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Mostrando entradas con la etiqueta Canadá. Mostrar todas las entradas
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29 mar 2012

'Splice. Experimento mortal'

(Splice. Vincenzo Natali. Canadá / Francia / Estados Unidos. 2009. 104 minutos) Desde que debutara en el campo del largometraje con la sorprendente Cube (1997), Vincenzo Natali ha estado intentando demostrar que el talento que dejó ver en aquella pequeña película no fue fruto de la casualidad. Sin embargo, ninguna de las propuestas que ha presentado desde entonces ha logrado calar en el público de la misma manera en la que lo hizo aquella maravilla. Splice no es una excepción. De hecho, y digo esto sin haber visto aún Cypher (2002) y Nothing (2003), sería más bien la confirmación de algo que casi se podía intuir en Cube: que Natali es un estupendo creador de ideas pero no es capaz de desarrollarlas del todo bien. En ese sentido, Splice es atroz: partiendo de una idea interesante (una pareja de científicos experimenta con fines médicos la mezcla de ADN animal y humano, dando como resultado una criatura humanoide que conserva sus instintos primarios), la película desemboca, a partir de trasladar la acción de un laboratorio a una granja perdida en un paraje nevado, en una rutinaria monster movie en la que todo está mal, empezando precisamente por un monstruo ridículo e irritante llamado Dren, unos protagonistas que caen mal y una alarmante falta de cualquier tipo de tensión o suspense.

LO MEJOR: Ginger y Fred destrozándose mutuamente.
LO PEOR: La manera en la que degenera la cinta hasta
convertirse en un producto inútil.
El primer acto de la película presenta conceptos ciertamente atractivos, como el hecho de comparar los experimentos genéticos con la maternidad o sugerir que si la medicina no avanza de manera más rápida se debe a cuestiones comerciales. También consigue hacer creíbles las criaturas creadas por los científicos gracias a unos efectos especiales bien logrados por las manos expertas de KNB EFX Group. Pero todo comienza a torcerse cuando nos damos cuenta de que no hay historia. Y eso que, en otras manos, la premisa podría haber dado bastante de sí: piensen lo que podría haber conseguido David Cronenberg con este material y en la manera en la que Natali desaprovecha ideas como la de la maternidad transgénica, los deslices incestuosos, el sexo entre especies, la responsabilidad que conlleva la creación de vida y cómo manejar los sentimientos encontrados hacia esa nueva criatura de apariencia vulnerable pero capaz de matar despiadadamente. En lugar de centrarse en esos términos, Natali introduce escenas risibles como la de Adrien Brody enseñando a bailar a Dren o la de Sarah Polley maquillándola frente a un espejo. Hay muchos momentos de Splice que inducen a la risa, pero ninguno que demuestre un humor voluntario. En los últimos minutos, todo se reduce a la típica idea de cazar al monstruo, para lo cual el guión se ve forzado a meter carnaza con calzador, culminando todo en un desenlace risible y bochornoso. Un despropósito, en resumen, sobre todo porque su punto de partida daba para una producción cuanto menos entretenida y terrorífica, dos atributos de los que no puede alardear la película.

25 mar 2012

'Negocios sucios'

(The 51st State. Ronny Yu. Reino Unido / Canadá. 2001. 88 minutos) Los años noventa fueron muy locos para el cine de acción: ante el decreciente interés del público por los héroes de toda la vida, se optó por recurrir a los servicios de savia nueva para el género y para Hollywood, con resultados no siempre óptimos y no siempre más atractivos para la taquilla. Por un lado, comenzó la tendencia de convertir en action-heroes a actores dramáticos, lo cual es la norma hoy en día e iba en detrimento de la credibilidad de las secuencias de acción. La otra estrategia consistió en importar el talento de los cineastas de Hong Kong, siendo Jean-Claude Van Damme el más listo al ponerse a las órdenes de John Woo (Blanco humano, 1993), Ringo Lam (Al límite del riesgo, 1996; Replicant, 2001; Salvaje, 2003) y Tsui Hark (Double team, 1997; En el ojo del huracán, 1998). Curiosamente, el desenfreno visual de estos maestros de la cinética no terminaría de cuajar en la industria norteamericana, como tampoco consiguieron establecerse Kirk Wong (con Equipo mortal, 1998) ni quien nos ocupa en esta reseña, Ronny Yu. Responsable en Hong Kong de un clásico del calibre de La novia del cabello blanco, Yu se presentó en Occidente con la marcianísima Guerreros de la virtud (Warriors of virtue. 1997) y resucitó la saga del Muñeco diabólico con La novia de Chucky (Bride of Chucky, 1998). Sin embargo, Negocios sucios pasó con más pena que gloria por donde se estrenó. Y, al verla, uno entiende por qué. 

LO MEJOR: El cúmulo de insensateces.
LO PEOR: Pierde gas a medida que avanza.
Lo que empieza casi como una película de Cheech & Chong se acaba convirtiendo en algo así como una versión hooligan de El último boy scout (The last boy scout. Tony Scott, 1991) pasada por el filtro politoxicómano de Trainspotting (Danny Boyle, 1996), con Samuel L. Jackson paseándose por ahí con una falda escocesa, Robert Carlyle jugándose el pellejo por unas entradas de fútbol, Meat Loaf con media cara quemada haciendo de un tipo al que llaman El Lagarto, Emily Mortimer jugando a que es la mujer más sexy sobre el planeta y un Rhys Ifans on fire. Todos ellos dirigidos por un chino perdido en Liverpool y metidos en una absurda trama de tráfico de pastillas de esas que dicen que le ponen a uno al 150%. Es decir, demasiado para el público convencional, pero casi una delicia para los amantes de lo trash como nosotros. Y digo casi porque, al contrario de lo que ocurre con esa joya de lo absurdo que es En el ojo del huracán, la cinta de Yu no es capaz de mantener todo el tiempo el mismo nivel de locura ni de ir a más, algo que supone un ligero escollo pero que se perdona por secuencias tan pasadas de rosca como la de la fiesta rave o la del grupo de skins nazis cagándose encima (literalmente). Y, aunque el clímax final funcione a bajas revoluciones, sólo por ver el uso que le dan a un paraguas ya merece la pena. Ronny Yu seguiría a tope en la imprescindible Freddy contra Jason (Freddy vs. Jason. 2003) para luego volver a China y dar lecciones sobre cómo rodar secuencias de artes marciales en la potente Fearless - Sin miedo (Huo Yuan Jia, 2006), también menospreciada por los amargados de siempre, antes de dirigir un episodio de Fear itself en 2008 y regresar definitivamente a la ex-colonia británica para filmar Saving General Yang (2012), quizá harto de ser ninguneado en tierras yanquis. Ellos se lo pierden. 

