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13 jul 2008

FFWD>> #2: (japanese) girls just wanna have fun


Sé que en el anterior número de esta serie de posts anuncié que la tónica a seguir no sería centrarme en los avances procedentes de Oriente con total exclusividad. Pero es que los estímulos que me han llevado a confeccionar esta segunda entrega no me permiten alejarme de allí, aunque en esta ocasión nos ocupemos únicamente de cintas niponas. Dicen que la mujer japonesa vive en una especie de reclusión social a la sombra del elemento masculino, pero en el cine la cosa es bien distinta: ahí van tres títulos protagonizados por féminas aguerridas y poderosas con las que no hace falta tener los ojos rasgados para fantasear. Disfruten.

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THE MACHINE GIRL. Si hace unas semanas me quejaba de la falta de desenfreno en una película de venganza como El ex-preso de Corea, hoy no puedo más que regocijarme en el generoso y vibrante tráiler de esta película que anda circulando desde hace un tiempo por los circuitos que ustedes ya saben y que servidor aún no ha podido ver. Pero eso es algo que va a cambiar muy pronto y podré comprobar si esta película es lo que parece: una mezcla tan explosiva como meterse en el gaznate un cucharón sopero de wasabi mezclado con tabasco. Porque en principio lo tiene TODO: japonesas con traje colegial, mutilaciones, ortopedias letales, yakuzas, ninjas, gore, motosierras... ¡y la guillotina voladora! En fin, mejor me calmo. En Japón no se estrena hasta Agosto, pero aquí ya la podemos ver gracias a que en EEUU se ha estrenado directamente en dvd y no es difícil encontrar copias subtituladas por la red. ¿Apología de la piratería? No... aplicación de la regla número uno del manual de supervivencia del cinéfago impaciente.



TOKYO GORE POLICE. La misma gente que distribuye la anterior (Fever Dreams) se encarga también de este otro presumible trallazo que se presenta, si cabe, más extremo y eviscerante que The Machine Girl. Rodada en digital, plagada (o eso parece) de vísceras, efectos de maquillaje tradicionales, mutantes y acción a raudales, Tokyo Gore Police bien podría ser la película que un Takashi Miike atiborrado de anime en plan Urotsukidoji o Wicked City habría rodado para la Troma a principios de los 90 si se hubiera producido tal conexión. Esa mezcla de acción, terror, fantasía y humor negro tiene todas las papeletas para volvernos locos, aunque a algunos el hecho de estar rodada en vídeo puede echarles para atrás. Ya veremos. De momento el tráiler y el póster molan. Y mucho.

THE GIRLS REBEL FORCE COMPETITIVE SWIMMERS. Con ese título, cualquier película ya tiene buena parte del trabajo hecho para que nos interesemos por ella, pero si además leemos que ese equipo de nadadoras rebeldes se enfrentan a zombies ya podemos empezar a babear y a volvernos locos. Lo malo viene cuando leo por ahí que el invento no funciona tan bien como podríamos pensar a pesar de contar con un punto de partida tan demencial y apetitoso. Viendo el tráiler (disculpen la calidad), la cosa parece un pinku eiga con zombis grabado en vídeo, repito, un pinku eiga con zombis grabado en vídeo... así que habrá que darle una oportunidad de todos modos.



Keep watching the skies!

9 feb 2008

'John Rambo'

