
(No controles. Borja Cobeaga. España. 2011. 95 minutos) En Pagafantas (2009), Borja Cobeaga contaba las penurias por las que pasaba alguien dispuesto a arrastrarse por amor, a ser un conejillo de indias en manos de su objeto de deseo y a ser su mejor amigo con tal de tener la posibilidad de estar cerca por si, con un poco de suerte, podía aprovechar un momento de debilidad y conquistarla. Algunos (afortunados) acusaron la película de ser demasiado exagerada, de llevar hasta extremos increíbles el patetismo del protagonista y de plantear situaciones que no se darían en la vida real. Otros, que por desgracia sabemos que el guion de aquella cinta no se alejaba tanto de la realidad como los demás pensaban, disfrutamos la película casi tanto como la padecimos: su visionado era una especie de recordatorio de lo gilipollas que habíamos sido en algún momento dado de nuestras vidas (o incluso en ese instante), y algunas de las escenas con las que muchos se reían a nosotros no nos hacían ni puta gracia, por cuanto nos recordaban a situaciones vividas. En No controles, Cobeaga y su coguionista Diego San José reinciden en algunos de los temas de su anterior trabajo, pero con un tono más amable, más cómico y positivista, contando ahora la historia de un chico, Sergio (Unax Ugalde), que quiere recuperar el amor de su ex-novia Bea (Alexandra Jiménez) antes de que se vaya a vivir fuera del país. Una tormenta de nieve hace que tengan que pasar la noche en un hotel y, de ese modo, el protagonista tendrá hasta el amanecer para reconquistar a la chica y volver a ser feliz, con la ayuda de un peculiar grupo de personajes: Juancarlitros (Julián López), antiguo compañero del colegio de Sergio y aspirante a humorista; Juanan (Secun de la Rosa), un divorciado que viene de Punta Cana cargado de mala leche; Jimmy (Alfredo Silva), empleado del hotel de origen ecuatoriano que ha contado a su esposa que trabaja de profesor en un colegio; y Laura (Mariam Hernández), azafata que debe un favor a Sergio si no quiere que éste le ponga una reclamación por haberle extraviado la maleta. Todo esto con la visita inesperada de Ernesto (Miguel Ángel Muñoz), actual pareja de Bea, que hace las veces de villano de la función.
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| LO MEJOR: Juancarlitros, un personaje que merecería una película para él solo. LO PEOR: Que el público le diera la espalda, demostrando lo ciegos y burros que podemos llegar a ser a veces. |
En una escena de la película, Juancarlitros afirma que "esto es como la Jungla de Cristal... pero del amor". Y lejos de ser uno más de los muchos (y tronchantes) chistes que suelta el personaje, esa frase es toda una declaración de intenciones. Aunque no haya acción, No controles recuerda al clásico de Bruce Willis en tanto que comparten esquema básico: una historia contrarreloj que transcurre en una sola noche, en la que el héroe tiene que enfrentarse a varias adversidades para arreglar las cosas con su ex-pareja. Pero si en aquella Bruce Willis las pasaba canutas en solitario, aquí el protagonista tiene la suerte de contar con unos cuantos compañeros que, además de ayudarle a él, consiguen mejorar la película. Se produce así el efecto Fuga de cerebros (Fernando González Molina. 2009), en la que los secundarios se acababan comiendo con patatas a los protagonistas, haciéndose con el control de la película y ganándose las simpatías de los espectadores. La relación entre los personajes de Secun de la Rosa y Alfredo Silva sólo se puede calificar de entrañable, pero quien se lleva todas las miradas es Julián López, capaz de absorber cada plano con sus carisma y de hacer un esfuerzo interpretativo digno de elogio: es un buen cómico haciendo de mal cómico. En cuanto a los protagonistas, se puede decir que Alexandra Jiménez cumple bien y aporta naturalidad y simpatía a un personaje que no está pensado para caer especialmente bien, mientras que Unax Ugalde se muestra menos sieso que en Bon appétit (David Pinillos. 2010) y hasta se atreve con la comedia física, con resultados aceptables, aunque su personaje le obliga a mantenerse siempre a bajas revoluciones y en ese sentido funciona de manera perfecta. No controles marca un paso evolutivo en la carrera de Borja Cobeaga, a pesar de la triste acogida que tuvo en su momento en las salas, ya que estéticamente es menos torpe que su ópera prima y está dotada de mayor ritmo, narrativamente es menos dispersa y se permite además un gran momento tragicómico en una secuencia en la que Julián López demuestra la importancia de ir siempre a tope, de no tirar la toalla y de encarar la vida con optimismo. Ese es el mensaje de No controles y por eso es la comedia romántica que ninguno de ustedes debería avergonzarse de ver más de una vez.


