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31 ene 2012

'Scott Pilgrim contra el mundo'

(Scott Pilgrim vs. the World. Edgar Wright. Estados Unidos / Reino Unido / Canadá. 2010. 107 minutos) Considerada uno de los mayores fracasos económicos de la Universal de los últimos años, Scott Pilgrim contra el mundo es también una de las películas más sorprendentes y fascinantes de todas las que han intentado adaptar al medio cinematográfico el lenguaje del cómic y los videojuegos. Edgar Wright, en su primer trabajo para Hollywood después de haber filmado las imprescindibles Zombies Party (Shaun of the dead. 2004) y Arma Fatal (Hot Fuzz. 2007) en su Inglaterra natal, lleva a la pantalla los seis volúmenes sobre Scott Pilgrim publicados por Bryan Lee O'Malley, respetando casi religiosamente algunas de sus viñetas y dando color (mucho color) a la historia de un joven aspirante a músico que debe luchar contra los siete ex malvados de su amada Ramona Flowers (todos ellos expertos en diferentes disciplinas marciales y con poderes propios de supervillanos), al mismo tiempo que intenta dar carpetazo a su breve idilio con la adolescente Knives Chau. Lo curioso es que el propio Scott Pilgrim es alguien que, detrás de su apariencia de joven desgarbado e inofensivo, esconde a todo un guerrero que no se amilana ante dicho desafío y que es capaz de plantar cara a quien se le ponga por delante con tal de lograr su objetivo. Como el héroe de un videojuego, Pilgrim debe superar varias fases hasta llegar al jefe final y, por el camino, aprender algo sobre la madurez y el amor. 

LO MEJOR: Su contagiosa energía adolescente.
LO PEOR: Resulta algo repetitiva y le sobran algunos
 minutos.
Hay dos películas encerradas dentro de Scott Pilgrim contra el mundo: primero, la de una historia de amor adolescente en la que un joven pardillo se enamora de una chica exótica. Contada con un ritmo apabullante (desde los enérgicos créditos iniciales a la manera en la que, mediante el montaje, utiliza recursos como que cada cambio de plano suponga también un cambio de escenario), esa parte de comedia funciona a las mil maravillas gracias a la credibilidad que los protagonistas dan a sus papeles, hasta tal punto que resulta difícil imaginarse luego a Scott Pilgrim, Ramona Flowers o Knives Chau interpretados por otros que no sean Michael Cera, Mary Elizabeth Winstead y Ellen Wong. Pero después la cinta cambia de tono, empieza la segunda película y la historia se estanca a partir del momento en el que aparece el primero de los rivales de Pilgrim y todo se reduce a una sucesión de combates/desafíos de espectacularidad progresiva. Y, si bien es cierto que no hay muchos motivos de queja si tenemos en cuenta que las secuencias de artes marciales son, probablemente, las mejores que han visto en una película occidental en mucho tiempo, y que los efectos especiales recrean con encomiable exactitud el estilo de sus juegos de lucha favoritos, también hay que señalar que parte de la energía inicial se queda en el camino a medida que el metraje va corriendo y nos damos cuenta de que no podemos esperar más de su trama. Así, Scott Pilgrim contra el mundo se puede hacer un poco cuesta arriba en algunos momentos, especialmente si no son ustedes tan sagaces o experimentados como para reconocer todas las referencias que hay en ella (yo necesité guías como ésta o ésta) y se entretengan intentando detectarlas, pero su mezcla de comedia romántica adolescente, cine de acción, fantasía, musical y artes marciales es algo que uno no ve todos los días, al menos empaquetado dentro del mismo conjunto (y sin que dure tres horas y venga en idioma Hindi o Telegu...). Y sólo por eso (y porque, en el futuro, se dirá de ella que es Las aventuras de Buckaroo Banzai del Siglo XXI), este fracaso comercial de Edgar Wright merece ser tildado de exitazo artístico.

6 ene 2006

'Zombies Party'

(Shaun of the dead. Edgar Wright. Reino Unido / Francia. 2004. 96 minutos) En el cine de zombis hay de todo, desde obras maestras (Yo anduve con un zombi, La noche de los muertos vivientes…) a lo más vergonzoso que uno se pueda imaginar (House of the dead, Redneck zombies…), pasando por títulos no redondos pero sí míticos (las cintas de Fulci, los templarios de Ossorio, No profanar el sueño de los muertos de Jorge Grau…) y parodias hechas con inteligencia que acaban convirtiéndose en títulos de culto (la saga Return of the living dead, o la reciente Los no muertos…).

