable que la ópera prima como director de Marcus Dunstan fuera una cinta de terror. Sin embargo, no ha optado por lo previsible a la hora de encarar su película debut, ya que ni se ha limitado a hacer un torture porn al uso ni, aún menos, se ha decantado por filmar otra de bichos violentos. The Collector gira en torno a un ex-convicto, reciclado en obrero, que decide robar la casa en la que ha estado trabajando en los últimos meses para poder prestarle a su esposa el dinero que le debe a unos prestamistas (su  acto delictivo tiene entonces coartadas morales que sirven para que empaticemos con el protagonista, ya que de otro modo sería bastante difícil que el público conectara con un héroe de intenciones oscuras). La sorpresa llega cuando, al entrar en la casa, el ladrón se percata de que allí hay alguien más: un psicópata que colecciona personas y que ha puesto sus ojos sobre la familia que vive allí. El Coleccionista ha llenado la casa de trampas mortales y ha secuestrado a sus propietarios. Movido por el pánico, el instinto de supervivencia y la necesidad de salir de allí con vida y con el botín, el improvisado héroe tiene que salvarse a sí mismo y, al mismo tiempo (y, de nuevo, por una cuestión moral) no puede dejar que la pequeña de la casa muera, ya que la identifica con su propia hija y no podría cargar con esa culpa. Y, tranquilos, que en esto que acabo de contar no hay spoilers, aunque pueda parecerlo.


LO MEJOR: El cadáver ensartado en la pantalla.
LO PEOR: Hay que dar por válidas situaciones increíbles.
The Collector tiene momentos que podrían rivalizar con cualquiera de las torturas perpetradas por Jigsaw en la serie Saw, especialmente una segunda mitad en la que la casquería y las muertes violentas nos son mostradas con todo lujo de detalles. Incluso tiene concomitancias visuales con la saga iniciada por James Wan, con una fotografía quemada, granulada y propensa a los tonos oxidados y verdosos. Pero la película que nos ocupa se basa más en el enfrentamiento físico que psicológico, con dos personas al margen de la ley, un ladrón y un asesino en serie, utilizando la violencia más descarnada para ganar su peculiar juego del gato y el ratón, aunque durante la primera mitad de proyección el protagonista intente pasar desapercibido escondiéndose del psicópata y esquivando sus trampas. Aquí se concentran algunos de los mejores momentos del largometraje, aunque a decir verdad proliferan las situaciones inverosímiles, algunas de las cuales atentan directamente contra la inteligencia del espectador (por ejemplo, cuando el ladrón se esconde detrás de un montón de cojines y de la almohada de una cama, ¿cómo ha conseguido colocarlo todo tan bien desde dentro para que no se notara que estaba ocultándose ahí?). Así, ciertos instantes provocan algo de incomodidad por requerir un esfuerzo y un acto de benevolencia por parte del espectador. Otro punto negativo es la horrible música que acompaña las imágenes, compuesta por ruidos desagradables que hacen daño a los oídos. Pero, a pesar de todo esto, The Collector acaba resultando entretenida y tiene algún punto extra como la espectacular muerte contra la pantalla de proyección (si la han visto sabrán a cuál me refiero) y ciertas reminiscencias al giallo en el diseño de algunas trampas. No es mucho, pero al menos hay que reconocerle el esfuerzo por apartarse un poco de las modas. Y Madeline Zima vuelve a mostrar sus encantos, como en Californication.

19 feb 2012

'The Innkeepers'

(The Innkeepers. Ti West. Estados Unidos. 2011. 100 minutos) Con su anterior The House of the Devil (2009), el joven Ti West consiguió pulsar las teclas correctas para sorprendernos con un producto que lograba ser al mismo tiempo fresco y añejo, demostrando una habilidad más que notable para rememorar estructuras y recursos visuales del pasado cuya eficacia se demostraba más contundente que las modas de sustos fáciles y grabaciones encontradas. Con su nueva película, West intenta lograr algo similar a lo que James Wan acometió con Insidious (2010), es decir, demostrar que una película de fantasmas, contada con estilo clásico y huyendo del exceso de artificios o del impostado realismo tan en boga actualmente, todavía puede dar miedo. The Innkeepers nos presenta a dos empleados de un mugroso hotel en el que hace décadas se produjo una tragedia. Obsesionados con la idea de que entre esas paredes permanece el espíritu de una joven que se suicidó, ambos deciden esforzarse para contactar con el fantasma y convertir así su hotel en un lugar famoso y de obligada visita para los amantes de lo paranormal, evitando su cierre y satisfaciendo de paso sus ansias de experiencias más allá de la lógica.

