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31 ene 2012

'Scott Pilgrim contra el mundo'

(Scott Pilgrim vs. the World. Edgar Wright. Estados Unidos / Reino Unido / Canadá. 2010. 107 minutos) Considerada uno de los mayores fracasos económicos de la Universal de los últimos años, Scott Pilgrim contra el mundo es también una de las películas más sorprendentes y fascinantes de todas las que han intentado adaptar al medio cinematográfico el lenguaje del cómic y los videojuegos. Edgar Wright, en su primer trabajo para Hollywood después de haber filmado las imprescindibles Zombies Party (Shaun of the dead. 2004) y Arma Fatal (Hot Fuzz. 2007) en su Inglaterra natal, lleva a la pantalla los seis volúmenes sobre Scott Pilgrim publicados por Bryan Lee O'Malley, respetando casi religiosamente algunas de sus viñetas y dando color (mucho color) a la historia de un joven aspirante a músico que debe luchar contra los siete ex malvados de su amada Ramona Flowers (todos ellos expertos en diferentes disciplinas marciales y con poderes propios de supervillanos), al mismo tiempo que intenta dar carpetazo a su breve idilio con la adolescente Knives Chau. Lo curioso es que el propio Scott Pilgrim es alguien que, detrás de su apariencia de joven desgarbado e inofensivo, esconde a todo un guerrero que no se amilana ante dicho desafío y que es capaz de plantar cara a quien se le ponga por delante con tal de lograr su objetivo. Como el héroe de un videojuego, Pilgrim debe superar varias fases hasta llegar al jefe final y, por el camino, aprender algo sobre la madurez y el amor. 

LO MEJOR: Su contagiosa energía adolescente.
LO PEOR: Resulta algo repetitiva y le sobran algunos
 minutos.
Hay dos películas encerradas dentro de Scott Pilgrim contra el mundo: primero, la de una historia de amor adolescente en la que un joven pardillo se enamora de una chica exótica. Contada con un ritmo apabullante (desde los enérgicos créditos iniciales a la manera en la que, mediante el montaje, utiliza recursos como que cada cambio de plano suponga también un cambio de escenario), esa parte de comedia funciona a las mil maravillas gracias a la credibilidad que los protagonistas dan a sus papeles, hasta tal punto que resulta difícil imaginarse luego a Scott Pilgrim, Ramona Flowers o Knives Chau interpretados por otros que no sean Michael Cera, Mary Elizabeth Winstead y Ellen Wong. Pero después la cinta cambia de tono, empieza la segunda película y la historia se estanca a partir del momento en el que aparece el primero de los rivales de Pilgrim y todo se reduce a una sucesión de combates/desafíos de espectacularidad progresiva. Y, si bien es cierto que no hay muchos motivos de queja si tenemos en cuenta que las secuencias de artes marciales son, probablemente, las mejores que han visto en una película occidental en mucho tiempo, y que los efectos especiales recrean con encomiable exactitud el estilo de sus juegos de lucha favoritos, también hay que señalar que parte de la energía inicial se queda en el camino a medida que el metraje va corriendo y nos damos cuenta de que no podemos esperar más de su trama. Así, Scott Pilgrim contra el mundo se puede hacer un poco cuesta arriba en algunos momentos, especialmente si no son ustedes tan sagaces o experimentados como para reconocer todas las referencias que hay en ella (yo necesité guías como ésta o ésta) y se entretengan intentando detectarlas, pero su mezcla de comedia romántica adolescente, cine de acción, fantasía, musical y artes marciales es algo que uno no ve todos los días, al menos empaquetado dentro del mismo conjunto (y sin que dure tres horas y venga en idioma Hindi o Telegu...). Y sólo por eso (y porque, en el futuro, se dirá de ella que es Las aventuras de Buckaroo Banzai del Siglo XXI), este fracaso comercial de Edgar Wright merece ser tildado de exitazo artístico.