31 ene 2012

'Scott Pilgrim contra el mundo'

(Scott Pilgrim vs. the World. Edgar Wright. Estados Unidos / Reino Unido / Canadá. 2010. 107 minutos) Considerada uno de los mayores fracasos económicos de la Universal de los últimos años, Scott Pilgrim contra el mundo es también una de las películas más sorprendentes y fascinantes de todas las que han intentado adaptar al medio cinematográfico el lenguaje del cómic y los videojuegos. Edgar Wright, en su primer trabajo para Hollywood después de haber filmado las imprescindibles Zombies Party (Shaun of the dead. 2004) y Arma Fatal (Hot Fuzz. 2007) en su Inglaterra natal, lleva a la pantalla los seis volúmenes sobre Scott Pilgrim publicados por Bryan Lee O'Malley, respetando casi religiosamente algunas de sus viñetas y dando color (mucho color) a la historia de un joven aspirante a músico que debe luchar contra los siete ex malvados de su amada Ramona Flowers (todos ellos expertos en diferentes disciplinas marciales y con poderes propios de supervillanos), al mismo tiempo que intenta dar carpetazo a su breve idilio con la adolescente Knives Chau. Lo curioso es que el propio Scott Pilgrim es alguien que, detrás de su apariencia de joven desgarbado e inofensivo, esconde a todo un guerrero que no se amilana ante dicho desafío y que es capaz de plantar cara a quien se le ponga por delante con tal de lograr su objetivo. Como el héroe de un videojuego, Pilgrim debe superar varias fases hasta llegar al jefe final y, por el camino, aprender algo sobre la madurez y el amor. 

LO MEJOR: Su contagiosa energía adolescente.
LO PEOR: Resulta algo repetitiva y le sobran algunos
 minutos.
Hay dos películas encerradas dentro de Scott Pilgrim contra el mundo: primero, la de una historia de amor adolescente en la que un joven pardillo se enamora de una chica exótica. Contada con un ritmo apabullante (desde los enérgicos créditos iniciales a la manera en la que, mediante el montaje, utiliza recursos como que cada cambio de plano suponga también un cambio de escenario), esa parte de comedia funciona a las mil maravillas gracias a la credibilidad que los protagonistas dan a sus papeles, hasta tal punto que resulta difícil imaginarse luego a Scott Pilgrim, Ramona Flowers o Knives Chau interpretados por otros que no sean Michael Cera, Mary Elizabeth Winstead y Ellen Wong. Pero después la cinta cambia de tono, empieza la segunda película y la historia se estanca a partir del momento en el que aparece el primero de los rivales de Pilgrim y todo se reduce a una sucesión de combates/desafíos de espectacularidad progresiva. Y, si bien es cierto que no hay muchos motivos de queja si tenemos en cuenta que las secuencias de artes marciales son, probablemente, las mejores que han visto en una película occidental en mucho tiempo, y que los efectos especiales recrean con encomiable exactitud el estilo de sus juegos de lucha favoritos, también hay que señalar que parte de la energía inicial se queda en el camino a medida que el metraje va corriendo y nos damos cuenta de que no podemos esperar más de su trama. Así, Scott Pilgrim contra el mundo se puede hacer un poco cuesta arriba en algunos momentos, especialmente si no son ustedes tan sagaces o experimentados como para reconocer todas las referencias que hay en ella (yo necesité guías como ésta o ésta) y se entretengan intentando detectarlas, pero su mezcla de comedia romántica adolescente, cine de acción, fantasía, musical y artes marciales es algo que uno no ve todos los días, al menos empaquetado dentro del mismo conjunto (y sin que dure tres horas y venga en idioma Hindi o Telegu...). Y sólo por eso (y porque, en el futuro, se dirá de ella que es Las aventuras de Buckaroo Banzai del Siglo XXI), este fracaso comercial de Edgar Wright merece ser tildado de exitazo artístico.

7 dic 2011

'Escóndete y tiembla'

(American Gothic. John Hough. Estados Unidos / Canadá. 1988. 86 minutos) En 1930 el pintor Grant Wood presentó en sociedad un cuadro al que llamó American Gothic y con el que pretendía capturar la esencia de los roles masculino y femenino en las sociedades rurales del Medio Oeste norteamericano. En dicha pintura, el hombre aparecía con una horca de tres dientes mirando hacia el frente, mientras que, a su lado, su esposa le observa con gesto sumiso. Dicha estampa pasó a formar parte del imaginario colectivo y su popularidad se extendió a lo largo de las décadas, llegando hasta finales de los años ochenta con la película que nos ocupa, del mismo título que el cuadro de Wood y dirigida por un John Hough del que hablamos hace poco (recuerden esto). Con un fracaso a sus espaldas como Biggles: El viajero del tiempo (1986) y con la mayor parte de su trabajo enfocada hacia la televisión, Hough encontró la posibilidad de volver a filmar una película de terror que aprovechara el buen rendimiento que dicho género estaba teniendo en los videoclubes de todo el planeta, si bien ya era evidente que la fórmula del slasher de los últimos años estaba ya prácticamente muerta y eran necesarias nuevas vías para asustar al personal. El guión de Escóndete y tiembla, que fue como se conoció en España la película, volvía a un terror rural en el que los asesinos no llevaban máscara, no tenían apariencia de monstruos ni poseían poderes paranormales. Y eso, como sabemos todos, es lo que más miedo puede dar. 

