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17 mar 2012

'La habitación del pánico'

(Panic room. David Fincher. Estados Unidos. 2002. 112 minutos) Tras sobrevivir al infierno que supuso el rodaje de Alien 3 (1992) y conseguir grabar su nombre con letras de oro en la historia del cine norteamericano reciente gracias a la triunfal Seven (1995), David Fincher vio su reputación mermada por culpa de los discretos resultados económicos de sus siguientes trabajos, The Game (1997) y El club de la lucha (Fight club, 1999), por más que esta última se convirtiera en un clásico inmediato. Con este panorama, Fincher decidió acometer un proyecto menos ambicioso, de bajo presupuesto y que fuera apto para ser digerido por las masas. Tomando como base un guión que el interesante David Koepp escribió en apenas unos días, Fincher convocó a Nicole Kidman y a Hayden Panettiere para interpretar a la madre y a la hija que quedan atrapadas en una habitación diseñada como una pequeña fortaleza, ante la amenaza de unos ladrones que han irrumpido en su casa y con el agravante de la enfermedad de la adolescente, que padece de diabetes. Todo parecía sencillo: un reparto con pocos actores, una única localización (salvo por algunos planos de exteriores) y un argumento perfecto para construir un ejercicio de suspense efectivo. Pero la mala suerte volvió a aparecer en la carrera de Fincher cuando Nicole Kidman sufrió un accidente durante el rodaje de Moulin Rouge (Baz Luhrmann, 2001). Sin protagonista, el director contactó con Jodie Foster, con quien estuvo a punto de trabajar en The Game (en el papel que finalmente haría Sean Penn) y ésta aceptó de inmediato. Lo de Panettiere fue diferente: al parecer, Fincher la consideraba "irritante" y decidió prescindir de ella, sustituyéndola por la todavía casi desconocida Kristen Stewart. Pero ahí no acabarían los problemas, ya que el afán perfeccionista del director convirtió una pequeña producción en una película de casi 50 millones de dólares de presupuesto, en la que cuidó tanto los detalles que la compañía que realizó los títulos de crédito iniciales (de clara inspiración Hitchcock/Bass) tardó un año en completarlos tal y como quería Fincher. Y esto sólo por poner un ejemplo de su meticulosidad.

LO MEJOR: Su apartado técnico.
LO PEOR: Puede resultar algo insulsa.
El resultado económico de la película fue más que bueno (casi 200 millones a nivel internacional), pero no así el crítico, ya que este sector sigue considerando La habitación del pánico como el peor trabajo de David Fincher. Desde luego, sí que resulta el más intrascendente, ya que su hilo argumental es tan básico que no se puede rascar en él, siendo una simple excusa para presentar a dos mujeres intentando superar sus miedos. Es decir, el abecé de un gran porcentaje de películas de terror, con la salvedad de que a Fincher le exigimos algo más que a los cientos de artesanos de la Serie B, por mucho que esto resulte algo injusto tanto para él como para las intenciones con las que realizó este largometraje. Sin embargo, a nivel visual la película es un caramelo: Fincher se lo pasó como un bebé con un juguete nuevo haciendo planos-secuencia imposibles, sirviéndose de los efectos digitales como ayuda y haciendo trampas para conseguirlos, de la misma manera en la que Alfred Hitchcock engañaba al ojo del espectador cada vez que cambiaba de rollo de filmación en la juguetona y ultradisfrutable La soga (Rope. 1948). Por lo tanto, La habitación del pánico es un ejercicio de suspense formalmente impecable, pero sin dobleces, sin resquicios para el verdadero mal (salvo, acaso, por el personaje enmascarado interpretado por Dwight Yoakam), tan entretenido y tan visualmente barroco como hueco, tan intenso en algunas ocasiones como alargado en otras, y un claro precedente, además, de algunos de los defectos que marcarían la trayectoria posterior del director (pese a que los fans me quieran crucificar por esto): ampulosidad, falta de ritmo y exceso de metraje. Con todo, el trabajo de los actores y el virtuosismo con la cámara de Fincher consiguen mantener la atención del espectador de manera eficaz, que es de lo que se trata, al fin y al cabo.

