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4 nov 2011

'Las aventuras de Tintín: El secreto del Unicornio'

(The adventures of Tintin: The secret of the Unicorn. Steven Spielberg. Estados Unidos / Nueva Zelanda. 2011. 107 minutos) Como crítico les podré parecer más hábil o más torpe, dependiendo de cuáles sean sus consideraciones hacia mi persona en ese sentido, pero desde luego, no me deberían tener muy en cuenta como futurólogo, porque me temo que el porcentaje de acierto de mis predicciones es un desastre. Les pongo dos ejemplos. El primero es que vaticiné que Los Pitufos (The Smurfs. Raja Gosnell, 2011) sería un fracaso económico porque pensaba que los niños de ahora no conocen a los personajes y que, en consecuencia, no pedirían a sus padres que les llevaran a los cines. Pues bien, la película lleva recaudados 551 millones de dólares en todo el mundo. El segundo ejemplo es el relativo a la película que nos ocupa, Las aventuras de Tintín: El secreto del Unicornio. Habiendo perdido la confianza en el sentido de la aventura de Steven Spielberg tras su última cinta de Indiana Jones, la que para muchos nunca debería haber existido, y teniendo muchos reparos con la animación de captura de movimiento, no esperaba con muchas esperanzas este largometraje que, para colmo, estaba protagonizado por un personaje al que nunca me he acercado ni siquiera por curiosidad. Y resulta que es uno de los títulos más excitantes que se han estrenado este año...

LO MEJOR: La manera en la que consigue aniquilar todos
los prejuicios que había generado.
LO PEOR: Que la animación por captura de movimiento no
ha alcanzado todavía ese hiper realismo al que aspira.
Me explico. Da igual que sean fans de la creación de Hergé, aunque es evidente que eso les ayudará a pillar ciertos guiños y a sacarle algo más de jugo al invento. El guión es lo suficientemente inteligente como para sortear ese escollo y convertirse en algo totalmente comprensible y disfrutable incluso para los no iniciados en el personaje. Y no es de extrañar teniendo en cuenta que viene firmado por Edgar Wright, Joe Cornish y Steven Moffat. También pueden estar tranquilos por Spielberg, porque al parecer lo del último Indy sólo fue un traspiés momentáneo. Su nueva película es un no parar desde el principio hasta el final, un prodigio de ritmo, aventuras y acción como pocas veces se ve en pantalla grande y que puede deshacer cualquier reticencia inicial que se tuviera ante el proyecto. Para colmo, tiene algunas de las set-pieces más espectaculares de los últimos años (todo el tramo en Marruecos es, sencillamente, magistral) y hay humor a raudales (y no tan políticamente correcto como cabría esperar de una superproducción de estas características: ahí está esa pequeña alusión a la zoofilia, sin olvidar la manera en la que utilizan el alcoholismo de Haddock como chiste recurrente). En cuanto a la otra barrera que había que derribar, la de la animación, hay que decir que también lo consigue, aunque no de un modo tan inapelable. Se puede decir tranquilamente que Las aventuras de Tintín: El secreto del Unicornio es la película filmada con captura de movimiento que tiene una animación más depurada, más creíble y más humana. Pero no es así al 100%, ya que si bien con Haddock han hecho un trabajo impresionante (Andy Serkis de nuevo dándolo todo), desarrollando incluso su personaje mucho más que los demás, también hay que reconocer que otros, como el propio Tintín, no dejan de resultar demasiado artificiales en ocasiones. Y esto, cuando les colocas en entornos hiper realistas que se pretenden hacer pasar por auténticos, puede suponer un problema al generarse un contraste entre la naturalidad de esos escenarios y la artificiosidad de los caracteres que se mueven por el mismo. No obstante, esto sería lo único relativamente negativo de una película que no deberían perderse y que incluso tiene un 3D agradable, para variar.