LO MEJOR: El tremendísimo clímax final.
LO PEOR: Demasiados minutos de relleno.
El mayor problema de The Innkeepers es que con ella se le empieza a ver el plumero a Ti West y que, escudándose en la buena recepción de su anterior trabajo dentro de circuitos especializados, ha pretendido aplicar la misma fórmula que en aquélla confiando demasiado en que volvería a funcionar. Curiosamente, lo más flojo de The House of the Devil (el clímax final) es lo más atinado de The Innkeepers, pero la estructura es idéntica: un primer acto en el que se nos anuncia explícitamente que estamos ante una película de terror (allí mediante un rótulo pre-créditos, aquí mediante un susto visto a través de una pantalla de ordenador), un segundo acto en el que la tensión se dilata sobremanera, hasta tal punto que parece que nunca va a ocurrir nada, y un tercer acto donde toda la tensión acumulada estalla y explota en la cara del espectador (en House manchando todo de hemoglobina, en Innkeepers helando la sangre del público con algunas de las apariciones fantasmales más acongojantes de los últimos años). La mayor diferencia es que en esta nueva película se nota en exceso que la historia se alarga gratuitamente, rellenando minutos y minutos en los que la paciencia del espectador comienza a flaquear por culpa de unos personajes que no caen especialmente bien y por una falta alarmante de suspense. Aún así, el trabajo de West con la cámara y, especialmente, su uso del Scope para cargar de tensión algunos planos, consigue mantener a marchas forzadas el interés hasta que nos brinda la oportunidad  de disfrutar de un clímax absolutamente irresistible y terrorífico. Con un par de secuencias más de ese tipo dosificadas en el metraje, The Innkeepers sería casi una obra maestra. Tal y como ha quedado, sólo podemos calificarla de interesante y parcialmente fallida.

17 ene 2012

'Entrevista con el vampiro'

(Interview with the vampire. Neil Jordan. Estados Unidos. 1994. 123 minutos) Vista hoy, casi dos décadas después de su estreno, Entrevista con el vampiro puede resultar una experiencia chocante si pensamos que fue una de las películas más populares de su año y que su recaudación superó la (por entonces) mágica barrera de los cien millones de dólares sólo teniendo en cuenta el suelo norteamericano (cifra total mundial: 223 millones). Y puede ser así por varios motivos, siendo el más destacado de ellos lo muy distinta que puede considerarse esta película del modelo actual de blockbusters que triunfan en la taquilla, cada vez más enfocados a un público juvenil y con muchas menos aspiraciones artísticas. Como cierta saga vampírica que todos ustedes conocen y con la que no me voy a meter (porque creo que cumple la función para la que está concebida y porque, salvo los dos primeros capítulos, no es tan horrenda como muchos se empeñan en pensar), Entrevista con el vampiro nace también de la literatura, en este caso de la primera entrega de las Crónicas Vampíricas iniciadas por Anne Rice en 1976. Desde entonces, Hollywood intentó infructuosamente en varias ocasiones adaptar la historia al cine, desistiendo finalmente cuando el terror de los ochenta parecía insinuar que no había hueco para los vampiros, a no ser que fueran reflejados de manera paródica (Mordiscos peligrosos) o revisionista (Noche de miedo). Sin embargo, los años noventa trajeron con ellos una especie de sofisticación del género, un intento de volver a otorgar cierto prestigio a figuras clásicas del terror que pudiesen volver a ser tomadas en serio, a veces incluso demasiado. Eran los años de Drácula de Bram Stoker (Bram Stoker's Dracula. Francis Ford Coppola, 1992), Lobo (Wolf. Mike Nichols, 1994) y Frankenstein de Mary Shelley (Mary Shelley's Frankenstein. Kenneth Branagh, 1994), un momento idóneo para que David Geffen se aliara con la Warner Bros. y convenciera a Neil Jordan, quien tenía bajo el brazo el reciente Osar al Mejor Guión por Juego de lágrimas (The crying game. 1992), para que adaptara al fin la novela de Rice, uniendo además a un reparto de órdago que asegurara el interés de un público mayoritario (y por mucho que la propia Rice detestara la elección de Tom Cruise como Lestat, gesto del que se arrepintió más tarde, una vez vio la película terminada). El resultado final fue un éxito económico y artístico que, como decía al comienzo de estas líneas, sería relativamente inviable hoy en día, especialmente viniendo de un estudio de Hollywood.

