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15 may 2012

'Los Vengadores', la calma y la tormenta.

The Avengers. Joss Whedon. Estados Unidos. 2012. 143 minutos

Sin entrar en discusiones fútiles en torno a opiniones fundamentalistas sobre cómo debería ser una película de superhéroes y cómo no debería ser (y que siempre conducen a lo mismo: enfrentamientos entre los fans de Marvel y DC y el ya aburrido debate sobre si Christopher Nolan es Dios o es una mierda pinchada en un palo), lo cierto es que Los Vengadores de Joss Whedon se acerca mucho a lo que uno podía soñar cuando pensaba en ella: un espectáculo grandilocuente y atronador en el que abundan los chistes, los colorines, los efectos especiales, la destrucción como una de las bellas artes y la acción como recurso para hacer evolucionar a los personajes, quienes se conocen y aprenden a colaborar por el camino de las hostias, como si estuviesen en una de Kung Fu de la Shaw Brothers. Existe en ese sentido un considerable equilibrio  entre el ratio de protagonismo de todos los superhéroes que se dan cita, ya que todos tienen momentos de lucimiento y aportan algo al devenir de la historia. Obviamente, y como suele ser común en cualquier reunión de estrellas (ya sean actores famosos o, como en este caso, personajes de cómic), algunos brillan más que otros: la relación entre Iron Man y el Capitán América y la evolución personal de Bruce Banner / Hulk se llevan las mejores líneas, dejando al resto un poco en segundo plano, aunque no sea de manera tan importante como para resultar molesto. 


Todo eso entra dentro de lo previsible y estamos felices por ello. Lo que no esperábamos era el grado de virtuosismo que alcanzarían algunas de sus secuencias más aparatosas, pequeñas piezas de orfebrería visual que llegan al paroxismo durante un clímax final que es todo lo que Michael Bay ha intentado hacer con tres películas de los Transformes, largas, muy largas, y no ha sido capaz de llevar a cabo. Podrían existir dudas  lógicas sobre si Joss Whedon sería capaz de apañárselas bien manejando un presupuesto mucho más holgado que el que había podido utilizar previamente. Recordemos al respecto que Whedon ha desarrollado su carrera principalmente en televisión, dando origen a las series de culto Buffy, cazavampiros y Firefly, siendo la adaptación al cine de esta última su única incursión en la pantalla grande, con un presupuesto de 40 millones de dólares y el título de Serenity (2005). De eso ha pasado a contar con más de 200 millones y a sufrir la presión de ser el responsable de una cinta que viene a ser el descomunal clímax final de cinco títulos previos (Iron Man, Iron Man 2, El increíble Hulk, Capitán América y Thor), cuyas tramas confluyen aquí para encontrar la conclusión de algunos de sus conflictos y presentar otros nuevos de cara a futuras producciones (tanto de Los Vengadores en conjunto como de sus miembros por separado). Whedon logra salir airoso de tal reto e incluso es capaz de aportar, en sus mejores momentos, un grado de pericia narrativa que sobrepasa cualquier expectativa (y aquí es necesario destacar ese - falso - plano secuencia que pasa de un personaje a otro durante la batalla definitiva).


Sin embargo, no todo van a ser buenas noticias. Empecemos por lo peor: para tratarse de una cinta protagonizada por personajes que ya conocemos y que han contado (casi todos ellos) con películas propias, la primera hora de Los Vengadores emplea la mayor parte de su tiempo en presentarnos de nuevo a los protagonistas, como si no confiara del todo en que el público potencial hubiera visto las anteriores y sintiese la necesidad de explicar quién es quién, cómo se comportan, cuáles son sus características y de qué padecen. Se entiende que el propósito de Whedon también es mostrar cómo Loki va enfrentando a Los Vengadores entre sí, manipulándolos para que se destruyan entre ellos, pero a quien suscribe le pareció que no hacían falta tantos minutos para ello. En relación a esto, a medida que transcurría la película me preguntaba por qué las opiniones que había escuchado antes de ir al cine iban en dirección contraria: según me habían dicho, esto era un no parar de acción, un prodigio de ritmo que no se andaba con preliminares. Y no es así, pero entiendo lo que puede ocurrir. Resulta que la última hora y cuarto es tan trepidante, tan lustrosa e hipnótica que puede jugarnos una mala pasada y hacernos creer, en el recuerdo, que Los Vengadores es mucho más frenética de lo que en realidad es. Uno puede salir de la sala con tal subidón de adrenalina que olvida que, hasta que han empezado de verdad las tortas, ha tenido que soportar un buen rato de cháchara y minutos de relleno. Luego hay otros problemas algo menores, pero también dignos de mención: el Loki de las pelis sigue siendo un pelele (como, de hecho, confirma la secuencia extra que aparece durante los créditos finales), los Chitauri parecen diseñados a partir de una plantilla digital default y Scarlett Johanson sale todo el rato vestida hay subtramas que no quedan demasiado claras (especialmente la evolución de Hulk).


Con eso y todo, Los Vengadores tiene todo lo necesario para contentar al fan del cine de acción y de superhéroes que no busque más que sano entretenimiento, independientemente de que conozca las fuentes (vamos, que no hace falta ser coleccionista de cómics de la Marvel para entenderla), y, sobre todo, una alegría, aunque sea parcial, para todos los que preferimos la ligereza de Los 4 Fantásticos a la gratuita pedantería de El Caballero Oscuro. Mierda... lo dije. 