LO MEJOR: Michael J. Pollard y sus hermanos dementes.
LO PEOR: No saca provecho a su premisa, tornándose un
producto descafeinado.
Cuanto más se acerca a la realidad, el cine de terror adquiere mayor capacidad para inquietarnos, así que la historia de un grupo de amigos perdidos en una isla habitada por una familia de fanáticos religiosos que, asesinato mediante si se tercia, harían cualquier cosa por mantener las tradiciones, resulta de entrada lo suficientemente atractiva como para llamar nuestra atención, por mucho que sea un esquema que se ha utilizado en infinidad de ocasiones y no siempre con resultados positivos. Lamentablemente, este es uno de esos casos en los que la premisa está muy por encima de los logros reales del producto. Muy lejos de la capacidad para la sugerencia y el suspense de productos anteriores de Hough, así como de la eficacia de aquellos que sólo pretendían entretener, Escóndete y tiembla hace que nuestras emociones basculen entre la indiferencia y el aburrimiento durante la mayor parte de sus largos ochentaytantos minutos. Los fans del gore y de las emociones fuertes encontrarán aquí motivos para la desesperación, ya que apenas hay violencia explícita y el tono general es demasiado apagado y rutinario como para generar cualquier tipo de entusiasmo. Sólo las apariciones de los hijos del matrimonio homicida, adultos con mentalidad de niño sobre los que se advierte la sombra del incesto y otras perversiones, consiguen levantar algo el ánimo en una producción de escaso interés, erigiéndose como momentos de placer aislados dentro de un conjunto lleno de mediocridad.

25 nov 2011

'Cumpleaños mortal'

(Happy birthday to me. J. Lee Thompson. Canadá. 1981. 110 minutos) J. Lee Thompson, en su faceta de director todoterreno que lo mismo servía para hacer (bien) El cabo del terror (Cape fear. 1962) que La rebelión de los simios (Conquest of the Planet of the Apes. 1972) o Justicia salvaje (The evil that men do. 1984), puso también su granito de arena en la gran montaña del slasher norteamericano de principios de los 80. Filmada en Canadá con el apoyo económico de Columbia Pictures, Cumpleaños mortal tenía como mejor aval el hecho de venir producida por los mismos responsables de la sensacional San Valentín sangriento (My bloody Valentine. George Mihalka, 1980), con el extra añadido de tener a un decadente Glenn Ford en el reparto y de suponer el primer papel importante para el cine de la entonces popular Melissa Sue Anderson, la Mary Ingalls de La casa de la pradera. Teniendo todo esto en cuenta, lo que cabría de esperar de este título sería una explotación más de la fórmula conocida de adolescentes muriendo brutalmente durante el transcurso de una fecha señalada. Así hace pensar también su argumento: los miembros de una pandilla elitista de un colegio privado van desapareciendo misteriosamente, asesinados por alguien a quien conocen y que se aprovecha de esa confianza para quedarse a solas con ellos y exterminarles. Sin embargo, Cumpleaños mortal, aún ajustándose en cierto modo a esos cánones previsibles, desvela rápidamente sus inclinaciones hacia el amarillo, hacia el giallo italiano.

LO MEJOR: Lo bien que traslada algunos recursos del giallo
al slasher norteamericano.
LO PEOR: La ristra de finales.
Como en algunas de las mejores películas de Dario Argento, gran parte de la tensión que nutre su argumento se basa en un recuerdo que la protagonista tiene bloqueado en su memoria y que, de recuperarlo, quizá le ayudaría a resolver el misterio detrás de los asesinatos. No conviene desvelar mucho más del argumento, ya que siempre cabe la posibilidad de que algunos de ustedes aún no hayan visto la película (como era mi caso) y no me parece de recibo destriparles nada. Lo que sí les puedo decir es que los últimos veinte minutos de película tienen tantos giros que uno acaba exhausto, sorprendido e indignado, todo al mismo tiempo. A muchos nos gusta que el cine nos manipule, que nos despiste, que consiga inquietarnos y que acabemos con la boca abierta de estupefacción, pero siempre y cuando juegue limpio, aportándonos pistas fiables, por muy sutiles que sean, hasta tal punto que sólo sean perceptibles en un segundo visionado o en un repaso mental de los minutos previos. Sin embargo, Cumpleaños mortal se esconde demasiados ases en la manga y los utiliza casi todos durante un clímax extenuante que resulta increíble, y no precisamente para bien. No me entiendan mal: la película es apreciable, está bien filmada, la trama es interesante y está algo por encima de la media (y se adereza con esos recursos del terror italiano, como citaba antes, por ejemplo el asesino enfundado en guantes de cuero negro que usa armas blancas, además del trauma psicológico de la protagonista). Incluso tiene un par de asesinatos bastante impactantes (ojo al del joven que hace pesas...). Pero, en su obsesión por rizar el rizo, la historia se le va de las manos a sus responsables y, como si no supieran muy bien cómo acabar, meten todos los finales posibles que se les habían ocurrido, provocando una perplejidad total en el expectador. Esto me provoca sentimientos encontrados: por un lado, adoro ese descaro para llevar la propuesta a esos límites de insania, pero al mismo tiempo considero que hay demasiadas trampas y que, al no conseguir encontrar una respuesta coherente a todas las incógnitas que sembraron en el libreto, los guionistas decidieron salirse por la tangente y aturdir al público sin darle tiempo a reaccionar, de manera vil y, si me permiten la pequeña exageración, indignante. Aun así, y siempre teniendo en cuenta que este tipo de conclusiones son determinantes para luego evaluar el grado de satisfacción que nos produce un largometraje, cabe recomendar Cumpleaños mortal como una estimulante mezcla del slasher yanqui y el giallo italiano, lo que le aporta un mayor grado de personalidad que el que podían lucir algunas de sus coetáneas.

