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27 mar 2012

'Black Dynamite'

(Black Dynamite. Scott Sanders. Estados Unidos. 2009. 84 minutos) El género Blaxploitation, aquel surgido en Estados Unidos durante la década de 1970 a mayor gloria de protagonistas (y espectadores) afroamericanos, ya había sido parodiado en varias ocasiones antes de este Black Dynamite. Por poner dos ejemplos, ahí tienen Sobredosis de oro (I'm gonna git you sucka. Keenen Ivory Wayans, 1988), por la que se paseaban los mismísimos Jim Brown e Isaac Hayes, o la más reciente Undercover Brother (Malcolm D. Lee, 2002), algo así como una versión afro de Austin Powers protagonizada por Eddie Griffin y con cameo de James Brown. Sin embargo, ninguna de ellas llegaba a los niveles que alcanza la película que nos ocupa, auténtica maravilla que todavía espera estreno en España y que debería ser considerada como una de las obras maestras de las spoof movies, a la altura de clásicos como Top Secret (Top Secret!. Jim Abrahams, David Zucker, Jerry Zucker, 1984), Agárralo como puedas (The Naked Gun: From the Files of Police Squad!. David Zucker, 1988) o Hot Shots 2 (Hot Shots! Part deux. Jim Abrahams, 1993). Basada en una historia ideada por los propios protagonistas, Michael Jai White y Byron Minns, relata la cruzada del ex-agente de la CIA Black Dynamite en busca de la venganza por la muerte de su hermano, para lo cual se aliará con un grupo de camellos y proxenetas y llegará hasta las más altas esferas de Washington para encontrar al hombre (blanco) detrás de toda una trama para acabar con la raza negra.  

LO MEJOR: Que cuando parece que no puede ir a más, la
película se supera a sí misma.
LO PEOR: Que no se haya estrenado en España.
Habría que ser un experto en Blaxploitation para reconocer todos los guiños que Black Dynamite hace a clásicos del género (y si no lo son, aquí tienen una guía), pero basta con ser un espectador abierto de miras y con sentido del humor para dejarse arrollar por el torrente de estímulos cómicos que la película arroja sin cesar ante nuestros ojos. Todo lo que asocian a este tipo de cine está aquí: un protagonista chulo como él solo; bigotes, patillas y pelos a lo afro sin ningún rubor; féminas de buen ver que caen rendidas a los encantos del héroe (Black Dynamite es capaz de hacer el amor a tres chicas a la vez, cada una de una raza distinta); alianzas con delincuentes para hacer el bien; persecuciones con coches más grandes que la vida; pistolas con cañones de medio metro de largo; peleas de Karate y Kung-Fu a lo Jim Kelly; una banda sonora extraordinaria; y, finalmente, la figura del poder blanco como el enemigo más poderoso (aquí llevándolo al paroxismo cuando se nos descubre quién es el verdadero villano de la película). Todo ello mostrado desde un punto de vista reverencial y, al mismo tiempo, paródico, con un montaje voluntariamente abrupto y chistes a costa de la precariedad de medios (y, a veces, simple torpeza técnica) con la que se enfrentaban en ocasiones los cineastas que abordaban este género (tronchante es el momento en el que Michael Jai White sigue recitando sus líneas con toda la seriedad del mundo mientras ve cómo un micrófono se le viene encima). Ahora vendría el momento de hablar sobre lo malo, pero resulta que esta vez no hay nada que destacar en la parte negativa. Black Dynamite es todo lo buena que podría ser y cada uno de sus ochenta y pocos minutos se disfrutan al máximo, especialmente si uno conoce bien los códigos del cine de acción y es receptivo a que se mofen de ellos, llevándolos al extremo si hace falta, para construir una comedia perfecta que deja con ganas de más y que nos obliga a mover los pies y a ejercitar la sana carcajada. ♪Dynamite... Dynamite♪

25 mar 2012

'Negocios sucios'

(The 51st State. Ronny Yu. Reino Unido / Canadá. 2001. 88 minutos) Los años noventa fueron muy locos para el cine de acción: ante el decreciente interés del público por los héroes de toda la vida, se optó por recurrir a los servicios de savia nueva para el género y para Hollywood, con resultados no siempre óptimos y no siempre más atractivos para la taquilla. Por un lado, comenzó la tendencia de convertir en action-heroes a actores dramáticos, lo cual es la norma hoy en día e iba en detrimento de la credibilidad de las secuencias de acción. La otra estrategia consistió en importar el talento de los cineastas de Hong Kong, siendo Jean-Claude Van Damme el más listo al ponerse a las órdenes de John Woo (Blanco humano, 1993), Ringo Lam (Al límite del riesgo, 1996; Replicant, 2001; Salvaje, 2003) y Tsui Hark (Double team, 1997; En el ojo del huracán, 1998). Curiosamente, el desenfreno visual de estos maestros de la cinética no terminaría de cuajar en la industria norteamericana, como tampoco consiguieron establecerse Kirk Wong (con Equipo mortal, 1998) ni quien nos ocupa en esta reseña, Ronny Yu. Responsable en Hong Kong de un clásico del calibre de La novia del cabello blanco, Yu se presentó en Occidente con la marcianísima Guerreros de la virtud (Warriors of virtue. 1997) y resucitó la saga del Muñeco diabólico con La novia de Chucky (Bride of Chucky, 1998). Sin embargo, Negocios sucios pasó con más pena que gloria por donde se estrenó. Y, al verla, uno entiende por qué. 

LO MEJOR: El cúmulo de insensateces.
LO PEOR: Pierde gas a medida que avanza.
Lo que empieza casi como una película de Cheech & Chong se acaba convirtiendo en algo así como una versión hooligan de El último boy scout (The last boy scout. Tony Scott, 1991) pasada por el filtro politoxicómano de Trainspotting (Danny Boyle, 1996), con Samuel L. Jackson paseándose por ahí con una falda escocesa, Robert Carlyle jugándose el pellejo por unas entradas de fútbol, Meat Loaf con media cara quemada haciendo de un tipo al que llaman El Lagarto, Emily Mortimer jugando a que es la mujer más sexy sobre el planeta y un Rhys Ifans on fire. Todos ellos dirigidos por un chino perdido en Liverpool y metidos en una absurda trama de tráfico de pastillas de esas que dicen que le ponen a uno al 150%. Es decir, demasiado para el público convencional, pero casi una delicia para los amantes de lo trash como nosotros. Y digo casi porque, al contrario de lo que ocurre con esa joya de lo absurdo que es En el ojo del huracán, la cinta de Yu no es capaz de mantener todo el tiempo el mismo nivel de locura ni de ir a más, algo que supone un ligero escollo pero que se perdona por secuencias tan pasadas de rosca como la de la fiesta rave o la del grupo de skins nazis cagándose encima (literalmente). Y, aunque el clímax final funcione a bajas revoluciones, sólo por ver el uso que le dan a un paraguas ya merece la pena. Ronny Yu seguiría a tope en la imprescindible Freddy contra Jason (Freddy vs. Jason. 2003) para luego volver a China y dar lecciones sobre cómo rodar secuencias de artes marciales en la potente Fearless - Sin miedo (Huo Yuan Jia, 2006), también menospreciada por los amargados de siempre, antes de dirigir un episodio de Fear itself en 2008 y regresar definitivamente a la ex-colonia británica para filmar Saving General Yang (2012), quizá harto de ser ninguneado en tierras yanquis. Ellos se lo pierden. 

