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3 abr 2006

'Hostel'

(Hostel. Eli Roth. Estados Unidos. 2005. 90 min.) Hostel parece nacida para la controversia: una semana después de su estreno en España (y transcurridos meses desde que inició su recorrido por las taquillas norteamericanas) se pueden leer críticas de todo tipo relativas a este largometraje. Y por lo que he visto no hay término medio: o se disfruta mucho o parece una bobada. Los que han leído alguna de mis críticas en este blog, algún comentario o mi perfil, podrían deducir fácilmente de qué lado estoy a la hora de hablar de Hostel: efectivamente, disfruté horrores en la sala de cine donde la proyectaban, entregándome por completo a lo que me ofrecía la pantalla y con el piloto crítico desconectado. Sé que esto puede interpretarse como una falta de profesionalidad por mi parte, pero considero que a veces es mejor ver una película sin ningún afán deconstructivo, limitándose a aceptar lo que el director te da y tomando la realidad que sale del proyector como la única posible durante los noventa minutos que dura el pase.

Evidentemente, Hostel no es un documental y tiene sus exageraciones (como que alguien pueda seguir consciente después de que le arranquen un ojo. Aunque tampoco soy médico, claro...), por lo que le pasa lo mismo que a gran parte de películas del género terrorífico/fantástico: necesita lo que algunos llaman suspensión de la credibilidad. Es decir, creerte todo lo que sale en pantalla y no intentar compararlo con los hechos fehacientes que nos encontramos cada día en nuestra vida diaria. Desde mi punto de vista, el buscar un verismo total en este tipo de cine es como ir a ver Star Wars y decir que es mala porque en el espacio no hay nada donde reboten las ondas sonoras y por tanto las explosiones jamás podrían escucharse. ¡Esto es cine, chicos!

Pero como hay públicos de todos los tipos, entiendo perfectamente a quién no gustará Hostel: a los que le desagrade el gore, a los que busquen un guión elaborado, a los que no le guste el cine de terror adolescente, a los que no sepan (o no quieran) ejercer esa suspensión de credibilidad, a los que busquen vísceras todo el rato (¡sorpresa!, Hostel no es un festival gore non-stop, como algunos piensan) y así podríamos seguir, porque creo que hay más gente que tiene posibilidades de detestar Hostel que potenciales admiradores...

¿A quién satisfará entonces? Imposible de saber, sinceramente. A mí me ha gustado. A amigos míos les ha gustado. ¡A mi madre le ha gustado!. Y si lo pienso detenidamente, lo que todos tenemos en común es que desde pequeños hemos visto cine de terror de todo tipo (desde los clásicos hasta lo más cafre), estamos más que rodados en el género y no nos ponemos nerviosos por ver a un personaje vomitando. Sabemos que son películas que tienen una serie de limitaciones y no buscamos obras maestras cuando las vemos. Simplemente queremos pasar un buen rato viendo sufrir a los que están detrás de la pantalla y sabiendo que al final serán felices (o no), pero que a nosotros desde nuestra butaca no nos va a pasar nada. Algunos comparan esta sensación con la de subir a una montaña rusa: disfrutar de la adrenalina que provoca el miedo desde una posición segura. Y a nadie le obligan a subir a una montaña rusa, quien lo hace ya sabe a qué atenerse. Pues lo mismo pasa con Hostel, en definitiva.

Bien, lleváis leyendo unos minutos y aún no he dicho realmente nada sobre la película. Pero, ojo, lo hago a propósito. No quiero destripar (jajaja, ... ejem) el argumento a nadie, porque pienso que (como pasa con todo el cine en general) lo ideal es no saber qué va a pasar exactamente en la historia, aunque sepas previamente por qué caminos se va a mover. Esta es una reseña pensada para los que aún no han visto Hostel y estén dudando entre verla o no. Así que sólo doy algunos apuntes: hay bastante sexo, hay violencia, hay planos desagradables... Hablando de sus personajes, se podría decir que son algo... ¿cómo decirlo?... ¿lentos? Pero, sinceramente, en esta película los protagonistas se mueven principalmente por tres impulsos: el sexo, la supervivencia y la venganza. No están haciendo ningún examen. No tienen que demostrar lo inteligentes y cultos que son cada vez que digan una frase (como sí hacían los personajes de Scream, por ejemplo), simplemente actúan consecuentemente con lo que pretenden hacer en cada momento (ya sea drogarse, tener sexo salvaje o atropellar a alguien... otra cosa es que moralmente no aprobemos sus pulsiones) y reaccionan a las adversidades de su entorno. En este sentido, más que cine de terror, Hostel es cine de supervivencia, de desesperanza (la moraleja que podríamos sacar es que el ser humano es despreciable, especialmente aquellos que tienen el poder y no se excitan con nada que no sea... bueno... mejor vedlo vosotros mismos), que nos habla sobre la pérdida de la inocencia (los primeros minutos y los últimos son de una diferencia radical, y nos recuerdan que cuando pensamos que todo va bien, no tarda mucho en aparecer la maldita "mala suerte" y mandarlo todo al carajo) y sobre el miedo a lo extraño o, mejor dicho, a lo extranjero.

Película que puede ser tildada de xenófoba, misógina, amoral y obscena por los que se toman esto del cine demasiado en serio, Hostel es, para mí (y para buena parte del público y, por qué no decirlo, de la crítica), una cinta que de haberse filmado hace veinte años hoy sólo sería recordada por los fans de Noche de Lobos y los asiduos al videoclub, pero que tal y como está el panorama del cine de terror actual (especialmente el norteamericano) tiene todas las papeletas para convertirse en un película de culto (como le pasó hace poco a Alta Tensión de Alexandre Aja, o al binomio La casa de los 1000 cadáveres/Los renegados del diablo de Rob Zombie). No es la panacea, pero es de lo mejorcito que he visto últimamente en el género.


Publicado originalmente en (ex)Tierra de Cinéfagos. Notas desde el futuro: Con esta reseña comenzaron los primeros piques con la gente de Tierra. Supongo que el hecho de que dijera que no me tomo el cine en serio les sentó como una patada en el estómago y empezaron a ponerme cruces. También comenzaron a comentar en secreto que yo no tenía ni puta idea de cine, que era un gañán y todo eso. Y ese fue el momento en el que tendría que haber recogido los bártulos e irme de allí, de no ser porque en el fondo soy bastante cabezón. Hostel me sigue gustando como el día que escribí la reseña.

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