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13 sept 2009

'La gran revancha'

(The New Kids. Sean S. Cunningham. EEUU. 1985. 89 minutos). La gran revancha se lo pone fácil a los que rechazan cualquier manifestación cultural por presentar un posicionamiento político evidentemente derechista y se sienten orgullosos de ello: en sus primeros minutos, el Oficial de las Fuerzas Armadas McWilliams (Tom Atkins, siempre grande) suelta algo así como "ya era hora de que esos malditos demócratas contaran conmigo" cuando es convocado por el presidente para recibir una medalla honorífica, conseguida gracias a la detención de un grupo terrorista en un avión. Antes, durante los títulos de crédito, hemos visto cómo McWilliams entrena a sus hijos, Loren (Shannon Presby) y Abby (Lori Loughlin), con condescendiente pero también férrea disciplina militar, con arengas pro-esfuerzo físico en pos de la realización personal y el crecimiento espiritual a través de unas buenas hostias y carreras al aire libre antes del desayuno. Todo ello les resultará muy útil a los chicos cuando sus padres fallezcan en un accidente y tengan que mudarse con su tío a un pueblo lleno de paletos en el que, además de ayudar a éste a construir con sus manos un parque de atracciones, se las tendrán que ver con la peor calaña local: Eddie Dutra (terrorífico James Spader) y su banda de nerds con armas y las hormonas revueltas por culpa la chica nueva.

El nombre de Sean S. Cunningham en la dirección o la ambientación en un parque de atracciones, con sus espejos deformantes y sus peligrosas montañas rusas (estupendas para aplastar cabezas en sus raíles), les pueden despistar y hacer pensar que La gran revancha es una película de terror. Pero lo cierto es que estamos ante una poco recordada pero apreciable muestra de ese Fascismo Pop que tanto nos gusta y que, por si alguien aún no se ha enterado, no tiene nada que ver con las posturas ideológicas o políticas de quienes lo degustamos. Casi una Perros de paja adolescente, la película propone una escalada de tensión basada en lo que en un principio no es más que una apuesta de Dutra y sus chicos: ver quién se lleva antes a Abby a la furgoneta para mostrarle algo de hospitalidad y pegarle el polvo de bienvenida. Las cosas se complican cuando entienden que estos chicos nuevos no son presas fáciles y tienen que ponerse serios ("You want crazy? I'll show you crazy!"). Así, lo que empieza por una pulsión testicular acaba convirtiéndose en una guerra entre paletos drogados con escopetas y chicos sanos con entrenamiento paramilitar, algo inevitable porque ninguno de los dos bandos cede, y que sólo puede terminar con la muerte al completo de los malos. ¿Al completo? Casi, porque Cunningham vuelve a acercar la película al cine de terror con un plano final que, si bien no se puede comparar ni de lejos con el que cerraba Viernes 13, sí que deja la puerta abierta de manera inquietante a una teórica secuela que nunca se produciría. La culpa de ello la puede tener su raquítica recaudación en Estados Unidos, menos de 200.000$ de la época, algo injusto pero comprensible si tenemos en cuenta que la película tarda en arrancar y ofrece menos emociones fuertes de lo que promete su argumento, quedándose en el terreno de lo simpático por su evidente adscripción a una época determinada y a su planteamiento del ojo por ojo en el instituto, creando una historia de acción y venganza en escenarios más propios del horror teenager que del subgénero de justicieros urbanos. No es un must, desde luego, pero merece la pena acercarse a ella aunque sólo sea por esa mezcla de elementos y por ver cómo se desenvuelve Cunningham fuera (o casi) del género que le dio la fama.


4 sept 2009

'Coming soon'

(Bproh Graem Naa Win Yaan Aa Kaa. Sopon Sukdapisit. Tailandia. 2008. 85 minutos). Coming soon plantea una interesante premisa: la del cine como instrumento fagocitador y arma sobrenatural mediante el cual un espíritu puede apropiarse de sus espectadores y arrastrarles hacia una aparente ficción en la que el terror termina siendo real. Pero Sopon Sukdapisit tiene más de Lamberto Bava que de Iván Zulueta, así que no esperen reflexiones sobre la capacidad vampírica del celuloide, sino más bien una colección de sustos y truculencias servidos con acierto entre una colección de tópicos y algunos detalles interesantes que, lamentablemente, son tratados de manera arbitraria. La película abre varios caminos para concluir en lo manido, como es la cansina investigación de los protagonistas para dar una explicación a lo que no debería tenerla e intentar (infructuosamente) detener la maldición, dejando así de lado lo que podría ser una original digresión sobre dos asuntos poco tratados en el cine y por los que aquí se pasa de puntillas: a) los protagonistas trabajan en unas multisalas y se ganan un sobresueldo pirateando películas antes de su estreno, siendo la primera vez (que uno sepa) que asistimos a la creación de uno de esos ts-screeners que sus primos más borricos compran a los chinos en la terraza del bar un domingo a mediodía, y dejando pasar la oportunidad de plantear una bromaza a costa del efecto dañino de la piratería (un personaje que mata al que está grabando una copia ilegal de su película); y b) debido a un twist que no conviene desvelar, el film pierde también la oportunidad de convertirse en un juego metalingüístico en el que los personajes de ficción tomaran conciencia de ser unas herramientas de placer para el público ávido de muertes virtuales, siendo obligados a morir sesión tras sesión para regocijo de la platea y sin posibilidad de escape, como si la primera víctima de Jason Voorhees detuviera la secuencia, indignado, y decidiera, en venganza, que el próximo en ser asesinado no va a ser él, sino alguno de los espectadores (o todos).

De este modo, Coming soon es una película que resulta más estimulante por lo que sugiere y no explota que por lo que muestra, debatiéndose constantemente entre el tedio, el susto prefabricado, el bostezo y el terror logrado en determinados instantes, que son los que consiguen salvar la cinta de la quema y que, junto a lo expuesto en el anterior párrafo, consiguen finalmente que su visionado resulte medianamente satisfactorio.