9 mar 2012

'Luces rojas'

(Red lights. Rodrigo Cortés. Estados Unidos / España. 2012. 119 minutos) Resulta muy difícil escribir sobre determinadas películas sin destripar involuntariamente algún detalle importante de su argumento. A veces basta con que pongamos al espectador sobre aviso para que éste sienta un irrefrenable deseo de seguir leyendo (o, aunque evite este paso, ya se predispone a realizar un visionado de la película más activo y descreído de lo normal). Voy a hacer lo posible por no desvelar nada importante, aunque sí les recomendaría que no siguieran leyendo y que no vieran el tráiler de Luces rojas en caso de que no quieran arriesgarse. No obstante, si han visto los posters promocionales ya habrán podido leer frases como "¿Qué crees saber?", "Desconfía de tus ojos" o "Tu cerebro te miente", las cuales tienen mucho que ver con lo que se esconde detrás de la tercera película de Rodrigo Cortés, quien abandona el autoimpuesto minimalismo de Buried (2010) para entregarnos un atronador espectáculo de magia con el que demuestra que la cobardía no es lo suyo: no le tiembla el pulso a la hora de dirigir a dos titanes como Sigourney Weaver y Robert De Niro, ni al filmar secuencias con efectos especiales que poco tienen que ver con la parquedad visual de su anterior trabajo. 

LO MEJOR: La inquietante presencia de Cillian Murphy.
LO PEOR: La historia del personaje de Sigourney Weaver
se desarrolla menos de lo deseable.
En lo que sí reincide Cortés es en desarrollar una historia angustiante y, hasta cierto punto, tramposa, ya que buena parte de su eficacia reside en el impacto que pueda causar su final en el espectador y en la habilidad con la que el guión disemina pistas a lo largo del metraje, intentando que no resulten demasiado evidentes como para descubrir el truco. Ahí no se puede decir que la película triunfe del todo, ya que alguna de las cartas que guarda Cortés se le ve debajo de la manga mucho antes de lo deseable, siendo éste el mayor inconveniente de un largometraje que, por lo demás, no pretende engañar a nadie: ya desde sus primeros minutos deja muy claro que el público debería cuestionarse todo lo que aparezca delante de sus ojos, obligándole a plantearse qué debería creerse y qué información debería desechar, intentando averiguar dónde está el truco y si realmente estamos ante fenómenos paranormales o ante la gran obra de un farsante. Y, de paso, aunque sea tomando prestado algo de David Lynch y algo de M. Night Shyamalan, Luces rojas confirma a Rodrigo Cortés como un cineasta total, capaz de escribir, montar y dirigir sus propias historias, entregándose a un cine de entretenimiento inteligente, elegante y lleno de sugerencias que deseo que siga cultivando muchos años, antes de que sea afectado por el síndrome Amenábar y decida que ha llegado el momento de dedicarse a contar historias más importantes.

26 ene 2012

'Mientras duermes'

(Mientras duermes. Jaume Balagueró. España. 2011. 102 minutos) Antes que nada, una aclaración: Mientras duermes no está basada en la novela homónima de Alberto Marini, sino que es al revés. El libro es la adaptación que el italiano llevó a cabo de su propio guión para la película de Balagueró. Marini no es un desconocido para el director catalán, ni mucho menos, ya que lleva años trabajando en Filmax como guionista, productor y desarrollador de proyectos, siendo uno de los máximos responsables del impulso que la productora de Julio Fernández ha dado al cine fantástico y de terror durante la última década. Su novela surge, en parte, de la frustración que le supuso tener que eliminar subtramas y cambiar escenarios para adaptarse a los requerimientos de la producción fílmica, siempre más limitativos por cuestiones presupuestarias y narrativas. Eso sí, como base para un nuevo trabajo de Jaume Balagueró resulta un argumento perfecto: la historia de un oscuro portero de edificio que es incapaz de ser feliz y que, en venganza, pretende borrar la sonrisa del rostro de una de sus vecinas, resulta el vehículo idóneo para que el director ahonde en algunas de sus obsesiones. Así, la búsqueda del Mal puro como leit-motiv que ya se encontraba en Los sin nombre (1999) se une a ese terror doméstico, de rellanos y escaleras, de habitaciones inseguras, que tan bien plasmó en las dos primeras partes de Rec (2007 / 2009) y en la adrenalínica Para entrar a vivir (2006). Sin embargo, podríamos decir que, pese a lo turbios que resultan algunos de sus conceptos, Mientras duermes es la película más reposada y comedida del director, al mismo tiempo que, posiblemente, la que menos pone su mirada sobre los gustos básicos de su público potencial.

