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8 mar 2008

'El Héroe y el Terror'

(Hero and the Terror. William Tannen. EEUU, 1988. 93 minutos) Llega un momento en la vida de todo héroe de acción en el que tiene que demostrar(se) que es algo más que una máquina de repartir galletas y de vaciar cargadores. A unos les da por la política, a otros por cantar blues, los menos por pintar, escribir o dirigir y todavía más escaso es el grupo que decide aprender a actuar. El amigo Carlos Ray Norris, tipo que en lo personal tiene que ser un facha de cuidado pero al que la nostalgia ochentera y el cachondeo virtual han reconvertido en tipo simpático, comenzó siendo la gran esperanza blanca del cine de artes marciales y más adelante, cuando se aburría de dar patadas a a camioneros y maleantes, tuvo ocasión de hacer varias cintas que se apartaban un poco de lo que se esperaba de él. O, dicho de otro modo, cambió de enemigos: un científico loco y un zombi en Furia silenciosa, los charlies en Desaparecido en combate y secuelas o su propia fama en la autoconsciente, deformante, tardía y disfrutable Juntos para vencer (Sidekicks, 1992). En 1988 Norris debió pensar que necesitaba un nuevo cambio de rumbo y aceptó protagonizar este guión que se diría más pensado para alguien del perfil de Charles Bronson (un tipo que no necesite demasiadas habilidades físicas para dar la talla como héroe) que para un karateka.

Si bien es cierto que tiene sus momentos Chuck (uno sabe que Norris no puede estar mucho tiempo en una esquina leyendo un periódico sin que llegue alguien buscándose una buena hostia), con escenas de gimnasio de esas que tanto gustan a los adictos al sudor y a las pesas, con alguna peleílla derivada de su condición de poli (le curte el lomo a un Bob Wall que aparece en una escena como si en otros tiempos no hubiera sido el Ohara de Operación Dragón), también es verdad que todo eso no son más que elementos secundarios en una trama que ya desde su título está buscando algo así como mitificar a sus antagonistas, en una jugada parecida a la que intentó posteriormente - con mayor fortuna - John Woo en la loquísima Misión Imposible 2. De un lado El Héroe, que se hace llamar Danny O'Brien pero que bien podría haber sido alguien anónimo del que sólo supiéramos que tiene una placa, una pistola y buenas intenciones. Pero, sobre todo, tiene un trauma: El Terror, un psicópata con nombre cool, Simon Moon, al que El Héroe apresó en el pasado y que ha vuelto a actuar en un plano real, más allá de los recuerdos o el mundo onírico del policía. De Moon sabemos poco, pero más que suficiente: es una bestia sin sentimientos que gusta de esconderse en oscuras madrigueras y hacer compañía a los cadáveres apilados de las bellas jóvenes a las que asesina retorciéndoles el pescuezo. De O'Brien conocemos algo más, y lo que sabemos también aparta la película de lo habitual en Chuck: es un tipo de familia, enamorado, que habla con su esposa y hasta le hace el amor con cariño, que prepara cenas románticas y se le cae la baba ante el inminente nacimiento de su futura hija. Y además es alguien débil a quien se le viene el mundo encima cuando debe enfrentarse de nuevo a un Terror para el que conoce la solución perfecta, que no es otra que la ejecución. El Héroe no cree en la rehabilitación social, ni siquiera considera que el arresto perenne del psicópata sea justo, de ahí sus pesadillas. El Héroe sabe que El Terror debe estar muerto y no hay otra salida posible para él... para ninguno de los dos.

El Héroe y el Terror es tan diferente que Chuck Norris y Billy Drago aparecen en la misma escena y no intentan matarse. Lo lógico cuando uno lee los créditos es pensar que Drago será el psicópata, pero aquí va de psiquiatra que echa una mano a Chuck (¡!) para indagar en la mente del asesino (encarnado por el titánico Jack O'Halloran). También está Steve James, a quien a priori colocaríamos el papel de compañero gruñón o guasón de Norris, con quien se luciría en alguna pelea contra una docena de inconscientes. Pero tampoco. Así que a muchos El Héroe y el Terror les puede parecer una pérdida de tiempo y de oportunidades, un esfuerzo en balde, un timo y un fracaso. Sin embargo, otros consideramos que el hecho de que sea un thriller y no una cinta de acción al uso, que meta a Norris en el brete de desarrollar secuencias a través de sus sentimientos y el diálogo y que vaya mutando a lo largo de su metraje recorriendo pasajes que podrían estar extraídos de una cinta de terror, convierten la película en esa rara avis a defender dentro de la filmografía de alguien que no se caracteriza demasiado por su variedad ni por sus ambiciones artísticas, en ese título que logra trascender las barreras del fanatismo y gustar incluso a quienes aborrecen la barba de Chuck. La pega es que, dependiendo del día, esto puede ser un escollo para los que necesiten al Norris de Invasión U.S.A. o un Breaker, breaker. Dicho de otro modo, que El Héroe y el Terror sea la película de Chuck Norris que más puede gustar a los que no soportan a Chuck Norris está bien, pero seguro que le jode a más de uno...