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30 jul 2010

'Whiteout'

(Whiteout. Dominic Sena. Estados Unidos / Francia / Canadá. 2009. 97 minutos) Almacenada durante dos años en las oficinas de la Warner y estrenada directamente en DVD en España, Whiteout es uno de esos proyectos que nacen gafados desde el principio: en su origen, la adaptación del cómic de Greg Rucka y Steve Lieber se comenzó a gestar en las oficinas de la Columbia en 1999; pasó a manos de Universal en 2002, cuando intentaron producir el proyecto con Reese Witherspoon como protagonista (quizá la peor elección posible para un rol que requería ciertas dotes para la acción); y finalmente fue Dark Castle Entertainment, con Joel Silver en cabeza, quien se hizo con los derechos de la novela gráfica. Con un presupuesto ajustado de 35 millones de dólares, el rodaje concluyó en julio de 2007 y el resultado no se vio en los cines norteamericanos hasta el 11 de Septiembre de 2009, recaudando unos paupérrimos 10 millones de dólares.

No recurriría a estos datos si no fuera porque todo esto se deja ver en el resultado final, tras cuyo visionado se hace comprensible el descalabro y el temor a distribuir la película en el mercado internacional: aunque no se pueda hablar de desastre absoluto, Whiteout es una película fallida. Según los que han leído la novela gráfica, no funciona como adaptación porque introduce cambios importantes en la trama y en los personajes de cara a que resulten más amables y convencionales para el gran público. Pero, independientemente de su fidelidad o de la falta de la misma, Whiteout fracasa como película por culpa, sobre todo, de un guión deslavazado que nunca tiene claro qué es lo que quiere contar ni cómo hacerlo. La pericia técnica de Dominic Sena vuelve a quedar patente como ya lo hiciera en sus anteriores trabajos, Kalifornia, 60 segundos y, sobre todo, Operación Swordfish (su mejor película y una de las más estimables cintas de acción de la pasada década), pero no puede hacer demasiado con un libreto que quiere tocar demasiados palos y no consigue funcionar en ninguno de ellos: durante hora y media, la película parece cambiar de subgénero en varias ocasiones y nunca tenemos claro si estamos viendo un thriller de investigaciones a lo CSI, una cinta sobre un psycho-killer en la Antártida o un largometraje de acción catastrofista. Es más, la puesta en escena y la ambientación en ocasiones pueden recordar a La Cosa de John Carpenter, lo que unido al modo en el que juegan con el misterio (qué buscan los protagonistas, qué relación hay entre ellos, en quién se puede confiar, qué se esconde bajo el hielo) nos hace generar unas expectativas de un giro sobrenatural o fantástico que nunca llega, produciendo cierta sensación de incomodidad en un espectador que espera más de lo que realmente ofrece el film. Nos tenemos que conformar observando lo bien que está Kate Beckinsale en ropa interior o con algunas escenas de acción que casi carecen de ritmo pero son extrañamente hipnóticas (esas persecuciones en mitad de las ventiscas, con los protagonistas sujetos por la cintura a cuerdas que marcan el camino), pero en general Whiteout es un producto irregular y finalmente insípido. 

29 ene 2008

'1408' / 'Habitación sin salida'

(1408. Mikael Håfström. 2007. 103 min. / Vacancy. Nimród Antal. 2007. 83 min.) Sesiones dobles, sí, de esas que parecía que se iban a poner de moda tras el estreno de Grindhouse y que al final volvieron al redil de la nostalgia del que, seguro que opinan algunos, jamás debieron salir. No les voy a engañar: no soy lo suficientemente mayor ni he nacido en el lugar adecuado como para haber vivido la experiencia de ver un programa doble de los de verdad, de los de pagar una entrada por ver dos películas estrenadas en conjunto, no de los que uno se monta en casa con el vídeo o de los que se organiza en una misma tarde pagando dos entradas de cine seguidas. Pero, independientemente de haber nacido fuera de contexto, soy de los que aman el concepto, de los que se montan uno cuando tiene ocasión y de los que ven cómo el vello se le eriza cuando pone la banda sonora de Rocky Horror Picture Show y escucha Science Fictión/Double Feature. Así que esta nueva serie de post, sin número prefijado pero con algunas ideas ya definidas (la obligación moral para conmigo mismo de reseñar en conjunto las dos entregas de Demons, por ejemplo), nace como forma de rendir un pequeño tributo a esas celebraciones de las que sólo he podido leer u oír hablar y para las que uno quisiera tener un De Lorean DMC-12 con condensador de fluzo cargado hasta los topes de uranio. Pero con una pequeña licencia: aquellas sesiones dobles no siempre tenían por qué mostrar dos cintas con relación intrínseca, mientras que yo me decantaré por reseñar (sin demasiada profundidad quizá, porque si quisiera extenderme demasiado les dedicaría críticas individualizadas) títulos de temática similar y que, a ser posible, se estrenaran con poca diferencia de tiempo. La Double Feature queda entonces limitada a su aparición conjunta en este blog, en el que haré de exhibidor caprichoso cada cierto tiempo.