LO MEJOR: Luis Tosar personificando la maldad absoluta.
LO PEOR: En algunos momentos le sentaría bien algo más
de visceralidad.
Esto puede suponer un problema si buscan en la cinta un exceso de emociones fuertes, escenas de violencia explícita cada pocos minutos o una progresión del suspense demasiado pronunciada. Mientras duermes no se mueve por ese terreno: juega la mayoría de sus bazas desde los primeros minutos, sin esconder nada al espectador, ni pretender engañarles con la identidad del villano ni con sus motivaciones, jugando al despiste lo justo para mantener constantemente nuestra atención y dosificando bien los puntos álgidos de tensión. En ese sentido, la película de Balagueró resulta mucho más satisfactoria que la modosa e insustancial La víctima perfecta (The resident. Antti Jokinen, 2011), con la que comparte una trama muy similar y de la que hablé en su momento (aquí). Y lo es también porque su punto de vista es radicalmente distinto, puesto que Mientras duermes está narrada desde la visión del agresor y no de la víctima, forzando al público a identificarse con un desequilibrado y hasta a sufrir cuando es él quien tiene que esconderse para no ser visto por los que, en otro caso, serían los protagonistas. El mayor interés de Mientras duermes está ahí, en la manera en la que Balagueró nos lleva a empatizar con alguien despreciable y a odiar a otros personajes que deberían resultarnos vulnerables y despertar nuestro instinto protector. Incluso lleva este recurso al extremo cuando, sin que casi nos demos cuenta, vemos a una niña como una amenaza para el protagonista (un Luis Tosar impecable), porque es la única que sabe lo que éste hace por las noches. Es como cuando en Psicosis (Psycho. Alfred Hitchcock, 1960) nos inquietaba la posibilidad de que pillaran a Norman Bates, tratándose en realidad de un psicópata que no debería despertar ninguna de nuestras simpatías, pero radicalizando aún más la propuesta al convertir a este individuo en narrador de la historia desde el minuto uno y, además, sin pretender justificar sus acciones con ningún trauma ni enfermedad mental. Mientras duermes es, así, un triunfo para Jaume Balagueró, a la par que, en cierto modo, una demostración de madurez: su búsqueda por generar la incomodidad del público encuentra aquí una respuesta que no tiene nada que ver con sectas, fantasmas ni demonios, sino con un terror más cotidiano, más real y, también, más injustificado. Y ese es el que da miedo de verdad.

12 oct 2011

'Intruders'

(Intruders. Juan Carlos Fresnadillo. España / Reino Unido / Estados Unidos. 2011. 100 minutos) Tras un lapsus de cuatro años, Fresnadillo vuelve a las salas con una película que, sorprendentemente, tiene más en común con Intacto (2001) que con su adrenalínica primera incursión en el mercado internacional, 28 semanas después (28 weeks later. 2007). Con esta última se ganó el interés de Steven Spielberg, quien le iba a producir una cinta de acción titulada Wednesday que, desgraciadamente, quedó en dique seco tras la huelga de guionistas que afectó a Hollywood desde noviembre de 2007 hasta febrero de 2008, tiempo suficiente para que el proyecto quedara paralizado y tanto Spielberg como Fresnadillo pasaran a otros menesteres. Intruders vuelve a la faceta introspectiva y reposada de Intacto, la misma que convirtió aquella opera prima en una película interesante, con grandes momentos, pero que dejaba cierto regusto amargo debido a lo difícil que era en ocasiones conectar emocionalmente con las intrincadas mentes de sus personajes y con la frialdad de algunas de sus acciones. Intruders tampoco es una película de emociones fuertes, no hay sobresaltos ni secuencias de tensión excesiva, incluso podríamos simplificar mucho y decir que es una cinta de terror que no da miedo, con lo cual no les resultará satisfactoria si ese es el único motivo por el que se acercan al género. Sin embargo, no se puede criticar a la película por este motivo cuando resulta evidente que es así a propósito, se aprecia perfectamente cuáles son sus intenciones y por eso no se puede hablar de producto fallido.