(Rambo. Sylvester Stallone. EEUU/Alemania, 2008. 93 minutos) Esto va a ser un poco llevar la contraria a la mayoría de gente con la que he hablado de la película (que está todavía de fiesta), pero tengo que decir que no pienso (como tampoco lo hace mi compadre Starman) que John Rambo sea la mejor entrega de la serie. Los fans del cine de acción echamos tanto de menos los tiempos de los héroes duros y violentos de los ochenta y noventa que ahora nos ponen una cinta como esta y alucinamos como si nunca hubiéramos visto nada igual... Y eso es lo que está pasando con John Rambo, cinta extrema, divertida, hiperviolenta, que estamos llevando a los altares como si fuera la panacea y que en realidad, una vez pasado el éxtasis de contemplarla en el cine y habiendo reflexionado sobre ella, acaba por no ser la obra magna que veía al principio. Decir esto para mí implica casi una contradicción, ya que abandoné la sala obnubilado por el festival sangriento con el que culmina el film y aún al día siguiente seguía diciendo que había visto un peliculón con todas las letras. Pero ya en frío, con la distancia que da la semana transcurrida desde su estreno, uno se puede poner picajoso y encontrar motivos para pensar que este triunfal regreso podría haber sido aún más redondo. Entiéndanme, la película es un regalo para los fans de Sly y del género, tiene acción suficiente como para no echarla de menos y sí, efectivamente es tan violenta y desmadrada como afirma todo el mundo, lo cual para algunos es un hecho repulsivo y para otros... un revulsivo que nos conduce a la catarsis deseada. ¿El estado físico de Stallone? El tipo se mueve como yo no era capaz de hacerlo ya a los 20 años. Además, la película está realizada con el empaque suficiente como para no resultar cutre desde un punto de vista audiovisual y Sly dirige las escenas de acción con claridad y ensuciando la cámara con sangre y barro si hace falta. No está Goldsmith (algo tristemente imposible ya), pero su composición principal para el personaje sigue estando presente y eso siempre ayuda a contextualizar mentalmente a nuestro héroe. Pero lo más importante, aquello por lo que deberíamos festejar John Rambo, es que Stallone le ha pegado una buena patada en la entrepierna a las buenas maneras y al descafeinado cine de acción (o cine, así en general) que nos rodea, llevando su estilo a un terreno sucio, áspero y sangriento como pocas veces se habrá visto en una película comercial norteamericana. Entonces, ¿qué ocurre?, ¿qué más se le podía pedir? Teniendo en cuenta que con todo lo dicho ya les debería quedar claro que les recomiendo la película, me voy a permitir el lujo de ponerme algo meticuloso en lo que sigue y exponer lo que, en realidad, no son más que pequeñas aristas que no impiden (o no deberían impedir) disfrutar del evento. Habrá quien se pregunte por la utilidad de hacer esto: podrían parar de leer aquí con la información suficiente para saber si les va a gustar la película o no, en el caso de que todavía no la hayan visto. Pero aquellos que ya hayan pasado la experiencia, díganme si no están de acuerdo en algunos de estos puntos que expongo a continuación.

Lo que más llama la atención, pero para mal, es el hecho de que a Rambo ahora le toque hacer de niñera de un grupo de mercenarios gallitos que, sin la ayuda de Johnny, hubieran durado un par de horas en la jungla birmana antes de ser echados a los cerdos. Si algo nos gustaba del personaje, especialmente en las dos primeras entregas de la saga, era su independencia, no ya por ser un tipo autosuficiente, sino porque parece que el resto del mundo le importa un bledo o, mejor aún, se convierte en un gran enemigo que supone un peligro para su supervivencia. Si ya es genial ver a Rambo en acción, haciendo todas las barbaridades que comete aquí contra sus víctimas, durante buena parte de metraje... imaginen que en esas secuencias no hubiéramos tenido la presencia, a veces molesta, de esos mercs de pacotilla que mandan a rescatar a los voluntarios raptados por los malos de la peli. Rambo se convierte aquí en guerra, sí, pero no está solo y los soldados de fortuna funcionan más como una carga que como una ayuda, tanto para él dentro de la historia como para la propia película. En cuanto a las escenas de acción, es verdad que están bien hechas y que muestran una barbarie inaudita, pero se echa en falta mayor variedad de situaciones (lo más espectacular, sangre aparte, la secuencia de la bomba abandonada) y el tono épico de ver a Rambo batiéndose por su cuenta contra un helicóptero, un tanque o un titán hinchado de esteroides que le propine al héroe una buena ración de hostias antes de erigirse victorioso. Que Rambo se convierta en un dios de la destrucción y la muerte y que desde lo alto de una colina arrase una civilización entera está bien, es divertido, pero algunos hubiéramos deseado ver algo más de implicación física por su parte en ese clímax salido de madre. La sensación que da es que Johnny se pone a jugar al Space Invaders con los malos y que a esos pobres les toca hacer de marcianos. Aunque lo mismo esto responde a un arrebato moral de Stallone que le obliga a transmitirnos (de manera fallida en todo caso) que la guerra no puede ser espectacular. Por otro lado, llámenme cabrón, también he echado en falta el aliento crepuscular que imbuía toda Rocky Balboa y que la hacía tan especial, además de dejarte claro (o al menos eso parecía) que estábamos ante el capítulo final de un mito viviente. Por muy final que parezca el final de John Rambo, no les extrañe que dentro de un par de años Sly se destape con un Rambo V que, si va a ser tan radical como esta cuarta parte, por mí podrían empezar a filmar mañana mismo.

