Buscador

Mostrando entradas con la etiqueta 2006. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta 2006. Mostrar todas las entradas

2 ene 2012

En Serie: La saga 'Misión Imposible'


El 17 de Septiembre de 1966, el público norteamericano que sintonizaba la CBS veía por primera vez una imagen que, acompañada de una música rimbombante, se convertiría en un rápido icono pop: la de una mano que, con una cerilla y al compás de la sintonía inmortal compuesta por Lalo Schifrin, encencía una mecha que le llevaba directo a una serie de aventuras de espionaje y acción que le mantendría pegado a la pantalla hasta que dejó de emitirse el 30 de Marzo de 1973. Creada por Bruce Geller, Misión: Imposible  recogía el clima de paranoia que se vivía en plena Guerra Fría y presentaba las peripecias de una agencia de espías que luchaba por mantener el mundo a salvo, generalmente de la invasión comunista. Tuvo que pasar más de una década para que Jim Phelps (Peter Graves) volviera a la acción, concretamente hasta 1988, pero en esta ocasión la serie sólo aguantó dos temporadas en antena, siendo cancelada en 1990. Seis años después, un Tom Cruise en la cima de su popularidad, convertido en el actor más taquillero de Hollywood y con la capacidad de levantar proyectos financiados de su propio bolsillo, recuperó el nombre de Misión: Imposible para construirse un traje a su medida y demostrar que, en una época en la que los músculos estaban de capa caída en Hollywood y que GoldenEye (Martin Campbell, 1995) había recuperado el cine de espías, estaba preparado para ofrecer a la industria un nuevo tipo de héroe de acción. La misión de ustedes como lectores, en caso de que decidan aceptarla, consiste en acompañarme por un repaso a las cuatro películas que constituyen, por el momento, la saga cinematográfica protagonizada por Cruise en el papel de Ethan Hunt. Y... no se preocupen: este post no se autodestruirá en cinco segundos.

LO MEJOR: El chute de adrenalina que
supone el clímax final.
LO PEOR: Esperar de ella una película de
acción imparable, cuando no lo es.
Mission: Impossible (Brian De Palma. Estados Unidos. 1996. 110 minutos) No le pudo ir mejor a Tom Cruise en su estreno como action-hero. Cuando la suerte comercial de las películas de Arnold Schwarzenegger, Sylvester Stallone y Jean-Claude Van Damme estaba en declive, Cruise aportó savia nueva al cine de acción, produciendo y protagonizando un thriller de espías en el que presentaba a Ethan Hunt, un agente de la FMI (Fuerza Misión Imposible) al que tienden una trampa y ponen en una situación realmente delicada: debe encontrar al topo que ha traicionado a su equipo antes de que sus enemigos acaben con él y las autoridades se le echen encima. La idea resultaba atractiva: retomar una franquicia bien implantada en el imaginario colectivo mediante una serie de películas que serían dirigidas por distintos directores, todos con personalidades bien marcadas, y que sirvieran para constituir un vehículo de lucimiento a mayor gloria de Tom Cruise, interpretando a un espía de alto nivel del siglo XXI, muy alejado del acartonamiento de James Bond y también de los héroes hipermusculados, pero tan astuto y letal en la lucha cuerpo a cuerpo como todos ellos. Brian De Palma fue el encargado de dirigir esta primera entrega y gracias a ella consiguió reactivar de algún modo una carrera que, al menos comercialmente, no estaba rindiendo tanto como antaño (sí artísticamente, ya que no se le puede negar el pan y la sal a dos obras tan rotundas y personales como En nombre de Caín y Atrapado por su pasado). No es de extrañar que la empresa tuviera un resultado satisfactorio para todos los agentes implicados: la película es un muestrario de lo mejor del director, con una utilización algo más controlada del plano secuencia que de costumbre, pero también con una construcción del suspense ejemplar, una planificación excelente y una capacidad para crear tensión ciertamente sobrenatural (la archifamosa secuencia del robo en la sede central de la CIA es para quitarse el sombrero, más allá de su valor icónico). El guión de David Koepp y Robert Towne fue criticado por resultar demasiado intrincado, aunque a decir verdad no cuesta demasiado seguirlo a poco que permanezcamos atentos a lo que sucede en pantalla. Y ese juego de dobles personalidades y máscaras aporta a la película un delicioso regusto camp que refulge en medio de toda esa sofisticación visual a cargo de Stephen H. Burum. Existen, no obstante, algunos problemas de ritmo que impiden un disfrute más continuado y compacto del film, pero todo eso queda casi olvidado gracias a un clímax final que merece ser recordado, por derecho propio, como una de las mejores set-pieces que nos regaló el cine de acción durante la década de los noventa. Es una gran manera de hacer explotar toda la tensión acumulada durante los dos actos anteriores y de dejar al público con ansias de más, algo que no llegaría hasta cuatro años después de la mano de John Woo.



