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22 may 2012

Libro: 'Los brazos fuertes del cine de acción de los 80 y 90'.



Como habéis podido leer en la contraportada, "Los brazos fuertes del cine de acción de los 80 y 90" hace un recorrido bastante exhaustivo por las filmografías de Arnold Schwarzenegger, Sylvester Stallone y Jean-Claude Van Damme, los que son para Diego Arjona los actores de acción más importantes de la historia. Cada uno de estos capítulos hace un análisis crítico de todas las películas que estos iconos han protagonizado a lo largo de su carrera, además de acompañarse de apuntes biográficos y de un generoso número de fotografías (la mayoría de ellas, en color). Todo ello sin olvidar algunas anécdotas personales del propio Diego Arjona, que sirven para que recordemos lo que suponía para un niño de esa época descubrir un nuevo título de sus héroes favoritos. 

Por si todo esto fuera poco (que no lo es, y ya os lo digo yo, que he tenido la suerte de leerlo), el libro incluye un breve prólogo escrito por el mismísimo Kristopher Van Varenberg (como ya sabéis, o deberíais saber, el hijo de Jean-Claude Van Damme) y pequeñas entrevistas a David Worth (director de Kickboxer) y Todd Senofonte (doble de Van Damme en algunas de sus mejores cintas), contactos que han sido posibles gracias a nuestro compañero de VanDammeForum-OnLine Boris Pifarré. 

Y hay más: una lista de las películas de acción favoritas de nombres importantes de la farándula española, una introducción que habla sobre los orígenes del cine de acción y aventuras (escrito por el documentadísimo Carlos Díaz Maroto) y un epílogo que hace un breve repaso a las biofilmografías de cerca de cincuenta actores y actrices que también se han especializado en el arte del mamporro y el gatillo fácil, incluyendo algunos de más reciente hornada (capítulo que ha sido escrito por un servidor, Pedro José Tena). 

Si además os digo que va a estar presentado en una lujosa tapa dura y que va a estar en todas las librerías y disponible en la web de T&B Editores, ¿qué excusa tenéis para no comprarlo? Y si encima andáis por Madrid el próximo 2 de Junio, estaremos en la Feria del Libro dando la cara, con Diego Arjona firmando ejemplares para todos vosotros y deseando conocer a todos los fans del cine de acción que han estado soñando con un libro así durante años. ¡No os lo perdáis!

19 ene 2012

'Daño colateral'

(Collateral damage. Andrew Davis. Estados Unidos. 2002. 104 minutos) Por culpa de unos radicales de Oriente Medio cabreados (o de unos occidentales con ganas de invadir países de donde sacar petróleo, dependiendo de su grado de interés por la conspiranoia), Daño colateral pasó a adquirir una notoriedad que iba más allá de lo puramente cinematográfico para convertirse en material polémico desde un punto de vista político y social. Su estreno, previsto en Estados Unidos para el 5 de Octubre de 2001, tuvo que ser pospuesto por la Warner Bros. después de que el 11 de Septiembre de aquel año sucediera el atentado contra las Torres Gemelas de Nueva York. El estudio pensó que una película en la que se mostraba un atentado en Los Angeles perpetrado por terrorista colombiano, pese a las diferencias con lo sucedido en la realidad, podría herir demasiadas susceptibilidades en un país que se sentía herido y, quizá por primera vez, vulnerable frente a los ataques de fuerzas opuestas. No obstante, mientras guardaban la película sin saber cuál iba a ser su destino, se dieron cuenta de que la historia de un bombero que viajaba a Colombia para vengar la muerte de su mujer y su hijo en dicho atentado, harto de que por la vía diplomática nadie consiguiera hallar al responsable de aquello, serviría para alentar los ánimos de una nación que se encontraba buscando lo mismo, revancha, aunque sólo fuera en la pantalla de un cine y tuvieran que hacer un esfuerzo de abstracción cambiando la nacionalidad de sus odiados enemigos. A los que simplemente éramos (¡somos!) fans del cine de acción, no nos gustó que el estreno de la película se congelara y que ésta fuera utilizada como material propagandístico, cuando lo único que queríamos era poder ver de nuevo a Schwarzenegger en una cinta de acción de verdad, tras los pobres resultados de las mediocres El fin de los días (End of days. Peter Hyams, 1999) y El 6º Día (The 6th Day. Roger Spottiswoode, 2000), ninguna de las cuales consiguió revitalizar una carrera que ya daba muestras de estar al borde de la extinción (y que quedaría en puntos suspensivos poco después cuando Schwarzenegger se dedicó de pleno a la política, siendo retomada ahora por un par de títulos nuevos que todavía son una incógnita). Sin embargo, Daño colateral tampoco consiguió reverdecer los laureles de quien antaño fuera uno de los actores más taquilleros de Hollywood. Quizá el hecho de arrastrar esa condición de film propagandístico no fue visto con buenos ojos fuera de los Estados Unidos, donde tampoco funcionó demasiado bien posiblemente debido a que era un título asociado a la polémica y a que el público no estaba tan preparado para ver atentados en la pantalla grande como la Warner podría pensar.  

