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15 ago 2010

'Los Mercenarios (The Expendables)'

(The Expendables. Sylvester Stallone. Estados Unidos. 2010. 103 minutos) Desde el mismo momento en el que supimos de su futura existencia, The Expendables se convirtió en La Película, el evento cinematográfico con el que hace veinte años sólo podíamos soñar y que venía a concretar el sueño húmedo de los fans del actioner: la élite de las macho-movies reunida en una sola cinta con protagonismo repartido y que nos hiciera babear ya desde el mismo cartel. Aunque nos falten Van Damme, Seagal, Snipes o Norris, The Expendables cumple con ese propósito de manera bastante cercana a lo que deseábamos, si bien hay que admitir que el anhelo de ver a Stallone, Schwarzenegger y Willis compartiendo una escena de acción debe ser contentado con una secuencia de diálogo (cómico, autorreferencial) en la que los tres nunca comparten plano al mismo tiempo. De aquella época se rescatan también a otros actores cuyas carreras no podían ser más distintas: Mickey Rourke encarna aquí a un mercenario retirado que arrastra demasiados demonios y sobre el que se reflejan las inquietudes autorales de Stallone, incluso más que en el papel que interpreta él mismo, representando los momentos más reflexivos de la película y el argumento que subyace bajo la aparatosidad del conjunto (el héroe que mira al pasado y sólo encuentra muerte y destrucción, atormentándose porque sólo a través de ello puede considerarse útil); Dolph Lundgren, como ya hiciera en la excelente (y todavía inédita en España) Universal Soldier: Regeneration, aprovecha cada uno de sus minutos en pantalla y se apropia de algunos de los mejores one-liners de la cinta; aunque al cine occidental llegó a finales de los noventa, Jet Li también es un clásico del cine de acción que lo dio todo en Hong Kong mientras en Hollywood Sly y Schwarzie se repartían el pescado en su época de esplendor; olvidados en la promoción, Eric Roberts y Gary Daniels también hicieron carrera en el género, el primero protagonizando las dos primeras entregas de Campeón de campeones, la magnífica El tren del infierno o títulos menos conocidos como Blood Red o Caída libre, además de enfrentarse a Stallone en El Especialista, mientras que Daniels es todo un veterano del cine de artes marciales de serie b, con una extensa filmografía a sus espaldas que le hacía merecedor de un puesto destacado en el cartel publicitario de The Expendables. Para enlazar la época dorada del actioner con la savia más reciente, Stallone ha tirado de luchadores profesionales (Randy Couture, Steve Austin), un ex-deportista con admirables dotes cómicas (Terry Crews) y el mayor héroe que ha dado el género en los últimos diez años, esa deidad que responde al nombre de Jason Statham y que por ahora supone el único relevo real de las viejas glorias del cine de acción.


A pesar de las omisiones, podemos decir entonces que el grupo elegido para conformar los Expendables es más que satisfactorio y que todos ellos reúnen las condiciones suficientes, por carisma, experiencia, aptitud física y actitud chulesca, para regalar momentos de fulgor a los espectadores. Precisamente por eso resulta hiriente que casi todas las escenas de lucha de la película sean, digámoslo claramente, una birria. En su intento de homenajear las formas del cine de acción de los ochenta y primeros noventa, Stallone ha olvidado que en esos tiempos las peleas se entendían: uno podía distinguir quién daba el golpe, quién lo recibía, a qué distancia estaban los oponentes y cuántas heridas nuevas iban surgiendo en sus cuerpos a medida que se zurraban. En The Expendables resulta casi imposible obtener esa información debido a la confusión con la que están filmadas las peleas, intuimos que bien coreografiadas (por ahí anda Corey Yuen, nada menos, aunque no lo indiquen en IMDb) pero rodadas con encuadres cerrados y montadas en planos cortos y tambaleantes. Tampoco las escenas de persecución están planteadas con claridad, a pesar de contar con un experto en estas lides como Spiro Razatos ejerciendo de director de la segunda unidad. El problema está en que Stallone ha elegido la opción incorrecta. En John Rambo las escenas de acción eran igual de descarnadas que en The Expendables, incluso más, pero se seguían mejor y, en cualquier caso, en los momentos en los que se desmadraban formalmente contribuían a potenciar la sensación de caos que rodeaba a los protagonistas en medio de la guerra; sin embargo, usar esa misma técnica en Los Mercenarios es poco menos que un crimen contra los miembros del reparto, contra la espectacularidad que se le suponía a la que debería ser la mayor cinta del género de todos los tiempos y contra la capacidad receptiva del público, furioso porque debe asumir que, salvo momentos ocasionales (como la excelente secuencia del avión o la explosiva aparición de Terry Crews con su novia en el clímax final, junto a planos aislados en medio de las peleas), está contemplando una obra contradictoria: una celebración del cine de acción donde la acción no se ve bien.

