(Stone Cold. Craig R. Baxley. EEUU, 1991. 93 minutos) Hubo una época en la que tener Canal Plus significaba algo, cuando sólo los abonados a ese sistema prodigioso tenían las puertas abiertas para recibir en sus casas el cine más reciente y espectacular, mucho antes de que el resto de la humanidad pudiera visionarlo en su salón con cortes publicitarios, formatos no respetados y títulos de crédito seccionados gracias a Teta-5 o Ampena 3. Yo nunca tuve Canal Plus en casa, pero tampoco dejé de disfrutarlo. Durante un tiempo me bastaba con ir a casa de mi abuelo y tragarme cada nuevo pase de los títulos que más me gustaban. Cada mes era sagrado coger la revista de la programación y hacerme un calendario para no perderme nada, marcando con un rotulador cada cita imprescindible con el descodificador celestial. Pero había un problema: mi abuelo por aquella época no tenía vídeo. Y yo, que ya había empezado a sentir la necesidad no sólo de ver esos estrenos, sino también de tenerlos (un Síndrome de Diógenes fílmico que me acompañará por los restos), tuve que buscar una alternativa. A partir de entonces sondeaba en el colegio a cualquiera que pudiera echarme un cable y no me faltaron amigos a los que di la lata, una y otra vez, de manera infatigable y cansina, pasándoles cintas vírgenes y recordándoles que si no me grababan esa última reposición de Game Over o Suburban Commando arderían en las llamas del averno por los siglos de los siglos. O casi. Años después yo me acabaría convirtiendo en el videoclub gratuito con más títulos y clientes del pueblo, pero esa es otra historia... A todos los que di la lata y molestaba a la hora de la siesta, gracias y disculpas por mis encargos intempestivos. Frío como el acero llegó a mis manos gracias a ellos.
"Mucha nostalgia y ñoñería para un film de hostias", estarán pensando algunos de ustedes. Pero es que Frío como el acero es una de esas cintas que, como ya he dicho de otras que he citado en el blog, forman parte de mi educación sentimental y mi formación como cinéfago. Es una de esas pocas películas que te harían pensar algo como "si el planeta fuera a reventar esta tarde, si tuviera que morir hoy, por favor, que lo haga cuando haya terminado la peli". Es un título para tipos duros hecha por tipos duros, de esos que podrían encenderse una cerilla en el escroto sin siquiera pestañear, mientras recitan cronológicamente, con un cigarro casero y torcido entre los labios, la filmografía de Walter Hill, al mismo tiempo que con la mano que les queda libre se acicalan el mullet. Frío como el acero es puro first nineties: aún con los ojos puestos en el cine de acción de la década anterior, rescata sus parámetros y los exagera hasta llevarlos al límite, con protagonistas más amorales, impactos de bala cada vez más grandes, explosiones gratuitas, chicas fáciles y predispuestas a todo, justicia al margen de la ley, mucho AOR (antes de la aparición del grunge como música favorita de los teenagers y de la masificación del hip-hop como banda sonora habitual de los action heroes) y un protagonista que se anunciaba como la futura estrella del género (¿recuerdan a Jeff Speakman y su Arma Perfecta?). Brian Bosworth no sabía artes marciales, puede que tampoco supiera actuar, pero quedaba bien encima de una moto y estaba más que acostumbrado a regalar tollinas y porrazos entre touchdowns cuando era conocido como The Boz. Ni siquiera consiguió después de su debut cinematográfico ninguna otra cinta que pudiéramos calificar más allá de simpática. Pero no importa, porque interpretando a Joe Huff y su alter ego John Stone en Frío como el acero, que es la que nos importa, está pluscuamperfecto y no se deja amilanar por la presencia de dos titanes malignos como son Lance Henriksen y William Forsythe en sus papeles de Chains e Ice, respectivamente. Empero, lógicamente, Henriksen y Forsythe, robaescenas natos, se convierten en dos de los pilares en los que se sustenta el film, encarnaciones perversas de la crueldad y la chulería más enfermiza en constante lucha por demostrar quién tiene los cojones más gordos de todo el reparto. Al mando de toda esta reunión de testosterona desatada pusieron a Craig R. Baxley, quien venía de dirigir episodios de El Equipo A y, sobre todo, dos actioners bien majetes como fueron Acción Jackson y Dark Angel. Su buena mano para las persecuciones (raccord aparte: miren ese pañuelo que aparece y desaparece de la cabeza de Forsythe durante su segundo lance en el asfalto contra Bosworth) se deja notar a base de bien, apoyándose en un equipo de especialistas que echa el resto en las numerosas y potentes secuencias de acción, entre las que destaca una en la que intervienen un helicóptero y una moto que sería retomada un año después por James Cameron en la mastodóntica Terminator 2 (posiblemente el mejor largometraje de acción de todos los tiempos si mi amor por Blanco Humano no me impidiera darle tal categoría). En cuanto al argumento, del que no había hablado hasta ahora porque en realidad es irrelevante, destacar la gran similitud que guarda con el de otra película posterior, Recuerdos que matan, protagonizada en 1992 por Charlie Sheen: poli rebelde se infiltra en una banda de moteros para reunir pruebas que le permitan arrestarles de por vida y se ve inmerso en una espiral de violencia, tráfico de armas, drogas y lo que caiga. Un clásico. La gracia está en que en Frío como el acero el grupo criminal está representado como una especie de Familia a lo Manson, The Brotherhood, con iconografía cristiana y nazi, alojada en una especie de paraíso terrenal en el que las mujeres se duchan al aire libre en medio del patio y nunca falta el vicio que más rabia le dé a uno en ese instante. Visto así, igual algún espectador no entiende el motivo del protagonista para desbaratarlo todo, pero esto se arregla con el factor venganza, introducido en los últimos minutos y que da el impulso definitivo a Stone para arrasar todo lo que se le ponga por delante con tal de acabar con Chains y sus secuaces. Así que cómo resistirse: Lance Henriksen + William Forsythe + Héroe con pintas raras y mullet + motacas + tiarronas + infiltración + venganza + explosiones = peliculón. No me extraña en absoluto que tenga fans tan flipados que hasta hagan concentraciones esporádicas para conmemorar lo que ellos llaman THE GREATEST ACTION MOVIE OF ALL TIME!

Termino haciendo un llamamiento público a la poca gente de mi pueblo que lee el blog (si es que alguno lo hace) : si fuiste tú la persona a la que dejé mi vhs original de
Frío como el acero que jamás recuperé, haz el favor de devolvérmela en el caso de que no la hayas tirado a la basura como si fuera tuya. Si te da vergüenza dármela en persona, por aquello de que han pasado AÑOS desde que te la apropiaste vilmente, al menos échala en el buzón tan hermoso que tengo en mi puerta, que no cuesta nada y encima me das un alegrón. Y si no lo haces, tampoco pasa nada. Que John Stone te pase con su moto por encima de donde más te duela. Mamón. Y quedamos en paz.