1 jul 2011

'Kung Fu Panda 2'

(Kung Fu Panda 2. Jennifer Yuh. Estados Unidos. 2011. 91 min.) Hace tres años, y contra todo pronóstico, DreamWorks Animation se sacó de la manga una película que podía mirar cara a cara a algunos títulos de Pixar a un nivel técnico y, en menor medida, también narrativo. Kung Fu Panda (Mark Osborne, John Stevenson. 2008) demostraba que en DreamWorks no sólo sabían explotar el humor chabacano y coyuntural de la saga Shrek, la cual tuvo algo de gracia en su momento pero ya ha quedado totalmente anticuada, sino que también había espacio para una historia de raigambres más clásicas en la que los chistes no venían de los pedos o la parodia del último éxito de la temporada. Además, la película hacía gala de un inesperado respeto a la cultura oriental y un conocimiento notable de la tradición cinematográfica de Hong Kong, concretamente del cine de artes marciales, que a muchos nos cogió desprevenidos y supuso un aliciente extra para la típica historia de superación personal enfocada al público infantil. Ahora con la sorprendente aparición de Guillermo del Toro en los créditos como consultor creativo y productor ejecutivo, el panda Po vuelve a los cines con una aventura de mayores dimensiones que, sin embargo, sabe mantener la esencia de la primera parte y llevarla hacia nuevas cotas de espectacularidad.

LO MEJOR: El brillante momento en el que todo el equipo
se reúne para enfrentarse al ejército villano en el tremendo
combate final.
LO PEOR: Las peleas son algo más confusas que las de la
primera parte.
Obviamente, se ha perdido algo de frescura con respecto a la original, pero es un mal menor. Kung Fu Panda 2 repite buena parte del esquema dramático de la primera parte, se autocita en varias ocasiones y hasta se permite introducir fragmentos extraídos de aquélla, sin embargo, la reiteración en una fórmula de probada eficacia no es algo que aquí moleste en absoluto, pese a la evidente ausencia de riesgo que ello supone. Si en la primera parte Po buscaba convertirse en el Guerrero del Dragón, aquí se pasa también toda la película persiguiendo algo que le hará evolucionar: por un lado, una paz interior con la que podrá enfrentarse a cualquier enemigo o arma, por otro, rastrea su pasado siguiendo los fragmentos sueltos que se le vienen en forma de sueños y que le ayudarán a entender de dónde viene y cómo llegó hasta donde está. Los momentos cómicos generados por las secuencias de entrenamiento están entonces servidos de nuevo, pero también, y ahora de manera más pronunciada, se hacen más patentes algunos elementos dramáticos que añaden una dosis extra de emoción. Ambas facetas se unen a la puramente pirotécnica en un clímax final colosal en el que queda muy bien plasmado otro cambio sobre lo visto en la primera parte: si Osborne y Stevenson optaron por una planificación de las escenas de acción más clásica y enfocada en el cuerpo a cuerpo, Yuh plantea dichas escenas con un tono más épico, trepidante y apoteósico, con una utilización del encuadre y el montaje algo más dudosa pero también más espectacular, utilizando coreografías llevadas a cabo por varios personajes a la vez que se mueven por escenarios más grandes y donde el peligro llega por varios frentes. Dicho de otro modo, es como si los Cinco Venenos de Chang Cheh tuvieran que pelear en el contexto de alguna cinta del Jackie Chan de los 80. Al fin y al cabo, las dos Kung Fu Panda no son más que eso, películas de artes marciales que respetan las reglas de género y lo homenajean, a lo que no es nada ajeno la presencia de Chan en el reparto de voces y la incorporación para la secuela de Michelle Yeoh y Jean-Claude Van Damme, este último en un papel más pequeño de lo deseable pero que incluye un divertido guiño para los fans. Tal y como está el patio, con un panorama bastante triste en las carteleras, Kung Fu Panda 2 se erige como uno de los títulos más jugosos del momento, superando incluso los valores de la primera parte y generando ganas de ver una tercera. Así que no sean burros y no se la pierdan.