LO MEJOR: La sordidez de algunos conceptos, especialmente
viniendo de una de las grandes majors de Hollywood.
LO PEOR: Su ritmo, demasiado irregular, y el hecho de que
pretenda abarcar demasiado para dos horas de metraje.
La elección de Neil Jordan como director tenía su lógica. Al fin y al cabo ya había demostrado que sabía narrar un cuento de terror, tal y como hizo con En compañía de lobos (The company of wolves. 1994). Pero, siendo como es un director a contracorriente, hoy cuesta imaginar que alguien le llamase para dirigir otra producción de presupuesto considerable que se enmarcara dentro del cine de terror, sobre todo teniendo en cuenta que su último intento al respecto fue un fracaso: In Dreams (1999). Más raro sería aún que, como ocurrió en esta cinta de 1994, tuviera tanta capacidad de decisión sobre el corte final y el estudio no se entrometiera demasiado en su trabajo. Tampoco hoy sería bien visto que una superproducción (moderada, eso sí) de terror, contara con un ritmo tan irregular y tan poco dado a los sustos y a la acción como el que ostenta Entrevista con el vampiro. Este sería, en parte, su mayor defecto, ya que la película denota en exceso que se trata de una adaptación literaria que pretende condensar una historia extensa en dos horas de metraje. Esto obliga a que algunos pasajes sean explicados de manera superficial y conduce al público a la sensación de que se está perdiendo matices que le impiden entender la historia en su totalidad (como toda la parte con Armand, especialmente), algo que entra en contraste con lo muy pausados que son otros fragmentos de la cinta y que pueden invitar a cierto tedio en momentos puntuales, estando los puntos álgidos de emoción distribuidos de manera algo insatisfactoria (y, por supuesto, provocando un choque frontal con lo que el público contemporáneo demanda en cuanto a cantidad y frecuencia de las emociones fuertes). La mayor virtud del largometraje, y que también es algo que sería inconcebible en cualquier aspirante a taquillazo actual que se precie, es el incómodo retrato que hace de una familia disfuncional: Lestat (Tom Cruise) convierte a Louis (Brad Pitt) en vampiro y ambos adoptan a la pequeña Claudia (Kirsten Dunst) haciéndola también inmortal y formando un núcleo familiar realmente sórdido, en el que sobrevuelan los aires de la evidente atracción homosexual que parecen sentir Lestat y Louis (y no sólo ellos: también el Armand interpretado por Antonio Banderas desea tener a Louis como compañero), además de unas insinuaciones incestuosas (a su manera) y pederastas (también sui generis, porque recordemos que Claudia termina siendo una señora mayor encerrada en un cuerpo de niña... algo que le atormenta) entre Louis y su "hija". A todo esto añádanle desnudos femeninos completos, sus buenos chorreos de sangre y unos efectos de maquillaje perfectos de Stan Winston y quizá se echen a llorar: aún con todos sus problemas de ritmo y de selección de subtramas (que son los que, en definitiva, le impiden convertirse en una obra más redonda), Entrevista con el vampiro sería imposible hoy, al menos con un reparto de caras conocidas, con unos medios económicos tan holgados y con unos aspectos en su trama tan perversos. Puede que dos de estos elementos sí pudiesen ser mezclados en el cine del nuevo milenio pero, desde luego, no los tres... y menos aún con la esperanza de lograr un éxito. Este podría ser un buen motivo para revisionarla o quizá incluso descubrirla, al tiempo que nos damos cuenta de lo mucho que han cambiado las cosas desde 1994 hasta la actualidad.

9 ene 2012

'Vampiros'

(John Carpenter's Vampires. John Carpenter. Estados Unidos / Japón. 1998. 108 minutos) La de los noventa no fue una década fácil para John Carpenter: pese a que algunas de sus últimas películas daban muestras de lo mejor de su talento, el director tuvo que ver cómo todas ellas perdían dinero, una detrás de otra (Memorias de un hombre invisible, En la boca del miedo, El pueblo de los malditos y 2013: Rescate en L.A.), y cómo se había visto envuelto en una situación en la que estaba perdiendo la ilusión por hacer cine. Aunque sea un narrador nato, es lógico que dejara de disfrutar de su trabajo al ver cómo tanto los estudios como el público ignoraban sus nuevas propuestas, mientras que sus obras más antiguas eran cada vez mejor consideradas y se convertían en piezas de culto. La salvación llegó gracias a una oferta de la productora Largo Entertainment, presentando a Carpenter la tentadora opción de adaptar una novela de John Steakley dándole plena libertad creativa y sirviéndole en bandeja la posibilidad de hacer lo que quisiera con el mito del vampiro y llevárselo a su terreno más amado, al del western polvoriento y lleno de violencia física y conceptual. Resulta curioso pensar que Carpenter no fuera la primera opción y que James Woods no fuera en principio el protagonista que los productores tenían en mente (se habló de Russel Mulcahy como director y de Dolph Lundgren o Patrick Swayze como estrellas principales), porque ahora resulta impensable imaginar la película con otro estilo que no sea aquel tan particular que Carpenter le imprimió y que la convirtió en un clásico moderno, situándola de inmediato al lado de las cimas más altas que alcanzó su filmografía.   