19 abr 2011

'Código fuente'

(Source code. Duncan Jones. Estados Unidos / Canadá / Francia. 2011. 93 minutos) Tras las buenas sensaciones que nos dejó con su ópera prima, Moon (2009), el británico Duncan Jones vuelve a apostar por una película de ciencia-ficción que trata a su público con respeto, apelando a su inteligencia en lugar de sus instintos primarios y reincidiendo en dos temas básicos que enriquecen su propuesta: la anulación, vía multiplicación, de la personalidad a manos de las grandes corporaciones (aquí, el ejército) y el amor más allá del tiempo (y el espacio). Dentro de su aparente abigarramiento conceptual, que requiere que el espectador sea cómplice de una premisa que no es explicada con demasiada profundidad, la historia es bastante sencilla si nos limitamos a su esencia: el soldado Colter Stevens (Jake Gyllenhaal) tiene 8 minutos para averiguar quién ha puesto una bomba en un tren y así evitar futuros atentados del responsable, con la peculiaridad de que su misión transcurre en una realidad alternativa conocida como Código Fuente a la que puede volver en repetidas ocasiones, pero únicamente durante ese corto espacio de tiempo y usurpando la personalidad de uno de los pasajeros del tren. Puede que suene complicado visto así, pero el guión de Ben Ripley está trazado con tanta precisión que la trama se sigue sin problemas y sin la sensación de estar ante una historia críptica o demasiado compleja, resultando ideal como acompañante de Atrapado en el tiempo (Groundhog Day. Harold Ramis, 1993) en una hipotética sesión doble perfecta . 

LO MEJOR: Su sencillez y falta de pretensiones.
LO PEOR: Por decir algo, se nota que falta un poco más
de presupuesto en la primera secuencia de la explosión.
De hecho, la mayor virtud de Código fuente estriba en su humildad, ya detectable desde su ajustado metraje. En ningún momento la película pretende situarse por encima de su público, engañándole o abusando de los trucos de guión, tampoco de las explicaciones científicas o de las escenas de puro espectáculo (lo cual no quita para que haya un par de momentos realmente bellos a nivel puramente estético). Se trata de una película pequeña dentro de los estándares actuales de Hollywood y, al mismo tiempo, un producto plenamente comercial donde su facilidad para contentar al público no está reñida con la inteligencia de sus presupuestos, lo cual la convierte en una agradable rareza y en una obra plenamente recomendable. Destacar también la labor del reparto, especialmente en lo que refiere a Vera Farmiga, actriz que consigue otorgar cualidades adicionales a un personaje que sobre el papel no parecía dar mucho de sí. En cuanto al director, sobra decir que tras Moon y Código fuente, se hace necesario seguir muy de cerca sus pasos y resulta estimulante pensar en lo que podría ofrecernos en el futuro, siempre y cuando no comience a tomarse demasiado en serio a sí mismo y acabe convirtiéndose en otro Christopher Nolan...

16 abr 2011

'Skinwalkers'

(Skinwalkers. James Isaac. Canadá / Estados Unidos / Alemania. 2006. 89 minutos) Tim es un joven a punto de cumplir 13 años que, tras la muerte de su padre, vive con su madre y su tío en un pequeño pueblo donde todo el mundo se conoce. Su vida va a dar un vuelco cuando descubra que es el protagonista de una profecía que dice que, cuando el cielo se torne rojo y haya luna llena, su sangre será capaz de acabar con la maldición de los hombres lobo. Así, el chico y su madre se ven inmersos en una batalla sangrienta entre un grupo de licántropos que quieren acabar con su maldición y otros que no desean volver a ser humanos. Este es el argumento de la tercera película como director del irregular James Isaac, firmante de la aburrida House III (The Horror Show. 1989) y de la divertida Jason X (2001). Se trata de una mezcla entre cine de terror y de acción bastante descompensada, primando más lo segundo que lo primero, y siendo ciertamente pobre en ambos aspectos, ya que los sustos resultan de lo más tópicos (la taza cae al suelo, el personaje se agacha para recogerla y hay alguien detrás, acompañado del inevitable golpe de sonido...) y las escenas de acción a veces pueden resultar involuntariamente cómicas (esa abuela con pistolas no tiene precio). 

LO MEJOR: Rhona Mitra y las peleas entre lobos.
LO PEOR: Resulta involuntariamente cómica.
La Serie B siempre requiere algo de esfuerzo por parte del espectador en cuanto a permisibilidad, pudiendo llevar la credibilidad al límite en cuanto a sus recursos fantásticos, pero a veces hay elementos argumentales que están tan cogidos con pinzas que, por muy buenos que seamos, no impiden que tengamos la sensación de que nos están tomando por tontos. Miren, si a mí la película me dice que los hombres lobo existen, me lo creo. Si el guión dijera que la Tierra es plana, que los hombres vuelan, que las plantas hablan y que la Crisis es una mentira, también me lo creería. Pero si me dicen que el personaje de Rhona Mitra ha vivido 13 años entre hombres lobo y que nunca se ha dado cuenta, empiezo a sentirme idiota. O bien me están tomando el pelo o bien los guionistas han querido tener a una heroína tonta del culo, porque una persona con dos dedos de frente no podría convivir más de una década con gente que por las noches tiene que dormir entre correas para no salir a matar. Lo de que todo el mundo en el pueblo vaya armado hasta los dientes y haya pasado desapercibido para la protagonista puede tener hasta su coña, especialmente en un país donde venden armas en los supermercados, pero lo otro no, oigan. Y una vez que me toman por imbécil se produce una fractura insalvable que hace que la película me resulte antipática, especialmente cuando ésta se toma en serio a sí misma, aunque en ella salga Rhona Mitra (que siempre es un plus en cualquier cinta en la que aparezca) y aunque dure menos de hora y media y muestre la oportunidad de ver a Elias Koteas haciendo el ridículo disfrazado de peluche con colmillos y garras. 