8 ago 2011

'Capitán América: El Primer Vengador'

(Captain America: The First Avenger. Joe Johnston. Estados Unidos. 124 minutos) Desde que Steven Spielberg estrenara en junio de 1975 su esencial Tiburón, generando así la sana tradición del blockbuster como contrapunto perfecto al calor infernal y apoyo a la relajación de las vacaciones estivales, el verano se ha convertido en la época favorita de quienes buscan en el cine, por encima de todo, dos elementos que no siempre son fáciles de encontrar y que de un tiempo a esta parte han sido sustituidos por otros más (presuntamente) intelectuales y (ridículamente) trascendentes como la profundidad psicológica o la tragedia. Estos dos elementos que los fans de las superproducciones esperamos ver en cualquiera de ellas no son otros que el entretenimiento y la emoción. Conceptos básicos que se tienden a menospreciar y que, sin embargo, constituyen la base primigenia sobre la que se sustenta eso que llaman cine. Capitán América: El Primer Vengador va sobrada de lo primero y tiene la dosis justa de lo segundo, por lo cual sólo cabe celebrarla como uno de esos títulos que llegan para hacernos la vida un poco más feliz, regalándonos dos horas de evasión y espectacularidad como en los dos años anteriores hicieron las infravaloradas G.I. Joe (G.I. Joe: The Rise of Cobra. Stephen Sommers, 2009) y El Equipo-A (The A-Team. Joe Carnahan, 2010). 

LO MEJOR: Su sentido del espectáculo y de la diversión.
LO PEOR: Su condición de película-tráiler.
Puede que Capitán América esté algo por debajo de esos dos títulos por culpa de algunos ramalazos de solemnidad que se infiltran en ella, aunque sea muy ocasionalmente, en forma de arengas militaristas y patrióticas que podrían poner nerviosos a los que caigan en el error de tomárselas demasiado en serio. Pero eso es algo, la seriedad, que no abunda en la película de Joe Johnston, para consuelo de todos nosotros y desgracia de los que piensan que todas las adaptaciones de superhéroes tienen que parecerse a las de Christopher Nolan. Por fortuna, Johnston es consciente de lo que tiene entre sus manos: un juguete caro y ruidoso, cargado de fuegos artificiales y con un mecanismo tan simple como efectivo. Es una pena, no obstante, que tenga que cargar con su condición de película-enlace y preludio de lo que será el próximo verano la mayor reunión cinematográfica de superhéroes jamás filmada, Los Vengadores (The Avengers. Joss Whedon, 2012). Esto obliga a dejar el final en puntos suspensivos y a plantear toda la cinta como si se tratara de un prólogo de dos horas para una historia de la que todavía no podemos ver el final. Pero, al mismo tiempo, ese detalle potencia la sensación de ligereza de la película y no impide que nos lo pasemos considerablemente bien con esta trama de freaks hipervitaminizados, lásers anacrónicos de origen divino, nazis ocultistas con demasiada pasión por lo suyo y alguna que otra chorrada bien entendida. Lo peor/mejor es que la escena post-créditos finales y el teaser que aparece después nos hace pensar que Capitán América: El Primer Vengador es simplemente un pequeño aperitivo de lo que será Los Vengadores, pero ojalá todos los pecados fueran como ese.  

7 jun 2011

'X-Men: Primera generación'

(X-Men: First class. Matthew Vaughn. Estados Unidos. 2011. 132 minutos) Se está entendiendo esta película como una refundación de la saga o un cambio de rumbo, pero X-Men: Primera generación sigue el camino de afortunada trivialización que comenzó a transitar la serie gracias a las muy potables X-Men: La decisión final (X-Men: The last stand. Brett Ratner, 2006) y X-Men Orígenes: Lobezno (X-Men Origins: Wolverine. Gavin Hood, 2009), alejadas de la trascendencia y pomposidad impuestas por Bryan Singer en los dos primeros capítulos (por otro lado, también muy disfrutables). No es entonces tanto un reboot como una profundización en la gozosa Serie B hecha con presupuesto generoso (aunque en comparación con otros blockbusters resulta moderado), lo cual no puede dejar de ser recibido con alegría. La cinta nos lleva a 1962, aprovechando el contexto de la Crisis de los misiles en Cuba, para construir una trama de espionaje internacional que podría estar sacada de cualquier explotación europea de James Bond. Este marco temporal aporta algo que se convierte en uno de los detalles más destacables de la película: un look muy marcado que se aprecia no sólo en el vestuario, sino también en la ambientación sonora y en el acabado entrañablemente naif de algunos artilugios que en las otras entregas eran alta tecnología, como ese Proto-Cerebro más propio de una de Jesús Franco que de una superproducción de Hollywood (dicho esto para bien, claro). Memorables son también algunas secuencias que están construidas con un sentido del ritmo perfecto, como el primer cara a cara entre un Erik niño y el supervillano Sebastian Shaw (Kevin Bacon), el enfrentamiento entre un Erik adulto (Michael Fassbender) y unos antiguos nazis en una cantina de Argentina o la emotiva secuencia en la que Charles Xavier (James McAvoy) enseña al futuro Magneto a canalizar su poder telequinético.   

LO MEJOR: La secuencia de la cantina en Argentina.
LO PEOR: Unos cuantos tijeretazos en la sala de montaje
le habrían sentado muy bien.
Sin embargo, no todo son alegrías en X-Men: Primera generación. Para empezar, y entrando en conflicto con esa apariencia ligera y pop casi digna de Austin Powers, está (¡otra vez!) la duración, muy desproporcionada y culpable de algunos altibajos de interés a mitad de la película. También está el hecho de que en ocasiones da la sensación de que estamos viendo una película de acción sin acción, lo cual se agrava aún más cuando todo se desboca en los últimos minutos y nos hace recordar que hasta ese momento casi no hemos asistido a secuencias espectaculares. Y, por último, en su debe hay que anotar la aparición súbita de instantes involuntariamente cómicos: una cosa es hacer chistes a propósito del pelo de Charles Xavier o meter cameos simpáticos y otra muy distinta es que casi se nos escape la carcajada de manera imprevista, como cuando Bestia (Nicholas Hoult) hace su primera aparición ya mutado o cuando Angel Salvadore (Zöe Kravitz, la hija de Lenny Kravitz y Lisa Bonet) y Banshee (Caleb Landry Jones) sobrevuelan los navíos de guerra. Además, el factor sexy también fracasa, ya que ni Rose Byrne, ni January Jones ni Jennifer Lawrence como, respectivamente, Moira MacTaggert, Emma Frost y Mística, consiguen su propósito de resultar apetecibles, la primera por seca, la segunda por gélida y la tercera por sosa. Aparte de todas estas cositas, que igual no les parecen motivos de escarnio, la película está bien a secas, resulta divertida, apropiadamente chorra en ciertos tramos y deja con ganas de más, que es justo lo que pretende

