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20 sept 2010

'Future-Kill (Asesinos del futuro)'


(Future-Kill. Ronald W. Moore. Estados Unidos. 1985. 83 minutos) A los fans del fantástico y la serie b se nos compra con relativa facilidad. Y luego pasa lo que pasa, que acabamos picando ante productos que, de entrada, ya sabemos no nos van a aportar demasiado. Future-Kill se vendió aprovechando la presencia en el reparto de dos de los protagonistas de La matanza de Texas: por un lado tenemos a Edwin Neal, que en la película de Tobe Hooper encarnaba al hermano autoestopista de la familia Sawyer, mientras que aquí hace de Splatter, el malo principal de la cinta; por su parte, Marilyn Burns, la superviviente final en el mítico título de 1974, realiza aquí un papel casi anecdótico en cuanto a minutos en pantalla, aunque no en lo relativo a su importancia en la historia. Ambos resultan casi irreconocibles nueve años después y caracterizados tal y como aparecen en Future-Kill, por lo que el reclamo no sirve de mucho. El otro revulsivo es el póster que H.R. Giger diseñó para la película. Como recogen en IMDb, Giger contó en su libro Necronomicón II cómo Ronald W. Moore le suplicó hasta las lágrimas y le manipuló diciendo que si no le creaba el cartel promocional perdería la financiación de la película. Visto el resultado final, lo único memorable de Future-Kill resulta ser el trabajo de Giger. 

El largometraje de Moore, el único en su filmografía, termina siendo uno más de los productos que pretendieron subirse al carro de éxitos como Terminator o The Warriors, si bien sus primeros minutos parecen más propios de una película de tetas de aquellas que la Troma produjo antes de descubrir la gallina de los huevos de oro con El Vengador Tóxico. En ella, cinco universitarios pijos y bastante gallitos acaban, por una apuesta, en un barrio habitado por punkis y tragafuegos, con la misión de secuestrar a uno de ellos y llevárselo como trofeo al campus. El lío se monta cuando se topan con Splatter, algo así como un mutante que estuvo a punto de morir por culpa de la radiación nuclear y que ahora, quizá furioso porque se ha quedado sin pene (y esto no lo digo yo, está en el guión), se pone unas chapas y unos pinchos y comienza a hacer el mal por su barrio. En teoría es un cyborg, pero la película es tan barata que no cuenta con ningún recurso material para dar credibilidad a sus ideas (incluyendo la que posiblemente sea la peor explosión de una granada en toda la historia del cine). A los valores de la cinta hay que agregarle un reparto espantoso y algunas peleas que hacen buenas las de cualquier título con Don "The Dragon" Wilson. Y ni siquiera es divertida. Pasen de ella.