21 mar 2012

'The Iceman Cometh'

(Ji dong ji xia. Clarence Fok. Hong Kong. 1989. 114 minutos) Ver pelear a Yuen Biao siempre es un bálsamo para la vista. Si, además, lo hace contra alguien tan preparado como Yuen Wah, el resultado sólo puede convertirse en una de las cimas de la elegancia, la ferocidad y las capacidades acrobáticas de las artes marciales. Esto es lo que sucede en The Iceman Cometh, película de Clarence Fok en la que Yuen Biao interpreta a Fong Sau-Ching, un guardia real de la Dinastía Ming que tiene la misión de atrapar a Fung San (Yuen Wah), un despiadado asesino que estudió con Fong pero que se dejó llevar por los vicios, el poder y la violencia. Durante una pelea, ambos quedan atrapados en un bloque de hielo que no será hallado hasta varios siglos después, en el Hong Kong de 1989. Una vez reanimados, los dos guerreros continuarán su lucha en una época que desconocen, al tiempo que entra en la ecuación una prostituta llamada Polla (Maggie Cheung), que es prostituta y... y se llama Polla... y es prostituta y se llama Polla... en fin, ¿qué culpa tienen los guionistas? Si están pensando en lo mucho que se parece al  argumento de la posterior Demolition Man (Marco Brambilla, 1993), están acertando. Si al leer esto se han acordado también de la coetánea Warlock, el brujo (Warlock. Steve Miner, 1989) y de la anterior Los Inmortales (Highlander. Russell Mulcahy, 1986), siguen estando en lo cierto: The Iceman Cometh toma prestadas algunas ideas y anticipa otras de ellas, pero les gana por goleada en lo que más le interesa, que no es otra cosa que la acción. 

LO MEJOR: Evidentemente, las escenas de acción.
LO PEOR: La bobalicona subtrama romántica.
Y es que, sin despreciar los valores de Demolition Man, Warlock y Los Inmortales (todas ellas recomendables y necesarias), ningún efecto especial puede competir con las proezas de Yuen Biao y Yuen Wah, también coreógrafos de las escenas de acción junto con los veteranísimos Yuen Tak y Chin Kar Lok (el hombre que se escondía detrás de algunos de los stunts de Jackie Chan, así que olvídense de una vez por todas de la cantinela de que el bueno de Jackie no usaba dobles). El problema es que en casi dos horas de metraje son pocos los enfrentamientos entre ambos, y lo que hay entre medias no es precisamente memorable: después del prólogo, Yuen Biao comienza a protagonizar una comedia romántica con Maggie Cheung en la que el director no evita los socorridos (y manidos) chistes a costa del viajero del tiempo (lavarse la cara en la taza del wc, pensar que lo que emite la televisión está ocurriendo de verdad, temer a los automóviles como si fuesen monstruos diabólicos, etc.) hasta que, por fin, recuerda que tenía un enemigo que probablemente esté por ahí haciendo de las suyas y es entonces cuando decide seguirle el rastro. Toda esta parte central hace que el conjunto quede bastante deslucido, pero lo demás (las secuencias de acción y  los efectos especiales de la vieja escuela, pintados a mano sobre los propios fotogramas) es para levantarse del sillón y aplaudir. De ahí que el visionado de The Iceman Cometh transcurra entre el bochorno y el asombro, pero, si son fans del cine de Hong Kong y no la han visto, no deberían perdérsela por nada del mundo.

Nota: Esta vez no he localizado el tráiler, así que les dejo un vídeo donde pueden ver la pelea final entre estos dos titanes. Y, repito, es el final, así que vean el vídeo bajo su responsabilidad.

3 mar 2012

Enamorado de la moda juvenil.


Aquí tienen mi última aportación al periódico Crónicas de un Pueblo, donde aprovecho para recomendar una película que me ganó por completo y, de paso, cargo un poco sobre los prejuicios que muchos tienen hacia el cine comercial, especialmente si está hecho en España. 


   La canción de Radio Futura sonando a todo trapo en los altavoces de la sala de cine, unos jóvenes fantasmas bailando en la pantalla del mismo modo en que lo hacían los protagonistas de “El club de los cinco” (The breakfast club. John Hughes, 1985) y la mejor compañía posible sentada en la butaca de al lado. Si eso no es la felicidad que me parta un rayo ahora mismo. Y es justo lo que experimenté cuando fui a ver “Promoción Fantasma” (Javier Ruiz Caldera, 2012), una película modélica que debería ser vista por todo el mundo y que, injustamente, ha tenido que superar algunas críticas de gente que no la ha visto y que probablemente no la piensa ver. Todo por culpa de los malditos prejuicios. Esta gente se queja de que se haga comedia pensando en el público, como si querer hacer taquilla fuera delito o fuera necesariamente en detrimento de la posible calidad de una película. ¿Entonces la ecuación correcta cuál es? ¿Si la quiere ver mucha gente es mala y si sólo la quieren ver unos cuantos es buena? Yo soy el primero que desconfía de los gustos de la mayoría, más que nada porque no suelo estar de acuerdo con ellos, pero… ¿no creen que algo pueda ser comercial y bueno al mismo tiempo? Muchos dicen que no. “Promoción Fantasma” dice que sí. Y ahí es donde triunfa, en estar perfectamente concebida como entretenimiento de masas y, al mismo tiempo, presentar un guión sugerente, emotivo, lleno de inteligencia, nostalgia y sentido del humor. Y con una coherencia desarmante.
   
   ¿Es malo que su referente sea la comedia norteamericana de los años ochenta? Muchos dicen que sí. Yo digo que por qué. No entiendo por qué está bien que algunos directores españoles imiten el cine social inglés, la nouvelle vague francesa o el neorrealismo italiano y está mal que se haga un homenaje al tipo de cine con el que todos nos dejábamos las pestañas frente a la tele y el vídeo hace veinte años. ¿Cuestión de prestigio? Cuestión de esnobismo, diría yo. A ver si nos enteramos de una vez de que “Los Cazafantasmas” (Ghostbusters. Ivan Reitman, 1984) o “Regreso al futuro” (Back to the future. Robert Zemeckis, 1985) son tan importantes para la historia del cine y para nuestra educación cinéfila como “Los cuatrocientos golpes” (Les quatre cents coups. François Truffaut, 1959) o cualquier otro clásico intachable, y que cada una en su terreno es una obra imperecedera. Yo digo sí a que el cine español ponga sus ojos sobre la comedia adolescente, digo sí a la moda juvenil, digo sí a que se corra el riesgo de producir cintas tan aceptables como “Fuga de cerebros 2” (Carlos Therón, 2011), tan simpáticas y eficaces como “No controles” (Borja Cobeaga, 2010) o tan inaguantables como “Campamento Flipy” (Rafa Parbus, 2010), y que éstas compartan cartel con “No habrá paz para los malvados” (Enrique Urbizu, 2011) y “Pan negro” (Pa negre. Agustí Villaronga, 2010). Y digo rotundamente NO a los que se oponen al disfrute evasivo y sano que supone un largometraje como “Promoción Fantasma”. No especialmente porque se nieguen a verla, sino porque duden de la salud mental o el criterio artístico de los que sí lo hemos hecho… y estamos más que dispuestos a hacerlo de nuevo. Dejadnos disfrutar en paz.

