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21 feb 2006

'El sonido del trueno'

(A sound of thunder. Peter Hyams. Estados Unidos / Alemania / República Checa. 2005. 97 min.) Tras mi feliz paréntesis cómico con Secretos de familia y unos días de sequía blogera, vuelvo a un género que acostumbro a visitar con más frecuencia y en el que suelo encontrar diversión: la ciencia-ficción. La elegida: El sonido del Trueno, del generalmente interesante y competente Peter Hyams (Atmósfera Cero, 2010, Timecop, The Relic, etc.). Lamentablemente, el Hyams que me encontré en El sonido del trueno está más cerca del que me aburrió mortalmente en El fin de los días que el que me divirtió de lo lindo en Permanezca en sintonía o Muerte súbita. Y es una pena, puesto que el material de base, el relato de Ray Bradbury A sound of thunder, tenía todos los puntos a su favor para haberse convertido en una superproducción interesante, vistosa y taquillera. Y ninguno de esos tres adjetivos es aplicable a la película de Hyams.

Poco antes del estreno de la cinta, pude leer una versión en cómic del relato de Bradbury (de quien recomiendo un recopilatorio de historias cortas de suspense titulado Memoria de crímenes) publicado en la revista Weird Science-Fantasy de la EC (editado en forma de recopilatorio en España por Planeta deAgostini, en su Bliblioteca Grandes del Cómic, bajo el título Clásicos de la Ciencia-Ficción, número 9) y allí la historia acababa cuando tras uno de los viajes de Safari Temporal, uno de los cazadores pisa una mariposa y cambia el curso natural de la humanidad, de tal modo que cuando vuelven al presente resulta que ha sido elegido presidente un dictador (si es que los dictadores alguna vez son elegidos democráticamente, claro). En la película toda alusión política ha sido eliminada y se centra en la vertiente ecologista de la historia, planteando el modo en que el efecto mariposa puede cambiar la realidad que hoy conocemos hasta transmutar a la propia humanidad (esos breves segundos en los que vemos cómo sería la evolución humana tras el desastre se convierte en uno de los pocos momentos sorprendentes de la función). Así, tras el accidentado viaje a la Prehistoria llevado a cabo por la empresa Safari Temporal, los cambios van llegando en forma de ondas temporales que transforman todo a su paso y que hacen de una moderna ciudad una jungla de cemento, acero y vegetación salvaje, poblada por primates mutantes, murciélagos gigantes y voraces serpientes marinas (o algo así).

Genial, ¿no?. Pues no, porque lo que podría haber sido todo un caramelo visual se convierte en una lucha constante para el espectador por aguantar la risa ante algunos de los efectos visuales más cochambrosos y falsos que he visto en mucho tiempo. Y no son efectos malos en plan "ay, mira qué cutre, que se nota que es un muñeco de goma"... ¡eso al menos tendría su gracia! Pero estamos hablando de efectos creados por ordenador que hacen que parezca que estamos viendo un mundo de plástico y criaturas de juguete. Y si no entienden lo que quiero decir, sólo tienen que ver la aparición del T-Rex o cualquiera de los paseos de los protagonistas por las calles de la (virtual) ciudad. Dicen que El sonido del Trueno costó 80 millones de dólares... ¡¿en qué los utilizaron?! ¿en comprar pegamento para el peluquín de Ben Kingsley? ¿en regar las plantas de atrezzo? Desde luego, lo que vemos en pantalla no parece que haya costado 80 millones... más bien unos 10 (tirando por alto).

Quizá los motivos de tal desaguisado haya que buscarlos en cuestiones en principio ajenas al equipo artístico y técnico de la cinta, ya que el traslado del guión a la pantalla no fue un camino de rosas precisamente. En un principio el director asignado era Renny Harlin, que quería a Pierce Brosnan como protagonista. Cuando los productores vieron que Harlin pedía más presupuesto del que tenían y que Brosnan no se mostraba muy entusiasmado con el proyecto decidieron darle la batuta al artesano Hyams. Después del rodaje y todo el dinero invertido durante este y la larga preproducción, la productora entró en bancarrota y se vieron en un problema considerable: no tenían dinero suficiente para realizar la posproducción que tenían prevista, por lo cual la calidad de los efectos visuales que acabaron utilizando son más propios de cualquier Grandes Relatos para televisión que de una película pensada para ser estrenada en cines. Y aquí está el quid de la cuestión: si el espectador potencial perdonará este detalle al igual que perdonaba la ingenuidad de los efectos especiales del cine de ciencia-ficción de los años 50... Pero no estamos en lo 50, el público de hoy es más listo y está acostumbrado a manejar gráficos en su ordenador o consola que superan en espectacularidad y verismo a los efectos infográficos que El sonido del Trueno le puede ofrecer. Así que no es de extrañar que la película se convirtiera en un fracaso y en el hazmerreír del público más destroyer.