Hay otros elementos que flojean, como la mayoría del reparto exceptuando a Stallone y la nula personalidad de los villanos, pero tampoco hace falta seguir por ahí en esta reseña que ya se extiende más de lo que tenía previsto. Demasiada palabra, quizá, para un esfuerzo baladí: mostrar a los detractores de John Rambo algunas de sus virtudes y a los que han creído ver una obra maestra unos cuantos defectos. Esfuerzo en vano porque los primeros siempre pueden utilizar la (dudosa) ideología de la película en su contra (ya saben: la violencia sólo se arregla con más violencia), mientras que a los segundos les bastará con decir que esto es Rambo, es gore y es una puta pasada de película. Si, dejando a un lado esas pequeñas trabas que he visto en la cinta, tuviera que unirme a uno de los dos grupos... me iría definitivamente con los segundos. ¿Y ustedes?


3 abr 2006

'Hostel'

(Hostel. Eli Roth. Estados Unidos. 2005. 90 min.) Hostel parece nacida para la controversia: una semana después de su estreno en España (y transcurridos meses desde que inició su recorrido por las taquillas norteamericanas) se pueden leer críticas de todo tipo relativas a este largometraje. Y por lo que he visto no hay término medio: o se disfruta mucho o parece una bobada. Los que han leído alguna de mis críticas en este blog, algún comentario o mi perfil, podrían deducir fácilmente de qué lado estoy a la hora de hablar de Hostel: efectivamente, disfruté horrores en la sala de cine donde la proyectaban, entregándome por completo a lo que me ofrecía la pantalla y con el piloto crítico desconectado. Sé que esto puede interpretarse como una falta de profesionalidad por mi parte, pero considero que a veces es mejor ver una película sin ningún afán deconstructivo, limitándose a aceptar lo que el director te da y tomando la realidad que sale del proyector como la única posible durante los noventa minutos que dura el pase.

Evidentemente, Hostel no es un documental y tiene sus exageraciones (como que alguien pueda seguir consciente después de que le arranquen un ojo. Aunque tampoco soy médico, claro...), por lo que le pasa lo mismo que a gran parte de películas del género terrorífico/fantástico: necesita lo que algunos llaman suspensión de la credibilidad. Es decir, creerte todo lo que sale en pantalla y no intentar compararlo con los hechos fehacientes que nos encontramos cada día en nuestra vida diaria. Desde mi punto de vista, el buscar un verismo total en este tipo de cine es como ir a ver Star Wars y decir que es mala porque en el espacio no hay nada donde reboten las ondas sonoras y por tanto las explosiones jamás podrían escucharse. ¡Esto es cine, chicos!

Pero como hay públicos de todos los tipos, entiendo perfectamente a quién no gustará Hostel: a los que le desagrade el gore, a los que busquen un guión elaborado, a los que no le guste el cine de terror adolescente, a los que no sepan (o no quieran) ejercer esa suspensión de credibilidad, a los que busquen vísceras todo el rato (¡sorpresa!, Hostel no es un festival gore non-stop, como algunos piensan) y así podríamos seguir, porque creo que hay más gente que tiene posibilidades de detestar Hostel que potenciales admiradores...