En este último grupo colocaríamos a Shaun of the dead (me niego a seguir utilizando el vergonzante título que le pusieron en España…), toda una sorpresa que nos llegó de Inglaterra para recordarnos que las comedias de terror (o el terror cómico más bien) no tienen que ser necesariamente astracanadas multirreferenciales con dos gags facilones por minuto.

La película de Edgar Wright nos presenta a Shaun, un tipo que roza la treintena y con una vida que no avanza: comparte casa con dos personas diametralmente opuestas (uno es estirado y responsable, el otro se dedica a trapichear y jugar a la PlayStation), la relación de tres años con su novia está a punto de romperse, y no soporta al nuevo marido de su madre, a pesar de que ya hace 17 años que están casados. Su concepto de cita perfecta se reduce a ir a la taberna Winchester a beber cervezas y comer cortezas de cerdo con su novia y su colega Ed. Pero esta tranquilidad y monotonía se rompe el día que comienza a verse rodeado de muertos vivientes… Así, nuestro protagonista se convierte en un improvisado héroe con una difícil misión: hacer las paces con su madre, recuperar a su novia y volver a casa a la hora del té.

Como en La noche de los muertos vivientes, nunca sabemos exactamente el motivo de la resurrección de los muertos y la epidemia de necrosis contagiosa. Ni falta que hace. Lo importante es que, de un momento a otro, los protagonistas se ven acosados por cientos de zombies putrefactos de andares lentos e instintos básicos, como los de toda la vida (sobre todo, después de Romero, claro). En un principio la situación no es demasiado molesta para Shaun y Ed: ante el ataque de la primera zombi, le toman una fotografía antes de matarla y luego se apalancan en el sillón a ver la tele. Y éste es el sentido del humor que sobrevuela por todo el metraje: lejos de convertirse en superhéroes, los protagonistas no son más que personas corrientes que se mueven por un entorno periférico (aunque esté ambientada en Londres, no vemos el Big Ben ni el Piccadilly Circus) y que, ante la amenaza, se arman con vinilos, bates de críquet, palas y lo que puedan. De hecho, cuando Shaun intenta actuar como un héroe, no puede hacer otra cosa que el ridículo: la tentativa de saltar una valla conduce a una caída irrevocable. Pero se las apañan para sobrevivir (no todos, claro, de lo contrario no habría emoción), luchan con todas las fuerzas sin perder nunca el sentido del humor (Ed imitando a Clyde, el gorila que acompañaba a Clint Eastwood en Duro de pelar…) y les vemos triunfar (relativamente, repito). Por eso nos creemos la película, porque sus personajes nos caen simpáticos y porque se mueven en terrenos cotidianos, alejados del ambiente militarista o de alta tecnología tan pegado a buena parte de la filmografía zombie.

Con referencias evidentes a otros títulos clásicos (el restaurante llamado Fulci’s, la frase “Barbara, we’re coming to get you” que recuerda al “Barbara, they’re coming to get you” de La noche de los muertos vivientes, etc.), Shaun of the dead posee un sentido del humor contagioso y burlón: la coreografía de golpes con palos de billar a un zombie, al son de Queen; los protagonistas imitando a los zombies para pasar desapercibidos; el paseo matutino de Shaun a la tienda de la esquina cuando todos a su alrededor son ya cadáveres andantes (¡y él no se entera de nada!), etc.

Sin duda, tanto el director Edgar Wright como el protagonista y guionista Simon Pegg (Shaun) saben de lo que hablan. Pero en lugar de hacer una película de zombis inglesa al estilo americano, han hecho una película de zombis al estilo de la comedia inglesa contemporánea. Casi como si los chicos de Full Monty o La Camioneta se encontraran al despertarse con hordas de muertos vivientes… Realmente, una delicia. Modesta... pero jugosa.


Publicado originalmente en Natural High. Notas desde el futuro: nada que añadir u objetar. Si acaso afirmar que los años han tratado muy bien a la película y que ha ido ganando con cada visionado.