7 jun 2011

'X-Men: Primera generación'

(X-Men: First class. Matthew Vaughn. Estados Unidos. 2011. 132 minutos) Se está entendiendo esta película como una refundación de la saga o un cambio de rumbo, pero X-Men: Primera generación sigue el camino de afortunada trivialización que comenzó a transitar la serie gracias a las muy potables X-Men: La decisión final (X-Men: The last stand. Brett Ratner, 2006) y X-Men Orígenes: Lobezno (X-Men Origins: Wolverine. Gavin Hood, 2009), alejadas de la trascendencia y pomposidad impuestas por Bryan Singer en los dos primeros capítulos (por otro lado, también muy disfrutables). No es entonces tanto un reboot como una profundización en la gozosa Serie B hecha con presupuesto generoso (aunque en comparación con otros blockbusters resulta moderado), lo cual no puede dejar de ser recibido con alegría. La cinta nos lleva a 1962, aprovechando el contexto de la Crisis de los misiles en Cuba, para construir una trama de espionaje internacional que podría estar sacada de cualquier explotación europea de James Bond. Este marco temporal aporta algo que se convierte en uno de los detalles más destacables de la película: un look muy marcado que se aprecia no sólo en el vestuario, sino también en la ambientación sonora y en el acabado entrañablemente naif de algunos artilugios que en las otras entregas eran alta tecnología, como ese Proto-Cerebro más propio de una de Jesús Franco que de una superproducción de Hollywood (dicho esto para bien, claro). Memorables son también algunas secuencias que están construidas con un sentido del ritmo perfecto, como el primer cara a cara entre un Erik niño y el supervillano Sebastian Shaw (Kevin Bacon), el enfrentamiento entre un Erik adulto (Michael Fassbender) y unos antiguos nazis en una cantina de Argentina o la emotiva secuencia en la que Charles Xavier (James McAvoy) enseña al futuro Magneto a canalizar su poder telequinético.   

LO MEJOR: La secuencia de la cantina en Argentina.
LO PEOR: Unos cuantos tijeretazos en la sala de montaje
le habrían sentado muy bien.
Sin embargo, no todo son alegrías en X-Men: Primera generación. Para empezar, y entrando en conflicto con esa apariencia ligera y pop casi digna de Austin Powers, está (¡otra vez!) la duración, muy desproporcionada y culpable de algunos altibajos de interés a mitad de la película. También está el hecho de que en ocasiones da la sensación de que estamos viendo una película de acción sin acción, lo cual se agrava aún más cuando todo se desboca en los últimos minutos y nos hace recordar que hasta ese momento casi no hemos asistido a secuencias espectaculares. Y, por último, en su debe hay que anotar la aparición súbita de instantes involuntariamente cómicos: una cosa es hacer chistes a propósito del pelo de Charles Xavier o meter cameos simpáticos y otra muy distinta es que casi se nos escape la carcajada de manera imprevista, como cuando Bestia (Nicholas Hoult) hace su primera aparición ya mutado o cuando Angel Salvadore (Zöe Kravitz, la hija de Lenny Kravitz y Lisa Bonet) y Banshee (Caleb Landry Jones) sobrevuelan los navíos de guerra. Además, el factor sexy también fracasa, ya que ni Rose Byrne, ni January Jones ni Jennifer Lawrence como, respectivamente, Moira MacTaggert, Emma Frost y Mística, consiguen su propósito de resultar apetecibles, la primera por seca, la segunda por gélida y la tercera por sosa. Aparte de todas estas cositas, que igual no les parecen motivos de escarnio, la película está bien a secas, resulta divertida, apropiadamente chorra en ciertos tramos y deja con ganas de más, que es justo lo que pretende. 

7 nov 2010

Especial Sitges 2010: 'Jonah Hex'


(Jonah Hex. Jimmy Hayward. Estados Unidos. 2010. 81 minutos) Como ha ocurrido con The Losers (Sylvain White, 2010), Jonah Hex es una adaptación de un cómic que se ha convertido en uno de los grandes fracasos comerciales del verano pasado en Estados Unidos y que, debido a ello y a lo poco que están dispuestas a arriesgar algunas productoras en nuestro mercado, ha visto su lanzamiento en nuestro país relegado al circuito de los videoestrenos. Que películas que en otros tiempos hubieran supuesto una apuesta casi segura en las multisalas como las dos citadas o como Whiteout (Dominic Sena, 2009) se estrenen aquí directamente en DVD dice bastante sobre el estado en el que se encuentra el negocio del cine en España, al mismo tiempo que coloca sobre la reputación de las cintas afectadas una etiqueta de film fallido que no siempre resulta justa (véase el caso de Truco o trato como ejemplo). Jonah Hex se encuentra en tierra de nadie: no es una película a reivindicar, puesto que no encontramos en ella nada realmente destacable o digno de elogio más allá de su corta duración o sus ocasionales destellos de espectacularidad (sobre Megan Fox sólo cabe decir que cada vez me provoca más grima), pero tampoco hay elementos excesivamente molestos con los que penalizarla y condenarla al ostracismo. La mezcla de western con el cine de acción contemporáneo y los elementos místicos funciona relativamente bien, pero se echa en falta algo más de humor y, sobre todo, de ritmo, lo cual demuestra que la velocidad que se le imprime a una película no tiene que ver con la duración de la misma. 