5 abr 2011

En Serie: Trilogía 'Darkman'


A finales de los años ochenta, Sam Raimi ansiaba hacer una adaptación al cine de uno de sus héroes de cómic favoritos: The Shadow. Incapaz de hacerse con los derechos del personaje (finalmente sería Russell Mulcahy quien se llevara el gato al agua con la fracasada adaptación de 1994), Raimi y su hermano Ivan crearon un héroe estéticamente similar y que guardaba también concomitancias con El fantasma de la Ópera de Gaston Leroux. Con la buena reputación que se habían ganado con Posesión infernal (The Evil Dead. 1981) y Terroríficamente muertos (Evil Dead II. 1987), Sam Raimi y el productor Robert Tapert consiguieron venderle la idea a Universal Pictures y, de este modo, lograron trabajar por primera vez con un gran estudio de Hollywood, aunque con un presupuesto todavía moderado y con algunas imposiciones: el director quería al protagonista de sus anteriores películas, Bruce Campbell, para que hiciera de Darkman, pero la Universal se negó e impuso a Liam Neeson ya que le consideraban más capaz de hacer creíble el amplio abanico de estados de ánimo por los que pasa el personaje durante la historia (aún así, Campbell filmó un cameo importante en uno de los mejores momentos del film). Darkman constituyó un éxito aceptable, recaudando casi 50 millones de dólares alrededor del mundo y obteniendo premios como el de Mejor Director y Mejores Efectos Especiales en el Festival de Sitges de 1990. Aunque no se llegó a rodar una serie de televisión de la que supuestamente se habló en su momento, sí que se filmaron dos secuelas estrenadas directamente en vídeo de las que daremos también cuenta en este artículo. 

LO MEJOR: Su espíritu anacrónico y su
capacidad para mezclar géneros.
LO PEOR: Que el papel principal no lo
hiciera Bruce Campbell.
Darkman (Darkman. Sam Raimi. Estados Unidos. 1990. 91 minutos) Peyton Westlake (Liam Neeson) es un científico especializado en el tratamiento de la piel sintética para aplicarla personas que han sufrido quemaduras u otros accidentes cutáneos. Al negarse a vender el edificio donde tiene alojado su laboratorio, un magnate inmobiliario envía a una banda de sicarios liderados por Robert G. Durant (Larry Drake) para darle un escarmiento. Como resultado del ataque, el laboratorio de Westlake vuela por los aires y este es dado por muerto, dejando sola a su desconsolada prometida, Julie Hastings (Frances McDormand). Lo que ninguno sabe es que Westlake ha sobrevivido y que ahora, bajo la identidad mutante de Darkman y gracias a sus conocimientos científicos, preparará su venganza e intentará recuperar a su amor. Con esta premisa quedaban claras las intenciones de Raimi: remitir al horror clásico y al folletín, mezclándolos con elementos de ciencia-ficción y del cine de acción, consiguiendo una mezcla sublime en la que no falta la adrenalina visual del director ni su pasión por el slapstick, con momentos de humor macabro y puro circo. Raimi disfruta con el material que tiene entre manos y se nota, hasta tal punto que podríamos decir que se trata de su mejor película, por cuanto tiene de afortunado resumen de sus mejores hallazgos y porque es todavía una obra fresca, enérgica y valiente, lejos del adocenamiento al que se verían sometidos algunos de sus siguientes trabajos. Las explosiones de furia descontrolada que sufre Westlake están reflejadas con un acierto total por parte del director, subrayando unas interpretaciones notables y un guión simple y eficaz en el que también intervino Chuck Pfarrer, poco después firmante del libreto de la explosiva Blanco humano (Hard target. John Woo, 1993). La música de Danny Elfman enfatiza los momentos cumbre con maestría y nos conquista desde los créditos iniciales. Y en cuanto a los efectos especiales, tanto los de maquillaje como los visuales, llenos de sangre los primeros y de transparencias imposibles los segundos, potencian la sensación de estar ante la Serie B perfecta, la película con la que sueñan los que no se deciden entre el terror y la acción cuando tienen que elegir su género favorito.  



LO MEJOR: Arnold Vosloo es un actor
competente.
LO PEOR: Parece una versión descafei-
nada de la primera parte.
Darkman II: El regreso de Durant (Darkman II: The return of Durant. Bradford May. Estados Unidos. 1995. 89 minutos) Teniendo en cuenta la manera en la que acaba el primer Darkman y el hecho de que sea un personaje que tiene el rostro quemado y que puede fabricarse máscaras con las facciones de cualquier persona, el obligado cambio de protagonista (de Liam Neeson a Arnold Vosloo) no podría estar resuelto argumentalmente de peor manera. Ya que Peyton Westlake había optado por dejar de usar su rostro de siempre, es absurdo que aquí se nos presente un prólogo en el que se reutilizan planos de la primera parte con insertos en los que aparece el personaje con la cara de Vosloo en lugar de con la de Neeson, intentando hacernos creer que Westlake siempre tuvo el aspecto del actor de reemplazo en lugar del original. Esto ya demuestra lo chapucera que es Darkman II desde los primeros minutos. Ni siquiera se esforzaron en el argumento: Durant no murió, sino que entró en coma y tras su recuperación, más de dos años después, ha decidido que quiere volver a ser el rey del hampa. Pero como las cosas han cambiado y hay demasiada competencia, piensa que debe resultar innovador. ¿Cómo? Pues sacando de un manicomio a un peligroso científico que estaba construyendo un arma láser. Además, como manda la tradición, se pone cabezón por hacerse propietario de un laboratorio y acaba matando a su dueño, un craso error teniendo en cuenta que éste se había hecho socio de Westlake para investigar juntos la piel sintética y, gracias a ello, el héroe vuelve a ponerse tras la pista del villano repelente. La película es un horror, con una factura televisiva desvaída, un guión perezoso y reiterativo a más no poder y escasísimas escenas de acción. Se salvan si acaso sus acercamientos a la ciencia-ficción gracias a la excusa de la super-arma, pero poco más.