¿A quién satisfará entonces? Imposible de saber, sinceramente. A mí me ha gustado. A amigos míos les ha gustado. ¡A mi madre le ha gustado!. Y si lo pienso detenidamente, lo que todos tenemos en común es que desde pequeños hemos visto cine de terror de todo tipo (desde los clásicos hasta lo más cafre), estamos más que rodados en el género y no nos ponemos nerviosos por ver a un personaje vomitando. Sabemos que son películas que tienen una serie de limitaciones y no buscamos obras maestras cuando las vemos. Simplemente queremos pasar un buen rato viendo sufrir a los que están detrás de la pantalla y sabiendo que al final serán felices (o no), pero que a nosotros desde nuestra butaca no nos va a pasar nada. Algunos comparan esta sensación con la de subir a una montaña rusa: disfrutar de la adrenalina que provoca el miedo desde una posición segura. Y a nadie le obligan a subir a una montaña rusa, quien lo hace ya sabe a qué atenerse. Pues lo mismo pasa con Hostel, en definitiva.

Bien, lleváis leyendo unos minutos y aún no he dicho realmente nada sobre la película. Pero, ojo, lo hago a propósito. No quiero destripar (jajaja, ... ejem) el argumento a nadie, porque pienso que (como pasa con todo el cine en general) lo ideal es no saber qué va a pasar exactamente en la historia, aunque sepas previamente por qué caminos se va a mover. Esta es una reseña pensada para los que aún no han visto Hostel y estén dudando entre verla o no. Así que sólo doy algunos apuntes: hay bastante sexo, hay violencia, hay planos desagradables... Hablando de sus personajes, se podría decir que son algo... ¿cómo decirlo?... ¿lentos? Pero, sinceramente, en esta película los protagonistas se mueven principalmente por tres impulsos: el sexo, la supervivencia y la venganza. No están haciendo ningún examen. No tienen que demostrar lo inteligentes y cultos que son cada vez que digan una frase (como sí hacían los personajes de Scream, por ejemplo), simplemente actúan consecuentemente con lo que pretenden hacer en cada momento (ya sea drogarse, tener sexo salvaje o atropellar a alguien... otra cosa es que moralmente no aprobemos sus pulsiones) y reaccionan a las adversidades de su entorno. En este sentido, más que cine de terror, Hostel es cine de supervivencia, de desesperanza (la moraleja que podríamos sacar es que el ser humano es despreciable, especialmente aquellos que tienen el poder y no se excitan con nada que no sea... bueno... mejor vedlo vosotros mismos), que nos habla sobre la pérdida de la inocencia (los primeros minutos y los últimos son de una diferencia radical, y nos recuerdan que cuando pensamos que todo va bien, no tarda mucho en aparecer la maldita "mala suerte" y mandarlo todo al carajo) y sobre el miedo a lo extraño o, mejor dicho, a lo extranjero.

Película que puede ser tildada de xenófoba, misógina, amoral y obscena por los que se toman esto del cine demasiado en serio, Hostel es, para mí (y para buena parte del público y, por qué no decirlo, de la crítica), una cinta que de haberse filmado hace veinte años hoy sólo sería recordada por los fans de Noche de Lobos y los asiduos al videoclub, pero que tal y como está el panorama del cine de terror actual (especialmente el norteamericano) tiene todas las papeletas para convertirse en un película de culto (como le pasó hace poco a Alta Tensión de Alexandre Aja, o al binomio La casa de los 1000 cadáveres/Los renegados del diablo de Rob Zombie). No es la panacea, pero es de lo mejorcito que he visto últimamente en el género.


Publicado originalmente en (ex)Tierra de Cinéfagos. Notas desde el futuro: Con esta reseña comenzaron los primeros piques con la gente de Tierra. Supongo que el hecho de que dijera que no me tomo el cine en serio les sentó como una patada en el estómago y empezaron a ponerme cruces. También comenzaron a comentar en secreto que yo no tenía ni puta idea de cine, que era un gañán y todo eso. Y ese fue el momento en el que tendría que haber recogido los bártulos e irme de allí, de no ser porque en el fondo soy bastante cabezón. Hostel me sigue gustando como el día que escribí la reseña.