LO MEJOR: Ethan Hunt convertido en
un ser mitológico.
LO PEOR: La languidez del conjunto.
Mission: Impossible II (John Woo. Estados Unidos / Alemania. 2000. 123 minutos) Con la buena respuesta crítica y económica de la primera Mission: Impossible, Cruise, su socia Paula Wagner y la Paramount no tardaron demasiado en dar luz verde a una secuela.  Oliver Stone, el director que otorgó a Cruise su primera nominación al Oscar gracias a Nacido el cuatro de Julio (Born on the fourth of July. 1989) fue la primera opción, pero el eterno rodaje de Eyes Wide Shut (Stanley Kubrick, 1999) hizo que finalmente se cansara de esperar a su protagonista y se desentendiera del proyecto. Finalmente fue John Woo quien se hizo cargo del mismo. Woo venía de revolucionar el cine de acción gracias a las películas que había filmado en Hong Kong (A better tomorrow, The Killer, Hard-Boiled...), además de haber fabricado algunas de las mejores muestras que el género dio durante los noventa en su aventura americana (Blanco Humano, Broken Arrow y Cara a cara). Su elección trajo consigo una clara vocación por arreglar lo que sus responsables suponían un defecto de la anterior entrega: Robert Towne escribió un guión simplificado al máximo que se puede entender como una respuesta a las críticas que se produjeron al respecto con el primer film, ajustando su historia a una serie de set-pieces que Woo quería dirigir a toda costa. En el libreto, con claras reminiscencias del Encadenados (Notorious. 1946) de Hitchcock, Ethan Hunt tiene que verse las caras con un agente renegado de la FMI que amenaza con aniquilar la población de Sydney mediante la utilización de un virus llamado Quimera. Lo más interesante de la película reside en la manera en la que Woo se deja influenciar por la mitología y sucumbe a lo fantástico en el tercer acto: el héroe y el villano, tomando los nombres del antídoto y el virus que conducen la trama, Belerofonte y Quimera, se convierten casi en semi-dioses enfrentados en una lucha interminable en la que las leyes de la física no tienen ninguna relevancia. Hoy parecen algo anticuadas, pero estas escenas de acción supusieron en su día un impresionante reclamo para la película que fue tomado como ridículo por algunos y como excitante por otros (entre los que me incluyo). Vista hoy, Mission: Impossible II puede aportar poco más que eso, además de suponer la cinta menos interesante que John Woo rodó en EEUU (y, sí, tengo en cuenta las infravaloradas Windtalkers y Paycheck), un pálido reflejo de lo que el director fue capaz de filmar en otras ocasiones y una versión demasiado light de sus constantes temáticas y visuales. Aún así, los más de cuatrocientos millones de dólares que recaudó en todo el mundo fueron motivo suficiente como para que la franquicia siguiera su camino.