LO MEJOR: Sus momentos inesperados
de humor involuntario.
LO PEOR: Que no hicieran una cuarta
parte y siguieran por ese camino.
Darkman III: El Desafío (Darkman III: Die Darkman die. Bradford May. Estados Unidos. 1996. 83 minutos) Admitámoslo: no era fácil superar o siquiera igualar lo conseguido por Sam Raimi en la primera parte de esta trilogía, pero casi tan complicado como eso era coger a un personaje tan interesante y llevar a cabo una película tan pocha como Darkman II. Contra todo pronóstico, teniendo en cuenta que ésta también la dirige Bradford May, resulta que Darkman III recupera algo del brío original y no se limita a copiar casi al pie de la letra el argumento de la primera parte. Y eso que empieza igual de mal: con un prólogo donde ya se mezclan escenas de las dos primeras partes con otras de esta tercera que aún no hemos podido ver. Durant esta vez está muerto de verdad, y ahora es Peter Rooker (Jeff Fahey) quien se encarga de hacer el mal. Y además sabe tocar el piano. Al pobre Peyton, que cada vez se mezcla más con la gente y parece no tener muy en cuenta el límite de 99 minutos que dura la piel sintética (salvo cuando esto le viene bien al guión), le engañan como a un niño: se le aparece una rubia y le dice que es una de las doctoras que le atendió en el hospital y que quiere ayudarle a restaurar su sistema nervioso. En realidad es la amante de Rooker y lo que se proponen es tomar una muestra del ADN de Westlake para inyectárselo a delincuentes y convertirlos en insensibles máquinas de matar sin dos dedos de frente (¡!). El argumento es muy chorra, sí, pero eso ayuda a que la película sea moderadamente disfrutable. También hay que destacar que hay mejores y más abundantes escenas de acción que en la segunda parte (aunque el especialista que dobla a Darkman parece que tiene artrosis en algunos momentos) y que hay instantes de humor involuntario como aquel en el que, celebrando el cumpleaños del malo, suena la canción de Oficial y Caballero (An officer and a gentleman. Taylor Hackford, 1982) y la esposa dice "esta canción me recuerda a nuestra boda", o aquella escena en la que Darkman está viendo la tele y aparece un anuncio del parque de atracciones de la Universal (barriendo para casa). También da un poco de risa la manera en la que intentan introducir un elemento dramático con calzador: Darkman se da cuenta de que el villano no le da buena vida a su mujer y a su hija, así que decide hacerse pasar por él para convertirse en un buen esposo y un buen padre... Si es que en el fondo, el pobre hombre es buena gente, aunque tenga mala leche y sea así de feo.

6 feb 2011

'The Green Hornet'

(The Green Hornet. Michel Gondry. Estados Unidos. 2011. 119 minutos) Hoy recordada casi exclusivamente por los fans de Bruce Lee y por los amantes de la cultura pop, THE GREEN HORNET fue en un primer momento un serial radiofónico que comenzó a emitirse en 1936 y que más tarde, a mediados de los 60, fue adaptado a la televisión con escasa fortuna entre los espectadores. La intención era crear un fenómeno similar al BATMAN de Adam West, sin embargo, las aventuras del Avispón Verde y su fiel ayudante Kato (interpretado por Lee), no gozaron del beneplácito del público y pronto fueron retiradas de la parrilla. Quizá el problema estaba en que el verdadero dueño del show era Bruce Lee, quien en un principio era un segundón pero que finalmente fue quien se ganó el aplauso de la audiencia. En el cine asiático aún se pueden apreciar guiños al personaje, siendo todo un icono la imagen del luchador marcial con antifaz negro (inspiró el díptico BLACK MASK, aparece en algunos momentos de LEGEND OF THE FIST: THE RETURN OF CHEN ZHEN y fue también utilizado por Quentin Tarantino en KILL BILL, donde también usó el tema musical de GREEN HORNET en la banda sonora). En resumen: Kato mola, el Avispón Verde no.

LO MEJOR: Jay Chou como Kato.
LO PEOR: Lo insoportable que resulta Seth Rogen.
Lo mismo sucede en la adaptación cinematográfica dirigida por el interesante Michel Gondry, autor con una personalidad bien marcada que pierde en parte en este capricho personal que se ha permitido: rodar una cinta de superhéroes al estilo Hollywood, con gran presupuesto y profusión de escenas de acción y efectos especiales. En ella, Kato vuelve a ser la estrella del show, con Jay Chou retomando el papel de Bruce Lee y llevándose las simpatías del público, mientras que Seth Rogen en el papel de Britt Reid/Avispón Verde hace justo lo contrario: su personaje resulta francamente insoportable en algunos momentos, haciendo gala de una antipatía y un sentido del humor ineficaz que se hacen protagonistas de los peores momentos de la cinta, planteada como comedia más que como largometraje de acción. Es una pena que una película que se toma tan a broma la tarea del superhéroe, llena de escenas de destrucción e inventiva visual (a pesar de las convenciones, Gondry utiliza algunos recursos ingeniosos, como el seguimiento múltiple de varios personajes en una pantalla dividida), tenga que contar con un enfoque tan irritante para el personaje protagonista, además de con una sosa y cada vez menos atractiva Cameron Díaz haciendo de florero. Suerte que están Chou y Christoph Waltz, éste como villano bastante peculiar: es capaz de matar a sangre fría a su mejor amigo, pero en realidad actúa movido por un evidente complejo de inferioridad y por su crisis de la mediana edad. Y bienvenido sea también su tono ligero y su sana vocación de divertimento, especialmente en una época en la que la vacua trascendencia se ha adueñado del cine espectáculo y todo el mundo parece empeñado en que si una película divierte será porque no es muy buena. Así nos va...