1 mar 2012

'Four lions'

(Four lions. Christopher Morris. Reino Unido / Francia. 2010. 97 minutos) Hace aproximadamente un año, los medios de comunicación se hicieron eco del que sería el siguiente proyecto de Borja Cobeaga: una comedia titulada Fe de etarras en la que narraría la convivencia en un piso franco de un comando de ETA formado por una pareja en crisis, un antiguo militante y un andaluz demasiado concienciado con la causa independentista. Los que hemos reído con Los Batasunis sabemos que se puede extraer humor de un tema tan peliagudo, ya que si de algo se reían en esa serie de sketches de Vaya Semanita era de la ligereza mental de algunos miembros de la kale borroka, en ningún caso de las víctimas o de la seriedad del conflicto vasco. Sin embargo, las reacciones adversas de parte de la prensa y de los ciudadanos en general no se hicieron esperar. Los ingleses, que han vivido muchos años con miedo por culpa del IRA y que también han sufrido en sus propias carnes el terrorismo islámico, saben que el humor es una gran forma de curar heridas, no de reabrirlas, y por eso han hecho posible esta desarmante comedia que gira en torno a un grupo de yihaidistas con poca actividad cerebral y demasiada pasión por lo suyo.

LO MEJOR: Su valentía.
LO PEOR: Algunas situaciones demasiado dilatadas.
Four lions es una película que hace reír, eso por descontado, pero está muy lejos de resultar una parodia bufa de los terroristas en plan Mentiras arriesgadas (True lies. James Cameron, 1994). Aquí, los protagonistas son ellos y es a través de su mirada como conocemos las motivaciones para sacrificarse por la causa: algunos de ellos se entregan a tal efecto plenamente concienciados, mientras que otros lo hacen por pura inercia, porque se supone que es lo que se debe hacer y jamás se han cuestionado la utilidad de sus acciones violentas y suicidas. Esto provoca discusiones entre los personajes que, en ocasiones, se estiran tanto y dan tantas vueltas sobre sí mismas que acaban por resultar agobiantes, reiterativas y cansinas, convirtiéndose esto en el mayor defecto de una película que, salvo por estos momentos puntuales, transcurre a ritmo adecuado y no cae en el aburrimiento. Con lo que quizá no cuenten antes de verla es con que habrá otros instantes que les congelarán la sonrisa y les harán sufrir, llevándoles a un estado de tristeza que se acentúa en unos créditos finales que le hacen a uno abandonar la sala con una sensación de malestar bastante importante. Al fin y al cabo, Four lions, con todas sus escenas cómicas, habla sobre un tema muy serio y que quizá nunca habíamos visto reflejado de este modo en ninguna cinta. Así, la mayor virtud de la película no es que funcione como comedia perfecta (algo que no consigue, desde mi punto de vista, ya que algunos instantes impiden que la acción avance y pueden crear cierta impaciencia en el espectador), sino la valentía que desprende por atreverse a tratar un tema tan complicado como este desde un prisma tan humano.

11 ene 2012

'New Kids Turbo'

(New Kids Turbo. Steffen Haars, Flip Van der Kuil. Holanda. 2010. 85 minutos) En 1986 el holandés Dick Maas consiguió uno de los mayores éxitos del cine de su país gracias a una delirante comedia que atentaba contra el buen gusto y que, con el tiempo, acabaría convirtiéndose en una saga cinematográfica y una serie de televisión. Su título en España fue Una familia tronada, pero seguramente les sonará más si les digo que sus protagonistas son los miembros de la familia Flodder. Aunque localista, el humor de la película consiguió rebasar fronteras debido a que era fácil entender su propósito: ridiculizar a las clases altas mediante el viejo truco de colocar entre ellos a un grupo de indeseables, maleducados y descarados individuos. No ha ocurrido lo mismo, en cambio, con esta otra muestra del humor cafre de los Países Bajos, la primera adaptación cinematográfica de una serie de sketches televisivos que, con el nombre de New Kids Turbo, no ha conseguido traspasar los límites geográficos en los que fue ideada. Y eso a pesar de que su punto de partida puede resultar interesante para cualquiera, teniendo en cuenta el estado de recesión económica en el que nos encontramos: en el pequeño pueblo de Maaskantje, cinco amigos se quedan en el paro el mismo día debido a su incompetencia; cuando ven que las prestaciones sociales no les dan para mantener su ritmo de vida absurdamente derrochador, deciden que van a rebelarse contra el sistema y que, si el Estado no les da más dinero, ellos tampoco van a darle más dinero al Estado, por lo que comienzan a robar cualquier cosa que se les antoje. En un clima de crisis mundial, los cinco mequetrefes se convierten en involuntarios líderes revolucionarios cuando una cámara de televisión consigue retransmitir uno de sus enfrentamientos con la policía, generando una oleada de vandalismo y robos a escala internacional de gente que les ha tomado como ejemplo. Ante tal circunstancia, el gobierno se ve obligado a actuar de manera expeditiva y convierte Maaskantje en un campo de guerra.

LO MEJOR: El impacto inicial y su hilarante versión del
cine social.
LO PEOR: La pérdida de fuerza que sufre en el segundo acto.
Como ven, la premisa resulta lo suficientemente atractiva y universal como para que la película se hubiera exportado con éxito, pero si no lo ha hecho ha sido básicamente porque su burdo y ofensivo sentido del humor la convierte en un material demasiado incómodo para la corrección política a la que estamos acostumbrados. New Kids Turbo puede entenderse como cine social, sí, pero también es la película más bestia, inconsciente y obscena que he visto en mucho tiempo, al menos fuera del género de terror. No hay nada que sus responsables (también dos de los protagonistas de la cinta) crean tan sagrado como para no considerarlo objeto de burla, ya sean las deficiencias psíquicas o el sexo delante de menores de edad, de tal modo que, acostumbrados como estamos ya a un humor más amable, no resulte extraño que se nos congele la sonrisa ante la perplejidad que pueden provocar algunos de los chistes que pasan delante de nuestros ojos. New Kids Turbo es tan bestia que si alguien se decidiese a censurarla y remontarla para hacerla más digerible de cara al público internacional, su duración quizá no llegaría ni a los sesenta minutos, aunque muchas veces sea más por lo que sugiere que por lo que muestra. Si uno consigue abstraerse lo suficiente y entregarse al arsenal de estímulos cómicos y moralmente dudosos, quizá consiga disfrutar de New Kids Turbo como la gran experiencia chorra que es, con sus running gags, sus escenas de acción desbocadas y sus chistes primarios. Pero, ojo, también hay que decir que una vez pasada la impresión inicial, cuando ya estamos algo anestesiados, la película se vuelve algo rutinaria y sufre de unas pérdidas de interés bastante importantes, antes de remontar durante un clímax final lleno de pólvora. Siendo consciente de sus fallos y todo, sólo me queda decir que la segunda parte ya está lista, se titula New Kids Nitro y en ella salen zombis...

11 nov 2011

'30 minutos o menos'

(30 minutes or less. Ruben Fleischer. Estados Unidos. 2011. 83 minutos) Ruben Fleischer está a punto de ponerse serio. O, al menos, eso parece indicar el proyecto en el que se encuentra enfrascado ahora mismo, una película titulada Gangster Squad sobre los esfuerzos de la policía de Los Angeles por impedir que la mafia de la Costa Este de los Estados Unidos consiga instalarse en su territorio. Antes de que eso ocurra, y sin saber todavía si dicha cinta supondrá el comienzo de un nuevo rumbo en su carrera o simplemente un experimento, tenemos ahora la oportunidad de disfrutar de 30 minutos o menos, película desenfadada y divertida en la línea de su anterior Zombieland (2009). De nuevo con el protagonismo de Jesse Eisenberg, Fleischer nos adentra esta vez en un relato de perdedores en el que un repartidor de pizzas se ve obligado a atracar un banco a contrarreloj, si no quiere que la bomba que sus extorsionadores le han colgado en el pecho le haga saltar por los aires. La premisa le sirve al director para homenajear al género de acción, planteando una buddy movie en la que los héroes se ven obligados a delinquir y en la que los villanos no son mafiosos ni terroristas, sino dos paletos que necesitan dinero para montar un puticlub y no quieren mancharse las manos en el proceso. 