Y, en el hipotético caso de que uno sea capaz de adentrarse mínimamente en la historia a pesar de la considerable barrera de credibilidad que suponen tales (d)efectos especiales, la verdad es que tampoco hay mucho a lo que agarrarse: el motivo de los cambios drásticos no está lo suficientemente bien explicado como para que alguien poco lúcido como yo se pueda enterar de lo que ha pasado... La relación entre el hecho de que alguien pise una mariposa y que la humanidad se convierta en una especie mutante con aspecto de teletubbie no me quedó muy clara, qué quieren que les diga... Aunque, como jugamos dentro del terreno de la ciencia ficción con intenciones de espectáculo circense, tampoco vamos a ser muy quisquillosos con su argumento y nos vamos a centrar en la acción: poco original y reminiscente de varias obras precedentes, sobre todo (y perdonen la obviedad) de Parque Jurásico y secuelas. Claro que si en la pequeña maravilla de Spielberg nos creíamos que los personajes estaban en peligro porque aquellos dinosaurios estaban endiabladamente bien recreados, en El sonido del Trueno todo parece más falso que un billete de tres euros, y así no hay quien se involucre con los protagonistas, porque mientras vemos la cinta nos los estamos imaginando caminando delante de una pantalla verde chroma y no en el entorno que nos intentan hacer pasar por real. Es una pena que un punto de partida tan interesante haya dado pie a un largometraje tan mediocre y mal acabado. En realidad, tampoco puedes decir que te aburras, pero se queda muy muy lejos de lo que podría haber sido.


Publicado originalmente en Natural High. Notas desde el futuro: Por algún motivo más allá de la razón, ciertas imágenes de esta película, con su aspecto falso y plastificado, se quedaron impregnadas en mi memoria y todavía las recuerdo. Posiblemente no sea tan execrable como escribí en aquel momento, por lo cual no descarto una revisión eventual. 

7 ene 2006

'Doom'

(Doom. Andrzej Bartkowiak. Estados Unidos / República Checa. 2005. 100 minutos) En una sala bastante más llena de lo que esperaba (y con un público muy heterogéneo, desde críos de menos de diez años a señoras de más de sesenta), disfruté ayer de una película de la que no esperaba demasiado y que me aportó un buen rato de entretenimiento.

En su cuarta película, el polaco Andrzej Bartkowiak sigue demostrando que es, ahora mismo, uno de los artesanos del cine de acción más eficientes de Hollywood. Pero en esta ocasión, ha roto de manera exponencial con sus anteriores filmes: todos producidos por la Warner, Romeo debe morir, Herida abierta y Nacer para morir eran películas que mezclaban el mundo del hip hop con las artes marciales, con una cuadrilla de actores más o menos fijos (DMX, Anthony Anderson, Drag-On, Tom Arnold...) y la colaboración de estrellas del cine de patadas, Jet Li (en la primera y la tercera) y Steven Seagal (en la segunda). Además, tenían en común la presentación de varias escenas de acción que sucedían al mismo tiempo y nos eran mostradas en montajes paralelos. Todo envuelto en una banda sonora repleta de rap y R&B. Pues bien, todo esto ha desaparecido en Doom (producida por la Universal, cuyo logo característico se nos presenta en esta ocasión sobre el planeta Marte). Ni hip hop, ni artes marciales (sólo un poco en el duelo final, coreografiado por Dion Lam) ni apenas sentido del humor. En cuanto a la acción, toda lineal y sin pausas, como el videojuego en el que se basa.

El esquema es tan simple como parece: un grupo de soldados es enviado a una colonia de Marte para rescatar a los supervivientes de un ataque sanguinario a manos de unos seres extraños. Es decir, lo mismo que tantas otras veces hemos visto. Lo bueno es que Bartkowiak sabe dirigir muy bien las escenas de acción (es muy diferente a Paul Anderson, por ejemplo) y no se corta en mostrarnos los efectos de los ataques de los mutantes: decapitaciones, heridas sangrantes, etc. Sin censuras, sin movimientos de cámara elípticos ni planos que duren menos de un segundo para no molestar a la sensibilidad de nadie. Además, la fotografía acompaña con tonos oscuros que nos sumergen en ambientes claustrofóbicos en los que puede haber una amenaza a la vuelta de cualquier esquina.

Pero lo mejor llega en los últimos minutos, cuando la cámara se mete en la cabeza de uno de los personajes y sólo vemos lo que él ve. Entonces estamos viendo el videojuego en pantalla grande: secuencias enteras en plano subjetivo en la que sólo vemos el arma (o, las armas, motosierra incluída) del personaje, y los mutantes que se le cruzan en el camino. Realmente, esto no lo había visto jamás en el cine (al menos, recreado de una manera tan convincente e insistente). Y como colofón, un duelo final con el que no contaba y que enlaza en cierta manera ésta película con las anteriores de su director.

No es una cinta que pasará a la historia, pero éste Doom es posiblemente una de las adaptaciones de videojuegos más fieles (concretamente, al Doom 3), entretenidas y conseguidas que recuerdo.