20 mar 2011

'Rango'

(Rango. Gore Verbinski. Estados Unidos. 2011. 107 minutos) Siendo Un ratoncito duro de roer (MouseHunt. 1997) y The Mexican (2001) las dos únicas películas de Gore Verbinski que me habían gustado hasta el momento, sentía curiosidad por saber qué habría hecho el director al mezclar los elementos que mejor funcionaron en aquellas dos: por un lado la animación, que era el punto fuerte de esa versión ratonil de Sólo en casa (Home alone. 1990) en la que un roedor animado no quería abandonar su hogar y hacía todo lo posible por impedirlo, y por otro lado el homenaje al Western, especialmente en versión Spaghetti, que se dejaba ver en los mejores momentos de aquella road-movie protagonizada por Brad Pitt, Julia Roberts y James Gandolfini. El resultado ha sido satisfactorio: Rango se erige fácilmente, y a falta de ver El hombre del tiempo (The weather man. 2005), como mi película favorita de Verbinski, por lo bien que aúna ambos elementos al ser capaz de conjugar una animación brillante (obra de Industrial Light & Magic) y un cariño por las películas del Oeste que a cualquiera que ame el género (y, advierto, yo no soy especialmente seguidor del mismo) le puede llevar a detectar decenas de referencias a otras películas y, sobre todo, a una estructura que Rango respeta al pie de la letra. Así, y tras un prólogo en el cual se define estupendamente bien al personaje, nos vemos de repente dentro de un Western canónico que sigue las reglas básicas en su argumento (el forastero que llega a un pueblo donde hay un problema que solucionar, su presentación en el Saloon, la presencia de una amenaza en principio invisible, etc.) y también, sorprendentemente, en sus formas (los escenarios, la fotografía, las texturas, la composición de los planos... todo podría pertenecer a un Western real si cambiasemos los personajes animados por humanos).   

LO MEJOR: Sus escenas de acción y su tratamiento adulto.
LO PEOR: Algún bajón de ritmo debido a su larga duración.
Quizá lo más inesperado es que Rango tampoco se aparta de otros rasgos característicos del género, como son la violencia y un humor tendente a lo oscuro. No es que aquí aparezcan masacres sangrientas durante las ocasionales (y algunas de ellas excelentes) escenas de acción, pero, desde luego, algunos padres que lleven a sus retoños a ver la película esperando encontrarse con un inocente divertimento infantil, que es como se ha vendido, se sentirán contrariados ante la naturalidad con la que mueren algunos personajes, con la que se utilizan palabras como "escroto" o con la que se deslizan inocentes, pero evidentes, alusiones sexuales. Mientras tanto, es muy probable que la gran mayoría de críos que miren la cinta no tengan ni pajolera idea de quién es Shakespeare, de quién es ese señor que aparece al final como El Espíritu del Oeste ni de por qué algunos adultos se ríen cuando, en los primeros minutos, el protagonista se estrella contra la luna de un coche conducido por Hunter S. Thompson, que no es otro que el periodista y escritor a quien dio vida el mismo Johnny Depp en Miedo y asco en Las Vegas (Fear and loathing in Las Vegas. 1998). Tampoco se asusten, Rango no es una cinta exclusivamente para adultos, puede resultar entretenida para cualquiera, independientemente de que se conozcan sus referentes o no (aunque resulta obvio que será más satisfactoria para los que tengan conocimientos más precisos sobre la historia y la mecánica del Western), pero sí que es un buen ejemplo de hasta qué punto comienza a resultar desfasada esa vieja asociación de ideas según la cual la animación es cosa de niños. 

18 ago 2010

'Toy Story 3'

(Toy Story 3. Lee Unkrich. Estados Unidos. 2010. 103 minutos) No se producen muy a menudo, pero hay películas que a quien escribe sobre cine le hacen replantearse la necesidad de buscarle los tres pies al gato, de analizar sesudamente su objeto de estudio en busca de taras, debilidades o algún detalle que cambiaría de lugar, por nimio que sea, en ocasiones porque a uno se le adhiere  de un modo tan profundo que no le resulta plausible ponerle pegas, y otras veces porque es imposible hacerlo. Más difícil aún es que una productora construya su filmografía a base de obras maestras o que estén muy cerca de serlo. Pixar constituye entonces un caso aparte en el mundo del cine: un grupo de mentes creativas que parece haber encontrado el secreto de la eterna inspiración y que transmite un amor por lo que hace que traspasa los límites de la pantalla y contagia a los espectadores, logrando una suerte de 3D emocional que no tiene nada que ver con la tecnología pero sí mucho con la capacidad para narrar historias y crear personajes. La orfebrería digital de Pixar no tendría tanto valor sin los cuentacuentos que hay detrás de sus guiones y sin su querencia por lo humano, ya sea a través de robots, ratones o muñecos con cuerpo de píxel pero provistos también de alma. 