LO MEJOR: Que se aleja conscientemente de los cánones.
LO PEOR: Que debido a ello no termina de resultar del todo
satisfactoria.
Lo que predomina aquí es el factor psicológico, ya que es en la psique de los personajes donde se gesta el terror de la película. Fresnadillo utiliza la imaginación como creadora de miedos y, a la vez, como transmisora de traumas, construyendo su relato sobre otro cuento que escriben dos niños separados geográfica y temporalmente. La película es tramposa porque juega al final sorpresa y escatima en pistas que posibiliten al público descubrir el secreto que se esconde tras su bifurcada estructura. Pero esto no tiene por qué ser considerado un debe, sino más bien una manera útil de conseguir que los espectadores realicen un visionado activo, obligándoles a mantenerse alerta y a poner de su parte para desentramar la historia, llevándoles a recapitular información en el desenlace y a interpretar todo lo que se ha contado anteriormente desde un punto de vista distinto. Por lo tanto, Intruders tiene la virtud de ser una película que exige atención al detalle, se aleja de los sustos prefabricados y se adentra en la oscuridad, tanto ambiental como mental, para contar una historia que no es original en contenido pero que sí adquiere cierta personalidad propia en la forma. Sin embargo, pese a todas estas bondades, no consigue generar entusiasmo, ni provocar otra sensación que no sea la del básico interés por saber qué está ocurriendo, quién es Carahueca y por qué se le presenta a dos niños distintos. Intruders resulta aséptica en ese sentido, bordeando de manera peligrosa la indiferencia. La película es correcta porque se adivina que la intención de Fresnadillo era hacer un largometraje de terror íntimo y, al mismo tiempo y sin que sirva como contradicción, distante. Pero esa falta de emociones extremas y de transparencia impide que el público pueda involucrarse al cien por cien y ahí reside su mayor defecto, en la ausencia de garra y visceralidad.

5 oct 2011

'La cara oculta'

(La cara oculta. Andrés Baiz. España / Colombia. 2011. 103 minutos) Dice el póster de La cara oculta que "hay puertas que nunca deberían abrirse". También hay tráilers que nunca deberían mostrarse y el de esta película es uno de ellos. Igual que hay críticas que nunca deberían leerse antes de entrar en el cine... y les advierto que ésta también es una de ellas. Si sienten cierta curiosidad por ver La cara oculta pero aún no se han decidido, les bastará saber que la película les hará pasar un buen rato, que resulta lo suficientemente inteligente, intrigante y entretenida como para que merezca la pena pagar el precio de la entrada, que encontrarán momentos que bordean el terror, otros en los que el erotismo campa a sus anchas, pero que básicamente se trata de una historia de suspense atemporal, un relato clásico que podría suceder en cualquier época (salvo algún detalle muy puntual como el uso del teléfono móvil como medio de comunicación, que podría sustituirse por una carta, por ejemplo) y en cualquier lugar (aunque la trama gire en torno a una desaparición y eso es algo que lamentablemente está muy apegado a la realidad de Colombia, país en el que transcurre la cinta). No necesitan más información, así que, si tienen ganas de ver la película, les recomiendo que no sigan leyendo el siguiente párrafo

LO MEJOR: Su clasicismo bien entendido y su capacidad
para generar tensión a pesar de la pérdida del elemento
sorpresa.
LO PEOR: Que el tráiler lo cuente todo. La ausente interpre-
tación de Quim Gutiérrez.
Alerta de spoilers a partir de ahora. Decía al principio que hay tráilers que nunca deberían mostrarse o que, al menos, deberían preocuparse más de mantener el misterio sobre lo que luego nos encontraremos en la película de turno. En este caso, el avance que se ha proyectado en los cines de La cara oculta se ha convertido su peor enemigo, ya que desvela su entramado argumental y anula casi por completo el factor sorpresa, dejando inservibles los intentos del guión por hacernos creer que podríamos estar viendo una película de fantasmas o, incluso, que existiera la posibilidad de que el protagonista (interpretado por un hierático Quim Gutiérrez) fuera un asesino que ha acabado con su novia (Clara Lago, defendiendo muy bien su papel) y que ahora podría también hacer lo mismo con una nueva víctima en potencia (una muy desinhibida Martina García). Es una pena que uno de los puntos fuertes de la película se vea intoxicado por culpa de un ejercicio de marketing: quizá la 20th Century Fox no se ha atrevido a vender el producto como si se tratara de una historia sobrenatural por miedo a las reacciones negativas del público al comprobar que aquí no hay ningún elemento fantástico, con lo cual el boca-oreja podría aniquilar sus aspiraciones comerciales debido a las opiniones furiosas de espectadores decepcionados; sin embargo, durante la primera mitad de la película asistimos a un recital de recursos audiovisuales que remiten muy claramente al cine de fantasmas y casas encantadas, no descubriendo hasta pasados muchos minutos que la procedencia de esos posibles fenómenos paranormales no son producto de ningún poltergeist, sino de una persona que se ha quedado encerrada en una cámara secreta de la casa. A partir de ahí, y en un giro de guión que habría agradado a Hitchcock, el suspense se centra en saber si el personaje de Clara Lago podrá salir de su accidental reclusión, mientras el interpretado por Martina García trata de dilucidar qué ocurre a su alrededor. Es decir, que cambia el punto de vista narrativo y se produce el suspense hitchcockiano: el público sabe más que uno de los personajes de la película, con lo cual puede vivir la angustia de este desde la anticipación y la aparente omnisciencia que su posición privilegiada le aporta. Es una pena, empero, que este juego propuesto por Andrés Baiz quede al descubierto desde el primer minuto en caso de que se haya visto el tráiler (que, no obstante, y para seguir con la estructura habitual del blog, insertaré tras estas líneas). Un caso flagrante de arte prostituido por la mercadotecnia, pero de agradable visionado al fin y al cabo.