4 abr 2011

'Sucker Punch'

(Sucker Punch. Zack Snyder. Estados Unidos / Canadá. 2011. 110 minutos) Tras las buenas críticas cosechadas con su estupendo debut, Amanecer de los muertos (Dawn of the dead. 2004) y el éxito popular conseguido con 300 (2006), Zack Snyder vio cómo su prometedora carrera entraba en una dinámica peligrosa al comprobar cómo su proyecto más ambicioso, Watchmen (2009), se hundía en taquilla: tras una expectación previa mayúscula y una recaudación suculenta durante su primer fin de semana, el boca-oreja comenzó a funcionar y el público que desconocía el cómic y que esperaba una película convencional sobre superhéroes empezó a despedazarla. Después vino la indiferencia hacia Ga'Hoole: La leyenda de los guardianes (Legend of the guardians: The owls of Ga'Hoole. 2010), su primer acercamiento al cine de animación digital que a duras penas consiguió recuperar la inversión gracias al mercado internacional. Encasillado en su papel de remaker o adaptador de material ajeno, a Snyder le faltaba aún crear una historia propia, un guión inédito que no surgiera de un viejo clásico del cine de terror, un cómic de prestigio o un libro infantil. Sucker Punch es eso pero, al mismo tiempo, no deja de ser una suma de lo presentado anteriormente: hay atmósferas cercanas al terror, las protagonistas son heroínas que podrían estar sacadas de cualquier cómic y, enlazando con la animación, hay profusión de efectos digitales gracias a los cuales se integran a las actrices en entornos imposibles e interactúan con criaturas fantásticas.  

LO MEJOR: El episodio de los zombis.
LO PEOR: Que tanta espectacularidad acaba anestesiando
al espectador después del impacto inicial.
Pero si hay un referente que prima sobre los demás, en este caso se trata de la mecánica del videojuego. Sucker Punch narra la historia de Babydoll (Emily Browning), una joven con problemas mentales y conductuales que es encerrada en un centro especial tras intentar asesinar al padrastro que abusaba de ella y su hermana. Allí, Babydoll planea una fuga y convence a Sweet Pea (Abbie Cornish), Rocket (Jena Malone), Blondie (Vanessa Hudgens) y Amber (Jamie Chung) para que se unan a ella en su lucha. Lo llamativo del asunto es que todo lo que vemos durante la película es la narración que hace otro personaje y, dentro de ésta, existe otro nivel narrativo más en el que cada una de las pruebas que han de superar las protagonistas son representadas por secuencias independientes que transcurren en universos imaginarios. De este modo, la estructura convencional del relato queda fragmentada y dispersa entre varias capas, imposibilitando en cierta medida que el espectador se involucre del todo, ya que no existe una continuidad o una conexión real entre las diversas escenas de acción que están diseminadas por el metraje y que, como decía antes, provocan la sensación de estar viendo una de esas secuencias cinemáticas en las que los videojuegos se apoyan para hacer avanzar la historia o bien, simplemente, para epatar al jugador con la calidad de sus gráficos. Sucker Punch no es entonces la historia de acción épica que podría parecer en un principio, ya que su estructura se lo imposibilita, pero como orgía infográfica no tiene precio: el arsenal de estímulos pajilleros es apabullante, con chicas ligeras de ropa y armadas hasta los dientes, dragones, robots, samurais gigantescos y zombis luciendo en todo su esplendor. Es el sueño húmedo de cualquier adolescente y de los que, aunque ya peinemos canas, todavía sentimos placer cuando el cine apela a nuestros instintos más básicos. 

22 nov 2010

Especial Sitges 2010: 'Les 7 jours du talion''

(Les sept jours du talion. Daniel Grou. Canadá. 2010. 115 minutos) En un festival de cine, la continuidad con la que se visionan las películas afecta sobremanera a nuestra percepción de las mismas, de tal modo que, por contraste, determinados títulos pueden sufrir una devaluación de sus verdaderos valores o, por lo contrario, una ponderación desmesurada de los mismos. Esto no deja de ser injusto, puesto que dificulta una apreciación correcta de las películas vistas en serie, y el caso que nos ocupa es un buen ejemplo: después de disfrutar a rabiar con Gallants, volver a hacer cola y entrar seguidamente en el pase de Les 7 jours du talion no fue seguramente la opción más correcta ya que, por comparación, la película de Daniel Grou me resultó un tostón soporífero que casi me obliga a abandonar la sala en un par de ocasiones por pura desesperación. Es algo inmerecido para la cinta canadiense, como he dicho antes, pero aún aislándola y centrándonos en sus valores intrínsecos, es imposible negar que su ritmo es tedioso y que, después de sus primeros minutos (inquietantes, dramáticos), la historia entra en un bucle sin desarrollo en el que lo más interesante termina siendo ver qué se le ocurre al torturador (en este caso, el héroe de la película, ya que pretende vengar la violación y asesinato de su hija) a medida que avanza la fatídica semana que sirve como base argumental. Es apreciable el intento de ir contracorriente y presentar una historia que hemos visto mil veces con un estilo que se aparta de lo convencional y que, con recursos como la carencia de música incidental o la escasez de diálogos, apuesta por la introspección y pretende profundizar en la psicología de los personajes. Pero eso no impidió que a este espectador le resultara un truñaco. Llámenme superficial si quieren. 

LO MEJOR: Que intenta aportar una mirada distinta al cine de venganzas.
LO PEOR: Que lo consigue, pero para mal.