LO MEJOR: Algunas de sus escenas de acción.
LO PEOR: Se hace larga a pesar de durar apenas hora y veinte.

30 jul 2010

'Whiteout'

(Whiteout. Dominic Sena. Estados Unidos / Francia / Canadá. 2009. 97 minutos) Almacenada durante dos años en las oficinas de la Warner y estrenada directamente en DVD en España, Whiteout es uno de esos proyectos que nacen gafados desde el principio: en su origen, la adaptación del cómic de Greg Rucka y Steve Lieber se comenzó a gestar en las oficinas de la Columbia en 1999; pasó a manos de Universal en 2002, cuando intentaron producir el proyecto con Reese Witherspoon como protagonista (quizá la peor elección posible para un rol que requería ciertas dotes para la acción); y finalmente fue Dark Castle Entertainment, con Joel Silver en cabeza, quien se hizo con los derechos de la novela gráfica. Con un presupuesto ajustado de 35 millones de dólares, el rodaje concluyó en julio de 2007 y el resultado no se vio en los cines norteamericanos hasta el 11 de Septiembre de 2009, recaudando unos paupérrimos 10 millones de dólares.

No recurriría a estos datos si no fuera porque todo esto se deja ver en el resultado final, tras cuyo visionado se hace comprensible el descalabro y el temor a distribuir la película en el mercado internacional: aunque no se pueda hablar de desastre absoluto, Whiteout es una película fallida. Según los que han leído la novela gráfica, no funciona como adaptación porque introduce cambios importantes en la trama y en los personajes de cara a que resulten más amables y convencionales para el gran público. Pero, independientemente de su fidelidad o de la falta de la misma, Whiteout fracasa como película por culpa, sobre todo, de un guión deslavazado que nunca tiene claro qué es lo que quiere contar ni cómo hacerlo. La pericia técnica de Dominic Sena vuelve a quedar patente como ya lo hiciera en sus anteriores trabajos, Kalifornia, 60 segundos y, sobre todo, Operación Swordfish (su mejor película y una de las más estimables cintas de acción de la pasada década), pero no puede hacer demasiado con un libreto que quiere tocar demasiados palos y no consigue funcionar en ninguno de ellos: durante hora y media, la película parece cambiar de subgénero en varias ocasiones y nunca tenemos claro si estamos viendo un thriller de investigaciones a lo CSI, una cinta sobre un psycho-killer en la Antártida o un largometraje de acción catastrofista. Es más, la puesta en escena y la ambientación en ocasiones pueden recordar a La Cosa de John Carpenter, lo que unido al modo en el que juegan con el misterio (qué buscan los protagonistas, qué relación hay entre ellos, en quién se puede confiar, qué se esconde bajo el hielo) nos hace generar unas expectativas de un giro sobrenatural o fantástico que nunca llega, produciendo cierta sensación de incomodidad en un espectador que espera más de lo que realmente ofrece el film. Nos tenemos que conformar observando lo bien que está Kate Beckinsale en ropa interior o con algunas escenas de acción que casi carecen de ritmo pero son extrañamente hipnóticas (esas persecuciones en mitad de las ventiscas, con los protagonistas sujetos por la cintura a cuerdas que marcan el camino), pero en general Whiteout es un producto irregular y finalmente insípido. 

2 may 2010

'Iron Man 2'