LO MEJOR: La secuencia del puente.
LO PEOR: Va perdiendo fuelle a medida
que avanza.
Mission:Impossible III (J.J. Abrams. Estados Unidos / Alemania / China. 2006. 125 minutos) La preproducción de la tercera parte no fue un camino de rosas. En la búsqueda de otro director de prestigio que aportara su sello personal al nuevo capítulo de la franquicia, Cruise contactó con David Fincher, pero éste rechazó la oferta y se dedicó a otros proyectos que no salieron adelante. Entonces el todopoderoso Cruise cambió la táctica: barriendo para casa, decidió contratar los servicios de alguien conocido por él y por la Paramount, un joven  llamado Joe Carnahan que ya había trabajado para ellos en Narc (2002). Sin embargo, Carnahan dio muestras de no amilanarse ante el poder de sus padrinos y abandonó el proyecto por diferencias creativas, dejando a Cruise sin nadie que ocupara la silla de director. Ahí entra J.J. Abrams, conocido por dar arranque a series tan populares como Alias (2001-2006) y Perdidos (2004-2010) y que se convirtió en el responsable de llevar a buen puerto la ópera prima más cara de la historia del cine. Aunque en su día fuimos muchos los que recibimos la elección de Abrams con cierto recelo (más que nada, por desconocimiento de su trabajo previo o por las eternas y cada vez más infundadas manías que algunos sienten hacia el medio televisivo), hay que reconocer que el tiempo ha tratado bien a Mission: Impossible III. Abrams conservó sus rasgos y dotó de humanidad a unos personajes que se ven inmersos en una trama totalmente irrelevante (y que sigue la pista de un mcguffin de los de toda la vida), porque esta vez es personal: Ethan Hunt hará lo impensable por vengar la muerte de una antigua amiga (y ex-pupila dentro de la FMI) y por tratar de evitar que el malvado Owen Davian (escalofriante Philip Seymour Hoffman) asesine a su flamante esposa, a la cual ha raptado. Como telón de fondo está la seguridad internacional, sí, pero el toque Abrams está ahí: por muchas escenas de despachos y por muchas amenazas globales que puedan aparecer, lo que prima en esta tercera parte (co-escrita entre Abrams y dos cómplices habituales como son Alex Kurtzman y Roberto Orci) es el factor humano. Lamentablemente, Abrams todavía estaba algo verde como director de blockbusters y sólo consiguió filmar una secuencia realmente memorable (la del puente), además de mostrarse incapaz de mantener durante todo el metraje el ritmo acelerado de la primera mitad y, especialmente, del prólogo. Aún así, y pese a reconocer que en el momento de su estreno sólo se me ocurrieron maldades para con ella, Mission: Impossible III es una película bastante aceptable que mereció mejor suerte comercial. Aunque gran parte de la culpa de que no respondiese a las expectativas económicas (especialmente en EEUU, donde recaudó menos de lo que costó) reside en el propio Tom y en esa manía de hacer el tonto en los medios de la que hacía gala en esa época. 



LO MEJOR: La parte que transcurre en
Dubai, salvo la tormenta de arena.
LO PEOR: La indigesta mezcla de tonos:
a ratos decadente, a ratos infantil.
Misión Imposible: Protocolo Fantasma (Mission:Impossible - Ghost Protocol. Brad Bird. Estados Unidos. 2011. 132 minutos) A pesar de que su colaboración había resultado ser la menos exitosa de la serie desde un punto de vista financiero, el entendimiento entre J.J. Abrams y Tom Cruise fue lo suficientemente bueno como para que, varios años después, ambos se plantearan continuar con la franquicia juntos. Sin embargo, la agenda cada vez más apretada de Abrams y la sensación de que a Cruise le quedaba ya poco fuelle como estrella de Hollywood sirvieron como acicate para que no se demoraran demasiado en la concreción de una posible Mission: Impossible IV. Tras tantear a talentos emergentes como Ruben Fleischer y Edgar Wright, la noticia de que la responsabilidad caería finalmente sobre los hombros de Brad Bird, hasta ahora autor de cine de animación, supuso toda una sorpresa que algunos no encajaron demasiado bien. Sin embargo, los fans de Bird sabían que era un tipo muy preparado para concebir secuencias de acción, como ya había demostrado en El gigante de hierro (The Iron Giant. 1999) y Los Increíbles (The Incredibles. 2004). Lo que no sospechábamos es que Bird se traería consigo el tono ligero de sus películas animadas, convirtiendo esta Misión Imposible: Protocolo Fantasma en la entrega más infantil, paródica e inofensiva de toda la serie. Este tono se agradece en momentos puntuales como la secuencia del pasillo y la "pantalla mágica", pero termina siendo inconveniente para una película de acción que pide a gritos algo más de intensidad y a la que le sobra esa pátina decadente que la sitúa a la misma (baja) altura que la de cualquier aventura de James Bond del montón (sensación potenciada por ese anticuado guión de Josh Appelbaum y André Nemec sobre rusos y misiles nucleares que le sentaría bien a la serie original de televisión, pero no a la cinematográfica), lo cual no puede estar más alejado de las intenciones iniciales con las que arrancó la saga de Mission: Impossible. Para colmo, Ethan Hunt pierde protagonismo y tiene que ver cómo sus compañeros de equipo protagonizan algunos momentos que él habría hecho en las entregas anteriores, y que aquí se limita a supervisar, de cara a su posible reemplazo como protagonista por el nuevo agente Brandt (el soso Jeremy Renner). Esta Protocolo Fantasma cumple como entretenimiento si no somos demasiado intransigentes, pero es, junto con la segunda parte, el punto más bajo que ha alcanzado la saga y, quizá, la responsable de que se haga urgente un replanteamiento de intenciones, protagonistas y estilos si alguien decide proseguir la serie con nuevos episodios.