30 jul 2010

'Whiteout'

(Whiteout. Dominic Sena. Estados Unidos / Francia / Canadá. 2009. 97 minutos) Almacenada durante dos años en las oficinas de la Warner y estrenada directamente en DVD en España, Whiteout es uno de esos proyectos que nacen gafados desde el principio: en su origen, la adaptación del cómic de Greg Rucka y Steve Lieber se comenzó a gestar en las oficinas de la Columbia en 1999; pasó a manos de Universal en 2002, cuando intentaron producir el proyecto con Reese Witherspoon como protagonista (quizá la peor elección posible para un rol que requería ciertas dotes para la acción); y finalmente fue Dark Castle Entertainment, con Joel Silver en cabeza, quien se hizo con los derechos de la novela gráfica. Con un presupuesto ajustado de 35 millones de dólares, el rodaje concluyó en julio de 2007 y el resultado no se vio en los cines norteamericanos hasta el 11 de Septiembre de 2009, recaudando unos paupérrimos 10 millones de dólares.

No recurriría a estos datos si no fuera porque todo esto se deja ver en el resultado final, tras cuyo visionado se hace comprensible el descalabro y el temor a distribuir la película en el mercado internacional: aunque no se pueda hablar de desastre absoluto, Whiteout es una película fallida. Según los que han leído la novela gráfica, no funciona como adaptación porque introduce cambios importantes en la trama y en los personajes de cara a que resulten más amables y convencionales para el gran público. Pero, independientemente de su fidelidad o de la falta de la misma, Whiteout fracasa como película por culpa, sobre todo, de un guión deslavazado que nunca tiene claro qué es lo que quiere contar ni cómo hacerlo. La pericia técnica de Dominic Sena vuelve a quedar patente como ya lo hiciera en sus anteriores trabajos, Kalifornia, 60 segundos y, sobre todo, Operación Swordfish (su mejor película y una de las más estimables cintas de acción de la pasada década), pero no puede hacer demasiado con un libreto que quiere tocar demasiados palos y no consigue funcionar en ninguno de ellos: durante hora y media, la película parece cambiar de subgénero en varias ocasiones y nunca tenemos claro si estamos viendo un thriller de investigaciones a lo CSI, una cinta sobre un psycho-killer en la Antártida o un largometraje de acción catastrofista. Es más, la puesta en escena y la ambientación en ocasiones pueden recordar a La Cosa de John Carpenter, lo que unido al modo en el que juegan con el misterio (qué buscan los protagonistas, qué relación hay entre ellos, en quién se puede confiar, qué se esconde bajo el hielo) nos hace generar unas expectativas de un giro sobrenatural o fantástico que nunca llega, produciendo cierta sensación de incomodidad en un espectador que espera más de lo que realmente ofrece el film. Nos tenemos que conformar observando lo bien que está Kate Beckinsale en ropa interior o con algunas escenas de acción que casi carecen de ritmo pero son extrañamente hipnóticas (esas persecuciones en mitad de las ventiscas, con los protagonistas sujetos por la cintura a cuerdas que marcan el camino), pero en general Whiteout es un producto irregular y finalmente insípido. 

1 ago 2009

'Punisher: Zona de guerra'


(Punizher: War Zone. Lexi Alexander. EEUU / Canadá / Alemania. 2008. 103 minutos). Que Punisher: War Zone haya llegado a España directamente al mercado del dvd no debería ser tanto una tragedia como una celebración: los fans de la serie B, siendo egoístas, sabemos que más vale un estreno directo a vídeo que uno limitado en salas de cine al que sólo puedan acceder cuatro privilegiados, haciendo que el resto tengamos que esperar más tiempo para disfrutarlo en condiciones óptimas. Y esta película es un producto para ser gozado en la intimidad, en círculos reducidos, más que en multisalas llenas de espectadores con prejuicios, poco dados a la experimentación y que sólo encajan el gore si viene empaquetado dentro del género de terror. Una vez vista, no extraña nada que se haya convertido en un fracaso comercial. Punisher: War Zone viene de otra época, con su uso lúdico de la violencia, su humor bestia, sus despliegues de fogueo y esas hostias tan sonoras. Hace pensar en RoboCop, en Darkman y en Dick Tracy sin que haya nada específico que se apropie de ninguna de las tres, pero sí asumiendo gustosamente unas máximas de grosería, diversión y exageración presentes en aquellas que no se han vuelto a dar en ninguna otra cinta ambientada en (o inspirada por) el mundo cómic. Si, además, pensamos que detrás de las cámaras está una bella alemana campeona de karate y kickboxing, el nivel de excitación que provoca este Punisher roza ya lo erótico. Sale Kathryn Bigelow, entra Lexi Alexander.


Háganse un favor y cómprense el dvd o el blu-ray de esta maravilla. Los extras, aunque breves, no están nada mal y van a lo útil, centrándose en detalles prácticos sobre la realización de la película y dejando de lado el rollo "yo siempre quise trabajar con..." que tanto nos aburre. De ellos destaco una frase de la directora: "cuando veo una película de acción y noto que a los 20 minutos no pasa nada, empiezo a pensar en la colada". Lexi, le amo.

14 ene 2006

'La tierra de los muertos vivientes'

(Land of the dead. George A. Romero. Estados Unidos / Canadá / Francia. 2005. 93 minutos) Difícil tarea la de George A. Romero a la hora de afrontar esta película: efrentarse a su propia leyenda y a tres obras precedentes que son clásicos de culto en todo el mundo. La noche de los muertos vivientes (1968), Zombi (1978) y El día de los muertos (1985) fueron tres largometrajes que crearon escuela en diferentes décadas y que hicieron de Romero uno de los Grandes del cine de terror. Muchos le acusan de ser sólamente un tipo afortunado que tuvo suerte con su primera película, pero además de su saga zombi encontramos en su filmografía otros títulos harto interesantes como The Crazies, Creepshow o Atracción diabólica. Lamentablemente, Romero es un artista condenado incapaz de superar el que fue su primer largometraje, que cambió para siempre el género y lo hizo entrar en la edad contemporánea, convirtiéndose en una especie de Orson Welles del horror.