Es lamentable que lo que debería ser la mayor fiesta de todos los tiempos para el fan del cine de acción se vea manchada por este hecho irrefutable. Y que nadie me venga con eso de que las expectativas eran demasiado altas y que es normal que decepcione en algo, porque si las expectativas no debían ser altas con algo así, díganme con qué podrían serlo. De cualquier modo, y aunque parezca  paradójico a tenor de todo lo que acabo de decir, The Expendables tiene motivos para contentar al aficionado, siempre y cuando sepa perdonar esa confusión en los momentos citados (lo cual supone un escollo realmente importante y para nada fácil de saltar). Ya la grafía utilizada en los títulos de crédito iniciales nos hace pensar en el pasado, en el cine de acción de verdad diseñado sobre el set y no en la sala de montaje. La banda sonora también nos lleva a esa época, con Thin Lizzy o Creedence Clearwater Revival acompañando las imágenes. Y las escenas en las que los personajes interactúan resultan creíbles y simpáticas, realmente da la sensación de que se conocen y que hay buena química entre ellos, especialmente en un epílogo lúdico y prometedor de cara a una posible franquicia. Pero, sobre todo, The Expendables funciona por acumulación: de estrellas en el reparto, de frases lapidarias en el guión (endeble, por otro lado, como era de prever), de autoconsciencia y, finalmente, de acción desaforada que se mantiene en estado casi latente durante buena parte del metraje, pero que estalla de manera implacable en un clímax final donde reina la destrucción y el (en esta ocasión, voluntario) caos. Esa acumulación puede provocar un aparente entusiasmo que se disipa a poco que reflexionemos sobre lo innegable, que es el hecho de que The Expendables no está todo lo bien que debería estar... y que sabemos por qué y Stallone (o ALGUIEN) debería haberse dado cuenta. Recemos para que corrijan los defectos en la secuela. No hace falta más dinero, ni más tiempo de rodaje, ni más estrellas, hace falta alguien que sepa filmar las escenas de acción de tal modo que resulten ciertamente espectaculares. Y no hace falta tirar de John Woo o John McTiernan, existiendo directores que han demostrado que con muy pocos medios se pueden hacer derroches de estilo y elegancia (Isaac Florentine) o de brutalidad y contundencia (John Hyams), perfectamente visibles y con la misma fuerza que Stallone ha intentado imprimir a sus imágenes. Termino con una petición: no se dejen cegar por el entusiasmo producido por el fanatismo, The Expendables podría haberles dado mucho más y ustedes lo saben. 

18 nov 2005

'Soldado Universal'

(Universal Soldier. Roland Emmerich. Estados Unidos. 1992. 99 minutos) Soldado Universal supuso el paso de Jean-Claude Van Damme de las producciones de serie B a las películas de mayor envergadura auspiciadas por majors hollywoodienses (después de un primer intento con la divertidísima Doble Impacto, que fue distribuida por Columbia Pictures). Se nota a kilómetros que es una producción destinada a su lanzamiento mundial como nuevo héroe oficial del cine de acción, cuando ya se preveía que las carreras de Schwarzenegger y Stallone estaban condenadas a decaer de un momento a otro. Y para ello, qué mejor idea que enfrentarle a otro cachas experto en artes marciales, Dolph Lundgren, también europeo, y que había demostrado con anterioridad lo bien que le sentaba el papel de villano (en Rocky IV), pero que no acababa de convencer en las taquillas como héroe principal (de hecho, después de Soldado Universal, no volvió a estrenar muchas más cintas en pantalla grande).

Como director, en un principio se pensó en Andrew Davis (director de Código de silencio, Por encima de la ley, Alerta Máxima, Reacción en cadena o El fugitivo), pero finalmente, tras problemas con los productores, éstos se decantaron por el emergente Roland Emmerich, director alemán admirador de Spielberg que tenía en su currículum éxitos menores como El secreto de Joey o El secreto de los fantasmas, quien luego se estableció definitivamente en Hollywood con títulos como Stargate, Independence Day o El día de mañana.

Con producción de las entonces grandes (y hoy desaparecidas o mutadas) TriStar Pictures y Carolco, Soldado Universal se convirtió en uno de los grandes éxitos de 1992, aunque sin llegar a ser el mega-taquillazo que seguramente esperaban. Ahora, casi quince años después de su estreno, es recordada como uno de los mejores y más perdurables ejemplos de un género que encontró su punto álgido en la década de los noventa.