9 jun 2011

'El bosque maldito'

(The woods. Lucky McKee. Estados Unidos / Reino Unido / Alemania. 2006. 87 minutos) Tras la buena recepción en circuitos especializados que consiguió su ópera prima, May (2002), el director Lucky McKee tuvo problemas para llevar a buen puerto su segunda película, The Woods, que estuvo retenida durante un par de años por la productora y que obligó a M. Night Shyamalan a cambiar el título original de El bosque (The village. 2004), llamada en un principio también The woods. La sinopsis es la siguiente: Estamos en 1965. Heather Fasulo (Agnes Bruckner), una joven problemática, es internada en un colegio privado para chicas situado en mitad de un bosque de Nueva Inglaterra. Allí escucha la historia que se esconde tras los muros del edificio y que todavía resuena en los árboles: tres jóvenes brujas sufrieron las agresiones de sus compañeras y posteriormente se vengaron ofreciéndoles las almas de aquellas al bosque. Heather no tarda en descubrir que la directora del colegio, Ms. Traverse (Patricia Clarkson), podría ser una de esas brujas y que habrían seguido durante años ofreciendo sacrificios a los espíritus los árboles. 

LO MEJOR: Bruce Campbell.
LO PEOR: Se intuyen los problemas de producción tras
sus imágenes.
Si les suena familiar es porque recuerdan bien Suspiria (Dario Argento. 1977), que contaba más o menos lo mismo. Pero si en aquella teníamos un entorno de pesadilla ambientado en una laberíntica academia de baile de Friburgo, aquí el terror viene de la naturaleza. Brujería, ritos paganos, pesadillas, peleas de adolescentes con uniforme y, sobre todo, la posibilidad de ver de nuevo a Bruce Campbell (el padre de la protagonista) luchando contra troncos malignos, lo que nos lleva de inmediato a ese agradable rincón de nuestra memoria donde permanece Posesión infernal (The evil dead. Sam Raimi, 1981). Eso en la parte positiva, donde también tendríamos que citar la manera perversa en la que utiliza éxitos del pop ñoño de Lesley Gore, elegida quizá por la reconocida homosexualidad de la cantante y la manera en la sus canciones ayudan a que se establezca la relación, de manera sutil pero con obvios tintes lésbicos, entre la protagonista y su compañera Marcy (Lauren Birkell). En la parte negativa, por desgracia la que más pesa en esta ocasión, estaría el ritmo, exasperante por momentos, trufado de escenas de terror oníricas que acaban provocando sueño y de personajes y subtramas que quedan deslavazados, quizá como consecuencia del complicado proceso de postproducción que sufrió la película. Los hachazos y los efectos especiales del final consiguen levantar el ánimo, pero para cuando llegan es un poco tarde e incluso podríamos decir que desentonan con el conjunto, demasiado lánguido como para producir ningún tipo de entusiasmo.