Publicado originalmente en Natural High. Notas desde el futuro: Si bien nunca se caracterizó por realizar taquillazos, sino más bien modestas cintas de acción que rendían lo suficiente como para no generar pérdidas, Doom supuso el inicio del declive de Bartkowiak. Lo siguiente que hizo fue esa Street Fighter: La leyenda de Chun-Li que todavía no me he atrevido a ver y que, involuntariamente, ha conseguido que el público califique a la versión de Steven E. de Souza y Van Damme como la buena. Justicia poética, lo llamo yo. 

9 dic 2005

'Ratas'

(Ratten - sie werden dich kriegen!. Jörg Lühdorff. Alemania / República Checa. 2001. 98 minutos) Esta semana hemos asistido a las primeras sesiones de cine que el canal Cuatro nos ha ofrecido. Las elegidas han sido tres películas con las que nadie pretendería hacer historia: la simpática Aracnofobia, la sosa Su distinguida señoría con Eddie Murphy y ésta Ratas que nos ocupa.

Pensando que igual se trataba de la reciente cinta dirigida por Tibor Takacs (de quien siempre recordaré con cariño La Puerta - The Gate, de 1987), decidí esta tarde echarle un vistazo a esas Ratas. Cuál ha sido mi (decepcionante) sorpresa cuando me he topado con una cinta distinta, una tv-movie alemana de factura más o menos correcta a nivel técnico, pero demasiado sosa como para seguir en la memoria cuando me levante mañana por la mañana (de ahí que me haya apresurado a escribir este post).

Me cuesta horrores decir que una película es mala, porque soy consciente del trabajo que acarrean y de que de casi todas se puede sacar algo interesante. No obstante, Ratas es una de esas cintas que cualquiera con un apego superficial al arte cinematográfico calificaría como, simplemente, "mala".

La acción nos sitúa en Frankfurt, donde la alcaldesa ha decidido (en pleno verano) prescindir de los encargados de la limpieza para ahorrar dinero (¡!). Esto provoca un caos "basuril" en las calles que hace que las ratas salgan a la superficie (lógico) y ataquen a todo lo que se le cruce por delante.

Un inspector de incendios comete un error en su trabajo y acaba trabajando como exterminador de ratas, junto con un grupo de personajes que se introducen en las alcantarillas armados con lanzallamas y sistemas de comunicación inalámbrica (que han visto demasiadas veces Aliens, para entendernos). También tenemos a una doctora cuya hija ha sido atacada por las ratas, y que da vueltas por la ciudad buscando a la única persona que puede generar un antídoto. Lógicamente, todo acaba bien (se salva hasta el perro...) y todo vuelve a su normalidad. Pero queda una rata viva para dar pie a la segunda parte (que, por increíble que parezca, se produjo).

Con esta base, la cinta podría haber sido una serie b entretenida de terror. Pero no. El director opta por hacer una película más cercana al cine catastrofista que otra cosa, sin terror apenas, sin gore, sin emociones fuertes y con algo de acción para que el público no se duerma. Por cierto, las escenas de acción (y muchas de las situaciones de la película) son totalmente inverosímiles. Los que la hayan visto sabrán a qué me refiero: ¿cómo es posible que atropellen al jefe de los exterminadores, en una calle iluminada y con varios personajes delante que deberían haber hecho que el conductor se diera cuenta metros atrás de su presencia? ¿Por qué la gente de la calle parecen fantasmas que no se preocupan por la situación de suciedad? ¿Cómo es posible que un mandatario consienta esta situación para ahorrar dinero, y en cambio no tiene reparos en dar un banquete en una ópera? ¿Por qué la doctora tiene un accidente de coche contra un camión del ejército y, en vez de pedirles ayuda, decide andar kilómetros con un enfermo a cuestas para llegar a un hospital? ¿Cómo es que el ejército no se preocupa del accidente y le dejan marchar como sin nada?... Por no hablar de los exterminadores, que parecen más interesados en volar algo por los aires a toda costa que en librarse de la epidemia en sí... En fin, que es imposible buscarle coherencia. Lo único que ha merecido la pena de la cinta ha sido ver el trabajo de las ratas (que, por una vez, no son digitales ni animatrónicas). Posiblemente sean lo único creíble de todo el conjunto.

Por cierto, veo que Cuatro a la hora de emitir películas se ha acercado más al modelo de Tele 5 o Antena 3 que a lo que era Canal Plus: cortes publicitarios, rótulos promocionales sobreimpresionados en la película y los títulos de crédito finales cortados...

Publicado originalmente en Natural High. Notas desde el futuro: esto era criticar por criticar, sacarme de la manga un post sobre una mierda que acababa de ver en televisión y poder actualizar el blog con ALGO. Afortunadamente he abandonado esa práctica y ya no publico críticas de cualquier cosa que vea. Ahora soy de los que piensan que cada post cuenta. Oh, si no hay trailer es porque no lo he encontrado.