Su argumento nos proponía una interesante mezcla de ciencia-ficción y pura acción: en 1969, durante la guerra de Vietnam, el sargento Andrew Scott (Lundgren) enloquece y comienza a matar a inocentes y a sus propios compañeros. El soldado Luc Deveraux (Van Damme) se enfrenta a él y ambos acaban muertos. Pero esto es sólo el principio de la historia: sus cadáveres son congelados y 25 años después son devueltos a la vida mediante un programa secreto del ejército norteamericano, que ha creado a partir de individuos criogenizados los guerreros perfectos, los Soldados Universales. El problema es que dos de estos soldados (Scott y Deveraux) comienzan a tener recuerdos de su pasado y, como si no hubieran pasado dos décadas, se vuelven a enfrentar para regocijo de los espectadores y desgracia de los personajes que se cruzan en su camino. Deveraux deberá proteger a la periodista Veronica Roberts (Ally Walker), quien le está ayudando a descifrar su pasado y a volver a su hogar, mientras que Scott hace todo lo posible por acabar con los que según él son unos traidores.

Como dije unos párrafos arriba, se nota que la cinta es un vehículo para lucimiento de Van Damme (sin que ello signifique nada negativo). De ahí que, a pesar de compartir cartel y ser equiparado en el marketing con su compañero Lundgren, el belga tenga muchísimos más minutos en pantalla y apenas dé la oportunidad a su enemigo de lucirse en las escenas de lucha. En el clímax bajo la lluvia, el enfrentamiento final entre los dos colosos se desarrolla y resuelve de la manera más tópica: Lundgren mamporrea con saña a Van Damme hasta que éste estalla y nos deleita con su habitual recital de patadas giratorias, mientras que el pobre Dolph no puede (no le dejan) hacer otra cosa que quedarse de pie observando cómo se le acercan los pies de Jean-Claude a la cara. En este sentido, la película es algo decepcionante ya que desaprovecha la posibilidad de ver un enfrentamiento marcial entre dos actores que realmente saben Karate. Según las malas lenguas, estos enfrentamientos se provocaban detrás de las cámaras, ya que en un principio parece ser que ambas estrellas no hicieron muy buenas migas: el carácter serio e intelectual de Lundgren chocaba con el más alocado y jovial Van Damme. El propio Jean-Claude dijo en una entrevista: “tuvimos que darnos alguna paliza hasta que conseguimos ser amigos”.

Después de varias películas en las que ya se pudo lucir con sus habilidades marciales, a Van Damme le interesaba hacer un tipo de cine en el que éstas fueran una herramienta más para la acción, y no una atracción en sí mismas. De ahí que en Soldado Universal se viera implicado en secuencias más aparatosas que nunca hasta entonces, como la de la presa en los primeros minutos o la persecución del camión de los UniSols a un autobús policial. Al mismo tiempo, el hecho de que su personaje sufriera de amnesia le dio la oportunidad de ensayar un papel que perfeccionaría años después en Replicant, el del héroe inexperto que tiene que madurar y enfrentarse a sus miedos a medida que transcurre la historia. Esto da la oportunidad a Van Damme de dar a su interpretación pequeños matices cómicos que funcionan a la perfección en la secuencia del restaurante de carretera o en aquella en la que Veronica le tiene que encontrar el rastreador oculto bajo su piel, basando el humor en la inocencia del personaje y la simpatía que nos provoca (incluso hay un momento en el que se permiten bromear sobre su acento afrancesado, aunque para apreciar ese chiste hay que verla en versión original).

Soldado Universal es un largometraje divertido, medianamente espectacular (desde luego, no tanto como las posteriores cintas de Emmerich, pero sí con mayor empaque que otras de la filmografía de Van Damme) y bastante bien recordado. No hay que olvidar que años después generó una secuela titulada Soldado Universal: El Retorno, y una serie de televisión que, engañosamente, se editó en vídeo dividida en dos partes y con los nombres de Soldado Universal 2 y Soldado Universal 3, en las que no aparecían ni Van Damme ni Lundgren. Por cierto, un detalle curioso: el enemigo de Van Damme en Soldado Universal: El Retorno es Michael Jai White. Pues bien, en la primera escena de Soldado Universal, podemos ver a White interpretando a uno de los compañeros de Luc Deveraux en el pelotón. Esto daría algo de coherencia a la secuela, en tanto que el cadáver de éste también podría haber sido congelado, pero debido a que la aparición de White es demasiado breve y que nadie le recordaba, supongo que no es más que una (afortunada) casualidad.


Publicado originalmente en Natural High. Notas desde el futuro: Aunque no lo dije en este post, de intenciones más bibliográficas que críticas, Soldado Universal es uno de los títulos de Van Damme que menos interesantes me resultan. Posee menos rasgos personales que otras de sus películas de la época y el hecho de ejercer aquí de aspirante a estrella le resta a Van Damme parte de la fuerza que poseía en títulos previos como Libertad para morir y Doble impacto. Siendo una buena película de acción, a día de hoy me resultan más atractivas sus secuelas: la muy camp Soldado Universal: El Retorno y la vigorosa Universal Soldier: Regeneration que sigue esperando su estreno español.