16 abr 2011

'Skinwalkers'

(Skinwalkers. James Isaac. Canadá / Estados Unidos / Alemania. 2006. 89 minutos) Tim es un joven a punto de cumplir 13 años que, tras la muerte de su padre, vive con su madre y su tío en un pequeño pueblo donde todo el mundo se conoce. Su vida va a dar un vuelco cuando descubra que es el protagonista de una profecía que dice que, cuando el cielo se torne rojo y haya luna llena, su sangre será capaz de acabar con la maldición de los hombres lobo. Así, el chico y su madre se ven inmersos en una batalla sangrienta entre un grupo de licántropos que quieren acabar con su maldición y otros que no desean volver a ser humanos. Este es el argumento de la tercera película como director del irregular James Isaac, firmante de la aburrida House III (The Horror Show. 1989) y de la divertida Jason X (2001). Se trata de una mezcla entre cine de terror y de acción bastante descompensada, primando más lo segundo que lo primero, y siendo ciertamente pobre en ambos aspectos, ya que los sustos resultan de lo más tópicos (la taza cae al suelo, el personaje se agacha para recogerla y hay alguien detrás, acompañado del inevitable golpe de sonido...) y las escenas de acción a veces pueden resultar involuntariamente cómicas (esa abuela con pistolas no tiene precio). 

LO MEJOR: Rhona Mitra y las peleas entre lobos.
LO PEOR: Resulta involuntariamente cómica.
La Serie B siempre requiere algo de esfuerzo por parte del espectador en cuanto a permisibilidad, pudiendo llevar la credibilidad al límite en cuanto a sus recursos fantásticos, pero a veces hay elementos argumentales que están tan cogidos con pinzas que, por muy buenos que seamos, no impiden que tengamos la sensación de que nos están tomando por tontos. Miren, si a mí la película me dice que los hombres lobo existen, me lo creo. Si el guión dijera que la Tierra es plana, que los hombres vuelan, que las plantas hablan y que la Crisis es una mentira, también me lo creería. Pero si me dicen que el personaje de Rhona Mitra ha vivido 13 años entre hombres lobo y que nunca se ha dado cuenta, empiezo a sentirme idiota. O bien me están tomando el pelo o bien los guionistas han querido tener a una heroína tonta del culo, porque una persona con dos dedos de frente no podría convivir más de una década con gente que por las noches tiene que dormir entre correas para no salir a matar. Lo de que todo el mundo en el pueblo vaya armado hasta los dientes y haya pasado desapercibido para la protagonista puede tener hasta su coña, especialmente en un país donde venden armas en los supermercados, pero lo otro no, oigan. Y una vez que me toman por imbécil se produce una fractura insalvable que hace que la película me resulte antipática, especialmente cuando ésta se toma en serio a sí misma, aunque en ella salga Rhona Mitra (que siempre es un plus en cualquier cinta en la que aparezca) y aunque dure menos de hora y media y muestre la oportunidad de ver a Elias Koteas haciendo el ridículo disfrazado de peluche con colmillos y garras. 

26 ene 2010

'All the boys love Mandy Lane'

(All the boys love Mandy Lane. Jonathan Levine. EEUU. 2006. 87 minutos). De errática distribución, como casi todo lo que tocan los Weinstein, All the boys love Mandy Lane es uno de esos títulos que llegan a nuestros videoclubs de tapadillo, con un nombre anodino (Seducción mortal, en este caso) y que son condenados al ostracismo de manera injusta. Incluso por parte de quienes deberían ser sus defensores: su adscripción al género de terror genera unas expectativas entre el fandom que no se cumplen del todo, debido a un posicionamiento consciente hacia lo artie por encima de lo mainstream que provoca la incomodidad de cierto público, aquellos que se quejan tanto de ver siempre lo mismo como de no encontrarlo en cada uno de los títulos que se echan a los ojos. La película de Jonathan Levine se sitúa en los terrenos del killer on the loose, con un misterioso asesino que acecha a un grupo de jóvenes en una casa en mitad del campo, pero lo hace de un modo ciertamente peculiar. Parte del tópico, con un prólogo en el que hay una muerte violenta, posterior rótulo de "9 meses después" y ulterior fiesta en mitad de ninguna parte regada de alcohol, sexo, drogas y asesinatos. Pero en lugar de jugar al impacto por acumulación, la cinta se toma su tiempo antes de entrar en barrena, desarrollando con acierto la fascinación que Mandy Lane (una extraordinariamente bella Amber Heard) provoca sobre todo aquel que se cruza en su camino, y decide mostrar al asesino a la mitad de metraje, aniquilando de un plumazo el suspense del quién-lo-hizo y conduciendo la historia hacia páramos supervivencialistas, para culminar con un giro sorpresa (aunque en realidad no lo es tanto) que nos sitúa en los parámetros del cine indie y su visión del amor destroyer entre jóvenes desarraigados.