*Publicado originalmente en la edición impresa de Crónicas de un Pueblo.

29 oct 2010

Especial Sitges 2010: 'Super'

(Super. James Gunn. Estados Unidos. 2010. 92 minutos) Super, la nueva película del director de la estupenda Slither, supuso la gran sorpresa del Festival de Sitges: una cinta que había salido aparentemente de la nada, sin poster oficial ni tráiler, con una web en pañales (www.thecrimsonbolt.com) y una premisa que recordaba demasiado a las de Kick-Ass o Defendor (también vista en Sitges y que aparece este mes directamente en DVD en nuestro país): la historia de un perdedor nato que, tras una revelación personal, decide hacer justicia y convertirse en superhéroe, a pesar de carecer de poderes o tecnología con la que enfrentarse al Mal, así en mayúsculas. Sin embargo, Super no sólo tiene personalidad propia, sino calidad suficiente como para convertirse en un clásico de culto instantáneo: la visión que da del vigilantismo no tiene nada de complaciente, como sí ocurría en algunos fragmentos de Kick-Ass (tanto en el cómic de Mark Millar como, sobre todo, en la adaptación fílmica de Matthew Vaughn, por otra parte estimables), presentando a un personaje complejo y acomplejado con serios problemas mentales (interpretado soberbiamente por Rainn Wilson) que, en su intento por hacer el Bien, acaba convirtiéndose en poco menos que un psicópata capaz de abrirle la cabeza a cualquiera que se le adelante en la cola del cine. La ultraviolencia y el humor bestia, dos de las grandes cualidades de la cinta, se ven reforzadas por un tono que oscila entre lo artesanal (la pobreza de medios es evidente), lo desenfadado (las onomatopeyas que aparecen en la pantalla al más puro estilo del Batman de los 60), lo patético (todos los personajes alcanzan cotas de un patetismo tan exagerado como enternecedor) y lo fantástico (las visiones del protagonista en las que cree recibir mensajes del mismo Dios). Los secundarios no tienen desperdicio (Kevin Bacon, Liv Tyler, Gregg Henry, Michael Rooker, Nathan Fillion y una sorprendentemente encantadora Ellen Page) y hay cameos que no deben dejar escapar (por ahí vi a Lloyd Kauffman y William Katt, aunque podría haber más). Y lo mejor es que, en este caso, el todo es mayor que la suma de sus partes. Lamentablemente, el espíritu independiente y destroyer de Super se lo pondrá muy difícil para encontrar una distribución convencional, de lo cual es buena prueba el hecho de que no tenga fecha de estreno ni siquiera en Estados Unidos. Y esto es lo que da realmente sentido a festivales como el de Sitges, donde tenemos la oportunidad de disfrutar en pantalla grande de títulos que de otro modo resulta casi imposible ver... de manera legal.



2 may 2010

'Iron Man 2'

(Iron Man 2. Jon Favreau. EEUU. 2010. 124 minutos) Hace dos años comentaba a propósito del primer Iron Man que lo más destacable del resultado era que dejaba con ganas de más, no porque lo que había no fuera suficiente sino porque era lo bastante interesante como para generar unas expectativas positivas de cara al futuro. Ahora que ha llegado ese futuro, lamentablemente debemos decir lo contrario de Iron Man 2: si deja con ganas de más es porque sabe a poco. Aumenta el número de villanos, aparecen personajes nuevos y se incrementan las tramas paralelas, pero el guión de Justin Theroux no puede escapar a su condición de subordinación con respecto a lo que sucedía en la primera parte y lo que está por venir (el escudo del Capitán América, los archivos de S.H.I.E.L.D., etc.), de tal modo que al terminar la película no sabemos más de Tony Stark de lo que ya aprendimos sobre él con la cinta previa o con su cameo en El Increíble Hulk. Esta vez, lo que sucede en medio de las set-pieces resulta sólo moderadamente atractivo, rellenando de manera irregular los vacíos existentes entre una escena de acción y otra, que era algo que no sucedía en la primera parte: si allí resultaban tan acertadas las secuencias de Iron Man como las de Tony Stark, no se puede decir lo mismo aquí, ya que todo el segundo acto padece un exceso de verborrea y una carencia de intensidad alarmantes.

Las buenas noticias son que, en los momentos apropiados, la película brilla adecuadamente: Jon Favreau apuesta por la acción física por encima del artificio tecnológico, siendo el único punto negativo en este aspecto lo mal distribuidos que están sus clímax, ofreciendo a los veinte minutos la mejor escena de la cinta (el enfrentamiento en Mónaco entre Iron Man y Whiplash, lleno de fisicidad, virtuosismo y sentido del humor), para después caer en un estado de letargo del que prácticamente no se recupera hasta la masiva confrontación final. También se agradece su tono leve y la sensación de cómplice ridiculez que transpiran algunas escenas (Iron Man, Nick Fury y Viuda Negra desayunando en Randy's Donuts... con sus trajes de guerra). Y, aunque echamos de menos a Terrence Howard y las chicas están especialmente ausentes y sosas (como bien vio John Tones), da gusto comprobar cómo en pleno 2010 el verano cinematográfico se abre con una superproducción dirigida por el responsable de Elf y Zathura y protagonizada por dos tipos, Robert Downey Jr. y Mickey Rourke, por los que nadie daba un duro hace diez años. La vida es rara.