LO MEJOR: Los instantes en los que aprieta el acelerador y
deja un poco de lado el patetismo de sus protagonistas.
LO PEOR: Que demuestra cierta falta de energía que no se
dejaba ver en Zombieland.
Se puede decir que Fleischer consigue su objetivo de rendir tributo explícito a películas como Arma letal (Lethal weapon. Richard Donner, 1987), Jungla de cristal (Die hard. John McTiernan, 1988) o Le llaman Bodhi (Point break. Kathryn Bigelow, 1991), pero no termina de convertir a 30 minutos o menos en una suma de puntos comunes ni en un homenaje tan efectivo o una parodia tan certera como lo era Zombieland en su género. En esta ocasión potencia el poso deprimente que ya estaba presente en aquélla, incidiendo en la penosa situación vital de unos personajes que a duras penas conseguirán salir de su miseria moral ni económica, al tiempo que plantea una idea que tiene algo de reivindicativo: el ahora tan famoso bromance (término anglosajón que suma las palabras "Brother" y "Romance" y que sirve para describir relaciones de amistad entre hombres heterosexuales que rayan en lo amoroso) que se le quiere adjudicar a Judd Apatow y compañía, ya era algo común en el cine de acción e incluso iba más allá, adquiriendo, en el caso de los villanos, tintes obviamente homosexuales. 30 minutos o menos no quedará en el recuerdo como sí lo hizo el anterior trabajo de Ruben Fleischer, pero resulta una cinta apreciable y correcta dentro de sus simpáticas y modestas aspiraciones.

29 jul 2011

'Paul'

(Paul. Greg Mottola. Estados Unidos / Reino Unido. 2011. 104 minutos) Paul se presentaba, a priori, como uno de los platos más apetecibles de este verano, un producto que podría saciar nuestras ansias de nostalgia fantástica hasta la llegada de Super 8 y que suponía el regreso de un tándem que nos ha dado bastantes alegrías en el pasado. Gracias a Zombies Party (Shaun of the Dead. Edgar Wright, 2004) y Arma fatal (Hot fuzz. Edgar Wright, 2007), Simon Pegg y Nick Frost se convirtieron en referentes de los espectadores más freaks: sin perder ese tono cáustico tan british y amparándose en la parodia, ambos actores (con la inestimable ayuda de Edgar Wright) hicieron realidad los sueños húmedos de muchos, al conseguir filmar dos películas que irradiaban un amor genuino por dos géneros que nos vuelven locos, como son el cine de zombis y el de acción. Aunando de manera magistral el sentido del humor con el del terror y la espectacularidad, respectivamente, llevaron las películas de colegas a un territorio sofisticado y netamente flipado a la vez. Aspiraban a hacer, en definitiva, la Super Película de Zombis y la Super Película de Acción, reuniendo en ellas todo lo que nos gusta de ambos estilos.  

LO MEJOR: La honestidad freak de Frost y Pegg. Jason
Bateman pasándoselo en grande.
LO PEOR: Paul y sus gracias sin gracia. Seth Rogen resulta
cargante hasta disfrazado de CGI.
Ahora, sin la ayuda de Edgar Wright y contando como director con el algo sobrevalorado Greg Mottola (Supersalidos), Frost y Pegg acometen un nuevo acercamiento hacia las fantasías del fandom: realizar la película que todos los asistentes a la Comic-Con querrían vivir en la vida real, una aventura en torno a la ufología, a las conspiranoias y a la fantasía como válvula de escape, en la que dos pringados que viven de sus ensoñaciones acaban topándose de bruces con uno de sueños, nada menos que un extraterrestre. Curiosamente, todo lo que hay alrededor de la trama principal funciona bien: la descripción de los protagonistas, el ambiente de road-movie, los hombres de negro que les persiguen, la voz misteriosa que mueve los hilos detrás de un teléfono, los guiños a Spielberg (con cameo peculiar incluido) y George Lucas (imposible no sonreír en la escena en la que entran en un bar de carretera y suena esa música). Pero la película fracasa en lo relativo a Paul, esa versión pretendidamente socarrona de E.T. que acaba resultando un elemento antipático y contraproducente. A estas alturas, ver a un alien enseñando el culo o haciendo un "Fuck you" con el dedo no le puede hacer gracia a nadie mayor de doce años, con lo cual ese intento de construir un humor adulto y crepuscular (porque la cinta no reniega, en cierto modo y de manera dulcificada, del patetismo inherente a los protagonistas) se va al garete. Se produce así cierta incomodidad, ya que tenemos la sensación de estar ante una oportunidad desaprovechada de hacer por el cine de encuentros extraterrestres lo mismo que hicieron Zombies Party y Arma Fatal por sus referentes: un homenaje sentido y sincero, sin demasiadas contaminaciones de la comedia escatológica y coyuntural. En ese sentido, Paul se queda a medias de lo que podría haber sido, pero al mismo tiempo no deja de ser un producto bien hecho, entretenido y (salvo por Paul) bastante simpático. 

22 may 2011

'House of Fury'

(Jing mo gaa ting. Stephen Fung. Hong Kong. 2005. 102 minutos) Ya lo hemos visto otras veces y House of Fury es un ejemplo más: hay películas que empiezan de manera tan fuerte que luego es imposible que estén a la altura de sus primeros minutos. Aquí se nos muestra a Yue Siu Bo (Anthony Wong) luchando contra un puñado de ninjas de colores en un prólogo lleno de una acción brillante y tan bien coreografiada como era de esperar viniendo de Yuen Woo-Ping. Pronto descubrimos que los efectos especiales y las exageraciones de este fragmento están de algún modo justificados, ya que lo que vemos es una narración que Siu Bo hace a un grupo de chavales que le escuchan a medio camino entre la incredulidad y la fascinación. Los que no sienten ya ningún interés por las historias de Siu Bo son sus hijos, Nicky (Stephen Fung) y Natalie (Gillian Chung), hartos de escuchar relatos de su padre sobre un supuesto y emocionante pasado que tuvo como agente secreto. Como si esto fuera Spy Kids (Robert Rodriguez, 2001), los jóvenes cambian de opinión cuando su padre es secuestrado por un antiguo enemigo, Rocco (Michael Wong), y tienen que pedir ayuda a Ella (Charlene Choi, la otra mitad de las Twins junto a Chung), Jason (Daniel Wu) y el Tío Chiu (Wu Ma) para poder enfrentarse a expertos luchadores (entre ellos Jon Foo) y salvar la vida de su progenitor. Lamentablemente, como decía, el arranque de la cinta tiene tanta fuerza que las escenas de acción que vienen después saben (muy relativamente) a poco. 