Lo realmente interesante del guión es que, a pesar de jugar con los tópicos, no cae en la trampa del posmodernismo ni de la autoconsciencia, alejándose de la referencia fácil y el guiño cómplice. Lo mismo se puede decir del modo en el que Levine filma la película: a pesar de la truculencia de algunas de sus imágenes, el estilo visual apuesta por la estética diurna y sobreexpuesta, potenciado por un montaje que en ocasiones parece un anuncio de United Colors of Benneton en movimiento, así como un uso inteligente de canciones trilladas como Sister Golden Hair o Sealed with a kiss. Así, All the boys love Mandy Lane se impone con personalidad propia en un mercado a tener en cuenta, el del direct-to-video que hace unos años era caldo de cultivo de material de derribo y hoy es contenedor de rarezas incómodas para las multisalas, pero de una notable capacidad para la sorpresa y el deleite del espectador sagaz.



13 dic 2008

'Bosque de sombras'


(Bosque se sombras. Koldo Serra. España / Francia / Reino Unido. 2006. 97 minutos). Ópera primera que parece dirigida por un veterano, el Bosque de sombras de Koldo Serra supuso una decepción para los que esperaban una cotinuación del ambiente juguetón y terrorífico de El tren de la bruja, puesto que más que adentrarse en los terrenos del cine de supervivencia rural con psicópatas y deformidades de por medio (que las hay, aunque empleadas más para dar lástima que horror) que podría esperarse por su premisa argumental, lo hizo en el del thriller de transformación psicológica, utilizando finalmente la inversión de roles de manera poco complaciente y ciertamente incómoda para el espectador. Estamos entonces más cerca de la tensión dramática de Perros de paja que del spanish gothic de La matanza caníbal de los garrulos lisérgicos, en una historia que no está ambientada a finales de los setenta de manera gratuita, puesto que su forma de mostrar la violencia tiene más que ver con la de Deliverance que con la de Escóndete y tiembla. Pero no es esta, en definitiva, una película que apele a la diversión o a la catarsis por la vía de la explicitud y los guiños cómplices, por mucho que sean evidentes los referentes que Serra maneja. Más bien al contrario, Bosque de sombras es una cinta incómoda, tensa, sostenida y certeramente minimalista, narrada sin titubeos, técnicamente impecable, que sólo flaquea en algunos recursos de guión algo caprichosos (la forma en la que aparecen y desaparecen los personajes de manera oportuna en según qué escenas) que no son, precisamente, los que algunos iluminados pregonaron en su momento: si la espiral de violencia que se desencadena es absurda no es un problema de guión, sino más bien el mensaje que Serra parece querer transmitir, como queda claro en ese final tan poco complaciente en el que descubrimos que todas las muertes y todo el sufrimiento experimentado por los personajes no ha servido para nada. Una lección que no es nueva: el hombre civilizado intentando arreglar los problemas de gente que no necesita a nadie que se los solucione.

26 feb 2008

'Hatchet'