(Iron Man 2. Jon Favreau. EEUU. 2010. 124 minutos) Hace dos años comentaba a propósito del primer Iron Man que lo más destacable del resultado era que dejaba con ganas de más, no porque lo que había no fuera suficiente sino porque era lo bastante interesante como para generar unas expectativas positivas de cara al futuro. Ahora que ha llegado ese futuro, lamentablemente debemos decir lo contrario de Iron Man 2: si deja con ganas de más es porque sabe a poco. Aumenta el número de villanos, aparecen personajes nuevos y se incrementan las tramas paralelas, pero el guión de Justin Theroux no puede escapar a su condición de subordinación con respecto a lo que sucedía en la primera parte y lo que está por venir (el escudo del Capitán América, los archivos de S.H.I.E.L.D., etc.), de tal modo que al terminar la película no sabemos más de Tony Stark de lo que ya aprendimos sobre él con la cinta previa o con su cameo en El Increíble Hulk. Esta vez, lo que sucede en medio de las set-pieces resulta sólo moderadamente atractivo, rellenando de manera irregular los vacíos existentes entre una escena de acción y otra, que era algo que no sucedía en la primera parte: si allí resultaban tan acertadas las secuencias de Iron Man como las de Tony Stark, no se puede decir lo mismo aquí, ya que todo el segundo acto padece un exceso de verborrea y una carencia de intensidad alarmantes.

Las buenas noticias son que, en los momentos apropiados, la película brilla adecuadamente: Jon Favreau apuesta por la acción física por encima del artificio tecnológico, siendo el único punto negativo en este aspecto lo mal distribuidos que están sus clímax, ofreciendo a los veinte minutos la mejor escena de la cinta (el enfrentamiento en Mónaco entre Iron Man y Whiplash, lleno de fisicidad, virtuosismo y sentido del humor), para después caer en un estado de letargo del que prácticamente no se recupera hasta la masiva confrontación final. También se agradece su tono leve y la sensación de cómplice ridiculez que transpiran algunas escenas (Iron Man, Nick Fury y Viuda Negra desayunando en Randy's Donuts... con sus trajes de guerra). Y, aunque echamos de menos a Terrence Howard y las chicas están especialmente ausentes y sosas (como bien vio John Tones), da gusto comprobar cómo en pleno 2010 el verano cinematográfico se abre con una superproducción dirigida por el responsable de Elf y Zathura y protagonizada por dos tipos, Robert Downey Jr. y Mickey Rourke, por los que nadie daba un duro hace diez años. La vida es rara.

1 ago 2009

'Punisher: Zona de guerra'


(Punizher: War Zone. Lexi Alexander. EEUU / Canadá / Alemania. 2008. 103 minutos). Que Punisher: War Zone haya llegado a España directamente al mercado del dvd no debería ser tanto una tragedia como una celebración: los fans de la serie B, siendo egoístas, sabemos que más vale un estreno directo a vídeo que uno limitado en salas de cine al que sólo puedan acceder cuatro privilegiados, haciendo que el resto tengamos que esperar más tiempo para disfrutarlo en condiciones óptimas. Y esta película es un producto para ser gozado en la intimidad, en círculos reducidos, más que en multisalas llenas de espectadores con prejuicios, poco dados a la experimentación y que sólo encajan el gore si viene empaquetado dentro del género de terror. Una vez vista, no extraña nada que se haya convertido en un fracaso comercial. Punisher: War Zone viene de otra época, con su uso lúdico de la violencia, su humor bestia, sus despliegues de fogueo y esas hostias tan sonoras. Hace pensar en RoboCop, en Darkman y en Dick Tracy sin que haya nada específico que se apropie de ninguna de las tres, pero sí asumiendo gustosamente unas máximas de grosería, diversión y exageración presentes en aquellas que no se han vuelto a dar en ninguna otra cinta ambientada en (o inspirada por) el mundo cómic. Si, además, pensamos que detrás de las cámaras está una bella alemana campeona de karate y kickboxing, el nivel de excitación que provoca este Punisher roza ya lo erótico. Sale Kathryn Bigelow, entra Lexi Alexander.


Háganse un favor y cómprense el dvd o el blu-ray de esta maravilla. Los extras, aunque breves, no están nada mal y van a lo útil, centrándose en detalles prácticos sobre la realización de la película y dejando de lado el rollo "yo siempre quise trabajar con..." que tanto nos aburre. De ellos destaco una frase de la directora: "cuando veo una película de acción y noto que a los 20 minutos no pasa nada, empiezo a pensar en la colada". Lexi, le amo.