LO MEJOR: Anthony Wong en clave heróica y tragicómica.
LO PEOR: Es demasiado blanda,  algo justificado si tenemos
en cuenta el público al que va dirigida.
Como ven, las similitudes con la primera parte de la saga de los miniespías mexicanos son más que evidentes, pero el hecho de que en Hong Kong se aprovechen de un éxito de Hollywood para hacer su propia versión nunca nos ha supuesto un problema, sino más bien diría que lo contrario, ya que si hablamos de cine de acción la ex-colonia británica supera a Estados Unidos en cuanto a espectacularidad física y complejidad coreográfica, con lo cual en ese sentido siempre van a salir ganando las versiones orientales sobre las occidentales. House of Fury también es un ejemplo de esto, y no sólo en calidad sino también en cantidad, ya que Stephen Fung (en su segundo título como director después de haber ejercido como guaperas oficial de la industria cinematográfica hongkonesa) se preocupa menos aquí por lucirse delante de las cámaras y más por ofrecer una sucesión imparable de peleas bien dirigidas y montadas. Y aprovecha cualquier ocasión para ello: una discusión por el mando a distancia entre dos hermanos acaba aquí con medio salón destrozado y unas cuantas magulladuras. La pega es que responde también al patrón de esa vertiente de cine familiar producido por Jackie Chan (que es quien está económicamente detrás de la película, junto a Willie Chan y Solon So), donde todo resulta demasiado amable, blanco y apto para todos los públicos. La mano de Jackie se nota aquí a pesar de que no participe como actor, aunque no le echamos en falta gracias al inmenso Anthony Wong, alguien más acostumbrado a interpretar personajes odiosos que héroes simpáticos, totalmente creíble aquí como experto en artes marciales y que se permite incluso hacer un afortunado homenaje humorístico a Bruce Lee y su Furia oriental (Jing wu men. Lo Wei, 1972). El largometraje sube enteros gracias a él y a Wu Ma, quien también lo da todo a pesar de su edad. Lástima que sea un trabajo tan descafeinado y que lo mejor que se pueda decir de él sea que no aburre. No obstante, si no le pongo una estrella más es porque como House of Fury hay a patadas en Hong Kong y por eso no resulta sorprendente. Aunque eso no les debería hacer pensar que dentro del género de acción no es superior a la mayoría de películas que se estrenan por estos lares.  

20 may 2011

'Midnight in Paris'

(Midnight in Paris. Woody Allen. Estados Unidos / España. 2011. 94 minutos) Hacían hincapié, en las noticias de un canal de televisión español, en lo importante que resultaba el hecho de no desvelar absolutamente nada del argumento de Midnight in Paris, destacando que había un elemento sorprendente en la trama que no convenía conocer antes de entrar en la sala y que, de saberse de antemano, podría arruinar gran parte del atractivo potencial de la película. Tonterías. Si han leído las opiniones de los profesionales de la crítica cinematográfica sabrán ya que no hay nada que esconder: Midnight in Paris es una película de viajes en el tiempo. No resulta ningún atentado desvelarlo porque ese detalle no es un recurso que Woody Allen utilice para dejar al espectador con la boca abierta en un hipotético final sorpresa, sino que es la manera que tiene de vertebrar el argumento de este cuento fantástico en el que un escritor de Hollywood hastiado de la vida en Estados Unidos decide instalarse en París, donde por arte de magia se traslada cada noche a los años 20 del siglo pasado y se codea con los artistas más importantes de aquel momento, encontrando de paso su propia voz como escritor y comprendiendo que una fantasía no es el mejor sitio para vivir, por muy bella que parezca. 

LO MEJOR: Marion Cotillard y el cameo de Adrien Brody.
LO PEOR: Que Woody Allen no estrene exclusivamente
películas tan logradas como esta y se empeñe en terminar
una al año, a pesar de la mediocridad de algunas de ellas.
Como ya ocurría en La rosa púrpura de El Cairo (The purple rose of Cairo. Woody Allen, 1985) o en esa pequeña maravilla que es Atrapado en el tiempo (Groundhog day. Harold Ramis, 1993), en Midnight in Paris el elemento fantástico está tratado con tal naturalidad que no hacen falta explicaciones ni justificaciones: el hecho de que Gil (un excelente Owen Wilson que no deja de recordar a Woody Allen, como ocurre casi siempre que otro actor interpreta un guión escrito por el neoyorkino) es tomado con total normalidad por el espectador, a quien no le queda otro remedio que aceptar el juego propuesto por el guión aunque en ningún momento se le indiquen los mecanismos espacio-temporales que permiten al protagonista acabar todas las noches en otra época, ni qué reglas ha de seguir para volver allí o quedarse, más allá del hecho de que tiene que suceder a partir de las 12 de la noche. Realmente no hace falta nada más, ya que la historia está tan bien contada que ni siquiera nos lleva a plantearnos las intríngulis de los saltos en el tiempo. Allen también acierta a la hora de no recrearse demasiado en postales turísticas (que también las hay, y muy bien fotografiadas por Darius Khondji), demostrando que su amor por París va más allá de su arquitectura y sus monumentos, adentrándose en el espíritu romántico y cultural de la ciudad y utilizando a la élite artística como afortunados guías de viaje. Puede que se nos escapen ciertas referencias (especialmente conseguida me pareció la referente a El ángel exterminador de Luis Buñuel), ya que a Woody Allen le gusta siempre regodearse en su erudición (un poco al a manera del tronchante personaje interpretado por Michael Sheen) y ese podría resultar uno de los escollos de la cinta. Pero eso no es óbice para reconocer en Midnight in Paris una película mágica, divertida, vitalista, sensible y melancólica, justo la pasta de la que están hechas las mejores cintas de su director. 

8 abr 2011

'No controles'

(No controles. Borja Cobeaga. España. 2011. 95 minutos) En Pagafantas (2009), Borja Cobeaga contaba las penurias por las que pasaba alguien dispuesto a arrastrarse por amor, a ser un conejillo de indias en manos de su objeto de deseo y a ser su mejor amigo con tal de tener la posibilidad de estar cerca por si, con un poco de suerte, podía aprovechar un momento de debilidad y conquistarla. Algunos (afortunados) acusaron la película de ser demasiado exagerada, de llevar hasta extremos increíbles el patetismo del protagonista y de plantear situaciones que no se darían en la vida real. Otros, que por desgracia sabemos que el guion de aquella cinta no se alejaba tanto de la realidad como los demás pensaban, disfrutamos la película casi tanto como la padecimos: su visionado era una especie de recordatorio de lo gilipollas que habíamos sido en algún momento dado de nuestras vidas (o incluso en ese instante), y algunas de las escenas con las que muchos se reían a nosotros no nos hacían ni puta gracia, por cuanto nos recordaban a situaciones vividas. En No controles, Cobeaga y su coguionista Diego San José reinciden en algunos de los temas de su anterior trabajo, pero con un tono más amable, más cómico y positivista, contando ahora la historia de un chico, Sergio (Unax Ugalde), que quiere recuperar el amor de su ex-novia Bea (Alexandra Jiménez) antes de que se vaya a vivir fuera del país. Una tormenta de nieve hace que tengan que pasar la noche en un hotel y, de ese modo, el protagonista tendrá hasta el amanecer para reconquistar a la chica y volver a ser feliz, con la ayuda de un peculiar grupo de personajes: Juancarlitros (Julián López), antiguo compañero del colegio de Sergio y aspirante a humorista; Juanan (Secun de la Rosa), un divorciado que viene de Punta Cana cargado de mala leche; Jimmy (Alfredo Silva), empleado del hotel de origen ecuatoriano que ha contado a su esposa que trabaja de profesor en un colegio; y Laura (Mariam Hernández), azafata que debe un favor a Sergio si no quiere que éste le ponga una reclamación por haberle extraviado la maleta. Todo esto con la visita inesperada de Ernesto (Miguel Ángel Muñoz), actual pareja de Bea, que hace las veces de villano de la función.