LO MEJOR: Que no hace concesiones al gran público.
LO PEOR: Que aún así consiguió satisfacer tanto a los más
acérrimos seguidores de Carpenter como a muchos de sus
detractores.
Quizá se preguntarán si catorce años después la cinta mantiene sus cualidades, si realmente era para tanto y si las críticas de la época no serían demasiado optimistas. Las respuestas serían las siguientes: sí, sí y no. Vista hoy, Vampiros sigue siendo una de las cintas de chupasangres más enérgicas, valientes y sucias que se hayan filmado jamás dentro de los límites de Hollywood, quizá sólo igualada por aquella joya titulada Los viajeros de la noche (Near dark. Kathryn Bigelow, 1987) y con un espíritu que sólo retomaría medianamente bien la reciente Stake Land (Jim Mickle, 2010). Todo lo bueno que el público dijo de ella en su momento también sigue siendo válido, aunque yo siga sin entender demasiado bien por qué muchos se mofaban de la forma en la que los no-muertos comenzaban a arder cuando eran tocados por la luz del sol (sí, parecen cerillas encendiéndose, pero... ¿a cuántos vampiros han visto ustedes morir recientemente?). Y, por una vez, la crítica, o parte de ella, fue lo suficientemente sagaz como para detectar que se encontraba ante una obra maestra y no tuvo que esperar a que pasaran los años para darse cuenta de ello, que es la lacra que ha tenido que soportar John Carpenter a lo largo de toda su carrera. Aunque no fuera un taquillazo en salas de cine (tampoco podría serlo en la práctica, ya que los menores no podían acceder a verla en pantalla grande), funcionó tan bien en el mercado doméstico que generó dos secuelas, ambas olvidables y muy lejos de los logros de la original: Vampiros 2: Los Muertos (Vampires: Los Muertos. Tommy Lee Wallace, 2002), con Jon Bon Jovi como protagonista y repitiendo parte del estilo de la original, y Vampiros 3 (Vampires: The Turning. Marty Weiss, 2005), ambientada en Tailandia y con profusión de artes marciales, ya sin nada que ver con la visión de Carpenter. Si no las reseño más a fondo es porque no merecen demasiado la pena, pero sí que considero necesaria una revisión de la primera parte, por ser la última gran obra de un director indispensable para la historia del cine fantástico en particular y del cine en general, y a quien nunca está de más recordar y alabar por sus muchos méritos.

23 dic 2011

'No tengas miedo a la oscuridad'

(Don't be afraid of the dark. Troy Nixey. Estados Unidos / Australia / México. 2011. 99 minutos) Procedente del mundo del cómic y del cortometraje (debutando con un trabajo de 2007 donde ya mezclaba imagen real y animación digital: Latchkey's Lament), Troy Nixey ha visto cómo su nombre era eclipsado en su debut por el de su productor, un Guillermo del Toro que aparentemente ha puesto mucho de su parte en una película que lleva su sello impreso en muchos de sus fotogramas. Se trata del remake de un telefilm homónimo de 1973, del cual retoma la idea de unos seres diminutos que se esconden tras la chimenea cerrada de una casa antigua y que persiguen llevarse a la protagonista hacia la oscuridad, con intenciones que, como ya deben suponer, no son nada halagüeñas. Ahora encontramos un cambio sustancial: ya no es una esposa aburrida la que se enfrenta a las criaturas, sino una niña depresiva que intenta superar el divorcio de sus padres, el traslado desde la ciudad a una mansión gótica y la aceptación de una "nueva madre". Todo ello con el peligroso añadido de unos duendes malignos que pretenden llevarse sus dientes y convertirla en uno de ellos. Como es lógico, deberá lidiar también con la incomprensión de los mayores, especialmente la de un padre (Guy Pearce) más preocupado por su trabajo que por la cordura de su hija, hasta que su madrastra (Katie Holmes) descubre que la niña está diciendo la verdad y decide ayudarle (estrechando, de paso, lazos familiares). Creánme cuando les digo que no les estoy desvelando nada del argumento que no se intuya durante los primeros minutos, tras un prólogo inquietante que sirve de magnífica introducción para este cuento terrorífico tan solvente como previsible (salvo por un final que, este sí, no conviene descubrir con antelación). 