LO MEJOR: El toque clásico de Andrew Davis.
LO PEOR: Que Schwarzie no dispare un arma de fuego en
toda la película.
Quizá simplemente fracasó porque se corrió el rumor de que Schwarzenegger no disparaba ningún arma de fuego en todo el metraje (algo que confirmo) y a que éste se empeñó, durante la promoción, en hablar sobre la manera distinta en la que había enfocado el papel con respecto a los que llevó a cabo en actioners previos, destacando la humanización del personaje del héroe y espantando, por tanto, a los que sólo querían verle haciendo lo mismo que no hacía desde Eraser (Chuck Russell, 1996).  La cuestión es que, por un motivo u otro, Daño colateral quedó marcada con el sello de película fallida y la reacción generalizada, incluso entre los fans del roble austriaco, fue la de olvidarla o incluso ignorarla. Este fue mi caso, ya que hasta ahora nunca me había planteado seriamente visionarla hasta que ha caído en mis manos casi regalada y he decidido darle una oportunidad. Dicho esto, debo decir que la sensación que me ha provocado Daño colateral ha sido extraña y placentera. Extraña porque se trataba para mí de un Schwarzenegger inédito, algo inaudito si tenemos en cuenta que algunas de sus cintas me las sé de memoria y que, hasta que descubrí a Van Damme y aprendí a apreciar a Stallone, era mi actor favorito. Y placentera porque esa sensación de extrañeza se convertía en satisfacción mientras me daba cuenta del gusto que suponía descubrir a estas alturas una película de hace diez años que, para colmo, estaba filmada como lo habría sido otra década atrás en el tiempo. Es decir, Daño colateral es una película de 2001 (aunque fuera estrenada finalmente en 2002) que parece filmada a principios de los 90, cuando el cine de acción era más físico, menos aparatoso y se basaba más en la fuerza bruta de sus protagonistas que en la eficiencia de unos efectos visuales que no siempre resultan idóneos (y aquí hay que reconocer que en algunos fragmentos, como en la primera explosión,  la cinta se deja contaminar, siquiera mínimamente, por la comodidad y la artificiosidad del ordenador). El trabajo de Andrew Davis, viejo zorro del género al que le debemos piezas como Código de silencio (Code of silence. 1985), Por encima de la ley (Above the law. 1988), Alerta máxima (Under siege. 1992) y las más mainstream El fugitivo (The fugitive. 1993) y Reacción en cadena (Chain reaction. 1996), resulta tan eficaz como cabría esperar, demostrando una sencillez en las formas y una claridad narrativa ancladas en el pasado, dicho esto como elogio más que como defecto. La historia es la de siempre, la del tipo desolado que se toma la justicia por su mano cuando descubre que el sistema no se la va a proporcionar, pero tiene la peculiaridad que apuntaba antes: en contra de aquello a lo que nos tenía acostumbrados (entrar en una habitación llena de malos rompiendo la puerta y acribillar a todo bicho viviente antes de soltar un chiste lacónico), Schwarzenegger es aquí alguien que no utiliza armas y que sobrevive y gesta su venganza gracias a su astucia y a los conocimientos adquiridos en su carrera como bombero. Quizá fuera la edad, quizá fuera el ansia de evolución artística, pero el caso es que este Arnold diferente es lo que termina siendo el punto débil de la película, si bien nos hace un guiño a los fieles con una de esas réplicas geniales marca de la casa justo después de matar al malo principal. Por lo demás, Daño colateral es una cinta de acción apreciable, con un argumento lleno de tópicos, colombianos con muy mala leche, un giro de guión bastante loco en los últimos quince minutos, elementos que sin duda sabrán apreciar los que sean viejos zorros en esto.