4 jun 2009

'X-Men Orígenes: Lobezno'


(X-Men Origins: Wolverine. Gavin Hood. EEUU. 2009. 107 minutos). Pasa en muy pocas ocasiones y es algo que todavía me desconcierta, pero ha vuelto a ocurrir: a la hora de leer opiones sobre Lobezno (abreviando) no estoy de acuerdo ni con focoforers ni con blogdeciners. Lo habitual, aquello con lo que me siento cómodo, es estar de acuerdo con los primeros y disconforme con los segundos, pero esta vez no entiendo a ninguno de los dos bandos. Seguramente porque, en comparación con lo que anda por ahí suelto, yo no tengo ni puta idea de cómics y para mí Lobezno es un personaje molón con garras y ya está, no un ser mitológico cuya Historia, así en mayúsculas, no debería ser manchada con blasfemias e interpretaciones libres. Basta de tonterías. Los que esperaran esa voluntad de seriedad que quiso implantar Brian Synger en sus dos películas y, en menor medida, Brett Ratner en la menospreciada tercera parte de la saga, que se jodan. Pedirle trascendencia a algo así es, grosso modo, síntoma de gilipollez y del daño que ha hecho el pesado de Christopher Nolan al género con su visión del superhéroe y el supervillano, generando un estúpido rasero con el cual todos se quieren medir ahora (incluyendo a alguien que hasta hace poco tenía las ideas tan claras como McG) y obligando al público medio a buscar atributos como seriedad, oscuridad y trascendencia donde antes sólo buscaba humor, colorido y evasión. Jódanse también los que se arañan la cara y se tiran de los párpados cuando se sienten violados ante las adaptaciones de sus deidades de papel. Su necesidad de ver LO MISMO en otro medio es una limitación que se autoimponen de manera fútil, pero allá ustedes. Soy un hombre tranquilo y los que me conocen lo saben. Pero a veces , dicho desde el respeto y el cariño que profeso hacia algunos de ustedes, entran ganas de darles una buena hostia: "¡Qué cantazo dan las garras a digitales!", "¡Qué inverosímil resulta que Lobezno atraviese una pared!", "¡Qué incongruente es la actitud de Gambito!", "¡Qué guión más pobre!", "¡Le han cambiado el peinado a Logan!", "¡Qué peste a Serie-Z!"... Que se joda también Hugh Jackman, que ha intentado vendernos la moto proclamando a diestro y siniestro que su película contenía grandes dosis de drama y profundidad psicológica cuando en realidad no es más que un tebeo imparable y rijoso con momentos que llevan a la risa (a veces sin querer hacerlo) y conflictos dramáticos de telenovela, aunque uno no sabe ciertamente, y tampoco me apetece averiguarlo, hasta qué punto esto es una treta comercial o si realmente Jackman piensa que ha hecho eso, incapaz de asimilar la verdadera identidad del resultado final más allá de lo que Gavin Hood le prometió que iba a llevar a cabo.

Jódanse todos, en definitiva, menos yo... que he ido dos veces gustosamente al cine a ver esta intrascendente, a ratos grotesca y moderadamente espectacular película, suerte de blockbuster a medio gas que se puede entender como un producto fallido por la distancia existente entre intenciones, expectativas y resultados pero que, para quienes de verdad se criaron en los videoclubes, contiene toda la acción, jolgorio, chulería y vacuidad que le exigíamos a cosas como Destroyer: Brazo de acero, La venganza del acorralado o Cy Warrior, pero hecho con más medios. Ni más ni menos.

7 sept 2008

Batman sin Batman, o el aburrimiento como una de las bellas artes


Como complemento a la flamante reseña sobre El Caballero Oscuro que he publicado en MicroCritic, les traigo mi artículo publicado en el periódico Crónicas de un Pueblo sobre este truño de Nolan, en una versión algo más extendida que la que finalmente apareció en papel.

Sí, vale, igual el tema ya está algo pasado y esto ya hace tiempo que lo escribí, pero no he podido publicarlo hasta ahora. Disculpen.