LO MEJOR: La atmósfera opresiva de su primera mitad.
LO PEOR: Que se ataque su sencillez.
No tengas miedo a la oscuridad encuentra sus mayores virtudes en su plasticidad, en la manera tan elegante y calmada con la que se recrea en sus escenarios y nos describe el lugar donde va a transcurrir la acción, deleitándose en las sombras y convirtiendo su arquitectura de espacios amplios en un entorno asfixiante y tenebroso, tomándose su tiempo además para presentar a los personajes y desencadenar un terror que sabe cómo mantener latente hasta el momento preciso. Una vez que estamos en ese punto, la película pierde algo de interés debido principalmente a que las secuencias con los monstruos son inevitablemente repetitivas, pese a regalarnos algún momento tan agradable (entiéndanme) como el susto bajo las sábanas. Se puede decir que estos monstruos pequeños no suponen una amenaza demasiado grande y que, si nos ponemos puntillosos, resulta algo increíble la manera en la que manejan la situación en determinadas ocasiones. Pero aquí es donde cobra más sentido el hecho de que le hayan dado el protagonismo a un personaje infantil y no a un adulto, ya que es ese punto de vista inocente, desvalido y presto tanto a la sorpresa como al miedo, el que preside toda la narración y el prisma desde el que tendríamos que entender la película: No tengas miedo a la oscuridad no es una cinta de terror destinada a hacer pasar un mal rato excesivo al espectador, no hay sobreabundancia de sustos, ni de gore, ni se puede adscribir al subgénero de casas encantadas, es sencillamente un cuento fantástico de carácter amable en su mayor parte (salvo por algún apunte malsano), más preocupado por contar una historia simple y eficaz con sus tintes moralistas y su defensa de la familia como único remedio contra El Mal, que por epatar al respetable con golpes de efecto y conceptos perturbadores. Es un film apto para casi todos los públicos y coherente con sus propuestas; pedirle algo más que eso (o exigir que sea algo distinto) va en contra de lo que la película quiere ser y, por tanto, es un esfuerzo inútil. 




BONUS

Frío en la noche (Don't be afraid of the dark. John Newland. Estados Unidos. 1973. 74 minutos) Como complemento a la crítica de la película de Troy Nixey, no está de más recordar el telefilm original en el que se basa. Rodado y estrenado en tiempo record (transcurrieron sólamente dos semanas desde que Nigel McKeand escribió la primera línea del guión hasta que fue emitido por televisión...), conoció estreno en vídeo en España con el título de Frío en la noche, salvo error generalizado en internet. En contra de lo que se suele decir, y aún teniendo en cuenta que entiendo los motivos por los que el telefilm se pudo convertir en una cinta de culto, tengo que reconocer que su visionado no aporta demasiado si han visto la nueva versión. Incluso que, más bien al contrario, se trata de un trabajo tosco, balbuceante y casi obsoleto que delata en exceso su apresurado proceso de producción. Como producto televisivo es más que aceptable, al poseer una factura que casi podría competir con la de algunos títulos cinematográficos de su época. Además, el suspense está bien trabajado y se sustenta sobre unos mimbres muy básicos que confieren a la película una sensación de concreción bastante agradable. Pero la interpretación de Kim Darby es tirando a penosa y el paso del tiempo no la ha tratado nada bien, no sólo por lo ridículos que resultan sus monstruos (algo perdonable debido a la falta de medios), sino sobre todo por lo mal que ha envejecido tanto estética como narrativamente, con un ritmo adormecedor y unos dejes machistas en los diálogos y la actitud del marido de la protagonista que hoy en día serían autocensurados por cualquier escritor con dos dedos de frente. Aunque suene a sacrilegio para muchos, si tienen que escoger entre una de las dos versiones, no lo duden: la de 2011 es superior. 

7 dic 2011

'Escóndete y tiembla'

(American Gothic. John Hough. Estados Unidos / Canadá. 1988. 86 minutos) En 1930 el pintor Grant Wood presentó en sociedad un cuadro al que llamó American Gothic y con el que pretendía capturar la esencia de los roles masculino y femenino en las sociedades rurales del Medio Oeste norteamericano. En dicha pintura, el hombre aparecía con una horca de tres dientes mirando hacia el frente, mientras que, a su lado, su esposa le observa con gesto sumiso. Dicha estampa pasó a formar parte del imaginario colectivo y su popularidad se extendió a lo largo de las décadas, llegando hasta finales de los años ochenta con la película que nos ocupa, del mismo título que el cuadro de Wood y dirigida por un John Hough del que hablamos hace poco (recuerden esto). Con un fracaso a sus espaldas como Biggles: El viajero del tiempo (1986) y con la mayor parte de su trabajo enfocada hacia la televisión, Hough encontró la posibilidad de volver a filmar una película de terror que aprovechara el buen rendimiento que dicho género estaba teniendo en los videoclubes de todo el planeta, si bien ya era evidente que la fórmula del slasher de los últimos años estaba ya prácticamente muerta y eran necesarias nuevas vías para asustar al personal. El guión de Escóndete y tiembla, que fue como se conoció en España la película, volvía a un terror rural en el que los asesinos no llevaban máscara, no tenían apariencia de monstruos ni poseían poderes paranormales. Y eso, como sabemos todos, es lo que más miedo puede dar. 