Y caprichoso, precisamente, ha sido el germen de esta serie: ver seguidas, sin voluntad de continuidad premeditada, las dos películas que veis en el título, que podríamos englobar dentro del veleidoso (lo sé) epígrafe de películas de suspense que transcurren en una habitación de hotel/motel (sic). Además, las dos tienen como protagonistas a personajes que acaban de pasar por un trance familiar idéntico: la pérdida de un hijo, en el caso de Kate Beckinsale y Luke Wilson (protagonistas de Vacancy), o de una hija en cuanto a John Cusack (estrella absoluta de 1408). Ese background dramático común es explotado en sendas cintas para crear un conflicto que marcará el devenir de los personajes y que funciona como cliché cristalino que nos deja avanzar el futuro happy end de ambas, aunque lo de happy habría que matizarlo y no lo haré para no estropearles nada. Así, John Cusack interpreta a un escritor separado tras la muerte de su pequeña y que apenas mantiene contacto con su ex, mientras que Beckinsale y Wilson hacen las veces de matrimonio en proceso de separación debido a la catástrofe de ver morir a su hijo único, pero todos sabemos que los apuros por los que pasan en sus respectivas historias acabarán por conseguir que reflorezcan viejos sentimientos y se afiancen sus relaciones, por muy in extremis que sea. Si bien en este sentido ambas cintas tiran del tópico, hay que reconocer que a la hora de la verdad, en el momento de mostrarse como las cintas de género que son, funcionan de manera correcta y se dejan ver con agrado por el espectador entregado y poco refunfuñón. Es decir, se puede acusar de liviana la construcción de los personajes, pero dentro del género en el que se mueven no hay motivos para pedirles mucho más, teniendo en cuenta que lo que buscamos como espectadores es, principalmente, verles sufrir durante hora y media.


Y ahí, cuando las películas ya han entrado en materia, es cuando la premisa común (pasar una noche infernal en una habitación de la que prácticamente no pueden huir) se bifurca y demuestra cuáles son las cartas que cada una de ellas quiere jugar, poniendo en evidencia con qué tipo de película nos encontramos en cada caso. Vayamos ahora por partes. 1408, basada en un relato de Stephen King, cuenta la historia del escritor Mike Enslin (Cusack), especializado en narrar sus búsquedas (que no encuentros) de fenómenos paranormales a lo largo de Estados Unidos, plasmando en papel lo que no son más que historias sensacionalistas sobre hechos que no ha vivido en sus propias carnes, pero que circulan alrededor de los lugares que toma como objeto de estudio parapsicológico. Este adulto Juan Sin Miedo ve como un desafío apetecible el pasar una noche en la habitación 1408 del hotel Dolphin de Nueva York, en la que dicen que han fallecido más de 50 personas por los motivos más rocambolescos. Por mucho que el gerente del hotel (un visto y no visto Samuel L. Jackson) intente convencerle de que no lo haga, Enslin acaba consiguiendo su objetivo y se hospeda en la suite maldita, momento a partir del cual comienzan a sucederse hechos fantásticos que harán vivir al protagonista la noche más infernal de su vida. Generosa en medios y con la ventaja de jugar a lo fantástico, 1408 despliega su imaginería al poco rato de empezar y ya no para hasta que acaba, convirtiéndose en un show non-stop de creciente intensidad que comienza con unas chocolatinas que aparecen misteriosamente encima de la almohada y termina con cambios extremos de temperatura dentro del cuarto y otros acontecimientos que desembocan en un incendio. Es una de esas cintas tramposas, con giros caprichosos de guión y que debido al exceso de estímulos acaba por perder su efectividad antes de que vayamos por la mitad. John Cusack juega a ser Bruce Campbell en Evil Dead II y hace lo imposible por que mantengamos la atención durante algo más de hora y media, pero como he dicho antes, la acumulación de elementos fantásticos y las previsibles argucias de la historia (el fantasma de la hija muerta como máximo exponente de su posible paranoia) hacen que nos sintamos aturdidos, bajemos las defensas al habituarnos a un terror que sólo dura unos minutos a pesar de (o precisamente por) intentar machacarnos casi todo el tiempo, y nos relajemos ante el modesto visionado de un entretenimiento en el que todo vale y que se acaba convirtiendo en un Carnival of Souls para el público de multisalas, el que con llevarse cinco o seis sustos en dolby digital ya se va contento para casa. Se dice que esto es terror psicológico, pero si de verdad quieren probar algo que les machaque traten de recuperar La escalera de Jacob.