ADVERTENCIA: No vean el tráiler si tienen alguna intención de ver la película.

5 ago 2011

'La víctima perfecta'

(The resident. Antti Jokinen. Estados Unidos / Reino Unido. 2011. 91 minutos) Con una actitud que uno no sabe si calificar de modesta, tímida o astuta (como la del depredador que tantea el terreno y observa agazapado desde lejos antes de lanzar su ataque con virulencia), la Hammer está regresando a la actividad de una manera irregular, decepcionante e impersonal, ya que cuesta encontrar en Déjame entrar (Let me in. Matt Reeves, 2010) o esta La víctima perfecta que llega ahora a las carteleras algún resquicio, siquiera estético, del estilo que hizo famosa a la productora en su época de esplendor. A la espera de poder ver Wake Wood (David Keating, 2011) y, sobre todo, The woman in black (James Watkins, 2012), por ahora no hay muchos motivos para celebrar la vuelta al panorama cinematográfico de tan mítico sello, ni siquiera entre los que, como servidor, no se pueden considerar ni mucho menos fanáticos de la casa. Tampoco cabía alegrarse por el regreso al terror de Hilary Swank, ya que la última vez que intentó acercarse al género fue con la desastrosa La cosecha (The reaping. Stephen Hopkins, 2007). Es notoria la mala mano que tiene Swank para elegir proyectos, involucrándose en películas que nadie quiere ver o que cualquier otra actriz con dos Oscar en su estantería (obtenidos más por casualidad y suerte que otra cosa) rechazaría sin pensárselo un minuto. La víctima perfecta sigue esa línea: se trata de un largometraje anodino, correcto a lo sumo, pero es más propio para una pantalla de televisión, concretamente para un sábado después de comer, que para una pantalla de cine

LO MEJOR: Los puntuales brotes de violencia.
LO PEOR: Nos la sabemos de cabo a rabo.
Es decir, que es lo que parece, ni más ni menos. Su buena fotografía, las espectaculares vistas de Nueva York, la presencia de Swank, Jeffrey Dean Morgan y Christopher Lee... todo ello intenta dar algo de lustre a algo que no deja de ser lo mismo de siempre. Puede que esté mejor presentado, pero no necesariamente mejor narrado que algunos telefilms. De hecho, no cuesta encontrar en algunos de ellos un mayor grado de suspense y violencia que el mostrado en La víctima perfecta, ya que ésta se queda a medias en todos sus aspectos: la protagonista sugiere, pero no enseña; Christopher Lee parece malo, pero no lo es (y esto no es un spoiler, aunque lo parezca); Jeffrey Dean Morgan se parece a Javier Bardem, pero tampoco lo es; la cinta podría pasar por una de terror, pero no consigue inquietar ni dar miedo; y podría tener algo de suspense de no ser porque, quizá consciente de su incapacidad para jugar al despiste, el director decide poner las cartas sobre la mesa a la media hora de metraje y anular cualquier posibilidad de disfrute al espectador, dejándonos con una hora por delante totalmente rutinaria que sólo consigue levantar (un poco) el vuelo gracias a una pistola de clavos. Inofensiva y tópica, La víctima perfecta es una película para señoras maduras que fantaseen con cuarentones interesantes que les saquen de la rutina. Y poco más. Si prefieren emplear su tiempo en otros menesteres pero aún así sienten curiosidad, vean el trailer: más que un vídeo promocional, resulta un resumen de dos minutos...

