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| LO MEJOR: Que no hace concesiones al gran público. LO PEOR: Que aún así consiguió satisfacer tanto a los más acérrimos seguidores de Carpenter como a muchos de sus detractores. |
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9 ene 2012
'Vampiros'
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23 ago 2011
'Stake Land'
(Stake Land. Jim Mickle. Estados Unidos. 2010. 98 minutos) En una conferencia conjunta con James Wan y Brad Anderson a la que tuve el placer de asistir en el pasado Festival de Sitges, el director Jim Mickle hablaba sobre cómo en los últimos años la figura del vampiro se había devaluado y cómo había perdido su carácter terrorífico, pasando a ser el sueño amoroso (e incluso erótico...) de millones de quinceañeras y no tan quinceañeras por culpa de un tal Edward Cullen. El factor miedo había quedado excluido de la ecuación y eso era algo que disgustaba a los fans del terror. En lugar de limitarse a soltar exabruptos, Mickle decidió pasar a la acción y realizar una película que devolviera a los chupasangres el honor perdido. Ambientada en unos Estados Unidos desolados por la epidemia vampírica, la cinta narra la historia de un joven huérfano y un veterano cazador de no-muertos que atraviesan el país en busca de un lugar que no esté infectado para, quizá, poder vivir en paz. Pero en su camino se darán cuenta de que los monstruos no son sólo aquellos que lucen colmillos, sino también algunos que portan crucifijos y que, en nombre de la supuesta justicia divina, resultan tan peligrosos, o quizás más, que los primos lejanos de Drácula.
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| LO MEJOR: Los vampiros utilizados como arma arrojadiza. LO PEOR: La manida estructura de road-movie. |
No se puede discutir a Mickle su buena voluntad y su buen hacer detrás de las cámaras: secuencias como el prólogo o el asalto al pueblo de refugiados sirven para demostrar su pericia técnica y narrativa, construyendo set-pieces de notabilísima solvencia que lucen tan bien como lo podrían hacer las de algunas producciones mucho más caras. Se agradece también que no trufe la historia con guiños posmodernos y que no abuse de los monstruos para generar tensión, haciendo hincapié en la peligrosidad de los fanatismos especialmente en tiempos de crisis. Y resulta agradable volver a ver una película de vampiros tan sucia y violenta como (las superiores) Los viajeros de la noche (Near Dark. Kathryn Bigelow, 1987) y Vampiros (Vampires. John Carpenter, 1998). Sin embargo, hay algo que aleja a Stake Land de lo memorable para situarla en el terreno de lo correcto, sin más. Y es que todo resulta demasiado familiar, no hay ningún elemento que destaque por su originalidad ni que se aparte demasiado de lo trillado, siendo bastante tópico el recurso del viaje hacia el norte en busca de un lugar mejor, especialmente cuando tenemos tan recientes todavía películas como La carretera (The road. John Hillcoat, 2009) o Soy leyenda (I am legend. Francis Lawrence, 2007). Pero no me malinterpreten: Stake Land merece su atención, es una buena película de vampiros, por muy familiar que resulte.
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27 nov 2010
Especial Sitges 2010: 'Déjame entrar'

(Let me in. Matt Reeves. Estados Unidos / Reino Unido. 2010. 116 minutos) No deja de resultar algo decepcionante que el regreso de Hammer Films haya servido para amparar este innecesario remake de la película homónima de 2008 dirigida en Suecia por Tomas Alfredson. También cuesta encajar que el siguiente paso de Matt Reeves como director, tras la vibrante Monstruoso, haya sido el de encargarse de este proyecto. Y es que no hay demasiados motivos para volver a adaptar la novela de John Ajvide Lindqvist más allá de la imposibilidad del público estadounidense para ver películas en versión original. Se entiende así fácilmente la estrategia: resulta cómodo volver a filmar una película europea casi plano por plano pero cambiando el idioma por el inglés y, a ser posible, cambiando el contexto en el que acontece la historia (aquí, la era Reagan) para hacerla más digerible para el espectador norteamericano (y, por extensión, el mundial). Y, aunque este remake no deje de resultar aceptable y hayamos ganado en ritmo y en medios, hemos perdido información sobre ciertos detalles escabrosos (especialmente en lo concerniente al sexo de la niña), en sugerencia (por culpa de unos efectos digitales mediocres y demasiado exhibicionistas) e incluso en espectacularidad (la secuencia final en la piscina está mucho peor resuelta que en la versión de Alfredson). Déjame entrar, remake, es lo que pueden esperar: una película de terror efectista, entretenida y fácilmente digerible para cualquier espectador de multisalas, aunque mucho menos sugerente que la que ya pasó por Sitges en 2008.