Con la tercera parte de su emblemática saga, Pixar avanza un paso más en la conquista de todo tipo de públicos y en la progresiva madurez de sus relatos. Como ya sucediera con la excelsa Up, la mirada adulta es la que puede sacar más provecho a la película, ya que además de su festival de (impecables) gags cómicos, sus vibrantes escenas de acción y la estupenda nueva galería de personajes, Toy Story 3 ofrece una emocionante y veces dolorosa reflexión sobre el fin de la infancia, la asunción de responsabilidades y la necesidad de ir quemando etapas vitales que, en un momento de debilidad, puede hacer llorar hasta al tipo aquel que les quitaba el bocadillo en el recreo. El virtuosismo con el que se combinan las carcajadas (el Buzz agitanado, el Sr. Tortilla) con momentos de puro desasosiego (la angustiosa y bellísima secuencia post-clímax en el patio de Bonnie; la mirada de desconcierto entre el Sr. y la Sra. Patata al acercarse al fuego...) se ve acentuado por algunos instantes próximos al terror y llenos de una oscuridad escénica y conceptual impropios de una película en principio para todos los públicos, suponiendo una prueba más de que en Pixar tratan a los niños como seres inteligentes y no como a meros reclamos bobos para que sus padres paguen entradas. Toy Story 3 es tan redonda que sólo tiene un problema: coloca de nuevo a Pixar en una situación difícil para volver a superarse a sí mismos. Pero ojalá todos los problemas fueran como ese. 

11 ago 2009

'Up'

(Up. Pete Docter, Bob Peterson. EEUU. 2009. 96 minutos). Si ya con Wall-E Pixar superó el complicado reto de plantear durante un buen porcentaje de su metraje una película muda sobre la historia de amor entre dos robots, con Up realiza un triple salto mortal de ejecución pluscuamperfecta con el que barre cualquier competencia en el panorama de la animación actual. Y no tiene nada que ver con la técnica: lo que hace a Up grande no es su acabado formal, sino su belleza conceptual y una riqueza narrativa con la que el término "animación" debería dejar de ser utilizado para determinar un código genérico y pasar a considerarse una herramienta de filmación más que una etiqueta.

El protagonismo de un anciano, además de constituir un desafío a las leyes del marketing sobre las que se ha sustentado Disney en otras épocas, se presenta asimismo como una declaración de intenciones evidente: Pixar ha llegado a un estado de madurez que le permite dirigirse directamente a un público adulto que apreciará en Up aspectos que pasarán inadvertidos para los más pequeños, mientras que estos disfrutarán con los chistes, la acción y esos perros parlantes que tanto están criticando algunos de manera innecesaria, puesto que no restan ni un ápice de mérito a esta obra maestra de profundo calado emocional (esto es un tópico ya, pero es cierto que los primeros quince minutos constituyen por méritos propios una sublime miniatura sobre la imaginación, la ilusión y el dolor). Porque, manteniendo intacto el sentido del espectáculo y la diversión (esas set-pieces marca de la casa), en Up se plantean temas que huyen del infantilismo o la comedia coyuntural, como el degenerativo paso del tiempo, el aborto, la soledad y el amor más allá de la muerte, algo que hermana la película a otras dos joyas como Roujin-Z y Monster House en la identificación de la amada fallecida con un objeto (un robot en la de Katsuhiro Otomo, una casa en la de Gil Kenan y la que nos ocupa). La perfección con la que se mezclan todas esas facetas en Up es la que la convierte en la joya ineludible de la temporada, precedida además por otro de los más logradados trabajos de Pixar, el corto Partly cloudy (Parcialmente nublado). En 3D o en 2D, en versión original o doblada, si todavía no han visto Up están perdiendo el tiempo.