Diferente es el caso de Habitación sin salida, que comienza con un claro homenaje a Saul Bass y aprovecha la premisa hitchcockiana del motel perdido con psicópata(s) cerca que, con la introducción de las snuff movies como reclamo diferencial, se acaba convirtiendo en una versión de cámara y mainstream de Los Zero Boys. Pero a pesar de ser un producto para todos los públicos al igual que 1408, Vacancy se muestra mucho más conseguida, efectiva y simpática en su modestia y concreción (supongo que ya se habrán dado cuenta si siguen el blog, pero ahí va: me encantan las películas de 80 minutos, quizá por tener la capacidad de atención de una ameba sedada). Beckinsale y Wilson son, como dije antes, una pareja que ha perdido a su hijo y que debido a la carga de conciencia que ello supone (ella se culpabiliza de la muerte accidental del chico) está en proceso de divorcio. Ahora tendrán oportunidad de recuperar su amor mediante el sufrimiento, cuando recalen en un hotelucho de mala muerte en el que al poner una cinta que encuentran al lado del vídeo, ¡un vídeo!, descubren que lo que parece una mala peli de terror es en realidad una snuff filmada en la misma habitación en la que ellos se encuentran. El terror comienza cuando se dan cuenta de que ellos van a ser los siguientes protagonistas de tan macabras filmaciones. Así comienza una espiral de tensión que, una vez puesta en marcha, poco respiro da a un espectador que agradece contemplar personajes que, para variar, saben enfrentarse al brete usando la cabeza para algo más que para llevar pelo y esperar a que se la corten de un hachazo. No es que los protagonistas se enfrenten a los malos poniendo en práctica teorías de física cuántica, pero por lo menos se muestran astutos y competentes a la hora de plantarles cara y utilizar su instinto de supervivencia. De este modo, el largometraje se convierte en un tenso tira y afloja, en un juego de acciones y respuestas con una gradación de violencia in crescendo que culmina con Beckinsale haciendo de nuevo de heroína de acción para deleite de todos. Si les gustó Identidad o Nunca juegues con extraños, aquella de John Dahl con Paul Walker, Steve Zahn y Leelee Sobieski, seguro que lo pasan bien con Vacancy. Decía que es un caso diferente al de 1408 porque, mientras que aquella fallaba en su intento de crear tensión en el público mediante su abrumadora acumulación de motivos fantásticos, Habitación sin salida logra triunfar cuando se propone crear sensación de peligro y adentrar al espectador en unas escenas para nada artificiosas que puede asimilar como posibles, siendo, por tanto, más aterradoras.

Por tanto en la relación intención-resultados, si tuviera que quedarme con una de las dos, recomendarles únicamente una del pack, la balanza se decantaría claramente hacia Vacancy. 1408, a raíz de querer epatar con los retruécanos de su guión, acaba por resultar insípida y casi cargante, mientras que la cinta dirigida por Antal, con toda su modestia y, si quieren, simpleza, consigue situarse por encima de la media de cintas de terror actuales, demostrando que en el cine de terror muchas veces, aunque suene a tópico, menos es más. Gracias por llegar hasta el final. Keep watching the skies!