1 ago 2009

'Punisher: Zona de guerra'


(Punizher: War Zone. Lexi Alexander. EEUU / Canadá / Alemania. 2008. 103 minutos). Que Punisher: War Zone haya llegado a España directamente al mercado del dvd no debería ser tanto una tragedia como una celebración: los fans de la serie B, siendo egoístas, sabemos que más vale un estreno directo a vídeo que uno limitado en salas de cine al que sólo puedan acceder cuatro privilegiados, haciendo que el resto tengamos que esperar más tiempo para disfrutarlo en condiciones óptimas. Y esta película es un producto para ser gozado en la intimidad, en círculos reducidos, más que en multisalas llenas de espectadores con prejuicios, poco dados a la experimentación y que sólo encajan el gore si viene empaquetado dentro del género de terror. Una vez vista, no extraña nada que se haya convertido en un fracaso comercial. Punisher: War Zone viene de otra época, con su uso lúdico de la violencia, su humor bestia, sus despliegues de fogueo y esas hostias tan sonoras. Hace pensar en RoboCop, en Darkman y en Dick Tracy sin que haya nada específico que se apropie de ninguna de las tres, pero sí asumiendo gustosamente unas máximas de grosería, diversión y exageración presentes en aquellas que no se han vuelto a dar en ninguna otra cinta ambientada en (o inspirada por) el mundo cómic. Si, además, pensamos que detrás de las cámaras está una bella alemana campeona de karate y kickboxing, el nivel de excitación que provoca este Punisher roza ya lo erótico. Sale Kathryn Bigelow, entra Lexi Alexander.


Háganse un favor y cómprense el dvd o el blu-ray de esta maravilla. Los extras, aunque breves, no están nada mal y van a lo útil, centrándose en detalles prácticos sobre la realización de la película y dejando de lado el rollo "yo siempre quise trabajar con..." que tanto nos aburre. De ellos destaco una frase de la directora: "cuando veo una película de acción y noto que a los 20 minutos no pasa nada, empiezo a pensar en la colada". Lexi, le amo.

4 jun 2009

'X-Men Orígenes: Lobezno'


(X-Men Origins: Wolverine. Gavin Hood. EEUU. 2009. 107 minutos). Pasa en muy pocas ocasiones y es algo que todavía me desconcierta, pero ha vuelto a ocurrir: a la hora de leer opiones sobre Lobezno (abreviando) no estoy de acuerdo ni con focoforers ni con blogdeciners. Lo habitual, aquello con lo que me siento cómodo, es estar de acuerdo con los primeros y disconforme con los segundos, pero esta vez no entiendo a ninguno de los dos bandos. Seguramente porque, en comparación con lo que anda por ahí suelto, yo no tengo ni puta idea de cómics y para mí Lobezno es un personaje molón con garras y ya está, no un ser mitológico cuya Historia, así en mayúsculas, no debería ser manchada con blasfemias e interpretaciones libres. Basta de tonterías. Los que esperaran esa voluntad de seriedad que quiso implantar Brian Synger en sus dos películas y, en menor medida, Brett Ratner en la menospreciada tercera parte de la saga, que se jodan. Pedirle trascendencia a algo así es, grosso modo, síntoma de gilipollez y del daño que ha hecho el pesado de Christopher Nolan al género con su visión del superhéroe y el supervillano, generando un estúpido rasero con el cual todos se quieren medir ahora (incluyendo a alguien que hasta hace poco tenía las ideas tan claras como McG) y obligando al público medio a buscar atributos como seriedad, oscuridad y trascendencia donde antes sólo buscaba humor, colorido y evasión. Jódanse también los que se arañan la cara y se tiran de los párpados cuando se sienten violados ante las adaptaciones de sus deidades de papel. Su necesidad de ver LO MISMO en otro medio es una limitación que se autoimponen de manera fútil, pero allá ustedes. Soy un hombre tranquilo y los que me conocen lo saben. Pero a veces , dicho desde el respeto y el cariño que profeso hacia algunos de ustedes, entran ganas de darles una buena hostia: "¡Qué cantazo dan las garras a digitales!", "¡Qué inverosímil resulta que Lobezno atraviese una pared!", "¡Qué incongruente es la actitud de Gambito!", "¡Qué guión más pobre!", "¡Le han cambiado el peinado a Logan!", "¡Qué peste a Serie-Z!"... Que se joda también Hugh Jackman, que ha intentado vendernos la moto proclamando a diestro y siniestro que su película contenía grandes dosis de drama y profundidad psicológica cuando en realidad no es más que un tebeo imparable y rijoso con momentos que llevan a la risa (a veces sin querer hacerlo) y conflictos dramáticos de telenovela, aunque uno no sabe ciertamente, y tampoco me apetece averiguarlo, hasta qué punto esto es una treta comercial o si realmente Jackman piensa que ha hecho eso, incapaz de asimilar la verdadera identidad del resultado final más allá de lo que Gavin Hood le prometió que iba a llevar a cabo.

Jódanse todos, en definitiva, menos yo... que he ido dos veces gustosamente al cine a ver esta intrascendente, a ratos grotesca y moderadamente espectacular película, suerte de blockbuster a medio gas que se puede entender como un producto fallido por la distancia existente entre intenciones, expectativas y resultados pero que, para quienes de verdad se criaron en los videoclubes, contiene toda la acción, jolgorio, chulería y vacuidad que le exigíamos a cosas como Destroyer: Brazo de acero, La venganza del acorralado o Cy Warrior, pero hecho con más medios. Ni más ni menos.