LO MEJOR: Juancarlitros, un personaje que merecería una
película para él solo.
LO PEOR: Que el público le diera la espalda, demostrando
lo ciegos y burros que podemos llegar a ser a veces.
En una escena de la película, Juancarlitros afirma que "esto es como la Jungla de Cristal... pero del amor". Y lejos de ser uno más de los muchos (y tronchantes) chistes que suelta el personaje, esa frase es toda una declaración de intenciones. Aunque no haya acción, No controles recuerda al clásico de Bruce Willis en tanto que comparten esquema básico: una historia contrarreloj que transcurre en una sola noche, en la que el héroe tiene que enfrentarse a varias adversidades para arreglar las cosas con su ex-pareja. Pero si en aquella Bruce Willis las pasaba canutas en solitario, aquí el protagonista tiene la suerte de contar con unos cuantos compañeros que, además de ayudarle a él, consiguen mejorar la película. Se produce así el efecto Fuga de cerebros (Fernando González Molina. 2009), en la que los secundarios se acababan comiendo con patatas a los protagonistas, haciéndose con el control de la película y ganándose las simpatías de los espectadores. La relación entre los personajes de Secun de la Rosa y Alfredo Silva sólo se puede calificar de entrañable, pero quien se lleva todas las miradas es Julián López, capaz de absorber cada plano con sus carisma y de hacer un esfuerzo interpretativo digno de elogio: es un buen cómico haciendo de mal cómico. En cuanto a los protagonistas, se puede decir que Alexandra Jiménez cumple bien y aporta naturalidad y simpatía a un personaje que no está pensado para caer especialmente bien, mientras que Unax Ugalde se muestra menos sieso que en Bon appétit (David Pinillos. 2010) y hasta se atreve con la comedia física, con resultados aceptables, aunque su personaje le obliga a mantenerse siempre a bajas revoluciones y en ese sentido funciona de manera perfecta. No controles marca un paso evolutivo en la carrera de Borja Cobeaga, a pesar de la triste acogida que tuvo en su momento en las salas, ya que estéticamente es menos torpe que su ópera prima y está dotada de mayor ritmo, narrativamente es menos dispersa y se permite además un gran momento tragicómico en una secuencia en la que Julián López demuestra la importancia de ir siempre a tope, de no tirar la toalla y de encarar la vida con optimismo. Ese es el mensaje de No controles y por eso es la comedia romántica que ninguno de ustedes debería avergonzarse de ver más de una vez. 

18 mar 2011

'Torrente 4: Lethal Crisis (Crisis Letal)'

(Torrente 4: Lethal Crisis (Crisis Letal). Santiago Segura. España. 2011. 93 minutos) En una época de asfixiante corrección política, de catástrofes naturales y de agobios económicos, es evidente que la gente necesita evadirse, necesita reír y, a ser posible, necesita poder hacerlo sin miedo, sin complejos y sin el riesgo de ofender a nadie con sus carcajadas. Santiago Segura sabe bien lo que el público demanda y eso es justo lo que le da: José Luis Torrente, también en las tres películas anteriores, pero ahora con más sentido que nunca, representa todo lo que no queremos ser, pero también aquello que no nos permitimos hacer y que en ocasiones nos gustaría llevar a cabo. Torrente es un ser despreciable, carente de cualquier moral, obsceno, machista, racista, corrupto... es alguien que no conoce la inhibición, que puede hacer chistes sobre cualquier materia en cualquier momento y en presencia de cualquiera, que hace caso omiso a las convenciones sociales y que vive exclusivamente para él. Por tanto, es un personaje que no vive atado a las reglas por las que nos regimos los demás y, queramos o no reconocerlo, nos gusta tener la oportunidad de ver a alguien que no sólo es capaz de hacer cosas que ni a usted ni a mí se nos ocurrirían, sino también aquellas que sí que se nos pasan por la cabeza pero que no ponemos en práctica por educación, respeto o civismo. Por eso la saga Torrente funciona y por eso este capítulo va a ser el más exitoso, porque en un tiempo de prohibiciones e incertidumbre, entrar en un cine y poder reírse con chistes de mal gusto durante hora y media supone toda una liberación. 

LO MEJOR: Recupera el espíritu cerdo de la primera parte.
LO PEOR: Aunque están mejor integrados, sigue habiendo
abundancia de cameos y no todos hacen gracia.
Pero, aunque viviéramos en un estado utópico en el que un personaje como Torrente no nos sirviera como válvula de escape, no hay que olvidar lo evidente: nos hacen gracia los pedos, nos gustan los desnudos, las peleas y ver a famosos haciendo el ridículo. Y desde ese punto de vista, más elemental pero también ineludible, Torrente 4 también es un triunfo: Santiago Segura utiliza la tecnología más avanzada para adentrarnos en la mugre, para enseñarnos culos en 3D, para situarnos con mayor eficacia en ese mundo de perdedores, de supervivientes y rateros, de prostitutas y delincuentes, pero también para enseñarnos la basura que la jet-set esconde debajo de la alfombra. Y todo eso lo hace de manera espectacular, filmando escenas de acción como nadie más lo ha hecho en España, atreviéndose incluso con las artes marciales sin caer en la gracia fácil o en la parodia formal, y urdiendo una trama básica y funcional, sin más complicaciones de las necesarias, en la que hay tiempo para homenajear al género de fugas carcelarias y para seguir la estela de las anteriores entregas: José Luis Torrente y sus secuaces de mala muerte enfrentándose a villanos trajeados de buena vida y malas intenciones. Y sí, Kiko Rivera lo hace bien, tiene carisma, es gracioso y resulta un buen acompañante de Torrente, aunque salga menos de lo esperado. Y el 3D merece la pena, por si también tenían alguna duda al respecto.

6 feb 2011

'The Green Hornet'

(The Green Hornet. Michel Gondry. Estados Unidos. 2011. 119 minutos) Hoy recordada casi exclusivamente por los fans de Bruce Lee y por los amantes de la cultura pop, THE GREEN HORNET fue en un primer momento un serial radiofónico que comenzó a emitirse en 1936 y que más tarde, a mediados de los 60, fue adaptado a la televisión con escasa fortuna entre los espectadores. La intención era crear un fenómeno similar al BATMAN de Adam West, sin embargo, las aventuras del Avispón Verde y su fiel ayudante Kato (interpretado por Lee), no gozaron del beneplácito del público y pronto fueron retiradas de la parrilla. Quizá el problema estaba en que el verdadero dueño del show era Bruce Lee, quien en un principio era un segundón pero que finalmente fue quien se ganó el aplauso de la audiencia. En el cine asiático aún se pueden apreciar guiños al personaje, siendo todo un icono la imagen del luchador marcial con antifaz negro (inspiró el díptico BLACK MASK, aparece en algunos momentos de LEGEND OF THE FIST: THE RETURN OF CHEN ZHEN y fue también utilizado por Quentin Tarantino en KILL BILL, donde también usó el tema musical de GREEN HORNET en la banda sonora). En resumen: Kato mola, el Avispón Verde no.