LO MEJOR: Michael J. Pollard y sus hermanos dementes.
LO PEOR: No saca provecho a su premisa, tornándose un
producto descafeinado.
Cuanto más se acerca a la realidad, el cine de terror adquiere mayor capacidad para inquietarnos, así que la historia de un grupo de amigos perdidos en una isla habitada por una familia de fanáticos religiosos que, asesinato mediante si se tercia, harían cualquier cosa por mantener las tradiciones, resulta de entrada lo suficientemente atractiva como para llamar nuestra atención, por mucho que sea un esquema que se ha utilizado en infinidad de ocasiones y no siempre con resultados positivos. Lamentablemente, este es uno de esos casos en los que la premisa está muy por encima de los logros reales del producto. Muy lejos de la capacidad para la sugerencia y el suspense de productos anteriores de Hough, así como de la eficacia de aquellos que sólo pretendían entretener, Escóndete y tiembla hace que nuestras emociones basculen entre la indiferencia y el aburrimiento durante la mayor parte de sus largos ochentaytantos minutos. Los fans del gore y de las emociones fuertes encontrarán aquí motivos para la desesperación, ya que apenas hay violencia explícita y el tono general es demasiado apagado y rutinario como para generar cualquier tipo de entusiasmo. Sólo las apariciones de los hijos del matrimonio homicida, adultos con mentalidad de niño sobre los que se advierte la sombra del incesto y otras perversiones, consiguen levantar algo el ánimo en una producción de escaso interés, erigiéndose como momentos de placer aislados dentro de un conjunto lleno de mediocridad.

29 nov 2011

'Los ojos del bosque'

(The watcher in the woods. John Hough. Estados Unidos. 1980. 80 minutos) A mediados de los 70, la marca Walt Disney no era necesariamente sinónimo de éxito. Sus días de gloria como productora más importante del cine de animación de Estados Unidos estaban en entredicho, ya que si bien no había ninguna otra compañía rival que le hiciera sombra, sí que veía cómo sus últimos títulos estaban lejos de poder compararse a niveles artísticos y comerciales con sus clásicos más conocidos. Buscando refugio en películas de acción real enfocadas al público familiar, Disney halló sendos éxitos en La montaña embrujada (Escape to Witch Mountain. 1975) y su secuela, Los pequeños extraterrestres (Return from Witch Mountain. 1978). El director de ambas no fue otro que John Hough, director inglés que había filmado dos reputadas cintas de terror: Drácula y las mellizas (Twins of evil. 1971) y La leyenda de la mansión del infierno (The legend of hell house. 1973), una de las mejores películas de casas encantadas de todos los tiempos. Si bien el tono general de los dos films que rodó para la Disney era inevitablemente amable, la mezcla de protagonistas adolescentes, aventuras y ciencia-ficción funcionó lo suficientemente bien como para que fuera considerado para encargarse de otro éxito en potencia, en este caso la adaptación de una novela de Florence Engel Randall titulada Los ojos del bosque (1976) que mezclaba elementos similares. Sin embargo, esta vez John Hough se llevó la cinta a su terreno, consiguiendo un producto incómodo para la productora, poco amable para el público infantil y con una atmósfera decididamente terrorífica. En ella, vemos cómo Jan y Ellie, unas jóvenes que se mudan a una casa de campo en Inglaterra con su familia, reciben lo que podrían ser mensajes del Más Allá, aparentemente enviados por una chica desaparecida años atrás, Karen, y cuyo cuerpo nunca apareció. Al mismo tiempo que se suceden fenómenos paranormales, las protagonistas descubren que algunos adultos del lugar esconden un secreto que podría esclarecer qué ocurrió con Karen.