7 sept 2008

Batman sin Batman, o el aburrimiento como una de las bellas artes


Como complemento a la flamante reseña sobre El Caballero Oscuro que he publicado en MicroCritic, les traigo mi artículo publicado en el periódico Crónicas de un Pueblo sobre este truño de Nolan, en una versión algo más extendida que la que finalmente apareció en papel.

Sí, vale, igual el tema ya está algo pasado y esto ya hace tiempo que lo escribí, pero no he podido publicarlo hasta ahora. Disculpen.

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Va a parecer que quiero llevar la contraria, que pretendo hacerme el listo o nadar a contracorriente simplemente para adoptar una pose enrollada y parecer el más chulo de la clase. Pero cuando digo que la nueva película de Batman, EL CABALLERO OSCURO, es un truño, lo digo desde el dolor y la decepción, no desde el orgullo exclusivista. Qué más quisiera yo que haberme unido al resto de mortales, esos que han conseguido que la cinta lleve ya recaudados más de 800 millones de dólares en todo el planeta, y no haber sufrido durante las dos horas y media que dura el invento luchando contra el sueño desde la butaca, para luego salir del cine agotado y con un bajón terrible. Me consuela el hecho de haber visto muchas caras tan tristes como la mía cuando se encendieron las luces, así como leer en ese reducto virtual de la inteligencia que es El Focoforo (búsquenlo en internet) más opiniones contrarias al fenómeno, algunas incluso enojadas y sangrantes, otras más moderadas y algunas (las menos) incluso entusiastas. Por mi parte, sólo se me ocurre decir que EL CABALLERO OSCURO es la película con Batman de protagonista más aburrida que he visto en mi vida, aún teniendo en cuenta aquellos disparates que fueron BATMAN FOREVER (1995) y BATMAN & ROBIN (1997) y que hoy se me antojan infalibles remedios de choque contra la ridícula seriedad y pretenciosidad de la última cinta del caballero vestido de murciélago. Verán, no tengo nada en contra de que alguien, en este caso Christopher Nolan, pretenda hacer una película trascendental sobre el caos, el terrorismo y los problemas psicológicos… pero sí me molesta que para hacer eso se usen como excusa a un tipo trastornado que se disfraza por las noches de rata con alas, a otro que está aún más zumbado y que se viste de payaso y, finalmente, a un tercer personaje teóricamente la mar de equilibrado que se transforma en un psicópata después una tragedia personal (miren qué realista resulta eso, ¿eh?). Es decir, esto debería ser una película sobre héroes y villanos que se reparten hostias y no sobre tres perturbados que reflexionan (¡además en voz alta!) sobre su papel en el mundo, sobre su utilidad y su destino. Pero como película de acción EL CABALLERO OSCURO es una birria: en sus dos horas y media (insisto en la duración porque es otro síntoma de lo importante que pretende ser el producto) sólo encontramos dos o tres escenas relativamente espectaculares que, para colmo, están lastradas por la evidentísima torpeza de Nolan a la hora de enfrentarse a escenas de gran aparatosidad. La película podría funcionar como thriller policiaco. De hecho, es lo que parece que quiere ser a toda costa. Pero en esa ecuación nos sobra Batman, nos sobra Joker, nos sobra Harvey Dent, el Batmóvil y todos los gadgets, por mucho que el personaje del murciélago comenzara sus andaduras en la publicación ‘Detective Comics’. Y como película de superhéroes, en EL CABALLERO OSCURO nos sobran los juicios, nos sobran las tramas secundarias que no conducen a ninguna parte, nos sobran minutos, frases pretenciosas que no dicen nada, diálogos somníferos, cháchara, nos sobran dilemas de psicología elemental (que ya se usaban en BATMAN FOREVER, por otro lado… y nadie dijo de ella “oooh, es que es una película tan moral y psicológica…”) y nos falta emoción, intensidad, ritmo, diversión, acción, espectacularidad, carisma… y dedos para contar las veces que me hizo desconectar y pensar que no estaba viendo la misma cinta de la que había leído tantas cosas y tan buenas. Me resulta totalmente incomprensible que, ahora mismo, se defina la película con sentencias como “Es la mejor película de superhéroes de la historia”, “Uno de los mejores films de todos los tiempos, no sólo de superhéroes” y delirios por el estilo, que son los que atraen en masa a los crédulos al cine y que sirven para pre-instalar una opinión hinchada en la mente de los espectadores más débiles o influenciables, aquellos que sólo ven películas que huelen a premios, son vendidas como “el fenómeno comercial de la temporada” o vienen precedidas por laudatorios reportajes de prensa escritos por críticos sobornados por la distribuidora… o que acaban de salir del cine alucinados, como críos pequeños, y redactan sus crónicas sin ningún atisbo de reflexión y contextualidad. Sobre el Joker que compone el fallecido Heath Ledger… digamos que creo fervientemente que de no haber estado encarnado por una joven promesa fallecida prematuramente no se estaría hablando de él como de “uno de los mejores villanos de la historia del cine”. Lo dejo ahí porque quizá alguien se pueda ofender, por aquello de hablar mal de los muertos y tal…

18 may 2008

'Iron Man'

(Iron Man. Jon Favreau. EEUU, 2008. 126 minutos) Poseedora de una chulería íntrinsecamente unida a la personalidad de su protagonista principal, Iron Man constituye la aproximación cinematográfica más cool y chiripitifláutica al universo Marvel que se ha producido en el siglo XXI, ajena a torturas psíquicas y complejos de héroe, llena de lujo, humor y aroma de revista de tendencias, con la acción justa para contentar al que sólo busca eso y que funciona a la perfección como capítulo introductorio de lo que está por llegar (ahí están esos ganchos para iniciados: S.H.I.E.L.D., James Rhodes...). Parca en argumento pero generosa en peripecias, Iron Man se distingue también por la idiosincrasia de Tony Stark y el modo en el que se aleja de otros paladines de la justicia, principalmente porque a Stark la justicia como tal, entendiéndola como un concepto indisoluble a su condición de ser superior, se la trae al pairo. Brinda por la paz después de vender un misil con tecnología avanzada... y sus salidas con la armadura tienen más que ver con lo lúdico y lo vengativo que con hacer el bien, defender al prójimo y esas otras cosas que tanto tiempo hacen perder a otros de su especie. Cuando salva a inocentes lo hace porque le viene de camino, no porque se haya situado allí específicamente para hacer el bien. Por no hablar de lo cómodo que se siente con la popularidad de su alter ego y lo poco que hace por camuflarse y huir de la luz pública. Por todo eso (y porque al final la moraleja se convierte en chiste), Iron Man mola y queremos más.