LO MEJOR: Jay Chou como Kato.
LO PEOR: Lo insoportable que resulta Seth Rogen.
Lo mismo sucede en la adaptación cinematográfica dirigida por el interesante Michel Gondry, autor con una personalidad bien marcada que pierde en parte en este capricho personal que se ha permitido: rodar una cinta de superhéroes al estilo Hollywood, con gran presupuesto y profusión de escenas de acción y efectos especiales. En ella, Kato vuelve a ser la estrella del show, con Jay Chou retomando el papel de Bruce Lee y llevándose las simpatías del público, mientras que Seth Rogen en el papel de Britt Reid/Avispón Verde hace justo lo contrario: su personaje resulta francamente insoportable en algunos momentos, haciendo gala de una antipatía y un sentido del humor ineficaz que se hacen protagonistas de los peores momentos de la cinta, planteada como comedia más que como largometraje de acción. Es una pena que una película que se toma tan a broma la tarea del superhéroe, llena de escenas de destrucción e inventiva visual (a pesar de las convenciones, Gondry utiliza algunos recursos ingeniosos, como el seguimiento múltiple de varios personajes en una pantalla dividida), tenga que contar con un enfoque tan irritante para el personaje protagonista, además de con una sosa y cada vez menos atractiva Cameron Díaz haciendo de florero. Suerte que están Chou y Christoph Waltz, éste como villano bastante peculiar: es capaz de matar a sangre fría a su mejor amigo, pero en realidad actúa movido por un evidente complejo de inferioridad y por su crisis de la mediana edad. Y bienvenido sea también su tono ligero y su sana vocación de divertimento, especialmente en una época en la que la vacua trascendencia se ha adueñado del cine espectáculo y todo el mundo parece empeñado en que si una película divierte será porque no es muy buena. Así nos va...


*Publicado originalmente en la edición impresa de Crónicas de un Pueblo.

24 dic 2010

'Balada triste de trompeta'

(Balada triste de trompeta. Álex de la Iglesia. España / Francia. 2010. 107 minutos) Cuando se trata del cine de Álex de la Iglesia, se ha convertido en un tópico hablar de una fractura narrativa que separa sus películas en dos mitades de manera un tanto inconexa e incómoda, encontrando en su filmografía cintas con una primera parte lograda seguida de una segunda fallida (Acción mutante, Perdita Durango) o justo lo contrario (800 balas). Balada triste de trompeta acusa también algo de esto desde el momento en el que, a mitad de proyección, observamos cómo la línea argumental (muy sencilla en su base: el enfrentamiento entre dos hombres por el amor de una mujer) se estanca para convertirse en una sucesión de acciones violentas que conducen hacia una escalada de locura y destrucción (que es lo mismo que ocurría en otros títulos del vasco como Muertos de risa o Crimen ferpecto). Sin embargo, esta vez la división entre ambas partes de la película se produce de un modo menos acentuado que de costumbre y no supone un problema demasiado importante para su disfrute. Bien es cierto que los personajes son esquemáticos y que la trama romántica está planteada de manera precipitada, lo cual no hace más que potenciar la sensación de que simplemente es una excusa para hablar de algo que a de la Iglesia le interesa más. Balada triste de trompeta es, más que un relato de amor visceral o una comedia negra, un exorcismo en forma de película con el que el director intenta expulsar los demonios que lleva dentro, la infelicidad que le provoca haber crecido en un país resquebrajado y absurdo que siempre ha estado, como algunas de sus películas, dividido en dos partes antagónicas y contradictorias que nos hemos visto obligados a asumir al mismo tiempo: nacionales y republicanos, Paul Naschy y Torrebruno, Los Chiripitifláuticos y los atentados de ETA mezclados en la programación televisiva, el payaso tonto y el payaso triste, votantes de izquierdas y de derechas, etc,

LO MEJOR: Carlos Areces y el nervio que le da Álex de la
Iglesia a la narración.
LO PEOR: Carolina Bang no está a la altura de su papel.
Balada triste de trompeta es la película política de Álex de la Iglesia, disfrazada de gran guiñol y de esperpento, capaz de plantar a un payaso con machete en mitad de una batalla en plena Guerra Civil española, jugando con el absurdo y la astracanada hasta llegar a un clímax espectacular, bello y cruel al mismo tiempo que homenajea a Con la muerte en los talones (North by Northwest. 1959) y culmina con el incómodo concepto de la risa mezclándose con el llanto. Es una suma de las obsesiones de Álex de la Iglesia y es Hitchcock, Berlanga, John Woo y Tod Browning. Puede que la trama pierda el norte durante algunos pasajes, pero es una película dotada de una fuerza abrumadora que ya deja claras sus intenciones epatantes con su prólogo y los créditos iniciales. Y, aunque a Carolina Bang le falte expresividad y carisma y suponga el punto débil del triángulo protagonista, merece mucho la pena disfrutar de las interpretaciones de Antonio de la Torre y, muy especialmente, Carlos Areces, alguien de quien vengo diciendo desde hace tiempo que podría ser un gran actor dramático y que debería llevarse el premio al mejor actor revelación en los próximos Goya. Al igual que la actuación de Areces, Balada triste de trompeta es cine hecho desde las entrañas, valiente, crudo, exagerado, visualmente poderoso y con un ritmo incesante que hace que los más de cien minutos pasen con una fluidez sorprendente. Es el cine que necesitamos en España y el que me hace vibrar de emoción. Y eso está por encima de cualquiera de sus peros. 

29 oct 2010

Especial Sitges 2010: 'Super'

(Super. James Gunn. Estados Unidos. 2010. 92 minutos) Super, la nueva película del director de la estupenda Slither, supuso la gran sorpresa del Festival de Sitges: una cinta que había salido aparentemente de la nada, sin poster oficial ni tráiler, con una web en pañales (www.thecrimsonbolt.com) y una premisa que recordaba demasiado a las de Kick-Ass o Defendor (también vista en Sitges y que aparece este mes directamente en DVD en nuestro país): la historia de un perdedor nato que, tras una revelación personal, decide hacer justicia y convertirse en superhéroe, a pesar de carecer de poderes o tecnología con la que enfrentarse al Mal, así en mayúsculas. Sin embargo, Super no sólo tiene personalidad propia, sino calidad suficiente como para convertirse en un clásico de culto instantáneo: la visión que da del vigilantismo no tiene nada de complaciente, como sí ocurría en algunos fragmentos de Kick-Ass (tanto en el cómic de Mark Millar como, sobre todo, en la adaptación fílmica de Matthew Vaughn, por otra parte estimables), presentando a un personaje complejo y acomplejado con serios problemas mentales (interpretado soberbiamente por Rainn Wilson) que, en su intento por hacer el Bien, acaba convirtiéndose en poco menos que un psicópata capaz de abrirle la cabeza a cualquiera que se le adelante en la cola del cine. La ultraviolencia y el humor bestia, dos de las grandes cualidades de la cinta, se ven reforzadas por un tono que oscila entre lo artesanal (la pobreza de medios es evidente), lo desenfadado (las onomatopeyas que aparecen en la pantalla al más puro estilo del Batman de los 60), lo patético (todos los personajes alcanzan cotas de un patetismo tan exagerado como enternecedor) y lo fantástico (las visiones del protagonista en las que cree recibir mensajes del mismo Dios). Los secundarios no tienen desperdicio (Kevin Bacon, Liv Tyler, Gregg Henry, Michael Rooker, Nathan Fillion y una sorprendentemente encantadora Ellen Page) y hay cameos que no deben dejar escapar (por ahí vi a Lloyd Kauffman y William Katt, aunque podría haber más). Y lo mejor es que, en este caso, el todo es mayor que la suma de sus partes. Lamentablemente, el espíritu independiente y destroyer de Super se lo pondrá muy difícil para encontrar una distribución convencional, de lo cual es buena prueba el hecho de que no tenga fecha de estreno ni siquiera en Estados Unidos. Y esto es lo que da realmente sentido a festivales como el de Sitges, donde tenemos la oportunidad de disfrutar en pantalla grande de títulos que de otro modo resulta casi imposible ver... de manera legal.



