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14 ene 2008

'Arma Perfecta'

(The Perfect Weapon. Mark DiSalle. EEUU, 1991. 81 minutos). En el campo de la música se utiliza mucho el término 'one-hit-wonder' para denominar a esos cantantes o grupos que consiguen un éxito notable que son incapaces de igualar o superar y se ven condenados por ello al olvido. En el cine occidental de acción y artes marciales, Jeff Speakman es un 'one-hit-wonder', lo mismo que lo fueron Sasha Mitchell (Kickboxer 2 y de ahí cuesta abajo), Kurt McKinney (después de partirle la cara a Van Damme en Retroceder nunca, rendirse jamás no hizo nada más interesante) o Brian Bosworth (protagonista de la tremenda Frío como el acero que procuraré reseñar próximamente). Speakman, tipo con pinta de carátula de beat'em up ochentero y experto en el Kenpo Karate Americano fundado por Ed Parker (a quien está dedicada Arma Perfecta), fue lanzado por la Paramount con esta película como una posible nueva estrella de las artes marciales que rivalizara con los más exitosos Van Damme, Steven Seagal y Dolph Lundgren en la liga de cintas de tiros y hostias de presupuesto moderado y rápida rentabilidad, que arrasaron en los videoclubes durante los 80 y los primeros 90. Talento para las tollinas no le faltaba al tipo (incluso se dice que tras ver sus exhibiciones en esta cinta no fueron pocos los que corrieron a apuntarse al dojo más cercano donde enseñaran Kenpo), pero su falta de carisma y su hieratismo hacían que pareciera una versión proletaria de Seagal y finalmente se vio relegado a protagonizar cintas de nulo empaque directamente para el cable, pasando a formar parte de la misma liga en la que juegan Jeff Wincott o Gary Daniels, gente que por muy bien que sepa luchar no es capaz de llegar más que a un grupo limitado incluso dentro de los fans del género. He leído que sufre un desorden linfático que le lleva a aumentar de peso regularmente y que por eso los productores le han dado la espalda, pero... ¿acaso eso ha sido problema para Seagal o Samo Hung?

De todos modos Speakman ya ha pasado a la historia no escrita del cine de gimnasios y dojos gracias a este título efectivo y directo de trama simple y abundante acción. Segunda y última película de Mark DiSalle, uno de los dos responsables de la seminal Kickboxer (el otro fue David Worth), Arma Perfecta cuenta la historia de un tipo de pasado violento que, al volver a casa, no hace más que desencadenar una tragedia por hacerse el valiente delante de su viejo amigo Kim (Mako), provocando la muerte de este a manos de la mafia coreana y una guerra entre bandas a la que se alistará buscando venganza, primero por Kim y luego por su hermano, un policía al que no veía desde niño y que resulta malherido por el imponente Tanaka (Professor Toru Tanaka), guardaespaldas del responsable real de todo este desaguisado, el sibilino Yung (James Hong). Por ahí se pasea también otro de nuestros villanos favoritos, Cary-Hiroyuki Tagawa, aunque prácticamente sin opción de lucimiento. Con ese argumento y tantos japoneses y chinos haciendo de coreanos a los que partir la jeta, DiSalle no pierde el tiempo y no permite que en su película transcurran más de 7 minutos (contados) sin algún acto violento: todo es un ir y venir de Speakman por callejones, dojos, baretos y edificios en busca de malos a los que sacar información mediante la técnica psicológica de la buena hostia, incluyendo una persecución en la que el malo huye en limusina y acaba levantando un coche con sus brazos antes de ser abatido por un táser, y culminando en el asalto al embarcadero en el que Yung elabora droga y que ofrece los instantes más espectaculares de la sesión (como debe ser). Por unos instantes la cinta se circunscribe en el esquema de la buddy movie, con Speakman trabajando codo con codo junto a su hermano e intentando recuperar la confianza perdida, y hasta en el de héroe-con-niño gracias a un ayudante en miniatura que le sale al protagonista en forma de chivato que haga las veces de comic relief. Además, a los fans más veteranos de Van Damme les sonará bastante el esquema narrativo de los primeros minutos: una sucesión de flashbacks en la que se explica cómo llegó el protagonista a las artes marciales muy parecida a la de Contacto Sangriento, en la que DiSalle trabajó como actor.

Así que no hay nada demasiado novedoso en Arma Perfecta que sea digno de mención, aparte de la utilización del Kenpo como elemento distintivo (lo mismo que en Sólo el más fuerte lo era la capoeira), pero se aprecia en ella una voluntad estimable por no perder el tiempo (además de ser rápida, quitando los créditos finales el metraje apenas sobrepasa la hora y cuarto) y ciertos valores de producción (la fotografía de Russell Carpenter, la música de Gary Chang, el diseño de vestuario de Joseph Porro) que la elevan algo por encima de la media y consiguen, junto a sus correctas escenas de lucha, que se recuerde como una cinta agradable y hasta cierto punto diferenciable de otras de su especie. Soy fan del cine de acción y artes marciales oriental, pero no soy un fundamentalista incapaz de sacar partido de películas de este tipo que no estén manufacturadas por gente de ojos rasgados, y por mucho que admita que siempre va a ser mejor verse un Ultraforce o un Iron Angels que esta, recomiendo sin problemas Arma Perfecta a los seguidores del género, especialmente a los que disfrutaron con Difícil de matar, Libertad para morir o Dark Angel, entre las cuales la cinta de Jeff Speakman bien merece un hueco.