16 nov 2007

'Orgazmo'

(Orgazmo. Trey Parker. Estados Unidos, 1997. 88 minutos). Me gustan Trey Parker y Matt Stone. En ocasiones me cuesta saber con exactitud cuál es su postura ideológica ante determinados asuntos, y uno nunca sabe muy bien dónde acaba la parodia o la crítica y dónde empieza el homenaje. Pero, a pesar de esta desconcertante paradoja, los considero como miembros fundamentales de ese grupo de "salvadores" del humor norteamericano más gamberro y crítico. Mucho se habló de los hermanos Farrelly y de su supuesta visión revolucionaria de la comedia romántica, pero su estilo se queda en humor blando comparado con el de este dúo dinámico, prodigioso y rebelde que forman Stone y Parker (de quienes aún tengo que ver BASEketball y Cannibal! The Musical, así como la abortada serie That's my Bush... es decir, mucho).

Antes de lograr el éxito masivo con la creación de la visualmente tosca pero fascinante y argumentalmente corrosiva South Park para televisión, Trey Parker (acompañado de Matt Stone en diversas tareas) ya había rodado la película que nos ocupa, Orgazmo, una de las comedias más delirantes que recuerdo haber visto de todas las que se produjeron en esa década. Pero fue gracias al triunfo de la serie de Kenny y compañía que Orgazmo pudo llegar a las carteleras, videoclubes y cadenas de televisión de todo el planeta, con diferentes montajes dependiendo del grado de explicitud mostrado, pero siempre con el sentido de la diversión intacto.

Burlones cronistas del declive del imperio norteamericano (y, por extensión, de todo occidente) a través de sus trabajos (no hay más que recordar los largometrajes South Park y Team America), en esta ocasión cargan contra algo más concreto, la industria del cine pornográfico, el cine de superhéroes y el de artes marciales. Aunque, aquí tenemos un claro ejemplo de lo que decía unas líneas arriba: más que criticar a todo esto, hacen una parodia cariñosa con la que rinden homenaje a sus héroes de la cultura basura, apareciendo rostros tan populares (ya saben) como el porno-star Ron Jeremy o el hombre detrás de la Troma, Lloyd Kauffman.

Seguro que muchos de ustedes recordarán la exitosa Boogie Nights, en la que se nos mostraba un biografía más o menos encubierta de John Holmes. Pues bien, Orgazmo es otra aproximación al biopic (ficticio) ambientado en el mundo de la pornografía, sólo que en lugar de contarnos la típica historia de auge y caída de un mito, nos introduce en la vida de un mormón reconvertido en el actor porno más fomoso de la historia gracias a la cinta Orgazmo y en superhéroe en los ratos libres, acompañado, hay que decirlo, del implacable Choda Boy. De este modo, lo que empieza como una comedia ligera y gamberra al estilo Kevin Smith se va transformando poco a poco en una extraña mezcla entre Ed Wood y Blankman, aquella divertida tontería de superhéroes de pacotilla protagonizada por Damon Wayans, con la estética feísta de John Waters y el espíritu campy de Sgt. Kabukiman o Class of Nuke 'em High, con mención especial para el orgazmatron del Woody Allen de El Dormilón... Así, Orgazmo es un torrente de referencias e ideas prestadas de otros géneros, desde la comedia escatológica (la impresionante T-Rex o los pedos de A-Cup) hasta el cine de artes marciales, del que toma prestado parte del argumento de El furor del dragón: si en el clásico de Lo Wei teníamos a Bruce Lee defendiendo a sus parientes del acoso sometido por unos mafiosos italianos hacia su restaurante chino, aquí Orgazmo y Choda Boy deben proteger a su colega G-Fresh (un japonés que habla como un rapero negro, escucha a Wu-Tang Clan y pone posters de Chef Raekwon detrás del karaoke) de los tejemanejes de unos especuladores que quieren adueñarse de su restaurante de sushi para ampliar su discoteca. Es decir, que los fans de elementos supuestamente subculturales como la comedia basura, la serie b, las artes marciales, el porno, la televisión de los 60 (esos villanos delirantes en plan Batman, como Castrato, Jizmaster Zero o las Gemelas Sodomitas) o el cómic (los títulos de crédito iniciales) van a encontrar detalles de interés y hasta de puro gozo lúdico.

Prepárense para momentos sublimes como cuando Choda Boy recuerda por qué no puede utilizar el estilo Hámster de Kung Fu, o simplemente absurdos como la fiesta que hacen para celebrar el éxito de Orgazmo (codeándose con E.T., Jurassic Park o Star Wars en el ranking de películas más taquilleras de la historia), en la que unos tipos que se hacen llamar (muy apropiadamente) Los Naked Mariachis cantan Mi verga es pequeña y fea ( en castellano) y el fotógrafo Dave (un descacharrante Matt Stone) le dice a Orgazmo: “¿No te recuerdan a Depeche Mode?”. En fin, una auténtica gozada para pasarlo bien viéndola con amigos o a solas con nuestro bagaje bizarril en modo on.