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15 sept 2009

Patrick


Hace seis meses, cuando les enlazaba el homenaje que Sergio Colmenar, Noel Ceballos, Mario Vírico y yo habíamos realizado a Patrick Swayze, decía que no tenían que esperar a llorarle y que debían celebrarle en vida. El mensaje sigue vigente, a pesar de que Patrick haya abandonado el plano físico y pase a engrosar la lista de fatídicos obituarios de este apocalíptico 2009.

Inevitablemente, algo se ha roto dentro de mí cuando esta mañana mi madre me llamaba por teléfono y, entre lágrimas, me comunicaba la noticia. El sueño de su vida, conocerle y expresarle toda su admiración, su amor inquebrantable, su seguimiento incondicional, se esfumaba definitivamente tras un proceso agónico en el que veía cómo se desvanecía de manera irreversible. Y eso me entristece y me enfurece, aún a sabiendas de que es algo irracional, porque nadie ha podido hacer nada por evitarlo. Pero también me da fuerzas para revisitar la colección de mi madre, sus películas, sus revistas, sus posters, sus recortes... todo el material que ha ido recopilando sobre Patrick Swayze desde que tengo uso de memoria, convirtiéndose en un ritual que no ha remitido con los años y que acabé compartiendo plenamente con ella, convirtiéndose en un nexo materno-filial indeleble y bello que hoy se refuerza y cobra más sentido que nunca. Patrick seguirá siempre vivo en mi casa, bailando sucio, segando gargantas, buscando la gran ola... despidiéndose entre una bruma fantasmal para volver una y otra vez, y otra, siempre que queramos. 

5 mar 2009

Todos con Patrick


Unidos por una buena causa, Mario Vírico, Noel Ceballos, Sergio Colmenar y yo mismo nos hemos reunido en el blog del antiguo Toby para rendir tributo a un buen hombre del que todos tendríamos algo que aprender. No esperen a llorarle y celébrenle en vida.

28 feb 2008

Pegado a mis retinas: "Cuando salí a la cegadora luz del sol..."

Momento moñas, queridos lectores. Hasta ahora en esta sección había hablado de una escena de lucha y de dos despliegues de efectos especiales y violencia que me marcaron en su momento y me siguen hechizando. Pero no sólo de hostias, sangre y babas vive el hombre, así que ya era hora de plasmar aquí una de mis debilidades más amadas y, en bastantes ocasiones, incomprendidas: mi devoción total, incondicional y eterna por este melodrama de regusto clásico y casi naïf que he visto tantas veces (si no más) que La Cosa o Blanco Humano. Ninguneada por los fans de La ley de la calle, considerada obra menor de la que sólo se habla por su brutal cast, o dramón azucarado para niñas en el peor de los casos, a mí Rebeldes me hace llorar y me llega a sitios a donde no me llega la película del chico de la moto ni la propia novela de S.E. Hinton en la que se basa. Me basta con sus primeros minutos, con esa introducción de Ponyboy y esos créditos desfasados que desfilan al son del Stay Gold de Stevie Wonder, para llevarme a mi infancia, a cuando mi joven madre todavía compraba la Super Pop para coleccionar fotos y posters de Patrick Swayze, a cuando su visionado me despejaba la mente de entre tanto terror y tanta acción y se convertía en la alternativa perfecta para una tarde lluviosa después del colegio, arropado hasta la barbilla y secándome los pies mojados con el calor del brasero de picón. Es difícil explicar lo que esta película significa para mí, la cantidad de recuerdos que van unidos a cada uno de sus minutos y lo imposible que es que acabe aburriéndome de ella. Como me pasa con un puñadito de títulos más, amo tanto a esta película, de un modo tan especial e íntimo, que no quiero tener que enfrentarme a hacerle una crítica si puedo evitarlo. No quiero analizarla, sólo sentirla, porque como dijo Álex de la Iglesia a propósito de Tiburón, Rebeldes no me parece ni bien ni mal, forma parte de mí, como mi cabeza, mi brazo o mi pene. Para mí, The Outsiders will stay gold.

17 feb 2006

'Secretos de familia'

(Keeping mum. Niall Johnson. Reino Unido. 2005. 103 min.) Los que seguís de manera más o menos habitual este blog, os habréis fijado en un detalle: no suelo ver comedias. No es que tenga nada en particular contra el género, el problema es que me cuesta encontrar alguna muestra de este género que me atraiga lo suficiente como para ponerme a verla. Para mí (y que me perdonen los fans de la comedia por lo que voy a decir) la comedia, sobretodo la que se hace en la actualidad, es en cierta manera un género de usar y tirar, en el sentido de que cuando veo alguna pocas veces la repito. Aunque, por otro lado, también es cierto que entre mis películas favoritas (o las que más veces he visto) también aparecen algunas obras cómicas: Los tres amigos, El príncipe de Zamunda, la primera Loca Academia de Policía o Nacido al Este de Los Ángeles las vi decenas de veces cuando era pequeño y aún hoy las recupero de vez en cuando (sí, amigos, en mi niñez visitaba el videoclub muy a menudo y soy plenamente ochentero...). Total, que me suele costar trabajo ver una comedia contemporánea. Pero de vez en cuando, y para oxigenarme después de tanto cine de género terrorífico o de acción, pruebo con alguna cinta de la que no me espere nada, por probar. Unas veces acierto y otras no, y vamos a hablar de una de las ocasiones en las que he dado en la diana.