6 feb 2006

'Underworld Evolution'

(Underworld: Evolution. Len Wiseman. Estados Unidos. 2003. 106 min.) Cuando se estrenó la primera Underworld no pude verla en el cine, supongo que por algún buen motivo que me lo impidió. Me quedé con las ganas de disfrutar de una de las películas que con más ansias esperaba aquel año, después de haber visto su prometedor tráiler y de haber leído su argumento ("¿vampiros contra hombres lobos? ¡Eso hay que verlo!". Sí, amigos, soy así de simple...). Luego me llegaron comentarios de mis amigos: Underworld decepcionaba. Tuve que esperar al DVD para comprobarlo y, efectivamente, no era lo que deseaba ver. Me encontré con una película con buenas escenas de acción y una idea interesante, pero que se malograba por sus largos diálogos, su ritmo lento, su visualmente agotador monocromatismo y su montaje atropellado (si tenéis la oportunidad de ver el Making Of, comprobaréis que los licántropos lucen muchísimo mejor en el "cómo se hizo" que en el propio largometraje). El mayor acierto de Underworld desde mi punto de vista (aunque sé que muchos no piensan igual) fue el de olvidar los tópicos de vampiros y licántropos e intentar crear una nueva mitología alrededor de ellos, enfrentándolos como dos especies de criaturas salvajes sobrehumanas y no como monstruos arrepentidos de serlo. Con un presupuesto limitado, Underworld se convirtió en un moderado éxito que en teoría daría inicio a una trilogía. Ahora, con mayor abundancia de medios, Underworld Evolution hace honor a su título: significa una evolución con respecto a la anterior en varios aspectos, desde una mejora en cantidad y calidad de las secuencias dinámicas a un guión más ágil y menos pretencioso (aunque los diálogos tengan más bien poco interés). Los efectos especiales están a la altura y esta vez el montaje y una mejor dirección de Len Wiseman nos permiten apreciar en mayor medida los logros del departamento de maquillaje y del equipo de efectos visuales (y de efectos especiales prácticos, ya que también hay aparatosos highlights como el del helicóptero y varias explosiones).

Tras un prólogo que nos explica el origen del enfrentamiento entre vampiros y licántropos, y de un breve montaje que nos recuerda lo que ocurrió en la entrega anterior, Underworld Evolution sigue donde acababa aquella, con la aparición de un híbrido primigenio y la persecución que sufren los personajes de Selene (Beckinsale) y Michael (Speedman) después de haber roto el equilibrio entre ambos bandos.

Podría decir que, si bien Underworld no me pareció en absoluto mala (más bien una obra interesante pero fallida en ocasiones), Underworld Evolution me parece más satisfactoria que su predecesora. Es más rápida, más corta (las casi dos horas de la primera se me hicieron eternas), hay más monstruos, más peleas cuerpo a cuerpo y una escena erótica entre Speedman y Beckinsale donde el director (esposo de la actriz) lleva el desnudo hasta el límite y consigue no enseñar nada pero resultar tremendamente estimulante para la vista. Además, se ahonda algo más en el pasado de Selene y se abren varias líneas argumentales con tragedias paternofiliales y violentos reencuentros familiares.

No obstante, como ya me había pasado con la anterior, hay momentos en esta cinta en los que tuve que lidiar con el sueño. Será el cansancio, será la comodidad de la butaca del cine... pero hubo un par de momentos en los que desconectaba por completo y aparecía el principio de bostezo. Pienso que gran parte de la culpa la tienen las escenas de diálogos flojos (como ya dije antes) y (otra vez) la manía de utilizar un cromatismo idéntico para absolutamente todas las secuencias. A pesar de desarrollarse en diversos escenarios como montañas, castillos y túneles (nada que ver con la ambientación urbana de Underworld), todas las escenas están tratadas con la misma luz, haciendo que prácticamente todo lo que veamos sea una escala de azules. No estamos pues ante una película para ver a la hora de la siesta o de madrugada, por mucha acción que pueda tener, ya que por momentos uno corre el riesgo de caer en esa fase de atontamiento neuronal que nos conduce a contar ovejitas. Esta desgana con la que están contadas las (todavía abundantes) escenas de no-acción repercuten negativamente en la valoración global de la película y hacen que, por efecto arrastre, no consigamos vibrar en las secuencias más vistosas.

En resumen, Underworld Evolution (como la primera) pone las cosas fáciles a los que disfrutan riéndose de un determinado tipo de cine exagerado y fantasioso, pero ofrece un rato distraído a quien no mira el cine de acción fantástico desde el pedestal de la superioridad. No hay que tomarse estas películas más en serio de lo que se toman ellas mismas.


Publicado originalmente en Natural High. Notas desde el futuro: Pereza. Esa es la palabra que mejor define mi actitud actual hacia la saga Underworld. De ahí que todavía no haya visto la tercera parte y  que no haya vuelto a ver ninguna de las dos primeras.