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| LO MEJOR: La escena del accidente de tráfico, casi su única novedad. LO PEOR: Que no hacía falta hacerla. |
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6 feb 2006
'Underworld Evolution'
(Underworld: Evolution. Len Wiseman. Estados Unidos. 2003. 106 min.) Cuando se estrenó la primera Underworld no pude verla en el cine, supongo que por algún buen motivo que me lo impidió. Me quedé con las ganas de disfrutar de una de las películas que con más ansias esperaba aquel año, después de haber visto su prometedor tráiler y de haber leído su argumento ("¿vampiros contra hombres lobos? ¡Eso hay que verlo!". Sí, amigos, soy así de simple...). Luego me llegaron comentarios de mis amigos: Underworld decepcionaba. Tuve que esperar al DVD para comprobarlo y, efectivamente, no era lo que deseaba ver. Me encontré con una película con buenas escenas de acción y una idea interesante, pero que se malograba por sus largos diálogos, su ritmo lento, su visualmente agotador monocromatismo y su montaje atropellado (si tenéis la oportunidad de ver el Making Of, comprobaréis que los licántropos lucen muchísimo mejor en el "cómo se hizo" que en el propio largometraje). El mayor acierto de Underworld desde mi punto de vista (aunque sé que muchos no piensan igual) fue el de olvidar los tópicos de vampiros y licántropos e intentar crear una nueva mitología alrededor de ellos, enfrentándolos como dos especies de criaturas salvajes sobrehumanas y no como monstruos arrepentidos de serlo. Con un presupuesto limitado, Underworld se convirtió en un moderado éxito que en teoría daría inicio a una trilogía. Ahora, con mayor abundancia de medios, Underworld Evolution hace honor a su título: significa una evolución con respecto a la anterior en varios aspectos, desde una mejora en cantidad y calidad de las secuencias dinámicas a un guión más ágil y menos pretencioso (aunque los diálogos tengan más bien poco interés). Los efectos especiales están a la altura y esta vez el montaje y una mejor dirección de Len Wiseman nos permiten apreciar en mayor medida los logros del departamento de maquillaje y del equipo de efectos visuales (y de efectos especiales prácticos, ya que también hay aparatosos highlights como el del helicóptero y varias explosiones).
Tras un prólogo que nos explica el origen del enfrentamiento entre vampiros y licántropos, y de un breve montaje que nos recuerda lo que ocurrió en la entrega anterior, Underworld Evolution sigue donde acababa aquella, con la aparición de un híbrido primigenio y la persecución que sufren los personajes de Selene (Beckinsale) y Michael (Speedman) después de haber roto el equilibrio entre ambos bandos.
Podría decir que, si bien Underworld no me pareció en absoluto mala (más bien una obra interesante pero fallida en ocasiones), Underworld Evolution me parece más satisfactoria que su predecesora. Es más rápida, más corta (las casi dos horas de la primera se me hicieron eternas), hay más monstruos, más peleas cuerpo a cuerpo y una escena erótica entre Speedman y Beckinsale donde el director (esposo de la actriz) lleva el desnudo hasta el límite y consigue no enseñar nada pero resultar tremendamente estimulante para la vista. Además, se ahonda algo más en el pasado de Selene y se abren varias líneas argumentales con tragedias paternofiliales y violentos reencuentros familiares.
No obstante, como ya me había pasado con la anterior, hay momentos en esta cinta en los que tuve que lidiar con el sueño. Será el cansancio, será la comodidad de la butaca del cine... pero hubo un par de momentos en los que desconectaba por completo y aparecía el principio de bostezo. Pienso que gran parte de la culpa la tienen las escenas de diálogos flojos (como ya dije antes) y (otra vez) la manía de utilizar un cromatismo idéntico para absolutamente todas las secuencias. A pesar de desarrollarse en diversos escenarios como montañas, castillos y túneles (nada que ver con la ambientación urbana de Underworld), todas las escenas están tratadas con la misma luz, haciendo que prácticamente todo lo que veamos sea una escala de azules. No estamos pues ante una película para ver a la hora de la siesta o de madrugada, por mucha acción que pueda tener, ya que por momentos uno corre el riesgo de caer en esa fase de atontamiento neuronal que nos conduce a contar ovejitas. Esta desgana con la que están contadas las (todavía abundantes) escenas de no-acción repercuten negativamente en la valoración global de la película y hacen que, por efecto arrastre, no consigamos vibrar en las secuencias más vistosas.
En resumen, Underworld Evolution (como la primera) pone las cosas fáciles a los que disfrutan riéndose de un determinado tipo de cine exagerado y fantasioso, pero ofrece un rato distraído a quien no mira el cine de acción fantástico desde el pedestal de la superioridad. No hay que tomarse estas películas más en serio de lo que se toman ellas mismas.
Publicado originalmente en Natural High. Notas desde el futuro: Pereza. Esa es la palabra que mejor define mi actitud actual hacia la saga Underworld. De ahí que todavía no haya visto la tercera parte y que no haya vuelto a ver ninguna de las dos primeras.
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