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Va a parecer que quiero llevar la contraria, que pretendo hacerme el listo o nadar a contracorriente simplemente para adoptar una pose enrollada y parecer el más chulo de la clase. Pero cuando digo que la nueva película de Batman, EL CABALLERO OSCURO, es un truño, lo digo desde el dolor y la decepción, no desde el orgullo exclusivista. Qué más quisiera yo que haberme unido al resto de mortales, esos que han conseguido que la cinta lleve ya recaudados más de 800 millones de dólares en todo el planeta, y no haber sufrido durante las dos horas y media que dura el invento luchando contra el sueño desde la butaca, para luego salir del cine agotado y con un bajón terrible. Me consuela el hecho de haber visto muchas caras tan tristes como la mía cuando se encendieron las luces, así como leer en ese reducto virtual de la inteligencia que es El Focoforo (búsquenlo en internet) más opiniones contrarias al fenómeno, algunas incluso enojadas y sangrantes, otras más moderadas y algunas (las menos) incluso entusiastas. Por mi parte, sólo se me ocurre decir que EL CABALLERO OSCURO es la película con Batman de protagonista más aburrida que he visto en mi vida, aún teniendo en cuenta aquellos disparates que fueron BATMAN FOREVER (1995) y BATMAN & ROBIN (1997) y que hoy se me antojan infalibles remedios de choque contra la ridícula seriedad y pretenciosidad de la última cinta del caballero vestido de murciélago. Verán, no tengo nada en contra de que alguien, en este caso Christopher Nolan, pretenda hacer una película trascendental sobre el caos, el terrorismo y los problemas psicológicos… pero sí me molesta que para hacer eso se usen como excusa a un tipo trastornado que se disfraza por las noches de rata con alas, a otro que está aún más zumbado y que se viste de payaso y, finalmente, a un tercer personaje teóricamente la mar de equilibrado que se transforma en un psicópata después una tragedia personal (miren qué realista resulta eso, ¿eh?). Es decir, esto debería ser una película sobre héroes y villanos que se reparten hostias y no sobre tres perturbados que reflexionan (¡además en voz alta!) sobre su papel en el mundo, sobre su utilidad y su destino. Pero como película de acción EL CABALLERO OSCURO es una birria: en sus dos horas y media (insisto en la duración porque es otro síntoma de lo importante que pretende ser el producto) sólo encontramos dos o tres escenas relativamente espectaculares que, para colmo, están lastradas por la evidentísima torpeza de Nolan a la hora de enfrentarse a escenas de gran aparatosidad. La película podría funcionar como thriller policiaco. De hecho, es lo que parece que quiere ser a toda costa. Pero en esa ecuación nos sobra Batman, nos sobra Joker, nos sobra Harvey Dent, el Batmóvil y todos los gadgets, por mucho que el personaje del murciélago comenzara sus andaduras en la publicación ‘Detective Comics’. Y como película de superhéroes, en EL CABALLERO OSCURO nos sobran los juicios, nos sobran las tramas secundarias que no conducen a ninguna parte, nos sobran minutos, frases pretenciosas que no dicen nada, diálogos somníferos, cháchara, nos sobran dilemas de psicología elemental (que ya se usaban en BATMAN FOREVER, por otro lado… y nadie dijo de ella “oooh, es que es una película tan moral y psicológica…”) y nos falta emoción, intensidad, ritmo, diversión, acción, espectacularidad, carisma… y dedos para contar las veces que me hizo desconectar y pensar que no estaba viendo la misma cinta de la que había leído tantas cosas y tan buenas. Me resulta totalmente incomprensible que, ahora mismo, se defina la película con sentencias como “Es la mejor película de superhéroes de la historia”, “Uno de los mejores films de todos los tiempos, no sólo de superhéroes” y delirios por el estilo, que son los que atraen en masa a los crédulos al cine y que sirven para pre-instalar una opinión hinchada en la mente de los espectadores más débiles o influenciables, aquellos que sólo ven películas que huelen a premios, son vendidas como “el fenómeno comercial de la temporada” o vienen precedidas por laudatorios reportajes de prensa escritos por críticos sobornados por la distribuidora… o que acaban de salir del cine alucinados, como críos pequeños, y redactan sus crónicas sin ningún atisbo de reflexión y contextualidad. Sobre el Joker que compone el fallecido Heath Ledger… digamos que creo fervientemente que de no haber estado encarnado por una joven promesa fallecida prematuramente no se estaría hablando de él como de “uno de los mejores villanos de la historia del cine”. Lo dejo ahí porque quizá alguien se pueda ofender, por aquello de hablar mal de los muertos y tal…

18 may 2008

'Iron Man'