Secretos de familia ha pasado por nuestras pantallas de manera fugaz y de tapadillo, por eso creo que merece la pena reivindicarla para que si alguno tenéis la oportunidad de verla la rescatéis del olvido al que parece estar condenada. El prólogo nos muestra a una joven que viaja en tren acompañada de un enorme baúl. El revisor del ferrocarril se da cuenta de que el equipaje desprende un líquido extraño de color rojo... sangre. En la siguiente estación, la policía está esperando la llegada del tren para detener a la muchacha: ha asesinado a su marido y a la amante de éste. Años después, la acción nos lleva a un pequeño pueblo inglés donde nos es presentada la familia Goodfellow. El patriarca es el reverendo Walter Goodfellow (Rowan Atkinson), que ve cómo sus misas son un fracaso y tiene que soportar la pasividad de su familia hacia él. Su esposa Gloria (Kristin Scott Thomas) se muestra totalmente apática hacia su prole y marido (más concentrado en escribir un buen sermón que en satisfacer sexualmente a su mujer) y planea fugarse a México con su instructor de golf, Lance (Patrick Swayze), un chuletas de mucho cuidado que también pone sus ojos en la hija de su amante, Holly (Tamsin Egerton). Ésta, por su parte, no tiene reparos en mantener relaciones sexuales delante de su casa (ni en desnudarse delante de la ventana de su cuarto, cosa que aprovechará Lance para disfrute personal) ni en llamar "cabrona" a su madre. Luego está el pequeño de la familia, Petey (Tobey Parker), cuya máxima ilusión es que los compañeros de clase que le atormentan día a día desaparezcan del mapa. La familia perfecta, vamos. Pero las cosas podrían cambiar cuando aparece Grace Hawkins (Maggie Smith), una simpática ama de llaves que, como si fuera una especie de Mary Poppins, pondrá todo su empeño en conseguir que esa familia disfuncional se una y sea feliz.

Como sé que sois inteligentes y sabéis que dos más dos son cuatro, no os desvelo nada si os digo que esa ama de llaves no es otra que la joven que aparecía en el prólogo de la película. Ahora bien, ¿por qué ha ido a parar a la casa de los Goodfellow? ¿Por qué ese interés en hacerlos felices? ¿Hasta dónde está dispuesta a llegar para conseguirlo? Eso es lo que tendréis que descubrir vosotros, y os aseguro que vais a pasar un muy buen rato con las desventuras de esta familia tan peculiar. Rowan Atkinson está genial en su papel de reverendo deprimido que descubre gracias a Grace (y en este chiste de nombres está una de las claves de la película) que el sentido del humor puede salvar un sermón. Así, éste no duda en buscar en Internet chistes religiosos con los que adornar sus homilías. No esperéis verle hacer un rosario de muecas y atropellos, su papel es más dramático que cómico, aunque en escenas como la del partido de fútbol sí que saca a relucir su faceta de Mr. Bean por unos segundos. Kristin Scott Thomas, como siempre serena y elegante, refleja muy bien los sentimientos de su personaje y el modo en que estos van cambiando a medida que su marido se vuelve a fijar en ella (la escena en la que Atkinson recita versos de El cantar de los cantares mientras observa a su mujer en el cuarto de baño es sensacional). Swayze sigue ahondando en esta segunda carrera que se está labrando como secundario resultón, y logra dar a su papel un aire de chulería que le viene como anillo al dedo. Pero lo mejor es Maggie Smith en su recreación de la bonachona Grace, alguien que guarda muchos secretos y que vive según unas reglas que ella misma ha creado. Todo el conjunto de actores (sin olvidar a los hijos de los Goodfellow) muestran una buena química y nos transmiten una sensación que me parece importante en una comedia: que se han divertido haciéndola. De este modo contagian esa diversión al público y no permiten que éste se aburra o se distraiga, a pesar de los giros de guión cercanos al thriller que se suceden en la segunda mitad de la cinta y que la llevan hasta el terreno de la comedia negra más delirante (algunos críticos la comparan con el cine de la productora británica Ealing).

Sólo hay un punto ligeramente negativo y es que cuando parece que todo está acabado y cerrado, la película se prolonga unos diez minutos más en lo que parece un epílogo alargado que posee algo menos de eficacia que lo mostrado con anterioridad, pero que, en cualquier caso, cierra la función con un macabro chiste visual que hace que nos levantemos de la butaca con una sonrisa de satisfacción dibujada en el rostro. No estoy diciendo que Secretos de familia sea una obra maestra ni que vaya a pasar a la historia, pero es una cinta tan simpática que uno intenta no buscarle fallos (que seguramente los tendrá, como todas) y simplemente entregarse al disfrute durante hora y media. En cuanto a la moraleja de la historia, mejor no tomársela demasiado en serio. Digamos que no tiene un final políticamente correcto...


