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11 dic 2005

'Camarón, la película'

(Camarón, la película. Jaime Chávarri. España. 2005. 115 minutos) Que esta confesión vaya de antemano: jamás en mi vida he escuchado un disco de Camarón. Y no por falta de oportunidades: tengo familiares a los que les encanta y algún amigo gitano que me ha enseñado sus discos. Pero el flamenco o la música gitana en general no es especialmente de mi agrado. De ahí que mi opinión de la película Camarón esté limpia de toda subjetividad (dentro de lo posible, claro) y alejada del fanatismo hacia la figura a la que representa.

Los que me conozcan o los que seáis asiduos lectores de este blog notaréis extraño que me haya acercado a esta película. Razón no os falta, pero una mezcla de lo poco interesante de la cartelera actual, la cinefagia compulsiva, la curiosidad y la recomendación han hecho que acabe viéndola.

El resultado es el siguiente: un biopic de manual. Lo que menos quería que sucediera ha acabado haciéndose realidad; Camarón sigue al pie de la letra las reglas de toda película biográfica que se precie: muestra al personaje de pequeño, una elipsis nos lleva 10 ó 15 años más tarde en el tiempo (es imposible saber en qué año transcurre la película porque el director no se molesta en aclarárnoslo, como si todos fuéramos conocedores de la vida de quien retrata...), somos testigos de su auge y finalmente de su caída. Todo sin sorpresas, con una narración plana y con saltos temporales que más que elipsis parecen agujeros de guión. Así, de un plano a otro Camarón ya está grabando un disco, en otro plano está de gira, en otra escena le vemos siendo padre de un niño, unas escenas más adelante le vemos con una niña cogida en brazos... etc.

Dicen que quien mucho abarca poco aprieta. Eso podría ser lo que le ha pasado al director de esta cinta. Los que, como yo, no conocemos absolutamente nada de la vida de José Monge Cruz (no "Monje", como han escrito en varias publicaciones), Camarón de la Isla, terminamos de ver la película y realmente no hemos saciado nuestra curiosidad hacia el personaje. Intuimos que su vida debió ser más apasionante y apasionada que lo que vemos aquí, que sus devaneos con las drogas o la enfermedad que le llevó a la tumba le afectaron más de lo que aquí se nos muestra. No sabemos de dónde le viene el nombre artístico, y (al menos yo) uno se queda con ganas de saber más sobre sus experimentos con otras músicas. Apenas sabemos nada del personaje de La Chispa (Verónica Sánchez, con menos tiempo en pantalla del que me hubiera gustado), ni de la vida familiar de Camarón. Todo esto está reflejado en la película, pero como retazos hechos a veces con brocha gorda.

Narrativamente tan plana como la espalda de una guitarra, Camarón, la Película hubiera necesitado de alguien con más pasión y garra para contarla. La misma pasión que le pone Óscar Jaenada a su personaje. Este joven actor que parece destinado a comerse el mundo (ojalá que así sea) es capaz de hacer por sí mismo que el visionado de esta cinta merezca la pena. Con su encarnación me ha pasado algo parecido a lo que me ocurrió con Javier Bardem en Mar Adentro: si bien en un principio sólo veía una imitación del personaje real, a medida que transcurría la función ambos se fusionaban hasta hacerse sólo uno, de tal modo que al acabar la película ambos se han quedado en la memoria colectiva como unos perfectos avatares de los personajes reales a los que reviven para el celuloide.

Publicado originalmente en Natural High. Notas desde el futuro: ¿Yo defendiendo la interpretación de Javier Bardem en Mar Adentro? ¡Dios mío! Esto demuestra que todos tenemos nuestros momentos de gilipollez transitoria. La reseña en general es bastante inútil y es sobre una película que probablemente no volveré a ver en la vida. 

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