Por otro lado, con La tierra de los muertos vivientes, Romero tiene la difícil misión de añadir un capítulo más a lo que ya era una trilogía coherente y grabada en la memoria colectiva de todos los aficionados. Y de todos es sabido que lo de trilogía suena bien, pero un cuarto título parece estar estorbando (piensen en la saga Alien, por ejemplo), a no ser que se convierta en el inicio de una nueva trilogía (cosa que no creo que tenga pensado hacer Romero, aunque nunca se sabe...).

En definitiva, el genio de Pittsburgh lo tenía todo en contra para hacer esta película, por mucho que algunos fans la pidieran desde hace años (cuando teóricamente se iba a llamar Twilight of the dead). Curiosamente, y en uno de esos giros inesperados que da la industria del cine de vez en cuando, Romero consiguió financiación de nada menos que la Universal Pictures, después de ver cómo triunfaba el remake de una de sus películas, El amanecer de los muertos (2004). Debieron pensar "si hemos conseguido este éxito gracias a una idea de Romero, démosle una nueva oportunidad para ver lo que la gente ha estado esperando tanto tiempo". De este modo, el sueño de muchos se hizo realidad y pudimos disfrutar por fin en pantalla grande de una película de zombis del hombre que inventó el género tal y como lo conocemos hoy en día.

¿Ha merecido la pena la espera? Yo diría que sí, pero es difícil valorar esta película. Me explico: las tres anteriores entregas de la saga (de argumento totalmente abierto y personajes cambiantes en cada una de sus partes, manteniendo únicamente en común a los muertos vivientes) son películas que he visto en vhs o dvd una y otra vez, que desde que tengo uso de razón siempre han estado rodeadas del aura mágico que sólo consiguen las cintas que sobreviven décadas en el recuerdo. Crecí con ellas, podríamos decir. Por eso es difícil analizar La tierra de los muertos vivientes comparándola con las anteriores, ya que ésta se perdió pronto en la dinámica del consumo rápido de multicines, a los que apuesto a que la mayoría de adolescentes acudieron pensando que se trataba de una "segunda parte" de El amanecer de los muertos versión 2004, sin ni siquiera saber quién es Romero. Ya dije algo parecido en la reseña de La Niebla, pero me parece importante recalcar la ignorancia del espectador medio y cómo éste es capaz de destruir en taquillas películas que en otros tiempo hubieran recibido mejor atención. Esto explicaría que La tierra de los muertos vivientes no tuviera un éxito mayor al que algunos hubiéramos deseado, y Romero tuviese que ver cómo la juventud comparaba despectivamente su película con otra que, para colmo, no hacía otra cosa que actualizar (y muy bien, por cierto) una idea suya.

Ahora intentaré valorar la película tal y como la he percibido en las cuatro veces que la he visto desde su estreno (una en cine y tres en dvd), pero no enfrentándola en ningún tipo de baremo con ninguna de sus predecesoras, ya que me temo que tendrán que pasar unos años hasta ver si esta cuarta parte consigue integrarse en la memoria colectiva junto al resto de la saga o, como dije antes, se la considera una especie de "estorbo".

Tras el logo de la Universal antiguo, el que Romero veía en las películas de Val Lewton (ya sabéis, el avión rodeando el globo terráqueo), un breve montaje nos recuerda lo que pasó "hace algún tiempo" (en un principio deberían haber incluído imágenes de las tres anteriores cintas, pero por problemas de copyright al final decidieron rodar escenas nuevas) y antes de que nos demos cuenta estamos sumergidos en la trama, sin ninguna explicación más que los breves apuntes que comentaba antes. Mejor así. De este modo, el espectador tiene la sensación de haber contemplado lo que normalmente sería el primer acto de todo largometraje en tan solo unos segundos. No hay presentación clásica de los personajes porque no hace falta. Nos importa poco su pasado (aunque finalmente, en determinados momentos de la cinta acabamos sabiendo su "curriculum"). De hecho, los que primero aparecen en la película son los zombis, esta vez bastante diferentes a lo que estamos acostumbrados a ver: ahora algunos de ellos logran comunicarse, conseguir imitaciones cada vez más convincetes de lo que algún día fueron.

Ya en El día de los muertos un científico lograba "amaestrar" a uno de los revividos, pero Romero (tan pesimista como siempre) hizo que su primer instinto al recobrar algo de "humanidad" (¡tras ojear un libro de Stephen King!) fuera el de coger un arma y disparar a quienes le habían maltratado.

En La tierra de los muertos vivientes los zombis figuran otra vez como ejemplo de los marginados, de la sociedad tercermundista que sólo pretende conseguir el acceso a una vida mejor. Por su parte, los "vivos" se parecen cada vez más a los muertos vivientes y viceversa. Están divididos en dos grandes grupos: los que viven ajenos a la destrucción del mundo en su palacio de cristal (liderados por un contenido Dennis Hopper) y los que arriesgan su cuello para "llevarles mondadientes a los ricachones" y sobrevivir en las zonas bajas de una ciudad teóricamente infranqueable por los "podridos".

Romero, tan político como de costumbre cuando trata el tema zombi, nos habla de revoluciones sociales. En esta película hay dos: la de la gente que rodea a Riley (Simon Baker) por salir de esa ciudad condenada y viajar a un lugar donde empezar desde cero; y la de los zombis liderados por Big Daddy (Eugene Clark) que lo único que también buscan es un lugar donde vivir. Los primeros quieren salir de la ciudad, los segundos salir de ella. Son dos caras de la misma moneda, dos revueltas con sus líderes carismáticos al frente. Pero, irónicamente, los muertos vivientes se muestran más unidos que los vivos, mostrando cómo la unión hace la fuerza y cómo los conflictos entre semejantes conducen al fracaso (el caso de los personajes de Hopper y John Leguizamo es ejemplar).

