(The Thing. John Carpenter. Estados Unidos. 1982. 109 minutos) Hablar a estas alturas sobre La Cosa, cuando todo el mundo sabe (o debería saber) que se trata de una de las más rotundas obras maestras que ha dado el cine de terror en toda su historia, puede parecer inútil o desfasado, pero nunca está de más recordar sus virtudes, especialmente ahora que se estrena una precuela que, bajo el mismo título, ha dirigido el danés Matthijs van Heijningen Jr. para la Universal, major responsable también de la original. Resulta irónico que sea la misma casa la que produce la nueva película, teniendo en cuenta que la de Carpenter fue en su momento vapuleada por la crítica y el público y que no resultó precisamente un éxito económico. Se ha dicho muchas veces, pero hay que sacarlo a colación: 1982 fue el año de E.T. El Extraterrestre (E.T. Steven Spielberg, 1982), el alien de buenas intenciones que arrasó en las salas y que se ganó toda la atención de los que pagaban entradas, provocando un efecto rebote según el cual no había oportunidades de éxito para la ciencia-ficción de ribetes existencialistas de Blade Runner (Ridley Scott, 1982) o para el terror sin forma de La Cosa, convirtiéndose ambas en sendos fracasos comerciales que no serían justamente valorados hasta que pasaran varios años. En ese momento, nadie parecía estar preparado para la oscura, pesimista y aterradora versión que Carpenter había llevado a la pantalla del texto de John W. Campbell Who goes there? (1948), ya convertido anteriormente en largometraje por Howard Hawks en El enigma... de otro mundo (The Thing from Another World. Christian Nyby, Howard Hawks - sin acreditar -, 1951), aunque de manera mucho más amable y convencional. Ni siquiera la crítica estuvo acertada. Sirva como ejemplo la limitada visión de Roger Ebert al respecto, quien afirmó (como pueden leer aquí) que La Cosa era poco más que un espectáculo truculento de efectos especiales, lo cual no es para nada cierto, ya que los extraordinarios y revolucionarios trucajes de Rob Bottin sólo están presentes en momentos puntuales del metraje, si bien es verdad que el impacto que provocan se hace patente durante toda la sesión, al quedarse grabados en la memoria del espectador y crearle una sensación de inquietud total, ante la posibilidad latente de una nueva transformación que le vuelva a poner los pelos de punta. Pero La Cosa es más, mucho más que eso.
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14 oct 2011
12 oct 2011
'Intruders'
(Intruders. Juan Carlos Fresnadillo. España / Reino Unido / Estados Unidos. 2011. 100 minutos) Tras un lapsus de cuatro años, Fresnadillo vuelve a las salas con una película que, sorprendentemente, tiene más en común con Intacto (2001) que con su adrenalínica primera incursión en el mercado internacional, 28 semanas después (28 weeks later. 2007). Con esta última se ganó el interés de Steven Spielberg, quien le iba a producir una cinta de acción titulada Wednesday que, desgraciadamente, quedó en dique seco tras la huelga de guionistas que afectó a Hollywood desde noviembre de 2007 hasta febrero de 2008, tiempo suficiente para que el proyecto quedara paralizado y tanto Spielberg como Fresnadillo pasaran a otros menesteres. Intruders vuelve a la faceta introspectiva y reposada de Intacto, la misma que convirtió aquella opera prima en una película interesante, con grandes momentos, pero que dejaba cierto regusto amargo debido a lo difícil que era en ocasiones conectar emocionalmente con las intrincadas mentes de sus personajes y con la frialdad de algunas de sus acciones. Intruders tampoco es una película de emociones fuertes, no hay sobresaltos ni secuencias de tensión excesiva, incluso podríamos simplificar mucho y decir que es una cinta de terror que no da miedo, con lo cual no les resultará satisfactoria si ese es el único motivo por el que se acercan al género. Sin embargo, no se puede criticar a la película por este motivo cuando resulta evidente que es así a propósito, se aprecia perfectamente cuáles son sus intenciones y por eso no se puede hablar de producto fallido.
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| LO MEJOR: Que se aleja conscientemente de los cánones. LO PEOR: Que debido a ello no termina de resultar del todo satisfactoria. |
Lo que predomina aquí es el factor psicológico, ya que es en la psique de los personajes donde se gesta el terror de la película. Fresnadillo utiliza la imaginación como creadora de miedos y, a la vez, como transmisora de traumas, construyendo su relato sobre otro cuento que escriben dos niños separados geográfica y temporalmente. La película es tramposa porque juega al final sorpresa y escatima en pistas que posibiliten al público descubrir el secreto que se esconde tras su bifurcada estructura. Pero esto no tiene por qué ser considerado un debe, sino más bien una manera útil de conseguir que los espectadores realicen un visionado activo, obligándoles a mantenerse alerta y a poner de su parte para desentramar la historia, llevándoles a recapitular información en el desenlace y a interpretar todo lo que se ha contado anteriormente desde un punto de vista distinto. Por lo tanto, Intruders tiene la virtud de ser una película que exige atención al detalle, se aleja de los sustos prefabricados y se adentra en la oscuridad, tanto ambiental como mental, para contar una historia que no es original en contenido pero que sí adquiere cierta personalidad propia en la forma. Sin embargo, pese a todas estas bondades, no consigue generar entusiasmo, ni provocar otra sensación que no sea la del básico interés por saber qué está ocurriendo, quién es Carahueca y por qué se le presenta a dos niños distintos. Intruders resulta aséptica en ese sentido, bordeando de manera peligrosa la indiferencia. La película es correcta porque se adivina que la intención de Fresnadillo era hacer un largometraje de terror íntimo y, al mismo tiempo y sin que sirva como contradicción, distante. Pero esa falta de emociones extremas y de transparencia impide que el público pueda involucrarse al cien por cien y ahí reside su mayor defecto, en la ausencia de garra y visceralidad.
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