LO MEJOR: Que no haga demasiadas concesiones al público
infantil.
LO PEOR: El final deja en evidencia que hubo problemas de
producción.
El resultado fue demasiado terrorífico para los estándares de la Disney, aun cuando habían elegido deliberadamente un punto de partida que se prestaba a ello. En un intento de salvar la papeleta, eliminaron varias escenas, filmaron hasta tres finales distintos y reestrenaron la película un año después, con el montaje de ochenta minutos que hoy conocemos. Dejando a un lado todo este desaguisado (del cual pueden leer más si pinchan aquí), hay que reconocer que el resultado de Los ojos del bosque es sorprendente. Muy en contra de lo que podríamos pensar nada más ver escrito Walt Disney Productions presents en los títulos iniciales, la cinta nos sumerge de inmediato en un terreno hostil para los protagonistas y para el público, un bosque insondable donde se advierte la presencia de alguien o algo que nunca llegamos a ver pero cuyas acciones (en forma de viento o fenómenos luminosos) se hacen patentes desde el principio. Eso por un lado. Por otro, tenemos otro recurso más inquietante si cabe en la forma de un espectro que pide ayuda a las hermanas Jan y Ellie, apareciéndose en los espejos o hablando a través de la voz de la pequeña. Para redondear la intriga, hay incluso un ritual que se nos muestra en forma de flashbacks a medida que los implicados confiesan su participación en él y las extrañas consecuencias que tuvo. Como ven, parece mucho para condensar en apenas hora y veinte, pero ahí radica una de las grandes virtudes de la película, ya que gracias a ello adquiere un ritmo incesante y logra mantener la atención del espectador en todo momento, sin apenas altibajos narrativos ni secuencias de relleno, lo cual es siempre digno de elogio. Y en cuanto al terror, quizá se sorprendan al comprobar la manera tan hábil con la que la película consigue poner los pelos de punta en varias ocasiones. Es posible que el papel de Bette Davis les sepa a poco (no es a ella a quien hay que temer en esta ocasión), pero si hay algún aspecto que realmente quede cojo en Los ojos del bosque es el final. Sin ánimo de aguarles la fiesta en caso de que no la hayan visto, con lo cual ya quedan avisados de que quizá no tendrían que seguir leyendo (SPOILER!), es evidente que la conclusión que se tomó como final oficial (tras otros dos alternativos que pueden ver aquí y aquí) no casa del todo bien con la pregunta que nos hacemos desde el principio, en cuanto vemos por primera vez los efectos lumínicos que sorprenden a la protagonista: ¿no serán esas luces más propias de un extraterrestre que de un fantasma? Los finales previos dicen que sí, pero el del montaje que se comercializó a partir de 1981 elimina las apariciones del alien (diseñado por Henry Selick, futuro director de Pesadilla antes de Navidad, James y el melocotón gigante y Los mundos de Coraline) y el viaje a su planeta (que, en honor a la verdad, resultan bastante pobres, como habrán podido comprobar si han abierto los vídeos que les acabo de enlazar) y lo sustituye por una conclusión que nos habla de un cruce entre dimensiones pararelas y muestra al Observador (el Watcher del título original) como un ente incorpóreo. Es una pena que este clímax deje a un lado la intención inicial de Hough (quien no filmó estos últimos minutos) y se busque tan desesperadamente un final feliz que rompe, en parte, con el tono terrorífico y oscuro que posee el resto del metraje. Aún así, Los ojos del bosque merece ser recordada como una rareza interesantísima, un cuento de terror para niños grandes y, quizá, uno de los títulos más rescatables de la producción del género de principios de los ochenta.

28 nov 2011

'Noche de miedo' (2011)

(Fright night. Craig Gillespie. Estados Unidos. 2011. 106 minutos) Muchos fans de la Noche de miedo original, dirigida en 1985 por Tom Holland, pusieron el grito en el cielo cuando aparecieron las primeras instantáneas del nuevo Peter Vincent. Para los que no conozcan la primera versión, indicarles que en aquélla el personaje del showman experto en vampiros era interpretado por Roddy McDowall con una distinción y un humor plenamente british, con un ojo puesto en la Hammer y otro en los presentadores norteamericanos de programas de televisión dedicados a la Serie B. Sin embargo, en la versión 2011 Vincent aparece como una suerte de prestidigitador neo-gótico de Las Vegas que se comporta como una estrella de rock y al que da vida, con unas pintas muy a lo Russell Brand, el irlandés David Tennant. Pocos minutos después, y dejando a un lado que este cambio no es otra cosa que el signo de los tiempos, Tennant aparece frente al espectador despojándose de todos sus accesorios postizos, peluca, bigote, patillas, en lo que parece casi una broma a costa de esos aficionados a los que sabían de antemano que iban a cabrear. El mensaje podría ser el siguiente: no había necesidad de alarmarse. Y es extrapolable a lo que se podría decir de ese miedo irracional que se tenía ante este o cualquier otro remake, puesto que estamos ante una película mejor de lo que, a buen seguro, muchos esperaban. Un inciso: en el cine, ninguna nueva versión sustituye a la original y siempre tienen la opción de no ver el remake de turno y seguir mirando la misma película de siempre. Pero no sean tan lloricas, por favor. 

LO MEJOR: La secuencia de la persecución.
LO PEOR: Algún abuso de los efectos digitales.
Volviendo a la Noche de miedo de Craig Gillespie, no se puede decir que aporte nada nuevo al panorama del cine de terror, ni siquiera al subgénero de vampiros. Pero eso no implica necesariamente una valoración negativa de la cinta, ya que si algo se puede destacar de ella es la manera tan apañada con la que consigue sortear las comparaciones con la original, respetando el hilo argumental y algunas secuencias concretas pero alterando el orden y añadiendo recursos estilísticos que habrían sido impracticables en 1985. En ese sentido, la secuencia de la persecución nocturna por la carretera es brillante y es un buen resumen de lo que se puede encontrar en este remake: buenas dosis de terror (no del que hace que se les pongan los pelos de punta, pero... ya me entienden), leves notas de humor (quizá menos que en la versión de 1985, pero de un tono menos inocente), buen pulso para las escenas de acción y el respeto justo por la cinta de Holland (atentos al cameo de Chris Sarandon, el vampiro de la original). En cuanto a su reparto, ninguna queja, destacando especialmente un Colin Farrell  que se lo pasa en grande pudiéndose reír de su fama de mujeriego y peligroso, además de un Christopher Mintz-Plasse que aparece menos de lo deseado pero que se dedica a robar escenas cada vez que le dejan. En resumen, Noche de miedo, versión 2011, aun con sus deudas hacia el 3D que se hacen evidentes en la planificación de algunos momentos concretos y con su estigma de ser el remake de una película mitificada por los que hoy son treintañeros, supone una experiencia satisfactoria y divertida, un título recomendable que, si bien no inventa la Coca-Cola, sí que la sirve de manera refrescante.