Todo esto está muy bien y eleva la cinta por encima de otras de su categoría, pero, ¿qué pasa con el terror?. Curiosamente, aquí es donde la película encuentra sus aspectos negativos. Hay sobreabundancia de gore, maquillajes extraordinarios (obra de los cada vez más reputados KNB - Kurtzman, Nicotero, Berger), momentos repulsivos y cosas que no había visto antes. Un festival. Pero el problema es que no da miedo. Hay mucha sangre y muchos sustos (algunos de los cuales, funcionan de manera irregular), pero Romero no opta por mostrar escenas de suspense contenido (aquí sólo tendríamos una breve muestra en el momento del aparcamiento antes del final) ni una sensación de angustia provocada por el encierro de los protagonistas (que funcionaba de maravilla en las tres películas precedentes). Quizá el gran problema esté en que los personajes no te importan demasiado, no logras empatizar con ellos de una manera considerable.

Tampoco ayuda la trama paralela a los zombis que se desarrolla con el vehículo llamado "Dead Reckoning (el azote de los muertos)". Los protagonistas (la parte "viva" del reparto, se entiende) están más preocupados en conseguir el vehículo que en enfrentarse a los muertos. Y tanto ir de un lado a otro con la intención de hacerse con el camión acorazado hace que en algunos momentos pienses "Muy bien, pero, ¿dónde están los zombis?".

A pesar de contener algunas imágenes que se me quedarán grabadas en la memoria para siempre (sobre todo, esos zombis agrupados bajo la luz de la luna en la orilla de un río... o cuando se quedan hipnotizados ante los fuegos artificiales) La tierra de los muertos vivientes no es la obra maestra que hubiera querido ver, pero sin duda es una muy recomendable aproximación al subgénero de los zombis y una gran oportunidad (quizá no del todo conseguida) para que Romero esté otra vez en boca de todos, después de foguearse con películas menores.


Publicado originalmente en Natural High. Notas desde el futuro: no era difícil prever que la cuarta película zombi de Romero no se quedaría grabada en la memoria colectiva del mismo modo que lo hicieron las tres primeras. Lo que sí resultaba más complicado era adivinar que Romero todavía tenía que continuar de manera tangencial su saga con unos títulos que, en cierto modo, podría haberse ahorrado. Por otra parte no termino de entender la obsesión que yo tenía en aquella época con que las películas de terror tuvieran que dar miedo...

29 dic 2005

'House of the dead'

(House of the dead. Uwe Boll. Canadá / Estados Unidos / Alemania. 2003. 87 minutos) He aquí la única película que he visto hasta el momento de Uwe Boll, el terror de los fans de los videojuegos, ya que parece estar especializándose en destrozar buenas ideas: convierte estupendos videojuegos en pura basura cinematográfica.

Al menos, esa es la sensación que me ha dado tras ver esta cinta y los tráilers de otras dos de sus obras: Alone in the dark y Blood Rayne. Tiemblo al pensar que ya ha anunciado sus versiones de Fear Effect y uno de mis juegos favoritos: Far Cry (que está previsto que protagonice... atención... ¡Michael Paré!).

Este autoproclamado "nuevo Ed Wood" no tiene vergüenza alguna y lo deja bien claro con House of the Dead: tiene el morro de insertar en medio de las escenas de acción fragmentos sacados directamente del videojuego. Hablando de escenas de acción, éstas consisten en colocar a los actores sobre una tarima en la que hay una cámara giratoria que da vueltas a su alrededor a 140 kilómetros por hora. Es decir, un bullet-time cutre-salchichero. El efecto, sin embargo, es curiosamente llamativo. Eso sí, las primeras 30 veces... luego empieza a cansar un poco.

En el making-of de la película, Uwe Boll dice que el juego sólo consistía en disparar, así que tuvieron que añadirle un argumento. ¡Y qué argumento!: unos jóvenes van a una isla donde se celebra una rave party y se encuentran con montones de zombis creados por un antiguo sacerdote español (al menos, eso es lo que entendí yo dentro de tal desbarajuste). Un pozo sin fondo de originalidad, vamos.

Pero lo peor no es que no sea original (al fin y al cabo, lo que yo quería ver era una película de zombis y punto), sino que pretende serlo visualmente, a través de combates con acrobacias que demuestran lo mal que algunos han asimilado el éxito de Matrix, los ya mencionados insertos del videojuego y un plano que me provocó la carcajada, en el que, en medio de una persecución, Boll nos muestra un primer plano de un zombi corriendo detrás de uno de los protagonistas, filmado con el zombi agarrando la cámara que le enfoca y corriendo como un poseso. Es difícil de describir, pero la imagen es para cualquier antología del delirio cinéfago.

Y aquí está el punto positivo de la película: que es absoluta y conscientemente delirante. Al menos eso me gustaría pensar (ya que no me gusta pensar mal de la inteligencia de nadie). Sólo con mucha sorna alguien ha podido escribir (y firmar) diálogos como éstos:

- Has hecho esto para ser inmortal... ¿por qué?
- Para vivir eternamente.

O (en unas catacumbas que hay bajo la casa del cementerio):
- ¿Qué es esto?
- Deben ser unas catacumbas que hay debajo de la casa...

Como podéis ver, pura poesía.

Luego está Jürgen Prochnow... Pobre Jürgen... Tener que aguantar un chiste como éste por parte de uno de los jóvenes: "Mira, es el capitán de El Submarino".

En fin, que si uno es capaz de ver House of the Dead con ironía, seguro que es capaz de divertirse de lo lindo. Pero luego uno piensa en lo bien que hubiera estado este ¿argumento? en manos de un Lamberto Bava o un Lucio Fulci a principios de los años 80 y es para echarse a llorar...


Publicado originalmente en Natural High. Notas desde el futuro: una crítica un poco imbécil, puesto que no se puede burlar uno de lo que ya nace como chiste. A Uwe Boll no hay que criticarlo, hay que celebrar que tenga tanto morro y no tomarse en serio nada que lleve su nombre.