(Hatchet. Adam Green. EEUU, 2006. 80 minutos) Hace cinco meses, cuando aún militaba en las filas de Tierra de Cinéfagos, escribía sobre esta película y me preguntaba si sería cierto lo que nos anunciaban: que Victor Crowley, eje (des)vertebrador de la cinta, iba a convertirse en nuevo icono del cine de terror y que se uniría a la lista de nombres propios del género junto a Jason Voorhees, Freddy Krueger, Michael Myers, Leatherface o Pinhead. Hoy, después de ver Hatchet y por mucho que pueda decir Harry Knowles, yo digo que ni de coña. A menos que alguien decida filmar una secuela y le dé total protagonismo al personaje, además de buscarle alguna seña de identidad que le otorgue algo de carisma, aunque sea una mísera máscara. Parecerá una tontería, pero que el asesino vaya a rostro descubierto, por muy feo que sea, no funciona demasiado bien a la hora de crear misterio en torno a su figura. Ya que han tomado como referente a Jason, podrían haber aprendido algo sobre lo mucho que influían el saco y, sobre todo, la máscara de hockey para convertir al personaje en un icono. Y el caso es que intentan darle un trasfondo a recordar: Victor Crowley era un niño deforme que vivía en el bayou con su padre (Kane Hodder interpreta al progenitor y luego a Victor en la edad adulta), era objeto de burla del resto de los niños y por lo tanto tenía prohibido salir de casa si no era acompañado. En un fatídico día los pequeños cabrones que se reían de él fueron más lejos y con unos petardos provocaron un incendio en la cabaña de los Crowley. Victor no podía salir y su padre, al llegar, intentó tirar la puerta abajo con un hacha. ¿Adivinan quién estaba con la cabeza apoyada detrás la puerta? El padre murió de pena años después y la leyenda dice que si uno se acerca a la casa todavía puede escuchar el espíritu de Victor gritando.

Pero Crowley no está muerto, como comprobará un grupo de excursionistas que realiza una excursión a bordo de una penosa embarcación por los pantanos de Lousiana, cerca de donde se supone que reside el espíritu de Victor Crowley. Y de espíritu nada: el chaval ha crecido hasta convertirse en una gigante máquina de despedazar con el modo furia constantemente activado y una capacidad para despiezar que ni el mejor carnicero de su pueblo. ¿Verdad que tiene buena pinta? "Un psychokiller brutote, un grupo de excursionistas listos para morir, las zonas pantanosas de Nueva Orleans... eso tiene que molar". A eso súmenle tetas gratuitas. Pues no se emocionen, que la cosa no es para tanto. Para empezar porque el tono que tiene la película no cuadra para nada con la estructura que se le pretende dar: ¿qué sentido tiene no mostrar plenamente en acción a Crowley hasta que han pasado los 40 minutos, si no se pretende crear suspense o un clima mínimamente serio que induzca al terror? Y sí, he visto Tiburón. La primera mitad del largometraje está ocupada por unos personajes gilipollas y un cocodrilo que hace las veces de amenaza (homenaje al Hooper de Trampa Mortal, quizá) hasta que Crowley se decide a salir de su cabaña y coger el hacha. Hasta en eso, el asociar al personaje con un arma, falla la película, ya que la utiliza tan poco que no parece una extensión natural de su brazo (como sí parecían las garras de Freddy, la motosierra de Leatherface o las navajas de los asesinos de los gialli). Y en cuanto a los personajes, el problema no es que tengan pocas luces (eso puede ser hasta habitual en el slasher), sino que son directamente insoportables. No quiero ni imaginarme la película doblada...

Ya sabemos que no funciona como película de terror, que los personajes son estúpidos y que a Victor Crowley le falta mucho para llegar a ser un nombre a recordar. Pero a pesar de todo eso la película puede gustar a más de uno, especialmente a los fans de los efectos especiales clásicos practicados delante de la cámara. Suerte que para eso está metido en el ajo, entre otros, el curtidísimo John Carl Buechler. Y que hay poca autocensura a la hora de mostrar los ataques de Crowley. En ese sentido, Hatchet es un buen título para ver en compañía de unos cuantos gore fans y jalear los mejores momentos de la película. Los únicos que merecen la pena en realidad. Es una lástima que un proyecto como este, con elementos suficientes como para convertirse en un regalo para los fans de toda la vida, acabe siendo un moderadamente entretenido que no funciona como comedia ni como killer on the loose, ya que puestos a jugar a ser gráficos podrían haber hecho un alarde mayor (en cantidad, porque la calidad es más que suficiente) de asesinatos bañados en sangre y látex. Si toda la película hubiera llevado el ritmo de los últimos minutos estaríamos hablando de una fiesta. A ver si hacen secuela y se olvidan del crescendo. Total, para lo que les ha servido esta vez...

