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6 feb 2008

Asian Trash Cinema: El Regreso

Me entero, de nuevo gracias a CineAsia, de la aparición de la segunda entrega de la briosa colección Asian Trash Cinema, aquella que comenzó Naimara con el Mazinger Rojo y que hizo que mis ojos casi me saltaran de la cara. Y, como advirtió mi colega Mike Donovan en los comentarios, el nuevo programa doble está formado por Los Invasores del Espacio y Superman contra la Banda Negra. Veamos de qué estamos hablando:


La primera es nada menos que una versión japonesa de Star Wars dirigida en 1978 por Kinji Fukasaku (de quien recomiendo The Green Slime, por bizarra y porque como esta no la menciona Tarantino tampoco se suele citar en los blogs), con papeles para Sonny Chiba, Vic Morrow, Sue Shiomi y un jovencito Hiroyuki Sanada, además de un clon de R2D2 y un montón de maquetas dispuestas a ser reventadas con petardos de los gordos. Según leo a Domingo López en la revista, la cinta está basada en un manga de Shotaro Ishimori (o Ishinomori según otras fuentes) que, debido a la fiebre galáctica desatada por George Lucas, acabó convirtiéndose en un refrito de ojos rasgados de La guerra de las Galaxias, con un Darth Vader con espadas sin láser, que eso siempre mola. A mí el tráiler me pone tonto. ¿Y a ustedes?


Luego tenemos Superman contra la Banda Negra, filmada por Teruo Ishii para la Shintoho en 1957, y que se trata en realidad de un montaje realizado a través de un serial titulado Supa jaiantsu que fue exportado como Super Giant y del que esta sería (si no me fallan las fuentes) la quinta entrega. Todavía no sé si se tratará de una versión de 40 minutos, como la estrenada en su momento con este título, o si habrán hecho un montaje hasta llegar a convertirlo en largometraje como el de El ataque de los supermonstruos que se incluyó en el anterior volumen de Asian Trash Cinema, pero sea como sea, ver a un héroe con antena en la cabeza va a ser interesante dure 40 ó 90 minutos. No he podido encontrar ningún vídeo, así que si alguno de ustedes sabe de algún enlace hagan el favor de pasarlo.

Además del programa doble tenemos también una buena ración de extras en forma de cortometrajes animados, un episodio piloto para la televisión japonesa, otra entrevista a Jackie Chan, trailers, posters, información y algo que me hace especial ilusión y que me lo acaba de confirmar su artífice: unos audiocomentarios de Viru que seguro nos hacen deleitarnos aún más con el visionado de esta locura. Ya estoy deseando tenerlo en mis manos.

5 feb 2008

'Los crímenes de Oxford'

(The Oxford Murders. Álex de la Iglesia. España, 2008. 110 minutos) Siendo uno fan inagotable de Álex de la Iglesia desde sus inicios, esperaba este paso del director bilbaíno con ilusión y miedo al mismo tiempo. Pensaba que, aunque esta película pudiera suponer una buena herramienta para expandir el genio de su responsable hacia otros mercados que aún no había logrado conquistar, bien cabía la posibilidad de que su intento de hacer cine como si sólo fuera un buen artesano al servicio de una historia ajena podría llevar a algo no deseado: la atenuación de su arrebatadora personalidad. A poco que uno haya leído entrevistas de De la Iglesia puede saber que el director ha pretendido en varias ocasiones escribir películas serias, thrillers de factura técnica impecable y que se adscribiesen al género con todas sus consecuencias, quejándose de que no le salían. Por fin, para placer suyo y disgusto de los que nos temíamos lo peor, lo ha conseguido. O casi.

Los crímenes de Oxford (basada en una novela que no he leído y que el director ha adaptado junto a Guerricaecheverría) no me parece una mala película y desde el punto de vista de De la Iglesia supone todo un triunfo. Él debe estar de lo más orgulloso: ha conseguido filmar en el extranjero, en un idioma que no es el suyo, con estrellas internacionales y con un estilo que toma bastante del Frenesí de Hitchcock (con sus sinuosos planos secuencias trucados... pero sin su oscuro sentido del humor). Ha hecho una pieza elegante, bien llevada y comercial, además de seria en su justa medida. El problema está en que eso lo podría haber hecho otro. Hay por tanto aquí un conflicto que intenté salvar como mejor pude y que se disputa entre la intención del director y lo que nosotros (adopto el plural mayestático atreviéndome a hablar por los seguidores de Álex) deseábamos ver. El espectador casual, el que vaya al cine a ver esa peli de misterio del prota del Señor de los Anillos y que nunca ha visto Muertos de risa o Acción mutante, podrá encontrarse con una cinta de suspense que siempre irá por delante de él (y de todos, porque la idea motriz, interesante pero incómoda, es dinamitar las leyes del whodunit y no permitirnos saber más que los protagonistas... otra diferencia con Hitchcock), pero que le puede dejar el buen regusto de pensar que ha visto una peli inteligente. Y, miren, quien más y quien menos pensará que bien vale el precio de una entrada ver unos espaguetis encima de los bellos senos de la talentosa Leonor Watling. Pero a nosotros nos sabe a poco, acostumbrados a un De la Iglesia sin corsés, enérgico y energético, capaz de contar las historias más absurdas con la mayor claridad y afortunadamente enganchado al exceso. Está muy bien que el director demuestre que sabe cómo encarar un proyecto de estas características y manejarse sobradamente bien en territorio más o menos ajeno. Y por eso, decía, él puede estar orgulloso de Los crímenes de Oxford. Es más, debe hacerlo, porque las muestras de valor y de entrega al género no es que sean muy fáciles de ver en nuestro cine.

Entonces, ¿en qué quedamos? Porque alguno puede pensar que me estoy contradiciendo... cuando no es así. En resumidas cuentas lo que pretendo decir es que la película está bien, pero es poco viniendo de Álex de la Iglesia y lo mismo que la firma él lo podría haber hecho, salvo por cuatro escenas sueltas, el Ron Howard de El código Da Vinci. En cualquier caso, es interesante destacar la posibilidad de entender todo esto como una gran broma de Álex; intenten asimilar la cinta como una falsificación del thriller (recuerden uno de los escenarios finales), como una manipulación maquiavélica de sus axiomas, como una patada en la entrepierna de los que en las películas de suspense se jactan de averiguar antes que nadie quién es el asesino. Quizá, aunque no nos guste, ahí esté la clave de lo que el director ha pretendido hacer: si los protagonistas son expertos matemáticos que creen que pueden descifrar la serie lógica que les ayude a solucionar el misterio de los crímenes, nosotros seríamos los curtidos en thrillers que, a medida que transcurre el largometraje, vamos cayendo progresivamente en la impotencia de sabernos condenados al fracaso en cuanto a voyeurs detectives. Si Álex de la Iglesia, con su manera de no dar lo que se esperaba de él pero tampoco lo que desearíamos en una cinta de este tipo (pistas a seguir, falsos culpables sospechosos, escenas impactantes, una explicación final reveladora y que nos ayudara a componer el rompecabezas...), quería hacernos quedar como veladores de lo convencional, lo ha conseguido con creces. Así que, aunque Los crímenes de Oxford sea la película suya que menos me guste, bravo por él.