21 jun 2011

'Shutter Island'

(Shutter Island. Martin Scorsese. Estados Unidos. 2010. 138 minutos) Hay dos maneras de encarar Shutter Island como espectadores. El primer modo, el más fácil, es recibirla como un super-thriller de suspense que homenajea al cine clásico de detectives y a la literatura criminal (no en vano el guión está basado en una novela de Dennis Lehane, autor de Mystic River), una película de misterio en la que los protagonistas intentan descubrir qué ha pasado con una paciente desaparecida y qué trama se esconde detrás de esa ausencia. El problema está en esperar de ella una sorpresa final, un giro inesperado que nos coja desprevenidos y que nos obligue a reformularnos mentalmente todo lo que hemos visto durante las dos últimas horas. Desde ese punto de vista, Shutter Island se podría considerar un fracaso: desde su primer plano, con ese barco saliendo de una bruma fantasmal y con esas esposas colgadas del techo de un camarote, queda claro para el espectador avispado que toda la historia transcurre en un marco onírico y, con eso en mente, no resulta nada difícil adivinar cuál es la identidad del paciente número 67. 

LO MEJOR: Su capacidad para mantenernos en vilo.
LO PEOR: No ver en ella más que un giro final previsible.
Pero la buenas películas no basan su valía en el efecto sorpresa. Psicosis (Psycho. Alfred Hitchcock, 1960) no deja de ser una obra maestra la segunda vez que la vemos, una vez que ya sabemos quién se esconde tras la peluca de la Señora Bates. Más bien al contrario, un repaso a la película nos deja ver hasta qué punto Hitchcock fue hábil para llevarnos a un territorio opresivo de pesadilla y cómo, incluso sabiendo ya el final, es capaz de estremecernos y mantenernos pegados a la silla. Shutter Island no resulta tan perfecta como Psicosis porque se le intuyen más fácilmente los hilos con los que nos intentan manejar incluso en un primer visionado. Pero eso no impide que su impecable puesta en escena consiga dejarnos ensimismados en las imágenes y los sonidos propuestos por Martin Scorsese, quien llevaba muchos años sin estar tan inspirado como aquí. Puede que no nos termine de convencer del todo Leonardo DiCaprio (alguien a quien su aspecto le está perjudicando más que beneficiando, por cuanto parece siempre un adolescente intentando hacerse pasar por un adulto a pesar de que ya supere los 35 años de edad) o que nos parezca algo desproporcionada su duración, pero Shutter Island es de esas películas que pueden crear más entusiasmo que agotamiento: exagerada, estéticamente recargada, con una fotografía en formato panorámico exquisita... y sobre todo con una capacidad inusual para sumergirnos en los mecanismos de una mente enferma sin renunciar al espectáculo. El mejor Scorsese desde Casino (1995). 

27 nov 2010

Especial Sitges 2010: 'Isolation'

(Isolation. Stephen Kay. Estados Unidos. 2011. 89 minutos) No, no es un despiste. Ni he viajado al futuro. El motivo por el que he puesto que Isolation es de 2011 es porque, en realidad, la película no está finalizada ni tiene fecha de estreno . Lo que vimos en Sitges fue un montaje no definitivo de la nueva cinta de terror del firmante de aquel truño que fue Boogeyman, como los propios productores nos advirtieron antes de comenzar la sesión. Lo curioso es que, a pesar de ser una versión provisional, Isolation resulta bastante más estimulante que aquella bobada amparada por Sam Raimi. Filmada con un presupuesto que se intuye paupérrimo, el guión de Chris Billett se las ingenia para reducir al máximo escenarios y personajes y ajustarlos a esa economía de medios tan evidente. La historia de una joven (Eva Amurri, con un parecido notable con su madre, Susan Sarandon) que se despierta en una cochambrosa habitación de hospital sin que recuerde cómo ha ido a parar allí, su relación con los dos médicos que se encargan de su estado de salud (no para bien, se entiende) y la aparición de algunos personajes de apoyo (el padre de la protagonista, interpretado por el siempre eficaz Gregg Henry), son recursos suficientes para que mantengamos el interés durante el transcurso de la película. No hay escenas de gran impacto, apenas hay gore y las sorpresas son algo predecibles, pero Isolation funciona medianamente bien como thriller médico en un nivel en el que se podría equiparar, eso sí, con uno de esos telefilms de sobremesa por los que a veces todos nos hemos dejado arrastrar. 

LO MEJOR: El trabajo de los actores, que deben soportar todo el peso de
la película.
LO PEOR: En ocasiones parece un telefilm de sobremesa del montón.