Publicado originalmente en Natural High. Notas desde el futuro: Por suerte, mi reprobable concepción sobre la comedia de la que hacía gala en este post ha ido variando con los años, de tal modo que he dejado de considerarlo un género menor y he asumido su valía y su difícil concepción. La película en concreto, vista ahora, me sigue pareciendo igual de recomendable. 

9 dic 2005

'Green Dragon'

(Green Dragon. Timothy Linh Bui. Estados Unidos. 2001. 113 minutos) Cuando leí por primera vez la noticia sobre el rodaje de esta película, pensé de manera ignorante que sería una cinta de acción. Con un título como Green Dragon, un director con nombre oriental y la presencia de Patrick Swayze y Forest Whitaker en el reparto, eso me parecía la opción más fácil. Sin embargo, nada más lejos de la realidad: Timothy Linh Bui y Tony Bui fueron los responsables de Tres Estaciones, película que triunfó en el Festival de Sundance en 1999. De origen vietnamita, estos creadores lograron después con Green Dragon hablar sober sus raíces, reflexionar sobre sus orígenes y regalarnos una pequeña pero agradable película que, lamentablemente, ha pasado bastante desapercibida por medio mundo.

Ambientada en 1975, en el campamento militar Pendelton (en California), donde van a parar los refugiados vietnamitas que están huyendo de la guerra, la película obvia toda referencia visual al conflicto bélico para centrarse en el día a día de los refugiados. Es una historia coral en la que no hay un protagonista único, sino una serie de personajes que nos cuentan la historia con sus vivencias y sentimientos cotidianos.

En un principio la narración se centra en dos hermanos (chico y chica) que han llegado al campamento junto con su tío, Tai Tran (Don Duong). Los pequeños esperan la llegada de su madre, que tuvieron que dejar atrás cuando abandonaron Vietnam. Por su parte, Tai Tran entabla relación con el sargento Jim Lance (Patrick Swayze), un hombre de buen corazón que intenta hacer la vida más llevadera a los refugiados, y que invita a Tai Tran a ser su mediador con los vietnamitas. También tenemos otra línea narrativa paralela, en la que uno de los dos hermanos, el pequeño Minh (Trung Nguyen), entabla una relación de amistad con el cocinero de la base, el bonachón y taciturno Addie (Forest Whitaker).

Si no me equivoco, Patrick Swayze y Forest Whitaker no coinciden en ningún plano de la película, y el personaje del cocinero Addie es casi un fantasma. Prácticamente no habla con nadie, encerrándose en la parte trasera de la cocina, donde está dibujando un mural presidido por un gran dragón verde con el que soñaba de pequeño, y que esperaba que le sacara de su realidad y le llevara a un mundo perfecto muy diferente al que conoció. Su relación de amistad y admiración mutua con Minh es realmente enternecedora, además de estar coronada por una conclusión nada agradable pero que el director sabe mostrar sin caer en la lágrima fácil. Sin duda, Forest Whitaker es uno de esos actores que caen bien de inmediato, y eso ayuda mucho a sus papeles.

En cuanto a Patrick Swayze, es agradable ver cómo un actor al que siempre he respetado continúa su carrera lejos de Hollywood participando en proyectos tan estimulantes como ésta Green Dragon, Donnie Darko u 11:14. Lejos de su etapa de héroe de acción o sex symbol, está madurando como un actor dramático más que interesante.

Sobre Don Duong y el resto del reparto vietnamita, señalar la agradable sorpresa que ha supuesto conocerlos gracias a esta película, ya que su credibilidad y la pasión que dan a sus personajes está fuera de toda duda.

Timothy Linh Bui nos muestra la convivencia y los conflictos entre los refugiados, sus relaciones amorosas, sus sueños de una nueva oportunidad en un nuevo país, los problemas que arrastran del pasado... Todo con sobriedad y elegancia, sin efectismos ni artificios.

Mención especial para la partitura compuesta por los hermanos Danna, que acompaña perfectamente a las imágenes y potencia el tempo lento, atento al detalle y a los sentimientos, que el director pretende dar a su obra.

Lo único que se puede echar en cara a Green Dragon es la repetición de situaciones (lógica al movernos en un único escenario), la falta de peso de algunos personajes (sobre todo la niña pequeña, que aparece y desaparece de escena sin ninguna explicación), y que su sobriedad pueda ser entendida por algunos como frialdad.

Un servidor tiene que reconocer que, a pesar de sus pequeños defectos, se emocionó en varios momentos del metraje. Y eso, para mí, ya justifica ver una película.


Publicado originalmente en Natural High. Notas desde el futuro: tristemente, Patrick Swayze no tuvo la oportunidad de desarrollar esa interesante segunda carrera que estaba labrándose gracias a títulos tan estimables como este. Sigo recordando Green Dragon como uno de los trabajos más interesantes de su última etapa.