23 mar 2006

'Destino final 3'

(Final destination 3. James Wong. Estados Unidos. 2006. 93 min.) Menos de una semana después de haber visto Destino Final 3, me doy cuenta de algo que ya intuí en la sala de cine: a diferencia de las dos anteriores entregas, aquí no hay nada que me haya dejado huella. Sin la originalidad de Destino Final y sin la espectacularidad de Destino Final 2, esta tercera parte se convierte en una mera repetición de situaciones con el único objetivo de continuar haciendo caja con el mismo pretexto que se usaba en las películas precedentes: jóvenes y bellos cuerpos mutilados de la manera más llamativa posible.

Si ya se puede dudar de la inteligencia o el buen gusto de alguien que paga por ver lo mismo por tercera vez (y en ese grupo se incluye un servidor, que probablemente volvería a pasar por caja ante un hipotético Destino Final 4... ¡y es que me apasionan las sagas terroríficas!) hay que hacer algo para que este público se sienta superior a los actores que ve en pantalla. La solución: unos personajes estúpidos, totalmente incompetentes y que, en la mayoría de las ocasiones, La Muerte no tendría que haber intervenido directamente en sus defunciones, ya que de todos modos en un momento u otro hubieran muerto súbitamente por falta de riego en el cerebro. Hablando en plata, en esta entrega da la sensación de que los personajes se mueren porque son gilipollas y no porque intervenga ninguna fuerza sobrenatural en la tragedia. Casi que no hacía falta.Pero, por otro lado, y sabiendo ya en qué parámetros va a discurrir la cinta, tampoco es muy necesario crear personajes interesantes o mínimamente simpáticos para el público porque sabemos que van a morir todos. Es más, queremos que todos mueran, y a ser posible de la forma más salvaje.

A estas alturas, también sabemos que el plato fuerte de la función (anulando la típica estructura de crescendo dramático que predomina en cualquier género, pero especialmente en el de terror/acción/suspense) serán los primeros 10 minutos de metraje, en los que se ubica la (ya típica) visión de uno de los personajes principales en la que vislumbra cómo todos van a morir de un modo horrible en unos segundos. Si la escena del aeropuerto de Destino Final destacaba por su suspense y por constituir una sopresa que hizo que parte del público comentara la secuencia con risas nerviosas antes de coger un avión (y esto lo viví personalmente en verano de 2000, cuando hacía poco que se había estrenado la película y estaba a punto de subir en un avión por primera vez en mi vida, destino Newcastle), y la secuencia de la autopista de Destino Final 2 se convirtió en uno de los momentos más espectaculares que jamás se han visto en una cinta de terror (no hablamos de cine de acción, aunque la citada escena supera a algunas similares de ciertas superproducciones), en Destino Final 3 este momento álgido se produce en una montaña rusa. No se si casual o intencionadamente, el lugar elegido esta vez es muy significativo del tono que ha adquirido ya la saga: el de divertimento puro y duro, con violencia de dibujo animado (es gore inofensivo) y personajes sin más inquietud que la del ocio. Aquí no mueren en viaje de fin de estudios, en accidentes caseros o al salir del dentisa; lo hacen en gimnasios, en salas de rayos uva, en autoservicios de comida rápida... Sólo una excepción: la muerte con la pistola de clavos que le sucede a una de las chicas de la peli en su lugar de trabajo. Apenas intervienen adultos en la trama, todos son adolescentes (interpretados por gente diez años mayor que sus personajes...) arquetípicos: las pijas, la niña buena, los góticos, el afroamericano cachas, etc.

Ah, por cierto, no hagáis caso a las declaraciones de James Wong y Glen Morgan, los máximos responsables de esta cinta (y de la que inició la serie): no hay novedades. Quizá lo único que han añadido es que se pueda predecir el modo en el que morirán los personajes a través de las fotografías que les tomaron antes del percance en el parque de atracciones. Pero esto ya estaba en La Profecía (The Omen). 


Publicado originalmente en (ex)Tierra de Cinéfagos. Notas desde el futuro: A pesar de lo que dije en esta reseña, cuando Destino final 4 llegó a las pantallas no hice ningún esfuerzo por verla, ni siquiera con el reclamo del 3D. Supongo que me voy haciendo viejo.