18 ago 2010

'Toy Story 3'

(Toy Story 3. Lee Unkrich. Estados Unidos. 2010. 103 minutos) No se producen muy a menudo, pero hay películas que a quien escribe sobre cine le hacen replantearse la necesidad de buscarle los tres pies al gato, de analizar sesudamente su objeto de estudio en busca de taras, debilidades o algún detalle que cambiaría de lugar, por nimio que sea, en ocasiones porque a uno se le adhiere  de un modo tan profundo que no le resulta plausible ponerle pegas, y otras veces porque es imposible hacerlo. Más difícil aún es que una productora construya su filmografía a base de obras maestras o que estén muy cerca de serlo. Pixar constituye entonces un caso aparte en el mundo del cine: un grupo de mentes creativas que parece haber encontrado el secreto de la eterna inspiración y que transmite un amor por lo que hace que traspasa los límites de la pantalla y contagia a los espectadores, logrando una suerte de 3D emocional que no tiene nada que ver con la tecnología pero sí mucho con la capacidad para narrar historias y crear personajes. La orfebrería digital de Pixar no tendría tanto valor sin los cuentacuentos que hay detrás de sus guiones y sin su querencia por lo humano, ya sea a través de robots, ratones o muñecos con cuerpo de píxel pero provistos también de alma. 

Con la tercera parte de su emblemática saga, Pixar avanza un paso más en la conquista de todo tipo de públicos y en la progresiva madurez de sus relatos. Como ya sucediera con la excelsa Up, la mirada adulta es la que puede sacar más provecho a la película, ya que además de su festival de (impecables) gags cómicos, sus vibrantes escenas de acción y la estupenda nueva galería de personajes, Toy Story 3 ofrece una emocionante y veces dolorosa reflexión sobre el fin de la infancia, la asunción de responsabilidades y la necesidad de ir quemando etapas vitales que, en un momento de debilidad, puede hacer llorar hasta al tipo aquel que les quitaba el bocadillo en el recreo. El virtuosismo con el que se combinan las carcajadas (el Buzz agitanado, el Sr. Tortilla) con momentos de puro desasosiego (la angustiosa y bellísima secuencia post-clímax en el patio de Bonnie; la mirada de desconcierto entre el Sr. y la Sra. Patata al acercarse al fuego...) se ve acentuado por algunos instantes próximos al terror y llenos de una oscuridad escénica y conceptual impropios de una película en principio para todos los públicos, suponiendo una prueba más de que en Pixar tratan a los niños como seres inteligentes y no como a meros reclamos bobos para que sus padres paguen entradas. Toy Story 3 es tan redonda que sólo tiene un problema: coloca de nuevo a Pixar en una situación difícil para volver a superarse a sí mismos. Pero ojalá todos los problemas fueran como ese. 

18 jul 2010

'La noche del cometa'

(Night of the comet. Thom Eberhardt. Estados Unidos. 1984. 95 min.) Obra de culto venerada por los que nacimos entre mediados de los setenta y principios de los ochenta, pero incomprendida y ninguneada por casi todos los que vinieron después, La noche del cometa merece ser rememorada por algo más que por su funcionalidad como reclamo para  modernos que no saben deletrear Kelli Maroney, o que tienen como escena favorita aquella en la que las dos protagonistas bailan al son de un cover del Girls just wanna have fun. Petardeos y nostalgias aparte, La noche del cometa tiene una cualidad poco común: reunir elementos de muchos subgéneros y, al mismo tiempo, ser única en su especie. Que el título primigenio de la película fuera Teenage Mutant Horror Comet Zombies no es baladí, ya que resume de manera certera su espíritu aglutinador e irreverente, su voluntad de diversión desvergonzada anclada conscientemente en los parámetros de la serie b más imaginativa y aparentemente inofensiva. La premisa es bien sencilla: el paso cercano de un cometa provoca la extinción de la mayoría de los seres vivos del planeta Tierra, convirtiéndolos en cenizas o transformándolos en algo parecido a zombis antropófagos; sólo aquellos que durante la noche del cometa estaban dentro de recintos metálicos (sic) sobreviven a la debacle, entre ellos las hermanas Belmont (grandiosas Catherine Mary Stewart y Kelli Maroney), quienes deben encontrar a otros supervivientes para sentar las bases de una nueva era.

Leído así suena a oscura trama postapocalíptica, pero La noche del cometa arroja una idea brillante: después de la hecatombe, sigue siendo importante la diversión. Al fin y al cabo, los zombis no son demasiados y se les mata fácilmente (las chicas se las apañan de lujo con las armas y con el combate cuerpo a cuerpo ya que fueron entrenadas desde pequeñas por su padre, veterano de guerra). Esto fulmina cualquier expectativa que el espectador pueda hacerse de antemano en cuanto a los derroteros por los que debería transcurrir la trama. Hay un apocalipsis, sí. También hay zombis. Pero también hay toda una ciudad de la que las chicas se adueñan y en la que ya no existen (salvo en el final) normas de circulación, donde la ropa es gratis y se puede escuchar música en todas partes y a todo volumen sin molestar al vecino. La película se ve imbuida así de una frivolidad sólo equiparable a la que luego emplearían otros títulos esenciales como El regreso de los muertos vivientes o El terror llama a su puerta, sin que ello suponga en ningún momento un problema, sino más bien lo contrario. El aroma a episodio de Twilight Zone convertido en comic-book y trasladado luego al celuloide se completa con la aparición, en la segunda mitad de la cinta, de un equipo de científicos que pretende utilizar la sangre de los últimos supervivientes (especialmente niños) para crear un antídoto que frene la degeneración provocada por el cometa, pero no con el fin de curar a los más desprotegidos, sino a ellos mismos (hay que destacar lo mucho que recuerdan estéticamente, con símbolo incluido, a la posteriormente celebérrima Iniciativa Dharma de Lost). Esto introduce otro giro en la película que la lleva hacia los territorios del cine de acción, con escena de asalto y rescate incluida, con la peculiaridad de estar protagonizada por dos chicas de buen ver, una de ellas vestida de animadora, en lugar de por tíos cachas. Pero aún dentro de la fiesta, La noche del cometa se las apaña para introducir el mensaje: sus puyas hacia el poder, con esos chicos de almacén que se adueñan del centro comercial, o su negativa visión de aquellos que ostentan la capacidad material y el conocimiento para evitar la catástrofe, pero en cambio emplean esa superioridad para protegerse a sí mismos, no distan mucho de las parábolas políticas que  Romero introdujo en su saga zombi, estando planteadas incluso de manera más sutil y, mejor aún, más lúdica. Y, para colmo, es posiblemente la película navideña que menos parece una película navideña de las que se hayan filmado jamás.

Consciente de lo mucho que ha crecido la valoración de la película a lo largo de los años, Kelli Maroney intentó producir una secuela en 2005 que no llegó a concretarse por motivos contractuales. Pero no les extrañe si en cualquier momento se anuncia un remake... Mientras tanto, pueden adentrarse más en el universo Night of the Comet pulsando aquí.