14 jun 2009

'Terminator Salvation'


(Terminator Salvation. McG. EEUU / Alemania / Reino Unido / Italia. 2009. 115 minutos). Si hay algo que me decepcione de Terminator Salvation es descubrir que no estamos ante Los Ángeles de Skynet: la idea de ver a John Connor enfrentándose a tres terminatrix con las formas de un Heroic Trio en un escenario postapocalíptico mientras se escucha 'Smack my bitch up' era algo que me ponía y que desgraciadamente se quedará encerrado en los sueños húmedos de unos cuantos que, como yo, tenían la esperanza de que la locura visual llegara a la saga Terminator y prolongara el tono de parodia que, dubitativamente, aparecía en la tercera parte. Pero hay dos razones para que esto no sea así (tres, si contamos que el mundo no es perfecto): Salvation no es 'Terminator 4' y McG se ha puesto serio.

Empecemos con lo malo: McG tuvo un mal viaje durante el visionado de El Caballero Oscuro y no sólo reta a Michael Bay a un concurso de pollas, sino que quiere demostrar que él también puede ser Christopher Nolan. Y si para eso hay que contratar a Christian queintensosoy Bale y llamar a Jonathan Nolan para que repase el guión, se hace y punto. Será por huevos. Pero McG no cuenta con que si algo nos interesaba de él era su descaro, su voluntad de ir siempre a tope y de desafíar la credibilidad y la vergüenza ajena de los espectadores serios, esos que buscan realismo en películas de hombres adultos con caretas que se pegan hostias y hacen chistes malos. O, peor aún, cree que ese es el camino para ganarse el respeto y dejar de ser considerado ese flipado que antes hacía videoclips y ahora juega a hacer pelis chorras. Muy mal, porque ese es el lastre que hace que Terminator Salvation tire en ocasiones hacia lo convencional (esa persecución por el campo de minas que parece sacada de... Van Damme's Inferno) y que provoca ciertos altibajos que restan intensidad a lo que podría haber sido una experiencia brutal al 100% de haber mantenido durante todo el metraje el desenfreno y la energía visual de secuencias como la de la caída del helicóptero o todo el tramo que va desde el ataque a la gasolinera hasta la persecución aérea.

Pero descuiden, que mi intención no va encaminada a escribir lo mismo que opina todo el mundo: la primera mitad mola y la segunda es una mierda. No estoy de acuerdo en absoluto y a partir de ya me considero, como Sergio Colmenar o Ángel Sala, parte de una Resistencia que defiende Salvation como una apreciable película de acción crepuscular y como ejemplo de un cine bélico con robots que no supone ningún declive cualitativo en una saga a la que se le pide una coherencia que no necesita pero que, al mismo tiempo y sin que esto contradiga lo anterior, mantiene unas constantes identificables que en esta última entrega se convierten ya directamente en guiños complices (el 'You could be mine' en la absurdamente controvertida secuencia de la moto o el 'Ven conmigo si quieres sobrevivir' de un joven Kyle Reese son buenos ejemplos) o en exponentes claros del arco del personaje principal (John Connor perdonando la insubordinación de uno de sus soldados porque comprende perfectamente lo que es sentirse conmovido por una máquina y llegar a desarrollar sentimientos empáticos y hasta cariñosos por ella). Además, rompe con la estructura básica de la anterior trilogía (ya saben: dos personajes, uno bueno y otro malo, viajan al pasado con intenciones opuestas hacia un personaje de importancia capital en el futuro) introduciendo variantes interesantes (el cyborg malo ahora no sabe que lo es) y respetando algunas de sus constantes (el clímax industrial), funcionando como apéndice de una trilogía finada y como primer y estimulante episodio de una nueva a la que sólo podría pedir más desmelene. De momento, a mí me convence y quiero más.