(Iron Man. Jon Favreau. EEUU, 2008. 126 minutos) Poseedora de una chulería íntrinsecamente unida a la personalidad de su protagonista principal, Iron Man constituye la aproximación cinematográfica más cool y chiripitifláutica al universo Marvel que se ha producido en el siglo XXI, ajena a torturas psíquicas y complejos de héroe, llena de lujo, humor y aroma de revista de tendencias, con la acción justa para contentar al que sólo busca eso y que funciona a la perfección como capítulo introductorio de lo que está por llegar (ahí están esos ganchos para iniciados: S.H.I.E.L.D., James Rhodes...). Parca en argumento pero generosa en peripecias, Iron Man se distingue también por la idiosincrasia de Tony Stark y el modo en el que se aleja de otros paladines de la justicia, principalmente porque a Stark la justicia como tal, entendiéndola como un concepto indisoluble a su condición de ser superior, se la trae al pairo. Brinda por la paz después de vender un misil con tecnología avanzada... y sus salidas con la armadura tienen más que ver con lo lúdico y lo vengativo que con hacer el bien, defender al prójimo y esas otras cosas que tanto tiempo hacen perder a otros de su especie. Cuando salva a inocentes lo hace porque le viene de camino, no porque se haya situado allí específicamente para hacer el bien. Por no hablar de lo cómodo que se siente con la popularidad de su alter ego y lo poco que hace por camuflarse y huir de la luz pública. Por todo eso (y porque al final la moraleja se convierte en chiste), Iron Man mola y queremos más.

21 ene 2006

'Constantine'

(Constantine. Francis Lawrence. Estados Unidos / Alemania. 2005. 121 minutos) No lo consigo. Y lo he intentado dos veces: una en el cine y otra en DVD... Pero no logro que Constantine me deje satisfecho. Y eso que la he visto sin ningún tipo de prejuicios: Keanu Reeves me cae simpático, Rachel Weisz me atrae poderosamente y jamás he leído un cómic de Hellblazer. Y empieza bien... Con ese prólogo ambientado en México, en el que un personaje encuentra la Lanza del Destino (con la que Cristo fue herido en la cruz); con la secuencia del exorcismo en la que John Constantine (Reeves) atrapa un demonio en un espejo... La trama tampoco está mal, aunque sea algo tópica: un tipo quiere ganarse el cielo luchando contra los demonios. El problema es que hay una conspiración para hacer que Mammon, el hijo de Lucifer, llegue a la Tierra para crear un nuevo reino de terror que dejaría al Infierno de su padre en pañales... Los efectos especiales son decentes, aunque tampoco hay en exceso. Y, desde luego, no tienen nada que ver con los de Matrix, por mucho que algunos se empeñen en decirlo ante la coincidencia de protagonista...

Pero Constantine es una de esas películas que se pueden considerar "fallidas". Y lo es desde su mismo título, totalmente anticomercial. Se dice que no mantuvieron el título del cómic (Hellblazer) porque sonaba demasiado parecido a Hellraiser, y no querían que el público la relacionara con la saga iniciada por Clive Barker. Soberana estupidez, según mi criterio, porque la mayoría de la gente que fue a verla a los cines iba a ver "la nueva de Neo", y supongo que pocos de los que compartieron sesión conmigo conocían la existencia de los cenobitas barkerianos. Y, por otro lado, los que sí conocen Hellraiser son lo bastante astutos como para diferenciarla de Hellblazer. Una vez más, Hollywood trató a la audiencia como si fuera tonta...

Desde luego, no voy a ser tan simple de decir que esta es "una película mala, porque el tío mete los pies en una palangana y ve el infierno" (juro que he escuchado esta frase delante de mis narices). A todos los puntos positivos que dije antes hay que añadir un buen diseño de producción y algunos buenos momentos: la escena en la que Constantine encierra a una araña en un vaso y, después de echarle humo, le dice "Bienvenida a mi vida" se convierte en uno de los pocos momentos brillantes de la cinta, junto a las visitas al Infierno o aquella escena en la que Keanu Reeves sumerge a Rachel Weisz en una bañera (ambos actores, ella con ropa, metida en el agua y él a su lado... una imagen que ya se producía en Reacción en cadena). Pero si bien técnicamente es irreprochable y algunas de sus partes son apreciables, el conjunto me pareció decepcionante y algo aburrido, una mezcla de géneros que no termina de funcionar como película de terror ni como cinta de acción.Pero lo que sé que más irrita a muchos es que interpretan esta película como un gran anuncio en beneficio del Catolicismo o como la campaña anti-tabaco más cara que han visto. Y no les falta razón...


Publicado originalmente en Natural High. Notas desde el futuro: Aquí incidía en uno de mis mayores defectos, ese pedante mensaje de "qué listo soy yo pero qué tonta es la gente" que a menudo se me cuela y del que no me siento especialmente orgulloso.  Por otra parte, vi la película una tercera vez y que quedé en las mismas: me aburrió considerablemente.