25 nov 2011

'Cumpleaños mortal'

(Happy birthday to me. J. Lee Thompson. Canadá. 1981. 110 minutos) J. Lee Thompson, en su faceta de director todoterreno que lo mismo servía para hacer (bien) El cabo del terror (Cape fear. 1962) que La rebelión de los simios (Conquest of the Planet of the Apes. 1972) o Justicia salvaje (The evil that men do. 1984), puso también su granito de arena en la gran montaña del slasher norteamericano de principios de los 80. Filmada en Canadá con el apoyo económico de Columbia Pictures, Cumpleaños mortal tenía como mejor aval el hecho de venir producida por los mismos responsables de la sensacional San Valentín sangriento (My bloody Valentine. George Mihalka, 1980), con el extra añadido de tener a un decadente Glenn Ford en el reparto y de suponer el primer papel importante para el cine de la entonces popular Melissa Sue Anderson, la Mary Ingalls de La casa de la pradera. Teniendo todo esto en cuenta, lo que cabría de esperar de este título sería una explotación más de la fórmula conocida de adolescentes muriendo brutalmente durante el transcurso de una fecha señalada. Así hace pensar también su argumento: los miembros de una pandilla elitista de un colegio privado van desapareciendo misteriosamente, asesinados por alguien a quien conocen y que se aprovecha de esa confianza para quedarse a solas con ellos y exterminarles. Sin embargo, Cumpleaños mortal, aún ajustándose en cierto modo a esos cánones previsibles, desvela rápidamente sus inclinaciones hacia el amarillo, hacia el giallo italiano.

LO MEJOR: Lo bien que traslada algunos recursos del giallo
al slasher norteamericano.
LO PEOR: La ristra de finales.
Como en algunas de las mejores películas de Dario Argento, gran parte de la tensión que nutre su argumento se basa en un recuerdo que la protagonista tiene bloqueado en su memoria y que, de recuperarlo, quizá le ayudaría a resolver el misterio detrás de los asesinatos. No conviene desvelar mucho más del argumento, ya que siempre cabe la posibilidad de que algunos de ustedes aún no hayan visto la película (como era mi caso) y no me parece de recibo destriparles nada. Lo que sí les puedo decir es que los últimos veinte minutos de película tienen tantos giros que uno acaba exhausto, sorprendido e indignado, todo al mismo tiempo. A muchos nos gusta que el cine nos manipule, que nos despiste, que consiga inquietarnos y que acabemos con la boca abierta de estupefacción, pero siempre y cuando juegue limpio, aportándonos pistas fiables, por muy sutiles que sean, hasta tal punto que sólo sean perceptibles en un segundo visionado o en un repaso mental de los minutos previos. Sin embargo, Cumpleaños mortal se esconde demasiados ases en la manga y los utiliza casi todos durante un clímax extenuante que resulta increíble, y no precisamente para bien. No me entiendan mal: la película es apreciable, está bien filmada, la trama es interesante y está algo por encima de la media (y se adereza con esos recursos del terror italiano, como citaba antes, por ejemplo el asesino enfundado en guantes de cuero negro que usa armas blancas, además del trauma psicológico de la protagonista). Incluso tiene un par de asesinatos bastante impactantes (ojo al del joven que hace pesas...). Pero, en su obsesión por rizar el rizo, la historia se le va de las manos a sus responsables y, como si no supieran muy bien cómo acabar, meten todos los finales posibles que se les habían ocurrido, provocando una perplejidad total en el expectador. Esto me provoca sentimientos encontrados: por un lado, adoro ese descaro para llevar la propuesta a esos límites de insania, pero al mismo tiempo considero que hay demasiadas trampas y que, al no conseguir encontrar una respuesta coherente a todas las incógnitas que sembraron en el libreto, los guionistas decidieron salirse por la tangente y aturdir al público sin darle tiempo a reaccionar, de manera vil y, si me permiten la pequeña exageración, indignante. Aun así, y siempre teniendo en cuenta que este tipo de conclusiones son determinantes para luego evaluar el grado de satisfacción que nos produce un largometraje, cabe recomendar Cumpleaños mortal como una estimulante mezcla del slasher yanqui y el giallo italiano, lo que le aporta un mayor grado de personalidad que el que podían lucir algunas de sus coetáneas.